Trump tuitea en apoyo a los manifestantes derechistas armados en Michigan

por Kevin Reed
4 mayo 2020

Un día después de que un grupo de manifestantes, algunos armados con rifles de asalto, ingresaran al Capitolio estatal en Lansing para exigir que la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, levantara su orden ejecutiva de quedarse en casa por el COVID-19, el presidente Donald Trump tuiteó un mensaje en respaldo a los manifestantes de derecha.

Aludiendo intencionalmente su apoyo a las “personas muy buenas” involucradas en la turba neonazi en Charlottesville, Virginia, en agosto de 2017, Trump tuiteó: “La gobernadora de Michigan debería ceder un poco y apagar el fuego. Estas son personas muy buenas, pero están enojadas. ¡Quieren que les devuelvan sus vidas, de manera segura! Reúnase, hable con ellos, haga un trato”.

Un manifestante con su rifle en el Capitolio estatal en Lansing, Michigan, 30 de abril, 2020 (AP Photo/Paul Sancya)

Los cientos de manifestantes, incluidos muchos de fuera del estado, se congregaron en Lansing el jueves en el evento que los organizadores llamaron el “Mitin Patriótico Estadounidense”. A la 1:00 p.m., la policía comenzó a tomar la temperatura de los manifestantes con dispositivos mientras les permitían entrar en el Capitolio, con armas y todo, cantando: “¡Enciérrenla!” y “¡Heil Whitmer!”.

Una vez dentro del Capitolio, los manifestantes, que desafiaron las medidas estatales de distanciamiento social y las regulaciones de cobertura de la cara, intentaron abrirse paso hasta el piso de la cámara legislativa de Michigan, pero fueron bloqueados por guardias legislativos y la policía estatal. Mientras que algunos subieron a la galería sobre el plenario de la cámara legislativa, el grueso de manifestantes permaneció junto a la escalera y afuera de la entrada a la cámara, cantando “¡Déjennos entrar!”.

Además de llevar armas largas automáticas, algunos manifestantes llevaban parafernalia pro-Trump y, según los informes, otros mostraban esvásticas, ondeaban banderas confederadas y sogas. Un grupo de individuos armados, que se identificó como la Milicia Liberty de Michigan, dijo que eran un “destacamento de seguridad” para los manifestantes y se enfilaron con sus armas fuera de la oficina del gobernador.

En una publicación con una fotografía de los hombres armados patrullando la galería, la senadora estatal Dayna Polehanki, una demócrata, tuiteó: “Directamente sobre mí, hombres con rifles que nos gritan. Algunos de mis colegas que poseen chalecos antibalas los llevan puestos. Nunca he apreciado a nuestros guardias más que hoy”.

Al igual que con la protesta organizada en Lansing el 17 de abril y muchas otras manifestaciones en estados de todo el país, la protesta del jueves fue coordinada por la cúpula del Partido Republicano. El llamado de Trump de que Whitmer “haga un trato” con los manifestantes es parte de la campaña nacional que coordina la Casa Blanca para poner fin al distanciamiento social durante la pandemia y obligar a la clase trabajadora a volver al trabajo.

Desde hace semanas, Wall Street y los medios corporativos han estado avanzando la mentira de que la pandemia prácticamente se acabó y que todos deben volver al trabajo. El peligro de este regreso prematuro al trabajo es evidente en Michigan, donde el número de casos confirmados aumentó en casi 1.000 el viernes, alcanzando un total de 42.356, y el número de muertos aumentó a 3.866, sin ninguna señal de un “aplanamiento de la curva”.

La manifestación del jueves estuvo programada para coincidir con el fin del estado de emergencia declarado el 23 de marzo por la gobernador Whitmer, que cerró los negocios y le ordenó al público que se quedara en casa. Según la ley de Michigan, extender la declaración de emergencia más allá de 28 días requiere la aprobación legislativa.

Con los manifestantes en el Capitolio, la Cámara de Representantes controlada por los republicanos votó por negarse a extender la declaración. Sin embargo, la gobernadora Whitmer emitió una serie de órdenes ejecutivas de todos modos, incluida una extensión del estado de emergencia COVID-19 hasta el 28 de mayo.

Si bien la manifestación fue aparentemente organizada por un grupo sin fines de lucro llamado Michigan United for Liberty, el sitio web de la organización proporciona muy poca información sobre su propósito y objetivos. Una verificación de la información de registro del dominio asociado con la organización muestra que se creó el 9 de abril. También se creó una cuenta de Twitter para la organización en abril de 2020.

Un propósito central de Michigan United for Liberty es servir como demandante contra Whitmer en una demanda presentada ante un tribunal de Michigan el 22 de abril desafiando la autoridad de la gobernadora para emitir órdenes ejecutivas. Este caso, que aún no se ha decidido, es uno de las varias denuncias presentadas principalmente en nombre de demandantes respaldados por los republicanos para forzar el fin del estado de emergencia y el regreso al trabajo.

Además de votar en contra de extender la orden de “quedarse en casa, mantenerse a salvo” de Whitmer, la Cámara de Representantes de Michigan votó a favor de otorgarle al presidente legislativo republicano, Lee Chatfield, la autoridad de presentar una demanda por el manejo de la crisis COVID-19 por parte de la gobernadora. Chatfield dijo sobre la votación: “Tenemos tres ramas de gobierno: la ejecutiva, la legislativa y la judicial. Todas tienen su papel, incluso en una pandemia, y esta puede ser una en la que involucramos a la tercera rama del gobierno”.

Los comentarios de Chatfield y las demandas anteriores contra Whitmer ponen de relieve la intervención del fiscal general William Barr en el conflicto en torno al cierre de emergencia de los estados por parte de los gobernadores de todo el país. Barr emitió un memorando el lunes indicando que estaba ordenándoles al fiscal general adjunto para los derechos civiles, Eric Dreiband, y al fiscal federal para el distrito este de Michigan, Matthew Schneider, tomar medidas “si una ordenanza estatal o local cruza la línea de un ejercicio apropiado de autoridad para detener la propagación del COVID-19 hacia una violación abrumadora de las protecciones constitucionales y estatutarias”.

La selección de Schneider para liderar el esfuerzo, que involucra la autoridad de las agencias de policiales como el FBI, así como los tribunales federales, en la campaña de regreso al trabajo, es una indicación de que Michigan es el foco de una ofensiva de alto nivel por la élite gobernante para obligar a los trabajadores a volver al trabajo, independientemente de las preocupaciones generalizadas expresadas por los expertos médicos y de salud pública sobre la seguridad de hacerlo y las huelgas y protestas continuas de los trabajadores contra condiciones inseguras en las fábricas y lugares de trabajo.

Esta campaña política y legal es necesaria porque la élite política es muy consciente de la oposición que existe dentro de la clase trabajadora para terminar el distanciamiento social y el autoaislamiento, en condiciones donde la pandemia continúa extendiéndose a toda la población.

Encuesta tras encuesta ha demostrado que el público estadounidense, por un margen de más de dos a uno, no respalda un retorno rápido al trabajo, incluso si esto significara una mayor interrupción económica. Una encuesta exhaustiva a nivel nacional de los 50 estados realizada por Harvard, Northeastern University y Rutgers publicada el jueves mostró que el 68 por ciento de los habitantes de Michigan dijeron que pensaban que su Gobierno estatal estaba “reaccionando correctamente” a la crisis, mientras que el 24 por ciento dijo que pensaban que estaba exagerando.

Estas expresiones de oposición a la campaña de regreso al trabajo han sido minimizadas en los medios corporativos, mientras que la manifestación en Lansing, que movilizó solo a unos pocos cientos de personas, ha sido ampliamente reportada y presentada como una expresión del sentimiento popular a favor de una rápida “reapertura” de la economía. Lo mismo ocurre con una docena o más de manifestaciones derechistas similares, y generalmente pequeñas, en otros estados del país, principalmente aquellos con gobernadores demócratas.

Esta cobertura desproporcionada busca conscientemente coincidir con la intensificación de las demandas de la Casa Blanca, Wall Street y los superricos para reabrir la economía. Esta falsa narrativa de un fervor popular para volver al trabajo es apoyada tanto por los demócratas como por los republicanos, aunque existen diferencias tácticas entre ellos en cuanto al ritmo del levantamiento de las medidas de distanciamiento social.

Aunque la base de apoyo de los grupos de extrema derecha y fascistas sigue siendo muy pequeña, sería un error peligroso subestimar el peligro de un crecimiento del fascismo en Estados Unidos. El acontecimiento de que grupos de extrema derecha y milicianos armados patrullen los pasillos del edificio del Capitolio estatal es una advertencia para la clase trabajadora. Estos grupos cuentan con el respaldo de secciones sustanciales de la clase dominante, la élite política y el aparato estatal de los Estados Unidos, que están alentando su desarrollo desplegarlos contra una clase trabajadora insurgente. Están siendo preparados como rompehuelgas y perros de ataque para la élite gobernante.

Las protestas en Michigan fueron respaldadas por organizaciones vinculadas a Betsy DeVos, la multimillonaria secretaria de Educación del Gobierno de Trump. En otros estados, multimillonarios de derecha, incluidos los hermanos Koch y la familia Coors, están brindando apoyo financiero a grupos de derecha que organizan manifestaciones de “regreso al trabajo”.

Al mismo tiempo, estas fuerzas están tratando de explotar los miedos y frustraciones reales de las capas principalmente de clase media, como los propietarios de pequeñas empresas, que están siendo arruinados por la respuesta de la oligarquía financiera a la pandemia. El Partido Demócrata, que respalda completamente la entrega de fondos públicos ilimitados a las corporaciones y bancos, no ofrece nada a las capas desesperadas de la clase media.

En la medida en que la clase trabajadora se vea bloqueada por los sindicatos, el Partido Demócrata y sus aliados pseudoizquierdistas en ofrecer una política independiente para combatir la pandemia y defender el nivel de vida y los derechos democráticos de los trabajadores y otras capas sociales siendo sacrificadas al impulso de la élite corporativa para aumentar su riqueza, la clase media arruinada puede orientarse hacia la extrema derecha y contra los trabajadores.

Esto subraya la necesidad de construir un movimiento independiente de la clase trabajadora en oposición a ambos partidos patronales para luchar contra la pandemia y el sistema capitalista que previene cualquier movilización efectiva de la ciencia y los recursos a nivel internacional para contenerlo y limitar el daño. Sobre la base de un programa socialista, la clase trabajadora puede ganar y ganará el apoyo de sectores importantes de la clase media que buscan una salida a la catástrofe creada por el capitalismo.

(Publicado originalmente en inglés el 2 de mayo de 2020)

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