Paros contra la muerte: obreros de maquiladoras en el norte de México detienen labores

por Eric London y Andrea Lobo
23 abril 2020

A lo largo de la frontera de México con EE. UU., una ola de huelgas y protestas en las maquiladoras marca un foco de la lucha entre la clase capitalista y la clase obrera sobre la respuesta global a la pandemia del coronavirus.

Dándole voz a los intereses de miles de millones de trabajadores en todo el mundo, los obreros de las maquiladoras que producen partes para transnacionales en Tijuana, Matamoros, Mexicali, Reynosa y Ciudad Juárez están exigiendo el cierre de la producción no esencial, salarios completos si las plantas cierran y la provisión de precauciones en salud y seguridad adecuadas para los habitantes del norte industrial del país.

A pesar de un apagón mediático en EE. UU., han circulado videos de gerentes gritándoles a trabajadores desesperados y furiosos que finalmente lanzan sus guardapolvos al piso antes de marcharse de la línea. Para inicios de 2019, cuando 70.000 trabajadores en Matamoros se rebelaron contra los sindicatos y lanzaron la mayor huelga salvaje de Norteamérica en décadas, los trabajadores nuevamente actúan bajo su propia iniciativa independiente, esta vez para salvar sus vidas.

Trabajadores en huelga en Matamoros, México, a principios de 2019. El letrero dice SINDICATO Y EMPRESA *MATAN* A LA CLASE OBRERA, Uniones y jefes *matar* a la clase obrera.

La respuesta de las empresas y sus socios sindicales ha sido intentar mantener las plantas en operación, sin importar el costo humano.

Los doctores en la región fronteriza reportan que los hospitales están comenzando a desbordarse de obreros enfermos y muriéndose de las maquilas. En una importante planta en Ciudad Juárez, propiedad de la Corporación Lear, con sede en Michigan, la empresa obligó que continuará la producción mientras se propagaba el virus por la instalación. Al menos 13 trabajadores han fallecido solo ahí.

Mónica, hija de un trabajador de Lear enfermo, indicó al World Socialist Web Site, “Mi papá está muy delicado en coma”. Cuando seguía trabajando en marzo, “mi papá sí comentó que regresaron al trabajo a una persona enferma. Él y más personas tuvieron contacto con esa persona. Me parece irresponsable que las plantas sigan abiertas y expongan así a sus empleados… Yo les recomiendo por la experiencia que viví con mi papá que no se expongan. Primero cuiden sus vidas y cuiden a sus familias”.

Según un reporte del Los Angeles Times, “Para fines de marzo, estaba claro que la fábrica [de Lear] en Juárez era el centro de un importante brote de COVID-19”. Cuando muchos trabajadores se enfermaban e iban a la enfermería de la empresa, “los enfermeros los diagnosticaban con alergias o resfriados, les daban analgésicos y les decían que volvieran al trabajo”.

El director ejecutivo de Lear, Ray Scott ganó $9,9 millones en el año fiscal 2017-2018.

En una maquiladora de Cooper Lighting, con sede en Georgia, los propietarios obligaron a los trabajadores a trabajar durante la pandemia e instalaron, “cadenas en sus puertas para prevenir que aproximadamente 800 trabajadores salieran”, reportó el Times. El director ejecutivo Eric Rondolat presuntamente recibió $2,8 millones en el año fiscal 2017-2018.

Tal criminalidad flagrante es la norma, no la excepción. Encarna la respuesta de toda la clase capitalista y los principales Gobiernos a la pandemia. Se han puesto a disposición billones de dólares para los bancos y las corporaciones, enriqueciendo a la aristocracia financiera mientras miles de millones de trabajadores siguen trabajando sin las protecciones más básicas.

Para el 15 de abril, 23 trabajadores automotores de EE. UU. empleados por Ford y Fiat Chrysler habían muerto del coronavirus. Veintisiete enfermeros y doctores en EE. UU. han muerto del virus según los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Para el 12 de abril, 41 trabajadores de tiendas de abarrotes habían muerto de coronavirus. Al menos doce trabajadores de procesamiento de carne han muerto en las últimas semanas, mientras que cientos más han salido positivo. Ochenta y un trabajadores de transporte en la Ciudad de Nueva York, tanto activos como jubilados, han muerto. Debido a la ausencia de las pruebas necesarias, estas cifras sin duda son mucho menores que el total verdadero de muertes.

Los que han muerto fueron sacrificados en el altar del lucro privado. Para Wall Street y el imperialismo estadounidense, la continuación de la producción en las maquiladoras mexicanas es una necesidad geoestratégica, sin importar cuántos trabajadores mueran.

Hay más de un millón de trabajadores empleados en las maquiladoras, muchas de las cuales producen partes para la mayoría de las industrias grandes de estadounidenses, incluyendo los productos de defensa. Consecuentemente, la producción maquiladora es esencial para los esfuerzos del Gobierno de Trump y la prensa estadounidense para “reabrir EE. UU.”. Trump ha propuesto relajar las restricciones al trabajo y los viajes para el 1 de mayo, a pesar de las advertencias de expertos médicos de que esto causará miles de muertes.

En su rueda de prensa diaria el domingo, Donald Trump anunció: “Hablé con el presidente de México ayer… Y estamos en muy buena coordinación ahora… Estamos emprendiendo la cadena de suministros. No afectará el comercio. Y si lo hiciera, les digo: Si una cadena de suministros basada en México o Canadá interrumpe nuestra fabricación de un producto grande o un producto importante, o incluso un producto militar, no vamos a estar felices, déjenme decirles eso”.

La respuesta del mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador ha estado dictada por su sumisión al Gobierno de Trump y las demandas económicas y geopolíticas del imperialismo estadounidense.

En fines de marzo, cuando se propagaba el virus por las maquiladoras, López Obrador declaró en un video, “No hacemos nada bueno, no ayudamos si nos paralizamos sin ton ni son, de manera exagerada. Vamos a seguir haciendo la vida normal”.

López Obrador luego realizó varias apariciones públicas en que besó a sus simpatizantes en multitudes de personas, violando las medidas de distanciamiento social. Mother Jones reportó: “Durante una de las ruedas de prensa diarias del presidente, un reportero le preguntó a López Obrador cómo protegería a México y respondió sacando amuletos religiosos de su billetera y diciendo que estos eran sus escudos protectores”.

También a fines de marzo, Luis Miguel Barbosa, el gobernador de Puebla y miembro del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) de López Obrador, dio que los pobres son “inmunes” a la enfermedad, insinuando que no les debería preocupar volver al trabajo. Puebla es un núcleo importante de la producción automotriz internacional.

La respuesta de López Obrador expone la bancarrota de todos en México y EE. UU. como los Socialistas Demócratas de Estados Unidos (DSA) y la revista Jacobin que promovieron al presidente como un “izquierdista” transformador o incluso un luchador “socialista” por la clase obrera. En junio de 2019, Jacobin aclamó a López Obrador por avanzar una “agenda progresista”, diciendo que el Gobierno “se opone a las panaceas económicas internacionales”.

Por el contrario, López Obrador está planeando utilizar la Guardia Nacional del país para aplastar las protestas de los trabajadores y mantener las ganancias fluyendo a Wall Street. Un documento interno de la Guardia Nacional de 30 páginas que fue recientemente publicado indica que esta fuerza está preparándose para ser desplegada en oposición al “pánico social”.

Las experiencias de los últimos dos meses exponen la total indiferencia de la clase gobernante al impacto mortal del virus contra la clase obrera. Los llamados a un inminente “retorno al trabajo” significan que más trabajadores están siendo enviados a sus muertes en aras de proteger las ganancias corporativas y la riqueza de los acaudalados.

Las acciones cada vez más generalizadas de los trabajadores mexicanos en las plantas y almacenes a lo largo de la frontera ponen de relieve el inmenso poder social posible de una respuesta unificada internacionalmente de la clase obrera a la crisis.

El Washington Post reportó el domingo sobre “señales de malestar en todo el mundo que podrían presagiar inestabilidad en la medida en que colapsan las economías”. El artículo cita al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien advirtió de “un aumento en el malestar social” en el horizonte inmediato.

El 2019 acabó con la mayor ola de manifestaciones de masas en décadas pero, sin una dirección revolucionaria, ninguna de estas problemáticas por las protestan los trabajadores se resolverán.

Esta creciente ira social ha entrado en una fase nueva y más urgente. Las huelgas, los paros y las protestas ocurren en EE. UU., Europa, América Latina y el resto del mundo en que los trabajadores están planteando las mismas demandas: tiempo libre indefinido con salarios completos, protecciones adecuadas para el trabajo auténticamente esencial y la provisión de fondos suficientes para la salud y la producción de equipos de protección y respiradores.

La naturaleza del virus hace que cualquier respuesta puramente nacional sea obsoleta. Los nacionalistas sindicatos se están uniendo a la clase gobernante en cada país para conspirar un retorno al trabajo lo antes posible.

Para salvar sus vidas y las de sus seres queridos, los trabajadores necesitan controlar las medidas sanitarias y de seguridad en sus lugares de trabajo. Tienen que poder decidir democrática e independientemente si debieran regresar al trabajo o no, cuándo y bajo cuáles condiciones. Esto no se puede lograr a través de los sindicatos ni la ausencia del control obrero democrático sobre la producción.

Esto significa establecer nuevas organizaciones, comités de base, para conectar a los trabajadores de las distintas industrias, a través de las fronteras nacionales, y unirlos en una lucha global contra el sistema capitalista. Guiado por una perspectiva socialista revolucionaria, este movimiento de la clase obrera puede garantizar que la producción se organice para atender las necesidades humanas y salvar vidas, no el lucro.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de abril de 2020)