Trump sale fortalecido de la debacle del juicio político demócrata

7 febrero 2020

El miércoles, el Senado de EE. UU. votó a favor de absolver al presidente Donald Trump de los cargos de abuso del poder (52-48) y obstrucción al Congreso (53-47). La votación, que en gran medida se distribuyó por partidos, pone fin al proceso político iniciado por los demócratas el otoño pasado.

El resultado es una debacle política para el Partido Demócrata que tan solo ha fortalecido a Trump.

El president Donald Trump da su discurso del Estado de la Unión en una sesión conjunta del Congreso en la Cámara de Representantes del Capitol Hill, Washington, martes 4 de febrero de 2020, mientras el vicepresidente Mike Pence y la presidenta de la cámara baja, Nancy Pelosi lo miran (Leah Millis/Pool via AP)

Trump ha programado un discurso nacional al medio día. El propósito, según notificó en Twitter, será “discutir la VICTORIA de nuestro País ante la Farsa del Juicio Político”. El miércoles por la tarde, Trump retuiteó una imagen de la portada de la revista Time que muestra una serie de pancartas que dicen: Trump 2024, Trump 2028, Trump 2032… Trump Por Siempre. Esta es una repetición de sus previas amenazas de que permanecerá en el cargo más allá de los límites constitucionales.

Un día antes del voto final, cuyo resultado no esta en duda, los demócratas le dieron a Trump una plataforma en el Congreso para que diera su discurso del Estado de la Unión. Trump utilizó la oportunidad para denunciar a sus oponentes políticos, atacar el “socialismo” y describir una serie de propuestas derechistas.

Trump utilizará su absolución para avanzar sus medidas antidemocráticas y autoritarias. Jonathan Turley, escritor del Washington Post, señaló el martes el significado del argumento avanzado por Alan Dershowitz al defender a Trump durante el juicio político del Senado. La afirmación de Dershowitz de que ni “el abuso del poder” ni la “obstrucción al Congreso” son ofensas suficientes para un juicio político fue el eje central de la defensa de Trump.

“La defensa del presidente estuvo inextricablemente vinculada a este argumento extremo y escalofriante”, escribió Turley, una defensa que el Senado respaldó.

Otro comentario en el Post de David Von Drehle, alude a una encuesta Gallup que muestra que la tasa de aprobación de Trump aumentó de 39 por ciento en el otoño pasado a 49 por ciento al finalizar el juicio político—“el nivel más alto de su Presidencia hasta ahora y al menos tres puntos porcentuales más que Barack Obama a principios de febrero en el año de su reelección”—.

Citando la misma encuesta, la junta editorial del Wall Street Journal presumió que puede que los demócratas le hayan “ayudado [a Trump] a ganar un segundo término al someterlo a un juicio político”.

Este resultado es el producto de los métodos de la campaña demócrata contra Trump y los intereses de clase involucrados. Si ha habido un elemento constante en la estrategia de los demócratas, ha sido garantizar que el odio popular al Gobierno de Trump sea sofocado y que la oposición de los demócratas sea dirigida hacia la derecha y no la izquierda.

La inauguración de Trump hace más de tres años fue seguida de inmediato por protestas contra sus ataques a los inmigrantes, sus políticas racistas contra los refugiados, su nombramiento de fascistas a cargos altos en su Gobierno, sus políticas proempresariales y recortes fiscales, sus amenazas militaristas y sus ataques contra los programas sociales. El día después de su inauguración fue testigo de la jornada de protestas más grande de todo el país en la historia de EE. UU., con más de un millón de participantes.

La oposición popular en cada una de estas problemáticas fue suprimida y descarrilada según los demócratas centraron su campaña contra Trump exclusivamente en cuestiones de política exterior. En particular, enfocaron su oposición en inquietudes de secciones dominantes de la cúpula militar y de las agencias de inteligencia de que Trump no estaba persiguiendo el combate contra Rusia con el suficiente vigor.

Incluso antes de las elecciones, los demócratas ya habían comenzado a fabricar el cuento de que la campaña electoral de Trump era el foco de una masiva conspiración dirigida por el Kremlin y el presidente ruso Vladimir Putin para “socavar nuestra democracia” y “sembrar discordia” dentro de EE. UU.

La campaña antirrusa asumió dimensiones histéricas, solo comparables a las diatribas mccarthistas de los años cincuenta y la agitación de la John Birch Society en torno a conspiraciones anticomunistas. Los demócratas transformaron las acusaciones infundadas de que Rusia había gastado unos cuantos cientos de miles de dólares en anuncios de redes sociales —una diminuta fracción de los miles de millones gastados por las corporaciones y los ricos en las campañas presidenciales— en alegatos sensacionalistas de una “trama rusa” contra EE. UU., en la que Trump estaba sirviendo como el títere de Putin.

Por medio de este proceso, la relación de los demócratas con Trump tuvo un carácter esquizofrénico. Mientras se oponían amargamente al Gobierno en las cuestiones de política exterior que afectaban los intereses estratégicos del imperialismo estadounidense, ansiaban —y aún lo hacen— colaborar con él en elementos clave de política de la clase gobernante en los que estaban de acuerdo, particularmente políticas sociales y económicas para continuar el enriquecimiento de la oligarquía financiera.

Esto comenzó con la declaración del presidente Barack Obama inmediatamente después de la elección de Trump de que su “primera prioridad” era “facilitar una transición que garantice que nuestro presidente electo sea exitoso”. Obama acompañó esto con la declaración de que la elección era un “juego amistoso interno” entre dos bandos “del mismo equipo”. Los demócratas luego colaboraron con Trump en asegurar la aprobación de sus recortes de impuestos corporativos, sus ataques a los inmigrantes, sus presupuestos militares récord y sus acciones agresivas contra Venezuela, China y otros países.

Atemorizados y opuestos a cualquier movimiento popular de masas contra Trump, los demócratas han perseguido su riña con la Casa Blanca empleando los métodos de un golpe palaciego: maniobras entre bastidores involucrando a las agencias de inteligencia y a secciones insatisfechas dentro del Estado.

Los demócratas han utilizado la campaña antirrusa para avanzar sus propias demandas de suprimir la libre expresión (en nombre de combatir las “noticias falsas”) y legitimar su persecución del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, por exponer los crímenes del imperialismo estadounidense.

Después del fracaso de la investigación sobre “injerencia” rusa encabezada por el exdirector del FBI, Robert Mueller, los demócratas emprendieron una campaña de juicio político para proseguir su operación. El presunto “ quid pro quo ” del que se le acusaba a Trump —la base de la acusación de abuso de poder— involucraba retener temporalmente ayuda militar para el Gobierno ucraniano, el cual está librando un conflicto militar contra las fuerzas respaldas por Rusia en el este de Ucrania.

Los intereses sociales y políticos subyacentes determinan los métodos empleados por los oponentes de Trump dentro del Estado. El Partido Demócrata es un partido de Wall Street y las agencias militares y de inteligencia, alineadas con secciones privilegiadas de la clase media-alta que persiguen sus propios intereses a través de la política de identidades raciales y de género.

El golpe palaciego demócrata ha acabado en una debacle. Lo que se debe desarrollar es el movimiento socialista contra Trump. El hecho de que Trump prevalezca ante sus oponentes reaccionarios y cobardes en el Partido Demócrata es algo muy distinto a que se enfrente al crecimiento de la lucha de clases.

El Partido Socialista por la Igualdad lanzó su campaña presidencial para construir una dirección socialista revolucionaria en la clase obrera. Durante los últimos dos años, han estallado luchas de masas en EE. UU. e internacionalmente. Este es el poder social que puede tumbar al Gobierno de Trump, poner fin a las guerras imperialistas, detener la marcha hacia la dictadura y el fascismo y acabar con la explotación capitalista y la desigualdad.

El movimiento de la clase obrera necesita estar guiado por un programa y una perspectiva socialistas revolucionarios e internacionalistas. Llamamos a todos los trabajadores y jóvenes a que apoyen al Partido Socialista por la Igualdad en las elecciones de 2020 y tomen la decisión de unirse al PSI y sus partidos hermanos del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

Para m á s informaci ó n sobre la campa ñ a electoral del PSI y para suscribirte, v ea socialism2020.org

(Publicado originalmente en inglés el 6 de febrero de 2020)

Joseph Kishore y candidato a presidente de EE. UU. del Partido Socialista por la Igualdad