Se acelera el coronavirus en África, donde ya hay más de 300.000 casos

por Stephan McCoy
27 junio 2020

Se está acelerando en toda África la expansión del coronavirus con una velocidad extrema. Todos y cada uno de los 54 países del continente, con una población total de 1,2 mil millones de personas, han reportado casos de la enfermedad.

Aunque al principio al virus le tomó tiempo afianzarse allí, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió, "A pesar de que estos casos en África representan a menos del 3 por ciento" del total global está claro "que la pandemia se está acelerando".

Trabajadores de la salud en África (crédito: Organización Mundial de la Salud)

La OMS ha advertido de que hasta 10 millones de personas se infectarán a lo largo de los próximos tres a seis meses y de que 300.000 personas morirán en el continente africano. Eso es en el supuesto de que las autoridades adopten medidas paliativas. Sin medidas para paliar la enfermedad, podrían morir millones de personas.

El primer caso se detectó el 14 de febrero en Egipto, por lo menos 45 días después de que China alertara por primera vez a la OMS sobre un nuevo coronavirus. Hasta ese momento, de los 95.333 casos confirmados en todo el mundo, la mayoría eran en la China continental. Unas pocas semanas después, Argelia, Nigeria, Marruecos, Senegal, Túnez y Sudáfrica confirmaron casos del virus.

Para el 20 de marzo, el continente había registrado oficialmente 1.000 casos. Hicieron falta 98 días para alcanzar los 100.000 casos pero solo otros 18 días para llegar a los 200.000 casos. Para el 13 de mayo, cada país había registrado algún caso —Lesotho fue el último en hacerlo. Desde entonces, el número de casos ha subido en más del 60 por ciento. Más de la mitad de todos los países están experimentando la difusión comunitaria, y el número de casos ahora supera los 336.000.

Para el 25 de junio, se habían registrado 8.856 muertes, probablemente una subestimación dadas las limitadas instalaciones sanitarias del continente, sistemas de registro deficientes y la experiencia del común conteo a la baja en los países avanzados en relación con el número de las "muertes de más".

Al principio, los medios internacionales especulaban que la aparente baja incidencia de África se debía a su demografía más joven, la raza y el tiempo más cálido. Esto ha quedado firmemente desmentido por la rápida difusión de la enfermedad.

Un estudio del Lancet señalaba que los países con más conexiones con la economía mundial era más probable que importaran el virus, tal como Egipto, Argelia, Sudáfrica, Nigeria y Etiopía. Las economías más avanzadas de África fueron las primeras en infectarse y también tenían la mayor capacidad para responder a ello.

A causa del atraso económico, África permanece profundamente desconectada del resto del mundo —apenas el 5 por ciento del flujo del turismo global va a África, por ejemplo. Aunque hay migración dentro de África, la hay relativamente poca hacia el continente. El número de ciudadanos chinos que trabajaban en proyectos de inversión chinos en África era de 201.057 para finales de 2018, según fuentes oficiales chinas, alrededor del 16 por ciento de la plantilla de ultramar total china. De ellos, el 23 por ciento fue a Argelia.

Argelia, Angola, Nigeria, Kenya y Etiopía representaban el 58 por ciento de todos los trabajadores chinos en África a finales de 2018.

El director general de la OMS Tedros Adhanom Ghebreyesus dijo que a pesar del bajo número inicial de casos "el mejor consejo para África es que se prepare para lo peor y que se prepare hoy", y concluía, "creo que África debería despertarse, creo que mi continente debería despertarse".

El jefe del Centro para el Control de Enfermedades (CDC) africano, John Nkengasong, hizo una advertencia igual de nefasta al decir "Hemos pasado de una amenaza que se avecina a un desastre que se avecina".

Hay de media apenas cinco camas de hospital por cada millón de habitantes en África, en comparación con las 4.000 de Europa. La mayoría de los países carecen de la infraestructura sanitaria más básica para hacer frente a la pandemia, así que la mayoría de los gobiernos se dieron prisa en imponer confinamientos.

El impacto económico ha hundido a millones de africanos en la extrema pobreza y el hambre. Los precios de las mercaderías básicas, una de las principales exportaciones del continente, han caído. Las remesas desde la diáspora —a menudo un 10 por ciento o más del PIB de un país— se han desplomado al igual que sectores clave como la horticultura debido a la falta de vuelos a Europa.

Dominique Strauss-Kahn, el exjefe del Fondo Monetario Internacional, advirtió sobre los efectos colaterales de la pandemia. Observando la escala del endeudamiento del continente aún antes del brote, dijo, "Los gobiernos africanos han lanzado más de $130 mil millones en Eurobonos, incluyendo $70 mil millones entre 2017 y 2019 ... Como resultado, los costes del mantenimiento de la deuda han saltado del 17,4 por ciento de las exportaciones en 2013 al 32,4 por ciento en 2019".

Los niveles de deuda harán imposible que los gobiernos paguen salarios en el sector público, lo que alterará severamente lo poco que quedaba de los servicios sociales, incluyendo educación y sanidad, mientras se desploma el ingreso per cápita. Todo esto al tiempo que Zambia y Zimbabue se enfrentan a la peor sequía de su historia y el este de África se enfrenta a la devastación por los enjambres de langostas e inundaciones.

Un informe reciente de la ONU sobre el coronavirus en África advertía de que habría "agitación social" sin una inversión de $100 mil millones en sanidad y una respuesta "social", más otros $100 mil millones para gestionar los efectos colaterales económicos. Casi no hay nada en ayuda internacional, préstamos ni alivio de deuda.

La mayoría de los países africanos han relajado ahora el confinamiento en un impulso hacia el regreso al trabajo para crear ganancias para las corporaciones multinacionales y los bancos.

En Nigeria, donde tuvo lugar el confinamiento más violento con por lo menos 18 personas muertas a manos de las fuerzas de seguridad, el presidente Muhammadu Buhari declaró, "Ningún país se puede permitir el impacto total de un confinamiento sostenido mientras espera la creación de vacunas".

En Sudáfrica, el presidente Cyril Ramaphosa cínicamente utilizó las dificultades económicas sufridas por los trabajadores como motivo para reducir el nivel de confinamiento de cinco a tres y reabrir la economía.

Los sistemas sanitarios africanos, mal equipados y con plantilla insuficiente, ahora están colapsando bajo el peso de la pandemia. Muchas áreas en cuarentena están arruinadas con informes de comida mala o inadecuada.

Los epidemiólogos del CDC de África han advertido de una "escasez catastrófica" de suministros médicos y trabajadores sanitarios mientras los cierres de fronteras y las subidas de los precios merman aún más el sistema sanitario. Según Xinhua News, por lo menos 3.500 trabajadores sanitarios sudafricanos están infectados con el COVID-19. En la provincia del Cabo Occidental, que tiene un número desproporcionado de casos, se están colmando las camas de cuidados intensivos.

A pesar de las recomendaciones de la OMS de testear, rastrear y aislar, muchos gobiernos africanos —en la medida en que las hayan adoptado alguna vez— han abandonado estas medidas básicas para contener la difusión del virus, aunque esté empezando a arrasar a la población.

Muchos gobiernos africanos están luchando por seguirle la pista al coronavirus y son incapaces de hacer suficientes tests. Los laboratorios a menudo son incapaces de procesar rápidamente los resultados de los tests, y el tiempo "de entrega" en Sudáfrica, la economía africana más avanzada, es de unos 12 días. Según el Economist, en junio, "Los países africanos han hecho tests, en promedio, a menos de 1.700 personas por millón, una fracción del número de los países ricos (Estados Unidos había hecho 26 veces más por millón de personas)".

Aunque Sudáfrica ha realizado más de 1 millón de tests —mucho más que la mayoría de los países africanos— esto es mucho menos de lo que se necesita. El Economist comentó que Nigeria, con una capacidad para al menos 10.000 tests al día, ha realizado menos de 900 por día desde su primer caso a finales de febrero.

La afirmación de que no hay suficiente dinero para la atención sanitaria es mentira. Tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía en los Estados Unidos, que ha desatado protestas en muchos países africanos, los gobiernos africanos siguen gastando en el ejército y la policía, preparándose para la oposición creciente en la clase trabajadora.

El médico zimbabuense Norman Matara le dijo a Human Rights Watch, "Cuando miras el presupuesto de defensa, compran equipamiento militar de última generación, así que no se trata de pobreza; se trata de un compromiso político genuino".

La administración del presidente Emmerson Mnangagwa, que llegó al poder en Zimbabue mediante un golpe militar en 2017, compró 50.000 bombas de mortero y 58.500 granadas el año pasado. Nigeria recientemente compró equipo militar a China por valor de $152 mil millones, incluyendo tanques de batalla principal VT-4, obuses autopropulsados SH-5 y otro equipamiento para fortalecer a sus fuerzas terrestres en la lucha contra militantes del Boko Haram en el noreste del país. El teniente general Lamidi Adeosun, el jefe del Ejército de Política y Planes nigeriano, dijo que esto era "apenas la punta del iceberg".

(Publicado originalmente en inglés el 26 de junio de 2020)