¡Por acciones obreras internacionales contra la pandemia del COVID-19!

25 junio 2020

La pandemia global de coronavirus está propagándose sin control. Seis meses desde el primer caso de COVID-19, los casos nuevos siguen llegando a nuevas alturas. Como consecuencia directa de las acciones de Gobiernos por todo el mundo, combinando indiferencia, incompetencia y una política consciente, la situación es grave y se sigue empeorando.

La pandemia de COVID-19 es una catástrofe global, cuyo impacto en la historia del siglo veintiuno no será menor al impacto de la Primera Guerra Mundial en el siglo veinte.

La experiencia de los último cinco meses ha dejado en claro que la respuesta de los principales Gobiernos capitalistas —con EE.UU. al frente— ha sido más que desastrosa. Los intereses de clase de las oligarquías corporativo-financieras que dictan las políticas imperialistas-capitalistas prohíben una respuesta científicamente guiada, socialmente progresista, democrática, igualitaria y humana a la pandemia. El afán de lucro, de riqueza personal y, consecuentemente, de una explotación irrestricta de la clase obrera asume una prioridad absoluta por encima de los intereses sociales de la gran mayoría de la población mundial.

Al iniciar la última semana de junio, más de 450.000 personas han fallecido, según las cifras oficiales, que subregistran las muertes. El “regreso al trabajo” prematuro e imprudente —el abandono efectivo de cualquier contención sistemática de la propagación del coronavirus— ha llevado rápido a un aumento explosivo de contagios, como advirtió repetidamente el World Socialist Web Site .

En Estados Unidos, la pandemia está propagándose por todo el país, cobrando un costo terrible en vidas humanas. El hecho de que el país más rico del mundo —el hogar de casi 300 milmillonarios con una fortuna combinada de aproximadamente ocho billones de dólares— haya registrado el mayor número de muertes en el mundo es una mordaz e incontestable exposición de la putrefacción de la sociedad estadounidense y el fracaso histórico del capitalismo.

Desde el principio de marzo, más de 2,3 millones de personas se han infectado en EE.UU. La cifra de muertes supera las 120.000 personas. El 21 de junio, se registraron 25.000 casos nuevos, un aumento de veinte por ciento en dos semanas. Casi dos docenas de estados reportaron un aumento en los casos nuevos. En California, los casos nuevos brincaron 48,3 por ciento en las últimas dos semanas, 114 por ciento en Texas, 168 por ciento en Florida, 142 por ciento en Arizona y 47 por ciento en Georgia.

A este paso, ante la ausencia de cualquier plan coordinado para detener la propagación del virus, el número de muertes por el virus en EE.UU. para el final del verano será de aproximadamente un cuarto de millón. La gran mayoría de víctimas serán trabajadores, por la mayor parte víctimas de las secciones más empobrecidas de la clase obrera.

En Europa occidental, que afirmó haber detenido la propagación de la pandemia y que era seguro reabrir la economía, hay indicios ominosos de que la tasa de contagio está repuntando. Más de 1.300 trabajadores en un solo matadero grande en Alemania occidental, principalmente trabajadores inmigrantes de Europa del este, salieron positivo al COVID-19 el fin de semana. Ha habido varios brotes en frigoríficos y otras fábricas tras el levantamiento de las medidas de cierre. Es particularmente significativa la continua propagación en Suecia, que fue aclamada como un modelo de inmunidad “de rebaño” (colectiva) pero los casos nuevos han aumentado 22,2 por ciento en las últimas dos semanas.

Dada la masiva pobreza en los países con un desarrollo capitalista atrasado, los cuales han sido históricamente oprimidos por el imperialismo, la pandemia amenaza con abrumar su sistema sanitario limitado y redes frágiles de apoyo social.

Las muertes y casos nuevos van en aumento en el sur de Asia. En India, ha habido 440.000 casos reportados y 14.000 muertes. El 21 de junio, se registraron 11.484 casos nuevos, según Stat News, un aumento de 32,8 por ciento desde hace dos semanas. Las muertes nuevas se han disparado 88,5 por ciento en el mismo periodo. En Delhi, la capital del país, los casos nuevos han aumentado 87,6 por ciento. Los hospitales en la ciudad están desbordándose, y la gente está muriendo de otras condiciones porque no pueden recibir tratamiento.

En Pakistán, con 3.590 muertes reportadas, los nuevos casos han aumentado 63,6 por ciento durante las últimas dos semanas, y la cifra de nuevas muertes ha aumentado casi 70 por ciento. En Bangladesh, los casos nuevos vieron un aumento de 43,6 por ciento y las nuevas muertes de 33,3 por ciento. El total de casos ya supera los 115.000 en Bangladesh, con más de 1.500 muertes.

En África, tomó 98 días entre el primer caso reportado hasta llegar a los primeros cien mil, pero solo pasaron 18 días para duplicarse de 100.000 a 200.000. Ahora hay más de 100.000 casos solo en Sudáfrica, donde os casos nuevos aumentaron 86 por ciento en las últimas dos semanas. Ha habido más de 50.000 casos en Egipto y un aumento en los casos nuevos de 22,2 por ciento en las últimas dos semanas.

La pandemia está teniendo un fuerte impacto en Latinoamérica. En Brasil, donde el presidente fascistizante Jair Bolsonaro ha rechazado cualquier medida para detener el virus, ha habido más de 1,1 millones de casos reportados. Es el segundo más alto del mundo. Se reportaron casi 30.000 casos nuevos el 21 de junio, un 30 por ciento más que hace dos semanas. Han muerto más de 51.000 personas y fallecen mil más cada día. En estado más golpeado, São Paulo, se han contagiado más de 220.000 personas y los casos nuevos aumentaron 32,7 por ciento en las últimas dos semanas.

En México, la cifra de casos reportados supera los 180.000, con 21.825 muertes. Los casos nuevos han aumentado más de 100 por ciento en las últimas dos semanas y las nuevas muertes han dado el impactante salto de 155 por ciento. Los nuevos casos en Chile han incrementado 66,7 por ciento y, en Ecuador, más de 20 por ciento en las últimas dos semanas.

La catástrofe global en marcha es el resultado directo de las políticas adoptadas por la clase gobernante. Cuando se propuso por primera vez, el programa de la “inmunidad de rebaño” fue considerado por el público general como inhumano e imprudente. Los científicos y epidemiólogos lo condenaron de forma universal. Pero los Gobiernos de todo el mundo lo han adoptado. Como lo reconoció un comentarista, la política actual hacia la pandemia del COVID-19 es “dejarla hacer estragos”.

Desde el principio, la respuesta al Gobierno de Trump y otros en todo el mundo no fue dictada en pro de la salud y el bienestar públicos, sino por los intereses de la oligarquía empresarial y financiera. Después de que se derramaran varios billones de dólares en Wall Street comenzando a fines de marzo, se lanzó inmediatamente una campaña para poner fin a todas las restricciones a la propagación del coronavirus.

El objetivo de la clase gobernante es explotar la situación para recortar salarios, intensificar la explotación, imponer medidas masivas de austeridad para pagar los rescates a los ricos y llevar a cabo una reestructuración fundamental de las relaciones de clases a escala mundial. El abismo entre los intereses de la oligarquía financiera y la gran mayoría de la población se refleja grotescamente en el aumento continuo de los precios en los mercados bursátiles y de activos financieros durante la pandemia: el equivalente contemporáneo a lucrar de la guerra.

La implementación de las medidas necesarias para detener el coronavirus depende de la intervención de la clase obrera internacional. Todas las acciones requeridas para detener el virus —el cierre de la producción no esencial, cuarentenas, pruebas masivas y rastreo de contactos— se contraponen al afán de lucro de la clase gobernante. Garantizar la provisión de apoyo a todos los afectados por las medidas exige una reasignación masiva de recursos sociales.

Más allá, una lucha efectiva contra la pandemia requiere una coordinación sistémica de recursos económicos, científicos, industriales e informáticos. Esa colaboración internacional esencial es imposible bajo el capitalismo, el cual está arraigado en el sistema de Estados nación. La clase gobernante en cada país vela por sus propios intereses nacionales ante todas las cosas.

Las empresas farmacéuticas compiten unas contra otras, protegiendo sus “secretos empresariales” en vez de compartir información que, de lo contrario y a través de un esfuerzo colectivo, facilitaría el desarrollo de técnicas de tratamiento efectivas y, eventualmente, una vacuna contra el COVID-19.

La salida del Gobierno de Trump fuera de la Organización Mundial de la Salud es un ejemplo notorio del carácter destructivo de la política nacional imperialista. Pero son aún más peligrosos los esfuerzos cínicos, en busca de ventajas geopolíticas, para acusar a China de la pandemia y legitimar de esta manera los preparativos estadounidenses para una guerra contra su principal rival.

¿Qué se necesita para detener la pandemia y salvar millones de vidas?

El control de la respuesta a la pandemia necesita ser tomado de las manos de la clase capitalista. Son necesarias acciones de masas de la clase obrera, coordinadas a escala internacional, para dominar la pandemia y salvar millones de vidas en riesgo. La lucha contra la pandemia no es únicamente, ni principalmente, una cuestión médica. Ante todo, es una cuestión de lucha social y política.

El potencial para el desarrollo de tal movimiento surge de la lógica de la propia crisis.

La oposición está incrementando en la clase obrera de todo el mundo. El enojo crece ante la falta de cualquier plan sistemático para controlar la pandemia, el estado desastrosamente inadecuado de las instalaciones médicas, las condiciones inseguras de trabajo que ponen en riesgo incontables vidas, el rechazo de los Gobiernos capitalistas para proveer los niveles necesarios de apoyo social para los millones que han perdido sus trabajos, la desenfrenada desigualdad social, el crecimiento incansable del militarismo y los ataques cada vez mayores contra los derechos democráticos básicos.

La clase gobernante está consciente de la radicalización política en curso de la clase obrera. Las diatribas de Trump contra los “extremistas de izquierda” y su intento de desplegar el ejército contra los manifestantes deben ser tomados como advertencias.

El mayor enojo social, reflejado inicialmente en el estallido de las protestas contra el asesinato de George Floyd en Minnesota y otros incidentes de brutalidad policial, necesita convertirse en un movimiento con consciencia de clase, global y de la clase obrera contra el capitalismo y por el socialismo.

Cuando los apologistas de la clase gobernante insisten, “No dejen que el remedio sea peor que la enfermedad”, los trabajadores deben responder que la enfermedad social subyacente es el capitalismo, la pandemia es un síntoma de esta enfermedad y la cura es el socialismo.

Las sumas masivas de riqueza acumuladas por los ricos necesitan ser confiscadas y redirigidas a financiar medidas de emergencia para detener la pandemia y proveer ingresos plenos a los afectados. Los bancos grandes y corporaciones necesitan ser colocados bajo el control democrático de la clase obrera y administrados con base en un plan racional y científico. Los enormes recursos desperdiciados en guerras y destrucción necesitan ser desviados para financiar la salud, educación y otras necesidades sociales.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional está convencido de que está en marcha un poderoso movimiento revolucionario de la clase obrera. La tarea del CICI es asistir a este movimiento dándole la fundamental dirección táctica, estratégica y programática. Pero esta es una tarea enorme que requiere la construcción de secciones de la Cuarta Internacional en cada país. Llamamos a la clase obrera, los estudiantes y todos aquellos que reconocen la necesidad de la reorganización socialista del mundo para asegurar el futuro de la humanidad a que se nos unan en esta lucha.

(Publicado originalmente en inglés el 23 de junio de 2020)

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional