Mientras se acercan varias fechas límites de las negociaciones entre Demócratas del Congreso y la administración de Biden, parece cada vez más probable que la legislación de reconciliación del presupuesto que se discute no aumentare los impuestos a ni un solo capitalista y proveyere los beneficios mínimos para la gente obrera.
A pesar de las cifras gigantescas que circulan en los medios de comunicación –$3,5 billones, $2 billones, $1,5 billones –la cifra más significante parece ser cero, es decir, los cero nuevos impuestos sobre los ricos y las corporaciones gigantes. Y dada la insistencia por una cantidad numerosa de Demócratas derechistas, incluido el presidente Joe Biden él mismo, en que alguien “deba pagar el precio” del proyecto, cero aumentos tributarios en los ricos significará cero aumentos de beneficios para los demás.
El colapso de la agenda tributaria de Biden es una manifestación notable de quién realmente dirige el país en Estados Unidos. La promesa más popular del Partido Demócrata durante las elecciones de 2020 era derogar el recorte tributario de Donald Trump de 2017 para las corporaciones e individuos ricos, que puso en los bolsillos de los superricos $1,7 billones.
Encuestas regularmente muestran que 80 por ciento o más de los estadounidenses creen –con toda la razón– que los ricos no pagan impuestos, o pagan una tasa mucho más baja que la gente obrera. Propuestas por aumentar el impuesto a las ganancias de corporaciones gigantes y millonarios y milmillonarios atraen apoyo similar.
La debacle más reciente en las charlas de reconciliación vinieron cuando la senadora de Arizona Kyrsten Sinema se declaró opuesta a cualquier aumento en las tasas de impuestos sobre la renta o para corporaciones o para individuos ricos. En vista de que esto es el eje central de la política tributaria del Partido Demócrata, que Sinema hasta recientemente había apoyado, no se puede explicar el retroceso por una ideología ultraderecha o “libertaria”.
Senador Demócrata de Luisiana John Breaux declaró en 1981, “No se puede comprar mi voto, pero sí se puede alquilarlo”. Parece que hoy en día, también, se ha comprado el voto de una Demócrata derechista, al menos por ahora, a través de contribuciones de campaña masivas por organizaciones financieras y farmacéuticas grandes. (Además de oponerse de repente a una tasa tributaria más alta para los ricos, Sinema también se opone incondicionalmente a permitir que Medicare negocie precios de farmacéuticos más bajos, algo que sin duda beneficiaría a la población grande de gente jubilada en su estado).
El proyecto de reconciliación no está sujeto a las reglas del filibustero bajo las normas del Senado, pero necesita todos los 50 votos Demócratas, más el voto de calidad de vicepresidenta Kamala Harris, para ser aprobado, dada la oposición total de los 50 Republicanos a un aumento tributario a los ricos.
Sinema así como el senador de Virginia Occidental Joe Manchin tienen el poder de veto sobre la legislación, pero han empleado cierta división de la labor, esencialmente una pareja de lucha, donde uno de los dos, pero normalmente no los dos, se opone a cada propuesta tributaria.
Así Manchin apoyó un aumento de tasas tributarias a los ricos y las corporaciones, pero Sinema lo bloqueó. Luego, con mucha fanfarria, el jefe del Comité de Finanzas del Senado Ron Wyden reveló su proyecto de ley de 107 páginas llamado “Impuestos sobre la renta de milmillonarios” el miércoles por la mañana, presentándolo como un aumento tributario que se dirigía hacia los 700 estadounidenses más ricos, afectando solo a los que ganan más de $100 millones por tres años consecutivos.
Sinema inmediatamente aceptó el proyecto. Sin embargo, dentro de pocas horas, Manchin lo denunció como “divisivo” y dijo que él estaba firmemente opuesto a él. “No me gusta la implicación de que estemos dirigiendo la ley hacia personas diferentes”, dijo él. La gente, añadió, que “contribuyen a la sociedad” y “crean muchos trabajos e invierten mucho dinero y dan mucho a las organizaciones filantrópicas”.
Por supuesto, Manchin no dijo esto sobre el crédito fiscal por hijo, que provee $250 por niño. Eso, insistió él, debía tener medios de prueba e incluir requisitos laborales –así “dirigiéndose” hacia las madres y otros cuidadores y forzando que acepten trabajos de sueldo bajo incluso si no pudieran permitirse el cuidado de niños.
A Manchin, con millones de dólares invertidos en la industria carbonífera, no le importan nada los trabajadores generalmente mal remunerados o desempleados de su estado de Virginia Occidental, devastado por el cierre de minas. Pero él es muy sensitivo a la “dirección” hacia los más ricos, incluido el director general de Tesla Elon Musk, el hombre más rico del mundo, que denunció el impuesto en los milmillonarios.
La propuesta tributaria contra los milmillonarios fue doblemente cínica, porque era probable que se hubiera encontrado retrasada en las cortes por los milmillonarios “dirigidos”, que eran capaces de permitirse el coste masivo de sus abogados para argüir que fuera un “impuesto sobre el patrimonio” no constitucional y que no estaba bajo la protección de la Decimosexta Enmienda, la base del impuesto sobre la renta federal actual.
Senador Wyden emitió una declaración el lunes defendiendo el impuesto a milmillonarios contra un desafío legal. “Hay secciones enteras del código tributario que no son constitucionales si este proyecto no es constitucional”, afirmó él. “No me puedo imaginar que la Corte Suprema quiera dar a la gente más rica en la Tierra mil millones en recortes tributarios, particularmente cuando tantos estadounidenses están perdiendo la fe en la Corte Suprema”.
Esto sin duda tiene ventaja en la competencia del comentario más bancarrota y estúpido de la sesión actual del Congreso. Además de ponerse de parte invariablemente de los ricos contra la clase obrera, casi todos los magistrados de la Corte Suprema parecen creer que uno de los pocos propósitos legítimos del gobierno es “dar a la gente más rica en la Tierra mil millones en recortes tributarios”. Ésta sin duda es la plataforma política del Partido Republicano, que seleccionó a seis de los nueve magistrados.
La verdad es que ningún Demócrata cree de verdad que un impuesto a los milmillonarios gane ni un centavo. Solo sirve como una tapadera populista para encubrir su fracaso de llevar a cabo cualquier reforma social significante, a pesar de controlar la Cámara de Representantes, el Senado y la Casa Blanca.
Incluso si el impuesto fuese llevado a cabo, aprobado por las cortes y de hecho recogido, apenas bajaría las fortunas que han sido acumuladas desde el inicio de la pandemia de COVID-19. Los cinco milmillonarios más ricos han acumulado $370 mil millones en riqueza desde el febrero de 2020, según el Bloomberg News (propiedad de uno de los top 10).
El mismo Musk ganó más el lunes, cuando el valor de las acciones de Tesla subió por $36 mil millones después de que un pedido de Hertz por 100.000 vehículos eléctricos fue anunciado, que la cantidad total que tendría que pagar bajo el impuesto a los milmillonarios.
El único cambio tributario que tenía el apoyo de Sinema y Manchin es el más inútil: una provisión anunciada el martes de un impuesto mínimo de 15 por ciento sobre las ganancias corporativas. La creación de la senadora Elizabeth Warren, es improbable que el mínimo corporativo afecte a los 200 corporaciones grandes que actualmente no pagan nada, en vista de que ya hay un impuesto sobre la renta mínimo para individuos, que los superricos fácilmente han evitado.
Milmillonario de Amazon Jeff Bezos, por ejemplo, no gana ningún salario gravable, ganando un sueldo de solo $80.000 anualmente de Amazon y pagando sus gastos personales por obtener préstamos usando como garantía su cantidad vasta y creciente de acciones de Amazon. Esto no detuvo a la jefa de la Comisión Progresista del Congreso Pramila Jayapal de dar su respaldo total al impuesto mínimo corporativo.
Manchin aniquiló otra medida propuesta para subir los impuestos, una propuesta de requerir que los bancos compartan información sobre los clientes que evaden los impuestos con el Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés), diciendo al Economic Club de Washington D.C., “Creo que esa medida se irá”.
Estas maniobras sórdidas se realizan con la aprobación de la administración de Biden. Biden invitó a Manchin a su casa en Wilmington, Delaware, durante el fin de semana para una discusión durante el desayuno del proyecto de presupuesto. Manchin y Sinema los dos visitaron la Casa Blanca el martes por la tarde para hablar más.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de octubre de 2021)
