¡Rechacen la xenofobia capitalista! ¡Por la solidaridad socialista internacional en la batalla contra la pandemia de coronavirus!

20 marzo 2020

En otra muestra de ignorancia, perversidad sociopática y chovinismo fascistizante, Donald Trump, ha designado públicamente el COVID-19 el “Virus chino”. La tardía e incompetente respuesta de su Gobierno a la pandemia ha puesto las vidas de millones en riesgo.

Las palabras de Trump no solo evocan la antigua fábula racista e imperialista de un “Peligro amarillo” e incitan a la violencia contra los estadounidenses asiáticos, sino que también socavan los esfuerzos críticos de desarrollar en la población un entendimiento científico y basado en hechos del coronavirus y de las medidas que se necesitan tomar para detener la propagación de la enfermedad. “No existe la culpa en esto”, dijo el portavoz de la Organización Mundial de la Salud, el Dr. Mike Ryan. “Este es un momento para la solidaridad, es un momento para los hechos, es un momento para avanzar juntos”.

El Gobierno de Trump, acentuando su foco nacionalista, le urgió a una firma de biotecnología alemana que está desarrollando una vacuna para el coronavirus a que se trasladara a EE. UU., planteando la posibilidad de que “cualquier inoculación esté disponible primero y quizás exclusivamente en EE. UU.”, como lo reportó el New York Times .

Se traslada a una persona en una camilla en el Centro Médico United Memorial en Houston, Texas, después de ser sometida a una prueba para el COVID-19 el jueves (AP Photo/David J. Phillip)

La promoción de nacionalismo confunde, menoscaba y bloquea la batalla contra la enfermedad. La declaración de Trump solo es la expresión más grotesca de los esfuerzos para transmitir una agenda nacionalista falsa y desorientadora a través de la lucha contra la pandemia. Utilizando como pantalla las medidas necesarias para bloquear la propagación de la pandemia, los Gobiernos están buscando promover nacionalismo y reacción política.

La pandemia global es insensible hacia las fronteras nacionales. El coronavirus no distingue entre etnicidades, nacionalidades o géneros.

Por años, los científicos han advertido sobre el peligro cada vez mayor de las pandemias globales ante el crecimiento de las ciudades y la mayor interconectividad de la población global. En 2018, la OMS advirtió sobre una “Enfermedad X” que resultaría “a partir de un virus que se originaría en los animales y aparecería en alguna parte del planeta donde el desarrollo económico junte a las personas con la vida silvestre”, recuerda el ecologista de enfermedades Peter Daszak.

“Explotando las redes de viaje humano y comercio, llegaría a múltiples países e impediría su contención. La Enfermedad X tendría una tasa de mortalidad mayor a la gripe estacional pero se propagaría más fácil que la gripe. Sacudiría los mercados financieros incluso antes de obtener la designación de pandemia”.

En Europa occidental y EE. UU., los Gobiernos se han rehusado a dar pruebas y cuidado médico adecuados. En cambio, han adoptado, sea abierta o implícitamente, la postura del Gobierno británico de que sería “deseable” que una porción sustancial de la población se infecte. Esta es una sentencia de muerte para millones de personas.

Incluso mientras EE. UU. y Europa occidental no proveen la detección y atención médica adecuadas —por mucho las formas más efectivas de combatir el virus— han puesto en cuarentena a millones de personas y les han impuesto restricciones de viaje draconianas.

El 17 de marzo, la Unión Europea cerró sus fronteras externas y un Estado miembro tras otro ha cerrado sus propias fronteras. El miércoles, Estados Unidos y Canadá anunciaron que cerrarían su frontera terrestre y EE. UU. prohibirá a entrada de todo migrante o refugiado.

La OMS ha criticado repetida y fuertemente estas prioridades. Mientras que las cuarentenas y las restricciones de viaje son necesarias, son inadecuadas. La OMS ha dejado en claro una y otra vez que la expansión de los recursos a tomar pruebas de la enfermedad, rastrear a aquellos que corren peligro y cuidar a los enfermos es la única forma de contener la pandemia.

Como lo dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director general de la OMS, “Hemos visto una escalada rápida de las medidas de distanciamiento social, como los cierres de escuelas y la cancelación de eventos y otras reuniones. PERO no hemos visto una escalada en pruebas y en el rastreo de contactos, que constituyen la espina dorsal de la respuesta al COVID-19”.

El Dr. Michael Ryan añadió, “Los países que dependan de medidas de viajes para bloquear el virus simplemente no tendrán éxito”.

Los trabajadores deben exigir un programa masivo de pruebas y tratamiento, con instalaciones apropiadas para albergar humanamente a todos los diagnosticados mientras se recuperan.

Combatir la pandemia es imposible sobre una base nacional. La respuesta a la enfermedad exige la movilización de todos los recursos médicos, científicos y sociales de la humanidad sobre la base de la solidaridad humana compartida.

Los científicos de todo el mundo deben tener permitido compartir sus investigaciones y tecnología sin las trabas de los “intereses nacionales” y los conflictos geopolíticos que solo sirven para retrasar el desarrollo de contramedidas efectivas para contener, tratar y al final erradicar el coronavirus.

El desarrollo de las vacunas, terapéutica y las mejores prácticas para combatir la pandemia sin las trabas de las fronteras nacionales. Los trabajadores médicos chinos, quienes domaron valientemente la pandemia en su país, deben ser llevados a otros países para compartir su conocimiento y experiencia.

Debe haber cooperación internacional en la producción de mascarillas, respiradores y respiradores, así como su asignación con base en las necesidades sociales.

Un esfuerzo exitoso para combatir la pandemia es incompatible con la geopolítica imperialista y toda forma de conflicto entre naciones. Sin importar su punto de inicio, el brote de una pandemia en cualquier país es un evento global. El hecho de que los estrategas del imperialismo estadounidense hayan estado carcajeando sobre el impacto del COVID-19 en Irán no solo pone en evidencia su inhumanidad sino también su terrible ignorancia ante el potencial global de las transmisiones virales entre humanos.

Es esencial que todas las medidas de guerra comercial y sanciones económicas, como aquellas impuestas contra Irán, sean inmediatamente levantadas. Se deben construir hospitales con el personal adecuado y todos los equipos esenciales para tratar a los refugiados y migrantes. No se le puede negar a ningún ser humano los tratamientos médicos urgentes.

Uno de los muchos elementos trágicos de la pandemia es la impotencia de la OMS, la cual pertenece a las Naciones Unidas. Sus dedicados científicos, doctores y expertos en salud pública, muchos de ellos veteranos en la erradicación del Ébola. Les han suplicado a los Gobiernos para que adopten un enfoque racional y humano a la crisis.

La OMS, sumamente desfinanciada incluso antes de la pandemia, se ha visto privada de recursos, llevándola a un nivel de riesgo que las evaluaciones internas llaman “inaceptable”. Se ha visto obligada a rogar por migajas de los Gobiernos, recaudando menos de $30 millones de la meta de $675 millones por ahora, incluso mientras los Gobiernos les entregan billones de dólares a los bancos.

Si se han de salvar millones de vidas, los trabajadores necesitan luchar por el internacionalismo socialista, es decir, la unidad internacional basada en los intereses comunes y la solidaridad de todos los trabajadores médicos, científicos y todos los elementos progresistas en la sociedad en su batalla contra la pandemia.

En la lucha contra la pandemia, la clase obrera mundial debe ver toda manifestación de chauvinismo nacional como una amenaza tan seria para la humanidad como el propio coronavirus.

(Publicado originalmente en inglés el 19 de marzo de 2020)

Andre Damon y David North