Los obreros en México, el COVID-19 y la lucha contra la campaña del regreso al trabajo

por Andrea Lobo
12 mayo 2020

El siguiente discurso fue pronunciado por Andrea Lobo, simpatizante del Comité Internacional de la Cuarta Internacional que vive en Costa Rica y ha escrito de manera extensa sobre las luchas de la clase obrera en Latinoamérica, durante el Mitin en línea del Día Internacional de los Trabajadores 2020, celebrado por el World Socialist Web Site y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional el 2 de mayo.

La campaña del regreso al trabajo ha asumido un carácter particularmente urgente para el imperialismo estadounidense en las plantas manufactureras mexicanas, que son indispensables para reabrir la producción dentro de Estados Unidos. En México, se siguen reportando cifras récord de muertes por COVID-19 e infecciones casi todos los días.

Un doctor hondureño entrevistado recientemente por el WSWS señaló que las noticias de la pandemia le recuerdan la novela de crimen Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez. Casi todos en la historia desperdician una oportunidad tras otra para advertirle a la víctima del plan conocido para asesinarlo, hasta que es demasiado tarde.

El discurso de Andrea Lobo comienza en el minuto 1:56:44 del video.

Los Gobiernos hoy están respondiendo a través de negligencia y mentiras ante las advertencias generalizadas sobre la pandemia. Pero sería un error ver a la clase gobernante y sus representantes políticos como espectadores neutrales que simplemente prefieren “no decir nada”. Son protagonistas con intereses definidos en la ejecución y su encubrimiento.

En el caso de la pandemia, las víctimas, que enfrentan muertes masivas y miseria económica, pueden mirar cómo ocurre el crimen frente a sus ojos y descifrar el resto del plan. Este protagonista, la fuerza social con la fortaleza para enfrentar a las oligarquías y a sus Estados, y detener el crimen en marcha, es la clase obrera.

Después de acciones similares en Europa y Estados Unidos, miles de trabajadores en las plantas manufactureras de México, llamadas maquiladoras, realizaron paros para obligar el cierre de las fábricas no esenciales y exigir equipo de protección en las plantas esenciales.

Los paros en México iniciaron en Matamoros, en la frontera junto a Brownsville, Texas. Los trabajadores comenzaron a dejar sus labores un día después de que el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (conocido como AMLO) ordenara el cierre de la producción no esencial, pero las plantas se rehusaron a cerrar. Las empresas acudieron a la deliberada ambigüedad del decreto oficial.

En Matamoros, los trabajadores llevaron a cabo la mayor ola de huelgas en décadas en Norteamérica el año pasado, protestando los sueldos de 8 dólares por jornadas de 12 horas y el intento de las empresas de robarles sus bonos. A partir de esta experiencia, muchos concluyeron que las autoridades locales y federales y los sindicatos apoyaban a las empresas incondicionalmente, y que los trabajadores solo podían depender de su propia iniciativa.

Cuando los brotes de COVID-19 y las muertes se expandieron, esto también se volvió claro para los trabajadores en ciudades como Ciudad Juárez, Tijuana, Mexicali y Reynosa, quienes se unieron a la ola de paros.

Las olas huelguísticas internacionales tan solo han comenzado a demostrar el enorme potencial revolucionario de la clase obrera y la necesidad de unir este gran poder más allá de los orígenes étnicos, los géneros y las nacionalidades porque todos los trabajadores comparten los mismos intereses.

El padre del marxismo ruso, Gueorgui Plejánov, escribió: “No basta con que el doctor se simpatice con la condición de su paciente: tiene que lidiar con la realidad física del organismo, para combatirla partiendo de ella misma. Si el doctor considerara limitarse a sentir indignación moral hacia la enfermedad, merecería la mofa más burlesca”.

Los trabajadores necesitan entender la realidad física de la situación que enfrentan. En tan solo tres décadas, México atravesó una transformación masiva en su composición de clases. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU, los productos agrícolas, mineros y de baja tecnología constituían el 70 por ciento de las exportaciones en 1986. Desde entonces, las exportaciones aumentaron anualmente 10,4 por ciento y ahora los bienes de mediana y alta tecnología componen el 75 por ciento de las exportaciones. La mayoría se dirige a EE. UU. y Canadá.

La fuerza laboral maquilera aumentó a unos tres millones de trabajadores, quienes operan en eslabones cruciales y sumamente lucrativos a lo largo de las cadenas de producción globales y en industrias de importancia existencial para la élite gobernante estadounidense. La plataforma industrial norteamericana fue fortalecida y entrelazada aún más como parte de la respuesta del imperialismo estadounidense al declive de su posición económica, compitiendo contra Europa y Japón, inicialmente, y ahora China.

En el plazo más inmediato, ante el rescate billonario de los mercados financieros por parte de la Reserva Federal, la oligarquía está desesperada por extraer valor real por medio de la explotación y las maquiladoras en México son esenciales. Asimismo, la rentabilidad de los bajos salarios en México son un importante incentivo para trasladar la manufactura bélica lejos de los posibles rivales de Estados Unidos.

Los trabajadores en una planta de Amphenol en Ciudad Juárez, que produce cables y conectores para las industrias automotriz y de defensa, hicieron un paro el 17 de abril después de que varios trabajadores se enfermaran. La empresa se vio obligada a cerrar la planta, pero la reabrió solo una semana luego, sabiendo que cuenta con el permiso de facto del Gobierno mexicano y el respaldo del imperialismo estadounidense para poner a los trabajadores en riesgo. Los precios de las acciones de Amphenol aumentaron casi 15 por ciento en la semana y 19 por ciento para el mes. El director ejecutivo Richard Norwitt recibió 10 millones de dólares en 2018, principalmente en acciones.

Ray Scott, el director ejecutivo de la manufacturera de asientos y sistemas eléctricos para autos Lear, donde al menos 14 trabajadores en Ciudad Juárez fallecieron del COVID-19 por un cierre tardío, también recibió casi 10 millones de dólares, más de 3,500 veces el salario anual publicado para un operador ahí.

Pocos días después de que Donald Trump publicara su plan para “Abrir Estados Unidos otra vez”, llamó personalmente al presidente mexicano López Obrador para presionarlo a que reabriera las proveedoras de empresas estadounidenses. El Pentágono, el embajador de Estados Unidos a México, un grupo bipartidista de senadores y varios grupos empresariales se unieron a la campaña de presión.

AMLO anunció que la reapertura comenzará el 16 de mayo y el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, le indicó a El País que el Gobierno va a “encontrar algún mecanismo para que las empresas que están del lado mexicano, que están conectadas a la cadena de valor de Estados Unidos, puedan incorporarse antes”. El Gobierno busca llegar a la “inmunidad de rebaño”, explicó, ya que “Lo que mata a la pandemia no es que se están evitando los contagios”. Asumiendo que existiera una protección significativa contra una segunda infección, algo que no cuenta con fundamentos científicos para el COVID-19, la “inmunidad de rebaño” requeriría que más de la mitad de los 135 millones de mexicanos se contagiara. Cientos de miles, si no millones, morirían.

Sería ingenuo creer que un Gobierno capaz de sacrificar a tantos para servir al imperialismo estadounidense no empleará las tropas y fuerzas especiales entrenadas y armadas con el apoyo de Estados Unidos para imponer el regreso al trabajo. Un reciente comunicado interno de la Guardia Nacional, creada por el propio AMLO, indica que se están preparando para el despliegue contra el “pánico social”.

Los corruptos y nacionalistas sindicatos y sus apologistas en cada país se están alineando detrás de la campaña de regreso al trabajo de sus Gobiernos. Los trabajadores necesitan construir organizaciones nuevas, comités de base, para decidir democráticamente cuándo y bajo cuáles condiciones deberían regresar al trabajo, de forma independiente de los sindicatos, y para coordinar sus luchas más allá de los sectores y de las fronteras.

Hace ochenta años, poco antes de su asesinato a manos de un agente estalinista cerca de la Ciudad de México, León Trotsky escribió: “Únicamente bajo su propia dirección revolucionaria es capaz el proletariado de las colonias y semicolonias de lograr una colaboración invencible con el proletariado de los centros metropolitanos y con la clase obrera mundial en su conjunto. Únicamente esta colaboración puede llevar a los pueblos oprimidos a su completa y última emancipación, a través del derrocamiento del imperialismo en todo el mundo”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de mayo de 2020)