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Ante aumento de luchas de clases, cae la sindicalización en EE. UU. a mínimos históricos

En medio de una ola de huelgas y luchas sociales en EE. UU. y alrededor del mundo, el Buró de Estadísticas Laborales publicó cifras la semana pasada que muestran una caída de 170.000 miembros en los sindicatos de EE. UU., bajando a 14,6 millones de trabajadores o 10,3 por ciento de la fuerza laboral.

El número de trabajadores sindicalizados en el sector privado por sí solo disminuyó en 101.000 trabajadores a una tasa de sindicalización de 6,2 por ciento, la más baja en un siglo o más.

El vicepresidente del UAW, Rory Gamble (izquierda) y el director ejecutivo de Ford Motor Co., Jim Hackett, se estrechan la mano para iniciar las pláticas contractuales el lunes 15 de julio de 2019 en Dearborn, Michigan (AP Photo/Carlos Osorio)

Esto se compara a una tasa de 20,1 por ciento en 1983 y de casi 35 por ciento en su punto máximo en 1954. El número de miembros es menos de la mitad que en 1979, cuando se alcanzó el número más alto, a pesar de que la fuerza laboral ha crecido más de 50 por ciento.

El declive en miembros no se debe una falta de militancia entre los trabajadores. Por el contrario, la actividad huelguística en EE. UU. ha aumentado durante los últimos dos años como parte de un crecimiento de la lucha de clases en todo el mundo. El número de trabajadores involucrados en importantes paros laborales fue el más alto desde 1986.

Durante los últimos dos años, casi un millón de trabajadores estadounidenses participaron en 47 importantes huelgas, incluyendo cientos de miles de maestros. Muchos en West Virginia, las Carolinas y otros estados no estaban sindicalizados. En 2019, los docentes en Los Ángeles, Chicago y otras ciudades fueron acompañados por significativas secciones de trabajadores industriales, incluidos 48.000 trabajadores de General Motors que hicieron huelga por 40 días —la huelga nacional automotriz más larga en medio siglo—.

La hemorragia de miembros continúa porque los sindicatos funcionan como herramientas directas de la gerencia corporativa. Lejos de resistir los ataques contra empleos, niveles de vida y condiciones laborales, los sindicatos los han facilitado.

Sabiendo bien que estas organizaciones patronales no tienen nada que ofrecerles, los trabajadores votaron abrumadoramente en contra de ellas en varios votos de reconocimiento sindical de alto perfil en los últimos años, incluyendo en la planta de Fuyao Glass America en Dayton, Ohio; la armadora de Volkswagen en Chattanooga, Tennessee; la planta de Nissan en Canton, Mississippi; la planta del Boeing 787 Dreamliner en North Charleston, South Carolina.

Las últimas cifras de sindicalización subrayan la necesidad de que los trabajadores se liberen del control de estas organizaciones derechistas y proempresariales, y que establezcan nuevas organizaciones de lucha, auténticamente democráticas y militantes: comités de base en las fábricas y centros laborales.

Los apologistas de los sindicatos atribuyen la caída en miembros a la oposición de las corporaciones y el Gobierno de Trump, así como a las leyes de “derecho a trabajar” de varios estados. No obstante, es un importante hecho histórico que hubo aumentos marcados de miembros en periodos como los años treinta, cuando los militantes sindicales tenían que lidiar con una resistencia mucho mayor a las empresas y el Gobierno, incluyendo la represión de la Guardia Nacional y matones armados privados, en que los organizadores sindicales eran linchados.

Pero ese fue un periodo en que emergieron nuevos sindicatos industriales masivos tras romper con las viejas organizaciones sindicales de la Federación Estadounidense de Trabajo (AFL). Se forjaron en luchas de masas, incluyendo huelgas con ocupaciones de fábrica que fueron encabezadas por socialistas y militantes izquierdistas.

La semana pasada, en una notificación del centro de pensamiento Economic Policy Institute, el cual está alineado con la AFL-CIO y el Partido Demócrata, la directora política del EPI Policy Center, Heidi Shierholz, declaró que el declive en miembros sindicales era “una mala noticia para la clase media de EE. UU.” (subrayado nuestro). Ms. Shierholz dijo más de lo que quería.

La disminución de la influencia de los sindicatos sin duda es una “mala noticia” para los oficiales que componen estas organizaciones, quienes no pueden ser descritos como miembros ni representantes de la clase obrera. Los oficiales sindicales, incluyendo los titulares de la Federación Estadounidense de Maestros, la Asociación Nacional de Educación, los Teamsters (Camioneros), los Trabajadores Unidos de Comida y Comercio, y otros sindicatos, reciben $300.000, $400.000 y $500.000 por año, además de cuentas para gastos y otros beneficios, colocándolos en el uno o dos por ciento más rico del país. Ganan entre 10 a 15 veces más que un trabajador al que supuestamente representan.

Por décadas, los sindicatos han negociado concesiones que han reducido los salarios y prestaciones de sus miembros, mientras aprueban cierres de fábricas y despidos masivos, destruyendo comunidades obreras enteras. Pero los oficiales sindicales no han sufrido las mismas consecuencias. Prosperan gracias a su control de fondos de pensiones de miles de millones de dólares, cajas negras sindicales-patronales y asientos en las juntas ejecutivas, habitando un mundo completamente distinto.

El ejemplo más flagrante es el del sindicato automotor United Auto Workers (UAW), que los fiscales federales describieron como una “empresa criminal” en un juicio el mes pasado. Desde el 2000, el número de trabajadores de GM, Ford y Chrysler se ha disminuido a menos de la mitad. Durante el mismo periodo, los altos oficiales del UAW malversaron millones de dólares de fondos del sindicato para financiar salidas de golf, condominios de lujo, comidas de alto costo y otras indulgencias.

Además, los negociadores del UAW aceptaron millones en sobornos, transferidos a través de los centros sindicales-patronales de capacitación, para firmar contratos proempresariales que redujeron los salarios de nuevos ingresos a la mitad, abolieron la jornada de ocho horas y le dieron rienda suelta a la empresa para que abusara a los trabajadores con un procedimiento nuevo y “optimizado” para presentar quejas.

Temiendo una rebelión de las bases el verano pasado, el UAW convocó a una huelga en GM. En vez de darles un sueldo apropiado de huelga a los trabajadores para mantener una lucha seria, el UAW los hambreó con $250 a la semana. En las décadas antes del paro, el UW había transferido cientos de millones de dólares del fondo de huelga costeado por las cuotas de obreros para gastos “administrativos” y “organizacionales”, es decir, rellenar los salarios de los aproximadamente 450 ejecutivos, oficinistas y lacayos en la nómina del UAW International.

Tras aislar a los trabajadores en huelga y hambrearlos hasta someterlos, el UAW firmó un acuerdo con GM que aprobó más cierres de planta, continuó las escalas salariales y la expansión de trabajadores temporales, quienes pagan cuotas sindicales pero no tienen derechos.

Estas no son organizaciones obreras, sino organizaciones laborales administradas por y para una capa social corrupta de la clase media-alta y con aspiraciones capitalistas. Odiadas por los trabajadores, estas organizaciones dependen del financiamiento corporativo y la aprobación del Estado capitalista para seguir existiendo.

Este es un fenómeno mundial. En Francia, los sindicatos, que recibieron casi $96 millones del Gobierno y la patronal en 2017, están colaborando con el presidente Emmanuel Macron para suprimir la ola de huelgas y protestas e imponer recortes masivos a las pensiones.

En Alemania, donde los sindicatos son por ley “colaboradores sociales” de la gerencia, IG Metall está coludiendo en la destrucción de cientos de miles de empleos automotores, incluyendo 20.000 solo en Volkswagen.

Varias organizaciones pseudoizquierdistas como los Socialistas Democráticos de EE. UU. (DSA, por sus siglas en inglés) promueven que los sindicatos pueden ser reformados. Lo hacen en gran parte porque sus propios miembros están recibiendo cargos cada vez más lucrativos dentro del aparato sindical, donde participan en el trabajo sucio de engañar y traicionar a los trabajadores.

La transformación de los sindicatos en instrumentos del empresariado es el resultado del fracaso de su programa nacionalista y procapitalista, bajo condiciones de integración global de la producción y la internacionalización de las condiciones de la clase obrera. Los bastiones derechistas y antidemocráticos de corrupción que se llaman sindicatos son el producto de la integración por décadas de estas organizaciones en la estructura de la gerencia corporativa y el estado capitalista.

Los intereses de los sindicatos y las fuerzas que los controlan son irreconciliablemente opuestos a los de la clase obrera. Están al otro lado de la brecha de clases. Sus líderes temen la radicación política de los trabajadores y jóvenes y el aumento en el apoyo al socialismo tanto como sus amos de la clase gobernante. Su respuesta al desafío desde abajo contra el capitalismo es recurrir al matonismo y la represión estatal.

Durante los últimos dos años, ha habido una marea creciente de la lucha de clases, incluyendo las huelgas y protestas masivas en México, Estados Unidos, países en toda Europa, Oriente Próximo y África. Cada vez más, los trabajadores han buscado librarse del control de los sindicatos para unir sus luchas a través de las fronteras.

La formación de nuevas organizaciones basadas en lo que los trabajadores necesitan, no en lo que el sistema de lucro capitalista dice que puede costear, es un requisito esencial para movilizar y unir a la clase obrera. Los comités de base en las fábricas y centros laborales son la forma que los trabajadores pueden utilizar para avanzar sus propias demandas, como la reinstalación de los trabajadores victimizados y despedidos, la restauración de toda concesión previa, la eliminación de las escalas salariales y puestos permanentes para todo trabajador temporal, así como la lucha por la democracia industrial y el control obrero sobre los lugares de trabajo.

Los comités obreros independientes, libres del control burocrático de los sindicatos nacionalistas, crearán las condiciones para unir a los trabajadores de todo el mundo en una lucha común.

El World Socialist Web Site y los Partidos Socialistas por la Igualdad harán todo lo que esté en su poder para promover y asistir en el establecimiento de organizaciones obreras independientes, conectadas al crecimiento de la lucha de clases a una perspectiva política y programa internacionales y socialistas. Urgimos a los trabajadores interesados en establecer dichos comités a contactarnos hoy.

(Publicado originalmente en inglés el 4 de febrero de 2020)

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