El Gobierno de Trump contra la ciencia

16 mayo 2020

Las críticas públicas del presidente Trump sobre su principal experto sobre coronavirus, el Dr. Anthony Fauci, son parte de una campaña más amplia para negar la ciencia y apelar a los elementos sociales más atrasados y reaccionarios del país. La Casa Blanca está buscando fomentar un movimiento fascistizante que respalde la exigencia de la gran patronal de “reabrir” la economía estadounidense, sin importar el costo para la salud y vidas de los trabajadores.

Los comentarios cuidadosamente formulados de Fauci ante una audiencia de una comisión del Senado el martes pusieron de manifiesto el consenso de los epidemiólogos y otros expertos de salud pública. Advirtió que las autoridades estatales que han abandonado en gran medida las restricciones a los negocios en las últimas tres semanas están preparando un resurgimiento desastroso del COVID-19 y “sufrimiento y muertes innecesarias”.

En la audiencia, Fauci dejó en claro que la pandemia no está “bajo control”, que la cifra real de muertos por COVID-19 es mucho mayor que la oficial de 80.000 personas, que la efectividad del tratamiento antiviral con remdesivir es “modesto” y que recuperarse de COVID-19 no garantiza inmunidad.

Esta audiencia fue seguida ayer por un testimonio devastador del oficial de salud pública Rick Bright ante la comisión de la Cámara de Representantes, documentando sus intentos repetidos y fallidos de advertirle al Gobierno sobre la aproximación de la pandemia de COVID-19 y para garantizar una cantidad adecuada de muestras, equipos de protección y terapéuticos. Bright dejó en claro que las decisiones del Gobierno provocarán innumerables muertes.

Lejos de acatar las advertencias, los oficiales sanitarios estadounidenses, de acuerdo con los esfuerzos de Trump para minimizar la pandemia, lo despidieron de su puesto como titular de la Autoridad de Investigaciones Avanzadas y Desarrollo en Biomedicina.

El miércoles, cuando conversaba con reporteros durante una reunión con dos gobernadores—uno demócrata y otro republicano—que levantaron las restricciones relacionadas con el coronavirus, Trump declaró que la crítica de Fauci a las reaperturas estatales “no fue una respuesta aceptable”.

“Miren, él quiere tantear con ambos lados de la ecuación”, dijo Trump, aislando la declaración de Fauci de que ninguna vacuna ni tratamiento médico para el COVID-19 estarán listos para agosto, cuando usualmente inician las clases en las escuelas y universidades. “No considero que nuestro país regrese si las escuelas permanecen cerradas”, dijo Trump.

Trump rechazó los reportes de un nuevo y mortal síndrome que afecta a los niños que sobrevivieron el COVID-19, afirmando, “Ahora cuando tienes un incidente, uno de un millón, uno de 500.000, ¿pasará algo? Quizás… pero puedes estar manejando a la escuela y algunas cosas malas pueden ocurrir también”. Luego repitió las afirmaciones ya desmentidas de que el peligro del COVID-19 se limita a las personas de mayor edad y con condiciones de salud preexistentes.

Trump atacó a Bright el jueves, llamándolo “resentido”, mientras que el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, alegó falsamente que se llevó a cabo todo lo que Bright pidió.

El presidente estadounidense continuó su ataque el jueves por la mañana, diciéndole al Fox Business Network que está “totalmente” en desacuerdo con Fauci sobre sus inquietudes respecto a reabrir el sistema escolar. Luego le dijo a la entrevistadora, la porrista de Wall Street, Maria Bartiromo, “Tenemos que abrir nuestro país… lo más rápido posible. No podemos seguir así”.

El Dr. Fauci se ha vuelto el blanco de ataques ultraderechistas por varios meses, con la etiqueta #firefauci (despidan a Fauci) volviéndose tendencia en las redes sociales de derecha. Los comentaristas de Breitbart.com, Fox News y otros medios como esos lo han denunciado como opositor político de Trump, ya que se rehusó a apoyar los remedios curanderos para el coronavirus propuestos por Trump y por admitir que una respuesta más rápida a la pandemia por parte del Gobierno estadounidense pudo haber salvado vidas.

En una visita el jueves a una empresa de Pennsylvania que distribuye provisiones médicas, Trump promovió una política de suprimir deliberadamente la información sobre la pandemia. “Cuando haces pruebas, tienes casos”, dio. “Cuando haces pruebas, descubres algo malo con la gente. Si no haces pruebas, tendríamos muy pocos casos”. Luego añadió: “Puede ser que hacer pruebas está francamente sobrevalorado. Quizás está sobrevalorado”. El día de la visita de Trump al valle Lehigh de Pennsylvania, donde de nuevo se rehusó ostentosamente a utilizar una mascarilla, la ciudad cercana de Filadelfia superó las mil muertes por coronavirus.

Mientras ataca la ciencia y el conocimiento médico, Trump respalda las protestas en Pennsylvania y Michigan contra los cierres por coronavirus y aplaudió el miércoles la decisión de una corte en Wisconsin que abrogó la orden estatal de cierres.

Trump está realizando una apelación a los elementos más atrasados y confundidos de derecha, incluyendo a fundamentalistas cristianos, milicias y opositores a las vacunas. Estos grupos tienen poco apoyo popular —la manifestación del jueves en Lansing, Michigan, tan solo tuvo 200 personas— pero gozan de una publicidad enorme por parte de la prensa corporativa y son presentados como la expresión de una hostilidad masiva a priorizar la salud pública durante la pandemia.

Por ejemplo, la cobertura en los medios sobre la decisión judicial en Wisconsin se centró en la reapertura d ellos bares y restaurantes y sus felices clientes, mientras ignoró el hecho de que la gran mayoría de la población del estado apoya los cierres y los ha acatado conscientemente. En Wisconsin, se han reportado casi 11.000 casos de coronavirus y 421 muertes.

Las consecuencias de estas acciones serán mortales. Mientras los brotes iniciales de COVID-19 en EE.UU. se concentraron en las áreas urbanas, cuatro de los diez condados con las mayores tasas de mortalidad por la enfermedad se encuentran en el sur rural, incluyendo tres condados en Georgia y el distrito St. John the Baptist en Luisiana.

En su ataque feroz contra la ciencia y los expertos médicos, el Gobierno de Trump habla en nombre de la oligarquía financiera. Mientras que Trump es el defensor más abierto y consistente de un regreso prematuro al trabajo, su política está siendo llevada a cabo por gobernadores demócratas y republicanos.

Si los principios de la matemática contradijeran sus intereses de clase, comentó una vez Lenin, se enfrentarían a una amarga oposición. Aquí no se trata de los fundamentos de la matemática, sino de las medidas científicas y de salud pública más básicas para combatir la pandemia de coronavirus y salvar miles y miles de vidas.

A los milmillonarios y sus representantes políticos, tanto demócratas como republicanos, tras recibir su masivo rescate financiero del Congreso y la Reserva Federal, no les importa qué les pueda ocurrir a los trabajadores que ahora obligan a regresar al trabajo a fin de reanudar la extracción de plusvalía de su trabajo.

Esta campaña no involucrará meramente la amenaza de quitarles sus beneficios por desempleo y otras prestaciones. Eso quizás será suficiente de obligar a millones de trabajadores a volver a sus centros laborales, pero no será suficiente para mantenerlos ahí cuando aumenten las infecciones y muertes.

La aparición de armas automáticas en el Capitolio estatal de Lansing, Michigan, y otras protestas contra los cierres es una advertencia sobre lo que se está preparando para enfrentar a los trabajadores que se opongan al regreso al trabajo y se resistan a trabajar en condiciones inseguras e incluso mortales.

El Partido Socialista por la Igualdad se opone a la campaña de regreso al trabajo siendo librada por la patronal y sus representantes políticos en ambos partidos. Todos los implicados en este esfuerzo, desde el presidente Trump a su “oponente” demócrata Joe Biden, así como los demócratas y republicanos en el Congreso que votaron de forma unánime a favor del rescate corporativo, y los gobernadores de ambos partidos que ahora están relajando o levantando los cierres, tendrán la sangre de decenas de miles en sus manos, si no más.

(Publicado originalmente en inglés el 15 de mayo de 2020)

Patrick Martin