“El boom para los obreros” de Trump: mito vs. realidad

por Tom Hall
17 febrero 2020

En el discurso del Estado de la Unión de la semana pasada, el presidente Trump describió la economía estadounidense de color rosa. Según Trump, los trabajadores estadounidenses nunca la han pasado tan bien.

“Los salarios”, declaró, “están aumentando rápido”. Los ingresos por hogar, afirmó, “son los más altos jamás registrados”. Los resultados de las políticas de Trump, desde que asumió el cargo hace tres años, son un “boom para los obreros”. Esto coincide, según Trump, con un aumento de 70 por ciento en el mercado bursátil, “añadiendo más de $12 billones a la riqueza de nuestra nación”. Para la clase gobernante estadounidense, las ganancias masivas que están haciendo en la bolsa de valores son el criterio del éxito económico, no las condiciones de vida de la clase obrera.

La realidad es muy distinta a la fantasía descrita por Trump en su transmisión nacional. Las ganancias empresariales, los dividendos e ingresos de los ricos ejecutivos jamás han sido tan altas: el resultado directo de los niveles sin precedentes de miseria social.

Las políticas son una aceleración de aquellas perseguidas bajo Obama y los demócratas después de 2008. El objetivo consciente de estas políticas, que incluyeron la reestructuración de la industria automotriz de 2009, la promoción de las escuelas concertadas con fines de lucro y la Ley de Cuidado de Salud Asequible proempresarial, fue impulsar las ganancias del capitalismo estadounidense enviando a millones de trabajadores a la pobreza.

Esta es la verdadera situación que enfrentan los trabajadores estadounidenses:

La sangría de trabajos en la industria automotriz

Empleos en sector automotor estadounidense (en miles)

Se perdieron 12.000 empleos en el sector manufacturero en enero, según las cifras del Gobierno. Esto continúa una década de declive en los empleos del sector, de un máximo de casi 20 millones en 1979 a menos de 13 millones hoy. Las pérdidas de enero se concentraron casi completamente en la industria automotriz y de autopartes, que desecharon 11.000 empleos solo el mes pasado. En los últimos doce meses, 24.000 trabajadores automotores estadounidenses perdieron sus empleos.

La traición de la huelga de General Motors por parte del sindicato United Auto Workers abrió paso al cierre de cuatro plantas estadounidenses, incluyendo la histórica planta de Lordstown en Ohio. Las nuevas inversiones, incluyendo una nueva planta de baterías cerca de Lordstown, se basarán en menores salarios y prestaciones y se limitarán a una fracción de los empleos perdidos.

Mientras que Trump nunca se cansa de sus diatribas nacionalistas acusando a los trabajadores mexicanos y chinos de robar empleos “estadounidenses”, estos recortes fueron parte de una masacre de empleos a nivel global de la industria automotriz que eliminó más de 500.000 empleos a nivel mundial. Las empresas automotrices están persiguiendo una estrategia internacional para obligar a los trabajadores de todos los países a cargar el costo de la crisis incipiente en la industria, y para preparar la transición a vehículos eléctricos y autónomos que necesitarán mucho menos trabajadores.

Sin embargo, el 2019 solo es el pago inicial: las automotrices alemanas anunciaron decenas de miles de recortes de empleos más. La agitación de las cadenas de suministro globales causada por el coronavirus, el desastroso desempeño de Ford en 2019 y la fusión inminente de Fiat Chrysler y la francesa Peugeot apuntan a mayores recortes en 2020 y el futuro.

Estancamiento y caída de salarios

Salarios y prestaciones manufactureras reales (verde); salarios y prestaciones nominales (negro)

Bajo Trump, los salarios reales han continuado su estancamiento desde 2008. Según el sitio web The Conversation, entre diciembre de 2016 y septiembre de 2019, los salarios nominales aumentaron solo 6,79 por ciento, pero incluso esto fue casi completamente borrado por la inflación. Cuando se incluyen los “beneficios marginales” como el seguro médico, las jubilaciones, bonos y otras compensaciones no salariales, la verdadera compensación total cayó 0,22 por ciento. En el sector manufacturero, cuyos salarios tradicionalmente han sido mayores, la verdadera compensación total realmente cayó 4,33 por ciento.

Esta caída es particularmente pronunciada en los estados industriales tradicionales en el centro del país. En seis de los siete estados con mayor manufactura que votaron por Trump en 2016, el crecimiento económico se ha ralentizado desde 2016, y en todos menos uno de los estados, el crecimiento de los ingresos personales es menor al promedio nacional, según Barron’s. El aplaudido aumento de los salarios de Trump para los trabajadores con bajos ingresos se debe en gran medida a los aumentos locales del salario mínimo—la tasa federal de $7,25 por hora no ha cambiado desde 2009—que deja a los trabajadores por debajo o cerca de la pobreza.

Empleos de tiempo parcial o casuales: la nueva norma

Cambios en la tasa de empleo como porcentaje en edad laboral (15-64); tiempo completo (negro) y tiempo parcial (rojo) en EE. UU. y el promedio de la OCDE

En su discurso, Trump citó el hecho de que 3,5 millones de personas se han sumado a la fuerza laboral. Sin embargo, ese aumento se debe casi completamente al aumento en empleos de tiempo parcial y casuales, según el McKinsey Global Institute. La tasa de empleo, el porcentaje de la población en edad laboral con empleos, sigue 3 por ciento por debajo de 2000. Los empleos de tiempo completo han caído 6,8 por ciento desde el inicio del siglo mientras que los empleos de tiempo parcial aumentaron 3,4 por ciento.

Una encuesta realizada el año pasado por la Reserva Federal halló que 3 de cada 10 adultos estadounidenses dependen de trabajos casuales para al menos parte de sus ingresos. Para la mitad de estos trabajadores, el empleo casual representa 10 por ciento o más de sus ingresos, y 6 por ciento de ellos depende de su empleo casual para al menos el 90 ciento del ingreso familiar.

Esta “nueva norma”, junto a los cientos de miles que han dejado de buscar empleo del todo, oculta el estado real del mercado laboral, manteniendo las cifras de desempleo oficiales en mínimos artificiales. El verdadero desempleo, una vez que se añade el subempleo y los trabajadores “desincentivados”, es de 6,9 por ciento, casi el doble de la tasa oficial.

Esto está vinculado a un aumento importante en la inseguridad económica. La Brookings Institution coloca al 44 por ciento de la fuerza laboral estadounidense en la categoría de bajos salarios. Millones de estadounidenses se encuentran a una crisis de la destitución: casi la mitad del país no puede costear un gasto no esperado de $400 sin endeudarse.

La desigualdad a niveles récord

Desigualdad social en EE. UU. La riqueza de 150 millones de estadounidenses (izquierda) y la riqueza de los tres estadounidenses más ricos (derecha)

Se está viendo concluyentemente confirmado el punto de Karl Marx de que “la acumulación de riqueza en un polo” de la sociedad equivale a “la acumulación de miseria y agonía” en el otro polo. Con base en la pobreza endémica en la clase obrera, la clase gobernante estadounidense está acumulando niveles históricamente obscenos de riqueza.

Tres individuos—Jeff Bezos, Warren Buffett y Bill Gates— controlan más riqueza que la mitad al fondo de la población estadounidense. No obstante, otro estudio de los investigadores de la desigualdad, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, descubrió que esta mitad al fondo del país tiene en conjunto una riqueza neta negativa, lo que significa que sus deudas son mayores a sus activos.

Mientras tanto, las empresas estadounidenses están ganando dinero a montones. Según la Reserva Federal, las ganancias tras impuestos por año han alcanzado $1,8 billones, tres veces el nivel en el año 2000. Esta cifra se ha mantenido constante desde 2012, el final del primer término de Obama. La participación de los trabajadores en el ingreso nacional, mientras tanto, es por mucho la más baja en el registro.

Estas enormes ganancias no derivan de inversiones en actividades productivas. Por más de una década, las empresas estadounidenses han mantenido $1,5 billones en efectivo que se rehúsan a invertir. En cambio, provienen de transacciones financieras, incluyendo recompras de acciones, dividendos, fusiones y adquisiciones de empresas y otras actividades especulativas, apuntaladas por Trump a través de enormes inyecciones de efectivo de la Reserva Federal y recortes fiscales para las empresas. Estas políticas irracionales y esencialmente criminales, el saqueo de la sociedad a manos de la clase gobernante, están preparando el camino para otra crisis económica.

El capitalismo, el socialismo y la clase obrera

El número de trabajadores estadounidenses involucrados en paros laborales

Los demócratas, tanto como Trump y los republicanos, son un partido de Wall Street comprometido con la pobreza y la desigualdad. Desde la elección de Trump, los demócratas se han opuesto a él solo con base en que no está lo suficientemente comprometido con un conflicto con Rusia. Los demócratas concuerdan con Trump en todas las otras cuestiones y han votado en el Congreso a favor de sus propuestas.

Pero, la clase obrera está comenzando a resistir contra estas condiciones intolerables. Según el Economic Policy Institute, el número de trabajadores que participaron en huelgas el año pasado promedió 455.000, el más alto en 35 años. Asimismo, el número de trabajadores en importantes huelgas de más de 20.000 personas alcanzó su nivel más alto desde el principio del registro en 1993.

En todo el mundo, decenas de millones de trabajadores están participando en huelgas y protestas sociales. Para ser exitosas, estas luchas necesitan estar armadas con un entendimiento de que no están involucrados en una lucha contra un solo patrón u oficial gubernamental, sino contra el sistema capitalista en su conjunto

El Partido Socialista por la Igualdad ha postulado a Joseph Kishore y Norissa Santa Cruz para las elecciones presidenciales de EE. UU., a fin de darle a este movimiento una dirección y perspectiva revolucionarias. No solo estamos contendiendo por votos, sino para movilizar a los trabajadores y jóvenes y para que construyan un movimiento poderoso de la clase obrera contra el capitalismo.

En manos de la sociedad, los billones controlados por la clase gobernante podrían utilizarse para mejorar enormemente las condiciones materiales y culturales de la mayoría. Pero esto solo se puede lograr por medio de un asalto frontal contra el sistema de lucro capitalista en sí, que es incompatible con las necesidades de la sociedad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 15 de febrero de 2020)

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