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Perspectiva

La huelga de padres del 1 de octubre: un importante paso adelante en la lucha de la clase obrera internacional contra la pandemia

El llamado de Liza Díaz a que los padres en Reino Unido resguarden a sus hijos en casa hoy, realizando una huelga de un día en protesta contra la reapertura irresponsable de escuelas que ha arriesgado las vidas de los jóvenes, ha recibido un profundo apoyo de la clase obrera.

Los trabajadores de todo Reino Unido y el mundo han enviado abundantes mensajes de solidaridad. Los videos publicados por Lisa Díaz en su cuenta de Twitter han sido vistos por cientos de miles de personas.

La cifra exacta de padres que mantendrán a sus hijos en casa hoy no se puede llegar a conocer. El llamado no ha sido reportado en los medios nacionales. Pero lo que se puede describir como un piquete de huelga global en línea fue establecido y está siendo honrado por una audiencia internacional de trabajadores.

La crucial iniciativa de oponerse a la reapertura insegura de las escuelas se produce cuando la pandemia está expandiéndose fuera de control, particularmente entre los niños. En Reino Unido, 59.000 niños se contagiaron con COVID-19 en las primeras dos semanas desde la reapertura de escuelas. En EE.UU., se registraron más de 200.000 contagios pediátricos durante las últimas cinco semanas y su gran mayoría fueron el producto directo de la reapertura completa de las escuelas.

Con casi cinco millones de muertes, según las cifras oficiales, más de 500.000 nuevos casos de COVID-19 reportados a diario, junto con más de 7.500 muertes. En Reino Unido, los nuevos casos han saltado de 2.000 por día en mayo a casi 35.000 por día durante el último mes. En Canadá, los casos se multiplicaron por diez, de 400 diarios en julio a más de 4.000 diarios en septiembre. Más de 1.600 personas están muriendo cada día en EE.UU., en la medida en que los hospitales, incluyendo las instalaciones pediátricas, se ven colmados de enfermos.

La protesta del 1 de octubre ocurre cuando ya se trazaron claramente las líneas de clase en la arena. Por un lado, están los promotores de los contagios masivos, que los Gobiernos y las empresas en todo el mundo alientan. Por el otro lado, están los trabajadores, quienes están exigiendo medidas de emergencia para detener la pandemia y salvar vidas.

Sea el Gobierno británico de Johnson, que ha promovido la “inmunidad colectiva” desde el inicio de la pandemia, o el Gobierno de Biden, que promueve la mentira de que ciertas medidas insuficientes de mitigación en combinación con las vacunas podrán detener la pandemia, el resultado final es el mismo: las escuelas y las fábricas seguirán permaneciendo abiertas incluso cuando la pandemia se salga de control. La reapertura universal de las escuelas está siendo impulsada por la necesidad de mantener a los trabajadores en sus puestos para sostener las ganancias corporativas y el enriquecimiento de la élite financiera.

En todo el mundo, las clases gobernantes están exigiendo que las medidas que siguen vigentes sean eliminadas. En Nueva Zelanda, uno de los pocos países que ha perseguido una política de eliminación del virus, los casos aumentaron marcadamente en os últimos días, mientras que el Partido Nacional de oposición está exigiendo pasar a una “supresión vigorosa”, es decir, aflojar las restricciones económicas.

El Financial Times reportó esta semana en una carta abierta de 79 importantes corporaciones en Australia que denunciaban los “grandes errores” de las autoridades estatales y federales de intentar mitigar la propagación del virus. Las empresas, según el FT, “dijeron que la nación tendrá que aprender a ‘vivir con el virus’, como lo han hecho muchos otros países”.

“Es momento de que la patronal australiana transforme sus inquietudes y murmullos en un rugido”, le dijo al diario Greg O’Neill, director ejecutivo de la administradora de activos La Trobe Financial, con sede en Melbourne. “Es momento de la valentía y la honestidad”.

Por “valentía y honestidad”, la clase gobernante quiere decir la demanda de que se permita que el virus se propague, infectando a millones y matando a cientos de miles más.

La huelga escolar británica del 1 de octubre es importante en varios aspectos.

En primer lugar, manifiesta las aspiraciones de la clase obrera a una política que esté basada en salvar vidas, no las ganancias. Se arraiga en la exigencia de medidas que los más destacados científicos y epidemiólogos insisten en que son necesarias para eliminar y erradicar el virus: el cierre de las escuelas y la producción no esencial, combinada con una vacunación masiva, las pruebas universales y el rastreo de contactos, así como la provisión de ingresos plenos a todos los trabajadores y asistencia real a las pequeñas empresas afectadas.

En segundo lugar, la acción ha sido organizada independientemente de los sindicatos, que en toda instancia han implementado las políticas homicidas de la clase gobernante. En Reino Unido, la central Trades Union Congress se ha opuesto a las exigencias de vacunación obligatoria mientras acepta la reapertura de las escuelas sin siquiera la mínima medida de mitigación.

En EE.UU., los sindicatos docentes han hecho una campaña agresiva a favor de las reaperturas de clases, amenazando las vidas de los docentes, los niños y la comunidad en general.

El 30 de septiembre, un día antes de la huelga del 1 de octubre, el sindicato American Federation of Teachers celebró una reunión abierta con el grupo de padres de extrema derecha Open Schools USA [Escuelas abiertas EE.UU.]. El panel incluyó a Jay Bhattacharya, uno de los autores de la Declaración de Great Barrington, el documento redactado en consultas con la Casa Blanca de Trump para promover los contagios masivos y alcanzar la “inmunidad colectiva”.

En tercer lugar, la iniciativa se está desarrollando como un movimiento internacional. Si bien el llamado de los padres a hacer huelga comenzó en Reino Unido, ha atraído el apoyo de los trabajadores de todo el mundo. Además de las declaraciones individuales de solidaridad, la protesta ha sido respaldada por grupos de maestros y comités de base en muchos países.

En un tuit la tarde del jueves, Lisa Díaz dijo que la respuesta había sido abrumadora, señalando que su llamado inicial ha sido retuiteado en Canadá, EE.UU., Alemania, Francia, España, Australia y Japón. “De verdad demuestra que, pese a que seamos de diferentes rincones del mundo, nuestra lucha es la misma. Solo queremos que nuestros hijos estén seguros en las escuelas”.

Lisa llamó a los padres y trabajadores de todo el mundo a que publiquen sus videos y mensajes de apoyo en redes sociales utilizando las etiquetas #SchoolStrike2021 [Huelga Escolar 2021], #SittingDucks [Presas Fáciles] y #October1st [1º de octubre]. El World Socialist Web Site respalda esta acción e insta a sus lectores a participar en el piquete en línea publicando mensajes de apoyo en Twitter y otras redes sociales.

La huelga del 1 de octubre confirma ciertos elementos críticos de la perspectiva del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI): el papel revolucionario de la clase obrera, el carácter internacional de la lucha de clases y el conflicto irreconciliable entre los intereses de los trabajadores y los sindicatos corporativistas.

En mayo de este año, el CICI estableció la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB), basada en la perspectiva de que la lucha contra la pandemia exige una rebelión de las bases, organizada a escala internacional.

La iniciativa del 1 de octubre debe ser avanzada a través de la construcción de comités independientes en todos los sectores de la clase obrera, uniendo la lucha contra la pandemia con las luchas cada vez mayores de los trabajadores en todo el mundo contra la desigualdad y la explotación capitalista.

Al alentar y promover este acontecimiento, el CICI y sus secciones nacionales les plantean a los trabajadores involucrados en esta lucha que necesitan extraer conclusiones políticas más fundamentales. La lucha contra la pandemia y contra la guerra, la desigualdad, la explotación y la dictadura, es una lucha contra todo el orden social y económico capitalista. Plantea la necesidad de que los trabajadores de todos los países tomen el poder, expropien a las élites gobernantes y establezcan una sociedad socialista basada en el control racional, científico y democrático de la producción.

(Publicado originalmente en inglés el 30 de septiembre de 2021)

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