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Segunda parte

Cliff Slaughter: una biografía política (1928-1963)

Primera parte

Esta biografía política de Cliff Slaughter cubre el período entre 1928 y 1963. Una segunda sección de la biografía, desde 1963 hasta su muerte, se publicará más adelante este año.

Cliff Slaughter

Labour Review

A raíz de la entrada de los tanques soviéticos en Budapest, el trabajo de El Club entró en una nueva etapa. Buscaba proporcionar una perspectiva revolucionaria para los mejores elementos entre los que abandonaban el Partido Comunista.

En enero de 1957, El Club relanzó su revista teórica, Labour Review, que no se publicaba desde 1954. El marco de la política de izquierda había sido tan profundamente alterado que El Club justificadamente tituló su primer editorial, “Presentando Labour Review ”. Al explicar los objetivos del nuevo Labour Review el editorial afirmó:

El Partido Comunista se está descomponiendo frente a nuestros propios ojos. Durante dos décadas, sus miembros se han visto protegidos de las realidades políticas por la doctrina de la infalibilidad del “líder”. Ahora que este mito ha sido finalmente destruido, sus miembros se encuentran confundidos, desconcertados, perdidos. Los cuadros de base exigen una mayor libertad de discusión, pero los líderes, aunque parecen ceder parcialmente a esta demanda, temen sus consecuencias, ya que una investigación demasiado profunda del pasado revelará su propia aquiescencia y culpabilidad por los errores y crímenes que ahora, convenientemente, se atribuyen a los difuntos Stalin y Beria.

Por mucho tiempo, el Partido Comunista ha reclamado la herencia del marxismo-leninismo como propiedad privada y por mucho tiempo ha podido salirse con la suya haciendo esta falsa afirmación. La consecuencia de considerar a Stalin como la única fuente de nuevas contribuciones a la teoría ha sido la mediocridad de las fuentes oficiales del Partido Comunista. Por el contrario, las contribuciones nuevas y valiosas al pensamiento socialista se han de buscar en aquellos que se han opuesto sistemáticamente al estalinismo durante los últimos veinte años, o más.

Desafortunadamente, gran parte de esta literatura solo ha estado disponible para una pequeña sección del movimiento. Uno de los objetivos de Labour Review será llevar los escritos de estos pensadores marxistas “proscritos” a la atención de un círculo más amplio de lectores y así ayudar a desarrollar los fundamentos teóricos de nuestro movimiento. [17]

Insistiendo que “los marxistas no pueden ser filósofos de sillón” y que deben participar activamente en las luchas diarias de su época, el editorial enfatizó la necesidad de un conocimiento detallado de las experiencias históricas de la clase trabajadora:

Solo a través del conocimiento de los eventos y por qué tomaron ese curso, podemos esperar comprender lo que es y lo que será. Cada generación de trabajadores se basa en los cimientos establecidos por las generaciones anteriores. Cada generación se basa en las experiencias del pasado y así determina los pasos a seguir en el futuro.

Tal es la esencia del método marxista. El no aplicar este método conduce al oportunismo por un lado y al sectarismo por el otro. Estos dos fenómenos aparentemente contradictorios son, en realidad, dos caras opuestas de la misma moneda. Ambos surgen de un enfoque ecléctico de nuestros problemas, que es el resultado inevitable del desprecio por la teoría. [18]

El primer número de la relanzada revista teórica, Labour Review

Para contrarrestar los prejuicios antiteóricos prevalecientes en el movimiento obrero británico, la editorial de Labour Review anunció su compromiso con “dedicar en nuestros primeros números varios artículos importantes al materialismo dialéctico, la base filosófica del marxismo”. Señaló:

Todos los enemigos del socialismo, todos los burócratas, todas sus sombras sectarias de “izquierda”, todos aquellos cuyo coraje flaquea y que buscan ajustes fáciles dentro del capitalismo, todos ellos cuestionan de una forma u otra los principios fundamentales del socialismo científico. Sin embargo, la experiencia demuestra que son solo estos principios los que pueden guiarnos eficazmente en la búsqueda de respuestas a los problemas del movimiento socialista británico.

Comprendiendo los desafíos y las tareas planteadas por la ruptura del monolito estalinista con un profundo conocimiento, históricamente arraigado, sin igual respecto a cualquier otra tendencia política en el movimiento obrero internacional, Labour Review adelantó un ambicioso programa intelectual y político:

Además, creemos que la “memoria colectiva” del movimiento socialista se debe reponer para que el registro histórico de los últimos treinta años quede limpio de las mentiras a las que ha sido sometido durante tanto tiempo. Estamos ahora al final de la gran Edad de Hielo que se inició con la derrota de la Huelga General en 1926.… Kruschev, con secuelas que han hecho eco en todo el mundo, hizo añicos la autoridad del cacique “infalible” que por tanto tiempo instruyó en qué creer a todos los de la “izquierda”. Hemos sufrido de este socialismo papal desde que la facción de Stalin destruyó las democracias de los partidos comunistas en 1927. Cualquier fragmento de autoridad que el XX Congreso del P.C.U.S. dotó a los líderes del Partido Comunista fue demolido por los tanques soviéticos en Hungría.

A partir de ahora, el desarrollo normal de las ideas marxistas ya no se ve frenado artificialmente por trabas burocráticas. Millones de trabajadores e intelectuales en todos los países, desde Rusia hasta los EE.UU., están dando un paso adelante en la lucha. Exigen saber, porque necesitan saber, la historia pasada de su movimiento. Estos jóvenes quieren pensar, aprender, usar su iniciativa política. Le repelen las “prohibiciones” y los “cultos” burocráticos. Nuestro deber es ayudarlos a encontrar las respuestas. Labour Review, por lo tanto, discrepa tanto de los declarados enemigos fabianos del marxismo como de los piratas estalinistas que tan gravemente han manchado su reputación.

Entre otras cosas, será necesario cuestionar los sueños fabianos de que el capitalismo disfruta de una nueva vida gracias a Keynes, a las nacionalizaciones parciales, a las “nuevas” constituciones coloniales o a la abundancia del imperialismo estadounidense.

En paralelo a la discusión del fabianismo, nos ocuparemos de la variedad estalinista de “coexistencia pacífica” con el capitalismo y su débil, si bien repulsiva, descendencia: el programa del Partido Comunista Británico, The British Road to Socialism (El camino británico al socialismo). ¿De dónde vino el estalinismo y por qué? ¿Fue inevitable su ascenso? ¿Significa realmente la dictadura del proletariado una tiranía odiosa y asesina? ¿Significa realmente el centralismo democrático la autocracia de una camarilla de funcionarios a tiempo completo? Estas son algunas de las preguntas a las que intentaremos dar respuesta en los próximos meses.

Cuando discutamos la inutilidad de las políticas fabianas, también tendremos que examinar las razones de la derrota de la clase obrera alemana en manos de Hitler, para examinar las causas del fracaso de los Gobiernos del Frente Popular francés y español. Intentaremos mostrar las conexiones entre el lema “Socialismo en un solo país” y estos desastres para el movimiento obrero internacional y también cómo condujeron a los juicios de Moscú, el Pacto Stalin-Hitler, la división de Europa en Yalta y, finalmente, a la matanza masiva de trabajadores y campesinos en los países satélites de Europa del Este. Rescataremos de la oscuridad en la que Stalin sumió los escritos de Lenin sobre el carácter y las perspectivas futuras de la Revolución rusa y publicaremos algunas de las obras de Trotsky, compañero de armas de Lenin en la Revolución rusa, que tienen relevancia directa para los problemas. de hoy.

Por lo tanto, Labour Review invita a que colaboren todos los estudiosos serios del movimiento socialista. Les abriremos nuestras páginas extensamente. Contamos especialmente con que podremos establecer estrechas relaciones fraternales con los movimientos socialistas en desarrollo de Asia y África. Labour Review. sin embargo, no será un mero foro de discusión. Se convertirá en un arma en la lucha contra las ideas capitalistas dondequiera que encuentren expresión en el movimiento obrero. Será objetivo, pero también partidista; defenderá los grandes principios del comunismo genuino, tal como los expusieron Marx, Engels, Lenin y Trotsky, tanto de los fabianos como de los estalinistas que los han tergiversado constantemente. [19]

El primer número del relanzado Labour Review incluía una reseña de La tragedia húngara de Peter Fryer, que comparó con Diez días que estremecieron el mundo de John Reed. Fryer también había escrito sobre una revolución, pero “no contra el capitalismo, sino contra una burocracia corrupta y degenerada”. [20] Si bien elogió el trabajo de Fryer, señaló críticamente que el autor no había explicado por qué los estalinistas aplastaron la revolución. “Para hallar la respuesta hay que acudir a los escritos de León Trotsky, en particular a su libro 'La revolución traicionada', donde analiza y explica el crecimiento de la burocracia en la Unión Soviética, y las teorías propuestas para nutrir y salvaguardar esta casta, que hoy la conocemos como estalinismo, y afirma claramente que su derrocamiento será violento”. [21]

Como era de esperarse, la introducción de la nueva revista Labour Review generó quejas de sectores de la izquierda, que se opusieron a su defensa de las concepciones trotskistas y, por lo tanto, de la intolerancia “sectaria”. Estas críticas fueron rebatidas en el segundo número del relanzado Labour Review en un editorial titulado, “Hacia una discusión sobre principios”:

Aquellos que no estén de acuerdo con las opiniones expresadas por cualquiera de los colaboradores de Labour Review no deben descartar nuestra revista con la “palabrota” sectario, sino que deben poner sus desacuerdos por escrito de manera seria, inequívoca y con suficiente amplitud para que desarrollen sus argumentos adecuadamente. Estaremos encantados de publicarlos. [22]

Pero Labo u r Review insistió en la importancia crítica, en cualquier discusión sobre el estalinismo, tanto del papel histórico de Trotsky como del papel contemporáneo de su contribución a la teoría y la política marxistas. El “trotskismo”, decía, “representa el ú nico intento hasta la fecha, desde el punto de vista marxista, para explicar la degeneración estalinista de la Unión Soviética y estimar la importancia del conflicto entre el carácter progresista de la propiedad nacionalizada en la URSS y la burocracia reaccionaria que gobierna ese país”. [23]

El segundo número contenía otro artículo de los anales del trotskismo que merece ser recordado: una denuncia mordaz y candente, escrita por Michael Banda, de la respuesta del Partido Comunista chino a la represión de la Revolución húngara por parte del Kremlin:

Cuando el discurso de Kruschev se hizo público con todos sus aterrorizantes detalles, explotó en la cara de los líderes del movimiento estalinista internacional con la asombrosa rapidez de una barra de gelignita arrojada entre un cardumen de peces. Los más sorprendidos y avergonzados fueron los líderes del Partido Comunista Chino. Durante casi treinta años habían considerado a Stalin su guía infalible, su maestro impecable, su genio teórico, su glorioso líder. Cada discurso de Stalin fue tratado por ellos como una declaración histórica, cada acto como un evento de importancia internacional, cada libro y folleto como una obra maestra de la literatura marxista-leninista y una contribución permanente al materialismo dialéctico. ...

La historia, por caprichosa y perversa que sea, nunca ha estado del lado de los ídolos y sus adoradores. N. S. Kruschev desenmascaró a Stalin frente a todo el mundo como un burócrata inculto, un charlatán astuto y un tirano despiadado y sin escrúpulos.

Las condenatorias revelaciones de Kruschev lograron que los líderes chinos hicieran una declaración cautelosa y ambigua. No dijo nada nuevo, pero intentó rehabilitar a Stalin ante los ojos del pueblo chino. Eso fue en abril de 1956. Durante nueve meses siguió un silencio inescrutable y aparentemente portentoso. El movimiento obrero mundial esperaba en suspenso una explicación complementaria. Pero esperó en vano.

Mientras los líderes chinos, con su silencio, intentaban pasar por alto los crímenes de Stalin, la historia, avergonzada y entristecida por las malvadas consecuencias de su propia villanía, se preparaba para escribir un sangriento y trágico epílogo del discurso de Kruschev. Esta fue la gloriosa Revolución húngara. [24]

Al leer estos párrafos, que son solo la introducción a un artículo teórico cuidadosamente elaborado que relacionaba la defensa del régimen chino de la intervención húngara del Kremlin con su programa e ideología reaccionarios estalinistas, uno no puede evitar recordar la posterior adaptación política de Banda al régimen maoísta y, lo que ese más abominable, su glorificación de Stalin cuando Banda rompió con el Comité Internacional en 1986.

El lanzamiento de The Newsletter

Mientras supervisaba la producción de Labour Review, las discusiones de Healy con Peter Fryer continuaron y condujeron a otra iniciativa política crítica. Healy le propuso a Fryer que emprendiera, con el apoyo y la asistencia de El Club, un “Newsletter [Boletín]” que sirviera de foro de discusión para quienes estaban rompiendo con el estalinismo, así como para los trabajadores militantes que buscaban un camino hacia la construcción de un genuino movimiento revolucionario.

Fryer aceptó la propuesta y aportó a este proyecto una habilidad y talento excepcionales como escritor. Healy y El Club proporcionaron la perspectiva, los cuadros capacitados y el impulso organizativo que permitió que The Newsletter se convirtiera en una fuerza poderosa en la izquierda británica. El primer número apareció el 10 de mayo de 1957. Proporcionó una cobertura detallada de la Conferencia de Wortley Hall celebrada dos semanas antes, el fin de semana del 27 al 28 de abril. Patrocinado por el Foro Socialista, en el cual participaban Michael Banda y otros líderes de El Club, los miembros de la conferencia, que representaban un amplio espectro de la izquierda británica, se reunieron para discutir la importancia de la crisis del estalinismo y el camino a seguir.

El primer número de The Newsletter

Tanto Barbara como Cliff Slaughter asistieron a la conferencia. Cliff Slaughter estaba estudiando intensamente la lucha de Trotsky contra el estalinismo. “Cuando entró en contacto con el movimiento trotskista”, recuerda Barbara, “leyó todo lo que pudo encontrar”. También recuerda que el recinto de la Conferencia de Wortley “estaba absolutamente lleno de gente, todos discutiendo y argumentando furiosamente. Recuerdo haber escuchado a Healy hablar y que me sorprendió lo tranquilo y confiado que estaba, a diferencia de todos los demás. Todo lo que puedo recordar que dijo, y esto realmente se me quedó grabado, fue que ‘Este era el momento de leer libros. Este era el momento de descubrir la verdadera historia de la Revolución rusa’. No hubo estridencias. Debe haber estado esperando décadas por una situación como esa. Fue muy impresionante y se destacó de todos los demás”. [25]

El recuerdo de Barbara está respaldado por el relato de la conferencia en The Newsletter, que mencionó los comentarios de Healy: “Esta es la temporada para leer libros, no para quemarlos”, dijo. “No etiquetemos precozmente. Deshagámonos de la demagogia. No pongamos a nadie en un ‘pedestal’. Lean y estudien. Examinen todos los puntos de vista”. [26]

Surgieron diferencias críticas en la conferencia. Una parte importante de disidentes y exmiembros del Partido Comunista estaban dispuestos a denunciar los crímenes de Stalin, pero se resistieron a cualquier examen serio de las raíces sociales y políticas del régimen estalinista. Gran parte de su crítica se mantuvo en el nivel de una condena moralista. Sobre todo, se opusieron a concentrar su atención en los escritos de Trotsky y la tradición marxista internacional que representaba.

Entre los asistentes a la conferencia se encontraba John Saville, que había sido un miembro destacado del Grupo de Historiadores del Partido Comunista. Abogó por una respuesta esencialmente nacionalista a la crisis del estalinismo. The Newsletter informó que Saville argumentó que era necesario “dejar de hablar tonterías y construir un cuerpo de ideas marxistas que signifiquen algo para la clase trabajadora británica. Eso implicó estudiar nuestro propio movimiento obrero y su historia, de los cuales sabía muy poco”. [27]

Pero el verdadero problema al que se enfrentaba el movimiento socialista en 1957 no era la falta de conocimiento sobre lo que sucedió en Mánchester o Liverpool en la década de 1820, sino lo que había sucedido dentro del Partido Comunista ruso en la década de 1920.

Saville trabajó en estrecha colaboración con otro destacado historiador disidente del Partido Comunista, E. P. Thompson, quien más tarde alcanzaría la fama como autor de La formación de la clase obrera en Inglaterra, que explicaba el desarrollo de la conciencia de clase como producto de experiencias y tradiciones nacionales únicas. Saville y Thompson colaboraron en la producción de una revista titulada The New Reasoner, un precursor de New Left Review. Thompson consideró que las referencias a las luchas teóricas y políticas entre el trotskismo y el estalinismo eran en gran medida irrelevantes y perjudiciales para un nuevo reagrupamiento de izquierda. En una carta a The Newsletter escrita poco después de la Conferencia de Wortley, Thompson, quien fue (y siguió siendo) un acérrimo oponente del trotskismo, afirmó que “las posiciones y actitudes que son etiquetadas como 'trotskistas' tienden a petrificar y perpetuar la división sectaria…”. [28]

Cliff Slaughter se une al movimiento trotskista

Fue durante este tenso período de realineación política que Cliff Slaughter estableció contacto con el movimiento trotskista e inició una extensa discusión política con Gerry Healy. Esto marcó el comienzo de una colaboración política que duraría tres décadas. Slaughter se opuso firmemente a la tendencia representada por Saville y Thompson. En un ensayo polémico que escribió una década más tarde, publicado en The Fourth International, Slaughter explicó la importancia de las divisiones teóricas y políticas que surgieron entre disidentes y exestalinistas en 1956-1957. Se sorprendieron por la exposición de los crímenes de Stalin, pero también por su propia credulidad. Reflejando su propio desconcierto y vergüenza:

La gran mayoría de los intelectuales estalinistas no han fijado su curso político de una manera objetiva, sino subjetiva: veían su “comunismo” como un gran engaño; ya no podían mantenerse en pie en los círculos liberales en los que vivían y trabajaban; se indignaron al descubrir que su aceptación idealista de Stalin y el estalinismo había sido utilizada para encubrir asesinatos, torturas y la supresión de toda libertad; etcétera.

Políticamente hablando, y en la medida en que alguno de ellos permaneció en la política, el significado detrás de estas reacciones fue la aceptación del principal ataque ideológico capitalista contra la Revolución rusa y el comunismo: que el estalinismo, con todos sus abusos y traiciones, es esencialmente una continuación del leninismo; que la esencia del estalinismo es la “dictadura” o el “totalitarismo”, junto con la “realpolitik” o política de poder pragmática; y que los “ideales” a raíz de los cuales los cuadros del partido se unen y construyen el movimiento son simplemente usados cínicamente por los que buscan poder en la conducción.

Conscientes de esta “continuidad”, los excomunistas buscaron principios morales y políticos alternativos. Por supuesto, solo encontraron los restos de la ética burguesa y las muchas variedades de oportunismo reformista y liberal que han aceptado. Ninguno de ellos, dado que fluyen de un orden social que históricamente está condenado y en decadencia, y que dependen directamente de él, puede proporcionar un curso de acción y una teoría coherentes.

En consecuencia, los muchos grupos que florecieron (si la palabra es apropiada en este sentido) después de 1956 eventualmente se disolvieron en los movimientos reformistas y liberales, o bien se desviaron cada vez más hacia el estalinismo, a veces en una forma de colaboración abierta y directa, en otros casos a través de un acomodo ideológico. Esto se debe a que, a escala internacional, el capitalismo no sobrevive a través de una fuerza inherente, sino solo a través de los puntales que le proporciona la burocracia estalinista. Ésta es la fuerza social que frena la revolución proletaria.

En la medida en que haya algún trabajo político y teórico entre los que dicen ser socialistas, debe gravitar hacia el estalinismo o sentirse atraído por el marxismo revolucionario, por el trotskismo. El New Left Review tiene cierta continuidad desde 1956. Era una fusión de Universities and Left Review y The New Reasoner. Ambos fueron el resultado de la colaboración entre exmiembros del Partido Comunista y otros intelectuales de izquierda.

The New Reasoner se llamó originalmente The Reasoner, un boletín de oposición duplicado para miembros disidentes del Partido Comunista en el norte de Inglaterra en 1956. Sus editores, Edward Thompson y John Saville, fueron y siguen siendo fuertemente antitrotskistas. Thompson describió al trotskismo como una tendencia sectaria, ultraizquierdista y contrarrevolucionaria en la clase trabajadora británica. Al igual que sus sucesores, Thompson y Saville buscaron el desarrollo futuro de fuentes ajenas a la tradición bolchevique y, en particular, de algunas características socialistas supuestamente especiales del movimiento obrero británico.

Su negativa a afrontar el significado histórico del estalinismo y de la lucha de Trotsky contra él se reflejó en su rechazo a cualquier campaña contra el estalinismo como la llevada a cabo por los trotskistas, alegando que equivalía a “anticomunismo”. De esta manera aceptaron la posición básica de una continuidad entre Lenin y Stalin. [29]

El número de The Newsletter del 4 de enero de 1958 anunció el establecimiento de un Consejo Editorial de 10 personas, que incluía a Cliff Slaughter. El anuncio decía que Slaughter, quien trabajaba como sociólogo en la Universidad de Leeds, había renunciado al Partido Comunista después de haber sido suspendido. Los primeros artículos escritos por Slaughter publicados en The Newsletter, una serie sobre los antecedentes de la lucha del pueblo Kikuyu en Kenia contra el imperialismo británico, aparecieron en febrero de 1958.

Cliff Slaughter

De los muchos intelectuales del Partido Comunista ganados al movimiento trotskista como consecuencia de la crisis de 1956, Slaughter fue el más consecuente y profundo teóricamente en su concepción del marxismo como un instrumento de lucha revolucionaria en la clase trabajadora.

La lucha en la clase trabajadora

Cuando The Newsletter celebró su primer aniversario en mayo de 1958, recibió muchos mensajes de felicitación y apoyo. Su contribución al desarrollo político de la clase trabajadora fue reconocida incluso por muchos de sus oponentes dentro del ala izquierda del Partido Laborista británico. Michael Foot, líder del grupo de izquierda Tribune, escribió:

Felicitaciones en el primer aniversario del nuevo The Newsletter de parte del viejo Tribune con 21 años de publicación. Una de las necesidades del movimiento laborista en este momento es que debería haber un gran aumento en el debate sobre la estrategia correcta para alcanzar el socialismo.

The Newsletter hace una contribución distintiva a este debate y espero que alcance una circulación aún mayor. [30]

También envió sus felicitaciones el novelista estadounidense, Howard Fast, sometido a una casa de brujas, cuyas obras más conocidas incluyen Freedom Road, Citizen Tom Paine y Spartacus (que inspiró la película de 1960 dirigida por Stanley Kubrick). Habiendo roto con el Partido Comunista en 1956, Fast se reunió con Healy en Londres, para discutir la historia del movimiento trotskista. El respeto del escritor por la lucha que había librado la Cuarta Internacional se expresa en su mensaje a The Newsletter: “Les mando mis mejores y más cálidos saludos en su primer año de publicación. La cuestión no es si estoy de acuerdo con ustedes en todo; apoyo muchas cosas si hay una base mínima de acuerdo; su importancia radica en el hecho de que niega al Partido Comunista el derecho a atajar la lucha por la paz y todas las demás áreas de la decencia humana”. [31]

La lucha de los trotskistas británicos contra el estalinismo fortaleció su intervención en el movimiento obrero. La exposición del papel criminal del estalinismo fue un elemento esencial pero no aislado de una lucha más amplia por superar el dominio de las burocracias obreras reaccionarias sobre el movimiento obrero en Reino Unido e internacionalmente. La principal agencia a través de la cual los intereses de la clase trabajadora se subordinaron al imperialismo británico fueron las burocracias socialdemócratas que controlaban tanto al Partido Laborista como al Congreso de Sindicatos. Dentro de este contexto político, el papel principal del Partido Comunista Británico fue bloquear el desarrollo de un movimiento independiente de la clase trabajadora cada vez más militante contra las burocracias entretejidas.

The Newsletter intervino agresivamente a lo largo de 1958 para proporcionar una conducción militante práctica y una dirección política al creciente movimiento de las bases. Una intervención particularmente significativa fue el apoyo brindado al “Sindicato Azul”, un sindicato de estibadores rival llamado National Amalgamated Stevedores and Dockers (NASD), que estaba fuera del control del poderoso Transport and General Workers Union (TGWU) y que tenía una reputación de mayor militancia. Habiendo perdido miembros que se pasaron al NASD, el TGWU trató de evitar que los sindicalistas azules consiguieran empleo, declarando que un trabajador que no era miembro del sindicato oficial era un “antisindicalista”. A finales de enero de 1958, más de 9.000 trabajadores portuarios, incluidos los miembros de base del TGWU del “Merseyside” en Liverpool, se declararon en huelga en defensa de los miembros del “Sindicato Azul”. Oponiéndose a los ataques al “Sindicato Azul”, The Newsletter preguntó si los funcionarios del TGWU afirmaban que solo aquellos trabajadores que contribuían al pago de sus salarios podían ser considerados sindicalistas.

En una evaluación de la lucha del “Sindicato Azul” publicada en Labour Review inmediatamente después de la huelga, Bill Hunter, un miembro destacado de El Club que estaba activo en Liverpool, escribió:

Sin duda, el movimiento del “sindicato azul” en los puertos del norte fue un desarrollo progresista. Quizás la mayor tarea del movimiento sindical actual sea la reafirmación del control de la base. Es una tontería pensar que esto pueda suceder sin cambios en la estructura sindical y sin movimientos explosivos.

Porque en los sindicatos británicos de hoy, fuertemente burocratizados y a menudo corruptos, la “democracia” de la base, como la democracia en la sociedad capitalista en la que existen, es a menudo una farsa costosa. La democracia no es simplemente una cuestión de votaciones, resoluciones y esperar que los líderes tengan un momento ilustrado y un cambio de opinión.

Si el aparato burocrático deja de estar al servicio de los miembros, si se conserva como amo de las bases, para perpetuarse mediante un sistema de “nombramientos” en lugar de elecciones, si constantemente arremete contra los trabajadores y grupos militantes, entonces las expulsiones son inevitables. También lo son las luchas en las que los trabajadores tendrán que enfrentarse tanto a los empleadores como a la dirección sindical. Además, dadas las circunstancias adecuadas, grandes grupos de sindicalistas buscarán salir de lo que para ellos se ha convertido en una “cárcel” sindical en la cual la iniciativa de todos los trabajadores, todos los intentos de expresar sus propias ideas en defensa de sus intereses, permanecen enjaulados, canalizados o simplemente reprimidos. [32]

El artículo de Hunter fue escrito hace 63 años, en un momento en el que los sindicatos, comparados con su actual estado de degeneración reaccionaria, podrían parecer casi como ciudadelas de la democracia obrera y la lucha de clases. Pero incluso entonces, décadas antes de que el blairismo thatcherista se convirtiera en la religión oficial del Partido Laborista y el TUC, los trotskistas británicos dirigieron su trabajo hacia el desarrollo de una insurgencia de las bases contra las viejas estructuras burocráticas.

Basado en los avances logrados como resultado de sus intervenciones en las luchas de los trabajadores, The Newsletter convocó una conferencia nacional de las bases industriales en Londres. A pesar de la caza de brujas y las amenazas de proscripciones, la conferencia, celebrada el 16 de noviembre de 1958, contó con la asistencia de 500 trabajadores. Los delegados aprobaron por abrumadora mayoría una Carta de Demandas de los Trabajadores, que incluía el llamado a la nacionalización de las principales industrias bajo el control de los trabajadores y sin compensación a los antiguos propietarios.

En su discurso en la Conferencia, Slaughter analizó la importancia de los recientes disturbios raciales y denunció los intentos de culpar a los trabajadores inmigrantes por el aumento del desempleo:

Solo hay 200.000 personas de color en este país, de las cuales entre 70.000 y 80.000 son trabajadores asalariados. Pero hay 500.000 o más desempleados y la cifra aumenta en 38.000 al mes.

Los disturbios raciales fueron una clara indicación de que era la intención de la clase patronal utilizar la presencia de personas de color como distracción.

La base del prejuicio racial reside en nuestro sistema social. No se podía enviar a jóvenes soldados a la guerra contra la gente de color en Malasia, Corea y Chipre sin decirles que esas personas eran inferiores. El imperialismo fue la causa fundamental del prejuicio racial. ...

Los mineros tienen un dicho: “Cuando entramos en las minas, todos somos del mismo color”. Esto es cierto sobre el desempleo. En el paro, todos son del mismo color.

En el análisis final, solo la derrota del imperialismo realmente resolverá este problema, y con ello todos los problemas de la clase trabajadora. [33]

La prensa capitalista, el Partido Laborista y la burocracia sindical y, por supuesto, lo que quedaba del Partido Comunista respondieron al éxito de la conferencia del 16 de noviembre organizada por The Newsletter con una campaña histérica antitrotskista. Titulares como “El Club Rojo desenmascarado”, “Los hombres que debes vigilar”, “Su objetivo es más huelgas”, “600 confabulan para hacer huelga de 24 horas” y “Los hombres del Club Rojo celebran una conferencia secreta” aparecieron regularmente en la prensa. Los trotskistas británicos respondieron anunciando, a principios de 1959, el lanzamiento de una campaña nacional de reuniones en todos los principales centros industriales para generar apoyo a la Carta de Demandas de los Trabajadores. “Si, como cree The Newsletter, existe un apoyo generalizado para una organización dedicada a involucrar a las bases sindicalistas en la actividad política bajo una bandera socialista, estas reuniones sentarán las bases para su lanzamiento”. [34]

El número de The Newsletter del 6 de diciembre de 1958. Incluía una respuesta de Gerry Healy a la cacería de brujas lanzada contra el periódico, después de la conferencia nacional de los cuadros de base celebrada el mes anterior.

En una declaración adicional sobre las reuniones publicada en el mismo número (y firmada por los miembros del Consejo Editorial, incluido Cliff Slaughter), The Newsletter declaró: “Por nuestra parte, estamos convencidos de que se acerca rápidamente el momento en que será necesaria alguna forma de organización de base, que corresponda a las necesidades y problemas de los militantes y ayude a avanzar su lucha dentro y fuera de los sindicatos”. [35]

La fundación de la Socialist Labour League

La decisión de establecer la Socialist Labour League (SLL) se anunció públicamente en el número de The Newsletter del 28 de febrero de 1959. El Consejo Editorial explicó los objetivos de la nueva organización:

La Socialist Labour League buscará conducir a los militantes sindicales hacia la actividad política bajo una bandera socialista.

Buscará ayudar a los trabajadores a ganar sus luchas contra los despidos y las victimizaciones, y llevar sus problemas y sus opiniones al corazón del Partido Laborista.

Buscará reemplazar a los actuales líderes de derecha que dominan los sindicatos y el Partido Laborista con líderes comprometidos con una política socialista y un programa socialista.

Luchará contra las prohibiciones y proscripciones y la caza de brujas de militantes. [36]

La declaración pedía “la movilización de todo el movimiento laborista en una lucha, tanto política como industrial, para acabar con los conservadores de una vez por todas”. Continuó: “Nuestros horizontes no se limitan a ganar las próximas elecciones generales. También queremos acabar con el capitalismo”. [37] En el ámbito internacional, el comunicado declaró:

Abogamos por la retirada de las tropas británicas de las colonias y semicolonias, el fin de la fabricación de la bomba H y de la construcción de bases de cohetes y que un Gobierno laborista haga un llamamiento socialista para que los trabajadores de todo el mundo acaben con la producción de bombas H por doquier y avancen hacia el socialismo. [38]

The Newsletter anuncia la fundación de la Socialist Labour League

Como había predicho The Newsletter, el Partido Laborista, la prensa burguesa y los estalinistas respondieron a la formación de la SLL con un feroz contraataque. La solicitud formal de la SLL de afiliarse al Partido Laborista, para que se le otorgue el derecho a avanzar en la lucha por las políticas socialistas dentro de la organización, fue rápidamente rechazada. En cambio, el Partido Laborista proscribió a la SLL e intensificó su campaña para expulsar de su organización a todos aquellos identificados como trotskistas. La elección ante el movimiento trotskista consistía en, o bien someterse a la disciplina de la burocracia socialdemócrata y disolver la SLL —abandonando así, para todos los propósitos prácticos, la actividad revolucionaria entre los trabajadores comprometidos en la lucha contra el capitalismo—o bien continuar abiertamente con la construcción del movimiento trotskista en desafío a la burocracia del Partido Laborista.

Para Healy el trabajo de la facción trotskista dentro del Partido Laborista, que se había llevado a cabo con extraordinaria paciencia desde 1947, siempre fue una táctica, válida en la medida en que no socavara, hasta el punto de llegar a paralizar, su intervención independiente en las luchas obreras sobre la base de un auténtico programa socialista. Precisamente por eso, a finales de la década de 1950, se agotó esta táctica entrista tal como se había implementado. La participación práctica y seria en las luchas de la clase trabajadora condujo necesariamente a una confrontación con el Partido Laborista y el TUC. Los trotskistas tuvieron que elegir entre insistir en sus esfuerzos por desarrollar y expandir, en la mayor medida posible, sus intervenciones en las luchas de clases, o, en cambio, mantener una presencia pasiva, puramente propagandista, dentro de las estructuras oficialmente sancionadas del Partido Laborista. Eligieron lo primero.

Sin embargo, esto no significó el abandono de intervenciones dentro del Partido Laborista. Más bien, el establecimiento de la SLL en realidad amplió su influencia entre los elementos más militantes dentro del Partido Laborista. Cinco años después de la proscripción de la SLL, el partido controlaba la mayoría de los escaños en el comité nacional de los Jóvenes Socialistas del Partido Laborista y tomó el control de su periódico, Keep Left.

“No hay mundo sin los muros de Verona”, se lamentó Romeo al enterarse de su destierro. Para los oportunistas empedernidos del pablismo y otras tendencias antitrotskistas, no existía un mundo fuera de las fortificaciones antisocialistas del Partido Laborista. Para el pablista Ted Grant, de acuerdo con la concepción de su mentor de la transformación revolucionaria de las burocracias de derecha bajo la presión de las masas, nunca llegaría el momento de una ruptura con el Partido Laborista. La táctica se convirtió en una estrategia y la estrategia se convirtió en una forma de vida. En las décadas que siguieron, a través de los Gobiernos laboristas de Wilson, Callaghan, Foot, Kinnock, Blair y Brown, Grant demostró ser, hasta su muerte a la edad de 93 años en 2008, el más leal y tenaz de los laboristas.

Ted Grant

La edición de Labour Review que anunció la fundación de la Socialist Labour League fue la primera en la que Cliff Slaughter se desempeñó como coeditor (con John Daniels). El comunicado decía que la tarea de la Labour Review, como órgano teórico de la SLL, era “nada menos que la educación de una generación de luchadores y dirigentes obreros, a quienes se les dará la tarea de tomar y ocupar el poder del Estado, para lograr la Revolución británica”. [39]

Slaughter también contribuyó a este número con un ensayo fundamental, “Revolución y conciencia de clase”, que planteó muchas de las cuestiones teóricas que iba a desarrollar y defender en sus escritos de 1961-63 durante la lucha emergente dentro del Comité Internacional contra la reunificación con el pablistas.

El logro crítico del marxismo, que fue el foco del trabajo teórico de Slaughter entre 1959 y 1964, fue la concepción materialista dialéctica de la historia y su fundamentación del papel revolucionario de la clase trabajadora. Por tanto, la tarea central de los marxistas era la defensa, tanto en la teoría como en la práctica, de esta conquista, contra todas las formas de revisionismo antimarxista que cuestionaban, incluso hasta el punto de negar explícitamente, que la clase obrera era la principal fuerza social revolucionaria en la sociedad moderna. La insistencia de Slaughter en el papel histórico de la clase trabajadora estaba explícitamente vinculada a la cuestión de la práctica del movimiento trotskista, que era una fuerza activa e indispensable en el desarrollo de la conciencia de clase revolucionaria.

Slaughter comenzó su ensayo relacionando las cuestiones teóricas planteadas en la discusión de la conciencia de clase con las convulsiones políticas provocadas por los acontecimientos de 1956 en la izquierda:

En los últimos dos años, muchos marxistas han tenido que reexaminar sus premisas básicas y se han dado cuenta de que su comprensión de la teoría marxista tal vez estaba distorsionada por su lealtad al “comunismo” de los últimos días, el que, a falta de un término mejor, se hará referencia aquí como “estalinismo”. El objetivo de este artículo es ir a la raíz del concepto que es el principal blanco de los ataques de todos los revisionistas del marxismo: el concepto de revolución obrera y del poder obrero. De una forma u otra, todos los “nuevos pensadores” del movimiento socialista, así como los críticos del exterior, desafían la hipótesis de Marx de que la clase trabajadora es la única fuerza revolucionaria en el sistema capitalista y que inevitablemente establecerá su propia dictadura como el primer paso hacia una sociedad sin clases. Algunas personas dicen que el capitalismo ha cambiado de tal manera que la revolución ya no es posible ni necesaria para la clase trabajadora. Otros dicen que cuando ocurrió la revolución en Rusia en noviembre de 1917 la experiencia demostró que la clase trabajadora no pudo evitar el surgimiento de una dictadura opresiva y brutal, la negación misma del socialismo. [40]

Slaughter respondía claramente a los intelectuales de izquierda desorientados y desmoralizados, que habían concluido, sobre la base de las derrotas sufridas a raíz de la Revolución bolchevique, que la clase obrera había agotado su papel histórico y que se tenía que encontrar otro agente para la acción revolucionaria. Los escritos de Herbert Marcuse ejemplificaron este rechazo de la clase trabajadora. Pero no estaba solo. Los condenados de la tierra de Frantz Fanon alejó por completo el foco de los posibles levantamientos revolucionarios de los países imperialistas, donde residían los sectores más poderosos de la clase trabajadora. El escepticismo extremo de los intelectuales pequeñoburgueses hacia la clase obrera fue resumido por el sociólogo radical C. Wright Mills, cuando escribió en su “Carta a la nueva izquierda” que “el problema del agente histórico del cambio” tenía que ser reelaborado en términos no marxistas. Consideró ilógico que los teóricos de la Nueva Izquierda “se aferraran tan poderosamente a la 'clase trabajadora' de los países capitalistas avanzados como el agente histórico, o incluso como el agente más importante, frente a la evidencia realmente histórica que existe ahora en contra de tal expectativa”. Mills dijo que “una metafísica del trabajo” es “un legado del marxismo victoriano que ahora es bastante poco realista”. [41]

C. Wright Mills con el escritor Saul Landau (Wikimedia Commons)

Slaughter no estaba respondiendo solo a los confusos intelectuales que gravitaban hacia la “Nueva Izquierda”. Sabía muy bien que las concepciones antimarxistas retrógradas que circulaban dentro de la intelectualidad académica se reflejaban en las tendencias pablistas, donde se utilizaban para justificar la capitulación ante organizaciones y movimientos políticos basados en la pequeña burguesía.

El ensayo de Slaughter proporcionó una revisión cuidadosa del desarrollo histórico del pensamiento marxista, analizando la interacción entre el análisis teórico y el proceso social objetivo que permitió a Marx y a Engels establecer el papel revolucionario de la clase trabajadora. Prestó especial atención al Manifiesto comunista :

En este documento, cuyo significado histórico no tiene paralelo, las ideas de la lucha de clases, la estructura económica de la sociedad, el papel revolucionario de la clase trabajadora, la necesaria autodestrucción del capitalismo y el método dialéctico en sí se presentan con extraordinaria simplicidad y madurez. Muchas personas leen el Manifiesto cuando descubren por primera vez el socialismo y lo consideran como un panfleto más. Sin embargo, es quizás la obra más completa de Marx y Engels, en cuyo contexto debe interpretarse toda su obra posterior. [42]

Aquellos que afirman que el Manifiesto está desactualizado no comprenden la caracterización que hace Marx del proletariado como una clase revolucionaria:

Una revolución es la toma del poder de una clase para llevar a cabo, en defensa de sus propios intereses, el derrocamiento de la estructura social existente. En todas las revoluciones anteriores, la clase victoriosa no ha derrocado la totalidad de las condiciones sociales existentes. Para clases como la burguesía, el objetivo de la revolución política era sustituir el modo de apropiación previamente dominante por su propio modo de apropiación, ya desarrollado. Pero la tendencia inevitable del capitalismo es hacer a un lado todos los modos de apropiación que no sean la explotación capitalista del trabajo asalariado, de modo que solo se enfrentan dos clases básicas. Esta es la clave del papel único de la clase trabajadora en la historia. No puede sustituir su propio modo de apropiación por el de la clase capitalista, ya que al abolir el capital suprime su opuesto necesario: el trabajo asalariado. Los intereses del proletariado se dirigen hacia una sociedad sin proletariado, sin explotación, sin Estado. [43]

El ensayo de Slaughter buscaba situar la fundación de la Socialist Labour League en un proceso que abarcaba toda la historia de la lucha por el socialismo. Sobre la base de esta historia, Slaughter demostró el abismo infranqueable que separaba las organizaciones burocráticas existentes del marxismo:

Tanto la socialdemocracia como el estalinismo se desvían de las ideas centrales del marxismo, que se confirman en la experiencia revolucionaria de la clase obrera. Ambos niegan la base de clase esencial de todos los problemas políticos serios y de todas las instituciones fundamentales de la sociedad. Ambos rechazan la opinión de que el Estado burgués, incluido el Parlamento, debe ser aplastado y que se deben establecer órganos de poder de los trabajadores. Ambos se han apartado del verdadero internacionalismo de la clase trabajadora. Ambos temen más que nada la acción y la iniciativa de las masas populares y, por lo tanto, erigen aparatos burocráticos de partidos o sistemas estatales que actúan “en nombre de” los trabajadores. Cada una de estas desviaciones del marxismo ya había sido condenada por Marx en el Manifiesto y en sus escritos sobre las revoluciones de 1848. [44]

El ensayo de Slaughter no fue escrito para dar la bienvenida a un partido completamente dedicado a empujar hacia la izquierda a las organizaciones burocráticas existentes.

En preparación para una conferencia de fundación programada para mayo de 1959, el comité editorial de The Newsletter publicó una extensa declaración programática. Su sección inicial, intitulada “¿Qué es la Socialist Labour League?”, explicaba:

La Socialist Labour League es una organización marxista dentro del movimiento laborista y sindical, dedicada a luchar por políticas socialistas en lugar de las actuales políticas de traición de clases.

A diferencia de otros que se llaman a sí mismos socialistas, los marxistas no creen que sea posible reformar el capitalismo para eliminarlo o transformarlo en socialismo por medios pacíficos.

La experiencia de más de un siglo de lucha de la clase trabajadora muestra que la clase capitalista utilizará todas sus fuerzas para mantener su control del aparato estatal y su propiedad de los medios de producción.

Los marxistas sostienen que el capitalismo solo se puede derrocar a través de la lucha de la clase trabajadora por la toma del poder del Estado.

El capitalismo no se puede destruir simplemente asegurando una mayoría parlamentaria. La participación en el Parlamento, y en los consejos locales por parte de los representantes de los trabajadores, puede ayudar a la lucha por el socialismo, pero solo si la lucha de esos representantes está vinculada con la acción directa de la clase obrera organizada.

Los actuales líderes sindicales y del Partido Laborista no están decididos a acabar con el capitalismo, lograr el poder de la clase trabajadora y construir el socialismo.

Una de las principales tareas de la Socialist Labour League es ayudar a los sindicalistas y miembros del Partido Laborista y del Partido Comunista, a través de la actividad conjunta y la discusión política basada en sus propias experiencias, a construir una nueva dirigencia dedicada a los principios socialistas. [45]

Mientras luchaba contra las expulsiones de sus miembros que permanecían dentro del Partido Laborista y continuaba exigiendo el derecho de afiliación, la SLL dejó en claro que no sacrificaría su lucha por principios en aras de consideraciones organizativas a corto plazo. Señaló que numerosas tendencias centristas se habían vuelto impotentes por evitar un choque directo con las burocracias laboristas y del TUC:

La Socialist Labour League no ha nacido para repetir las experiencias de tales agrupaciones centristas, sino para liderar un nuevo tipo de lucha contra los líderes y las políticas de derecha en este nuevo período.

Se necesita una organización de marxistas, no solo con el propósito de la educación teórica y la discusión de políticas, sino también para brindar ayuda y liderazgo a los trabajadores en sus luchas inmediatas contra el capitalismo.

La proscripción de la SLL apenas a un mes de su creación es un tributo a la forma en que los marxistas y su revista The Newsletter han ayudado a la lucha de los trabajadores en las industrias del transporte, los muelles, la construcción y la ingeniería.

La derecha ve las graves repercusiones que podría tener la alternativa presentada por la Socialist Labour League para los exponentes y practicantes de las políticas de colaboración de clases.

La caza de brujas contra la Socialist Labour League y The Newsletter no logrará su objetivo de aplastar nuestra organización y nuestro periódico. Llevaremos a cabo una decisiva lucha contra la expulsión de los socialistas cuyo único delito es reconocer y cumplir con su deber de trabajar por una auténtica política socialista. [46]

La declaración incluía una sección importante sobre “La perspectiva internacional de la Socialist Labour League”, que comenzó diciendo: “Los marxistas son los internacionalistas de la clase trabajadora”. [47] La sección explicó el compromiso de la SLL con la defensa incondicional de la Unión Soviética contra el imperialismo, pero también proporcionó un resumen breve del análisis trotskista del estalinismo. La declaración también afirmó el apoyo de la SLL a “las luchas de todos los pueblos coloniales y dependientes por la independencia del imperialismo, no por caridad, sino porque para los trabajadores británicos esta es una lucha común contra un enemigo común”. [48] La SLL vinculó la lucha contra el imperialismo con la lucha por unir a la clase trabajadora dentro de Reino Unido:

Ponemos en primer plano los intereses de clase comunes de los trabajadores inmigrantes en Reino Unido con los trabajadores blancos.

La división de la clase trabajadora en líneas raciales solo puede servir a los intereses de la clase capitalista. Por lo tanto, abogamos urgentemente por una oposición unida de los trabajadores blancos y negros contra todas las formas de propaganda, incitación o violencia racialistas. [49]

El comunicado hizo hincapié en la importancia crítica de la intervención de la SLL en las luchas de la clase trabajadora, manteniendo una orientación central hacia las bases y con el objetivo de movilizar toda su vasta capacidad de lucha en enfrentamientos con la clase dominante:

Se debe hacer sentir a los empleadores que al despedir a un solo militante están desafiando todo el poder de la clase trabajadora organizada.

Los trabajadores deben responder a los patrones arrogantes en un lenguaje que entenderán, o la clase trabajadora verá cómo su organización y sus logros se pierden poco a poco.

Pero este objetivo de tomar la ofensiva en cada huelga, de librar cada disputa desde el principio con el objetivo de obtener una victoria decisiva, implica una preparación eficiente, minuciosa y consciente.

Se debe dar todo el estímulo al desarrollo de comités de base en cada industria, compuestos por los militantes más experimentados y confiables, y a la vinculación de estos comités a escala local, de área y, en última instancia, nacional.

Con sus comités de base, construidos por los propios trabajadores, que respondan directamente a sus necesidades y deseos, la clase trabajadora poseerá todos los medios para prepararse para las grandes luchas industriales. [50]

La sección después de la elaboración de la estrategia para las bases se tituló “Qué significa ser marxista”:

Los marxistas son los más conscientes de todos los trabajadores. No miran al socialismo ni a la lucha por alcanzarlo de forma idealista, sino científica.

Basan sus políticas y programas en un estudio de las fuerzas de clase objetivas que operan en la sociedad, en un estudio de la posición real y las necesidades de la clase trabajadora. El marxismo es la ciencia de la lucha de la clase trabajadora y el poder de la clase trabajadora.

Dado que el marxismo es una ciencia, debe estudiarse como ciencia. La Socialist Labour League, por lo tanto, lleva a cabo una educación sistemática y completa de todos sus miembros en la teoría marxista, en la experiencia del movimiento obrero en todos los países, mostrando las leyes y lecciones de esa experiencia.

Pero el marxismo no es meramente una teoría, sino una teoría de la acción humana y, ante todo, de la lucha de clases. Por lo tanto, ser marxista no es solo estudiar, sino estudiar para estar mejor equipado para luchar y trabajar en nombre de la clase trabajadora.

Pero luchar como individuo no es suficiente. Los marxistas luchan y trabajan como un equipo disciplinado, con políticas acordadas y basadas en la discusión democrática, con una división del trabajo y bajo la dirección de órganos dirigentes elegidos y responsables. [51]

En esta declaración fundacional, la Socialist Labour League todavía se presentaba como una tendencia formalmente reconocida dentro del Partido Laborista. Pero su programa, y la práctica que se derivó de él, resultaron casi inmediatamente en la proscripción de la SLL por parte del Partido Laborista. La insistencia de la Socialist Labour League en intervenir en las luchas de la clase trabajadora, con el objetivo de aprovechar todo el potencial de su poder, de ver cada conflicto como una batalla en una guerra de clases nacional y global más amplia, de desarrollar dentro del proletariado la conciencia de su fuerza como clase y la comprensión de su papel histórico en la creación de un nuevo sistema mundial socialista produjo un abismo infranqueable entre la SLL y el Partido Laborista. Pero a pesar de las prohibiciones, que imposibilitaban el trabajo como tendencia dentro del Partido Laborista, la Socialist Labour League siguió adelante con su conferencia inaugural el fin de semana festivo del 16 al 17 de mayo de 1959.

Peter Fryer explicó la importancia del evento en un ensayo publicado en Labour Review:

La conferencia inaugural de la Socialist Labour League, celebrada en Londres en Whitsuntide, demostró que las ideas defendidas firmemente por una generación de marxistas durante tres décadas de aislamiento y persecución han echado raíces en suelo británico. El movimiento marxista ha tomado forma. Ha lanzado su desafío al capitalismo, al fascismo, a los engaños de la derecha y estalinistas, a los “nuevos pensadores” y las camarillas de la “nueva izquierda”, y a las diversas agrupaciones sectarias. Este es un movimiento serio, como atestigua cada ataque de la caza de brujas, cada prohibición, proscripción y expulsión; un movimiento basado en el proletariado en un período de creciente lucha de clases; por lo tanto, un movimiento cuyo tamaño e influencia se están extendiendo rápidamente. [52]

Continuará

Notas:

[17] Labour Review, enero de 1957, volumen 2, núm 1, pág. 1.

[18] Ibíd., pág. 2.

[19] Ibíd., págs. 2-3.

[20] Ibíd., pág. 29.

[21] Ibíd., pág. 30.

[22] Ibíd., marzo-abril de 1957, vol. 2, núm. 2, pág. 35.

[23] Ibíd.

[24] “El P.C. chino y Hungría”, Michael Banda, Labour Review, marzo-abril de 1957, vol. 2, núm. 2, pág. 57.

[25] Correo electrónico de Barbara Slaughter a David North, 20 de julio de 2021.

[26] The Bulletin, vol. 1, núm. 1, 10 de mayo de 1957, pág. 5

[27] Ibíd., pág. 4.

[28] The Bulletin, vol. 1, núm. 3, pág. 21

[29] Cliff Slaughter, “Trotsky’s Marxism Under Attack”, Fourth International, agosto de 1968, págs. 45-46.

[30] The Newsletter, 3 de mayo de 1958, pág. 133.

[31] Ibíd.

[32] Labour Review, “¡Fuera de la 'Unión Azul'! Democracia en los Muelles”, Volumen 3, No 1, enero-febrero de 1958.

[33] The Newsletter, 22 de noviembre de 1958, pág. 309.

[34] The Newsletter, 3 de enero de 1959, pág. 1.

[35] Ibíd., págs. 2-3.

[36] The Newsletter, 28 de febrero de 1959, pág. 1.

[37] Ibíd., págs. 2-3.

[38] Ibíd., pág. 3.

[39] “The Challenge of the Socialist Labour League”, Labour Review, abril-mayo de 1959, vol. 4, núm. 1, pág. 1.

[40] “Revolución y conciencia de clase”, Labour Review, abril-mayo de 1959, Vo. 4, núm. 1, pág. 5.

[41] La carta está disponible aquí.

[42] Labo u r Review, abril-mayo de 1959, pág. 7.

[43] Ibíd., pág. 9.

[44] Ibíd., pág. 12.

[45] The Bulletin, “La Socialist Labour League mira hacia el futuro”, 11 de abril de 1959, págs. 108–09.

[46] Ibíd., pág. 110.

[47] Ibíd.

[48] Ibíd., pág. 111.

[49] Ibíd.

[50] Ibíd., pág. 112.

[51] Ibíd.

[52] “Marxists in Conference”, Labour Review, julio-agosto de 1959, vol. 4, núm. 2, pág. 40.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de agosto de 2021)

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