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Colin Powell en la Convención Nacional Demócrata: los demócratas preparan un Gobierno de militarismo y guerra

En el segundo día de su convención nacional, el Partido Demócrata nominó oficialmente a Joe Biden como su candidato a la presidente en las elecciones de 2020. En general, el evento de cuatro días ha sido un acto de teatro político sumamente ensayado, lleno de clichés trillados y retórica vacía.

El elemento más notable de los procedimientos de ayer fue la decisión de presentar los comentarios del exgeneral Colin Powell y un video destacando la “improbable amistad” entre Biden y el excandidato presidencial republicano y exsenador John McCain.

Una Administración de Biden/Harris, enfatizaron los demócratas, estaría preparada para hacer la guerra.

En sus observaciones, Powell, que se desempeñó como secretario de Estado bajo el Gobierno de George W. Bush, declaró que Biden, como “comandante en jefe”, “confiará en nuestros organismos de inteligencia” y “se enfrentaría a nuestros adversarios con fuerza y experiencia. Ellos sabrán que hablamos en serio”.

Powell será asociado para siempre con las mentiras fabricadas por la Administración de Bush para justificar la invasión de Irak en 2003. El 5 de febrero de 2003, Powell compareció ante las Naciones Unidas para afirmar que el Gobierno Irakuí estaba almacenando “armas de destrucción masiva”, una afirmación que falsa y que él sabía que era falsa. Fue el punto culminante de la campaña de la Administración de Bush para justificar una invasión no provocada de Irak, un horrendo crimen de guerra que causó la muerte de cientos de miles de personas y destruyó una de las sociedades más avanzadas de Oriente Próximo.

La guerra en Irak está asociada a algunas de las más horribles atrocidades, entre ellas la tortura de prisioneros en Abu Ghraib, la destrucción de Faluya y la masacre de civiles en Haditha en 2005. La propia sociedad estadounidense sufrió terribles consecuencias, entre ellas la muerte de casi 4.500 soldados y la mutilación de decenas de miles más.

Las declaraciones de Powell estuvieron precedidas por un discurso de John Kerry, el secretario de Estado del Gobierno de Obama que ayudó a supervisar la operación de cambio de régimen de 2014 en Ucrania, encabezada por grupos fascistas, y la guerra civil en Siria apoyada por los Estados Unidos. Kerry denunció la política exterior de Trump, centrándose especialmente en lo que se considera dentro de los organismos de inteligencia y militares como una actitud insuficientemente agresiva del Gobierno hacia Rusia. “Nuestros intereses”, dijo Kerry, “no pueden permitirse cuatro años más de Donald Trump”.

Kerry se refirió a la fuerza de la “brújula moral” de Biden, citando su apoyo a la guerra en Yugoslavia a finales de los 90, aunque evitando referirse a su voto para autorizar la invasión de Irak.

A Kerry le siguió un segmento del vídeo en el que aparecía el republicano Chuck Hagel, junto con diplomáticos de carrera tanto de los republicanos como de los demócratas, entre ellos Brett McGurk (el asesor civil de mayor permanencia que supervisó la guerra en Irak y Siria, comenzando en la Administración de Bush); Marie Yovanovitch (embajadora de los Estados Unidos en Ucrania bajo el mandato de Trump y testigo en el juicio político del año pasado); Jack Weinstein (general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y oficial de alto rango de armas nucleares); y Rose Goetemoeller (ex secretaria general adjunta de la OTAN hasta 2018).

En el anuncio, los funcionarios insistieron en que Biden había “tomado las decisiones difíciles” (Yovanovitch, refiriéndose a la operación de la Administración de Obama en Ucrania) y que no había “nadie más calificado ... para estar sentado a la cabeza de la mesa en la Sala de Situación” (Hagel). Criticaron a Trump por tener “una fiesta amorosa con dictadores” (Goetemoeller, refiriéndose a Rusia) y por ser “un peligro para la seguridad nacional” (McGurk).

Después de que Powell hablara, los demócratas presentaron el anuncio sobre la “improbable amistad” con McCain, uno de los más feroces belicistas del Senado de los Estados Unidos, que abogó constantemente por emprender agresiones contra Irán, Rusia y China, antes de su muerte en 2018. Aunque eran miembros de diferentes partidos, explicó la hija de McCain, ambos disfrutaban juntos de cenas en el patio.

Uno tiene la clara impresión de que, si los demócratas pudieran hacer que George W. Bush o John Bolton hablaran en la convención, aprovecharían la oportunidad. Tal vez esto aún está por venir.

Los eventos de ayer subrayan el carácter de la campaña del Partido Demócrata y todo el marco de su oposición a Trump. En todos los llamados realizados en la convención a favor de la “unidad” contra Trump, el verdadero llamamiento es a los militares, Wall Street, y secciones del Partido Republicano a apoyar a los demócratas sobre la base de que Trump ha demostrado ser un mal defensor de los intereses de la clase dominante en el extranjero.

Como lo ha subrayado el WSWS repetidamente, el conflicto dentro del Estado es un conflicto dentro de la clase dominante, centrado en cuestiones de política exterior. Durante los últimos casi cuatro años, los demócratas se han dedicado a suprimir toda la oposición popular a la Administración de Trump y dirigirla detrás de la campaña reaccionaria por una política exterior más agresiva en Oriente Próximo y contra Rusia.

En todo momento, los demócratas cedieron toda la oposición a Trump a los militares y a los generales, incluso cuando Trump llevó a cabo su intento de golpe de Estado el 1 de junio, amenazando con invocar la Ley de Insurrecciones y calificando de “terroristas” a los manifestantes opuestos a la violencia policial. Esta es su base de apoyo más importante, junto con Wall Street y las agencias de inteligencia.

Cuando se trataba de los elementos básicos de la política de clases —la expansión del gasto militar, los recortes de impuestos para los ricos, los ataques a los inmigrantes—, los demócratas facilitaron y colaboraron con Trump en cada paso del camino. En el proceso, continuamente minimizaron y encubrieron el gran peligro que la Administración de Trump representaba para la clase trabajadora.

Las preocupaciones de la clase dirigente se reflejaron en la más reciente edición de Foreign Affairs, una publicación líder de la geopolítica estadounidense, que dice estar preocupada de que los historiadores no juzguen “amablemente” el manejo de la política exterior de Trump. Escribe: “Después de casi cuatro años de turbulencia, los enemigos del país son más fuertes, sus amigos son más débiles y Estados Unidos están cada vez más aislado y postrado”.

El esfuerzo de los demócratas por desviar la oposición a Trump detrás de las agencias militares y de inteligencia es totalmente compatible con el otro elemento que dominará la campaña y que ha sido el centro de la convención: la política de identidad racial y de género. El carácter “histórico” de la candidatura del Partido Demócrata se basa enteramente en los antecedentes de Harris, una exfiscala que tuvo el apoyo entusiasta de Wall Street y que, si llegara a ser presidenta, podría convertirse en la primera mujer afroamericana en ser “comandante en jefe”.

En las elecciones de 2020, la contienda entre Trump y los Demócratas es una contienda entre dos facciones reaccionarias de la clase dominante.

En su campaña electoral, el Partido Socialista por la Igualdad está orientado al desarrollo de la lucha de clases. La pandemia ya está produciendo un inmenso crecimiento de la ira social entre los trabajadores que se han visto obligados a volver al trabajo, los maestros que están siendo enviados de vuelta a las escuelas, decenas de millones de personas que están desempleadas, arrojadas a la pobreza y que se enfrentan a desahucios.

Las semanas y meses venideros no deben dedicarse a la elección de Biden y Harris, sino a la organización y unificación de estas luchas en un movimiento social y político de masas contra toda la clase dominante y el sistema capitalista.

(Publicado originalmente en inglés el 19 de agosto de 2020)

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