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Perspectiva

¡Las vidas antes que las ganancias! ¡Paren la pandemia!

El viernes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la variante ómicron del COVID-19 ya fue detectada en 38 países, abarcando todos los continentes habitados. En Estados Unidos, la variante ya fue descubierta en 12 estados, incluso en individuos sin viajes conocidos, demostrando que se está propagando ampliamente en todo el país.

Trabajadores de la salud exigen mejores condiciones laborales y más vacunas anti-COVID-19 durante una protesta fuera del Hospital de Clínicas en San Lorenzo, Paraguay, 19 de mayo de 2021 (AP Photo/Jorge Saenz)

En Sudáfrica, el primer país en el que se volvió dominante la nueva variante, su presencia está creciendo a una velocidad sin precedentes en ningún país durante toda la pandemia. Los casos de COVID-19 aumentaron casi 40 veces en un mes, de 300 a 11.000 el viernes. Del jueves al viernes, los casos nuevos aumentaron 35 por ciento en un solo día.

Quizás lo más preocupante de todo es que Sudáfrica se enfrenta a un aumento vertiginoso en los casos de niños menores de cinco años, abrumando los hospitales de niños en algunas ciudades.

Cuando ya la variante delta está produciendo casos nuevos récord en varios estados de EE.UU., los peligros sin precedentes presentados por la nueva variante hicieron añicos toda la política de la clase gobernante y lo sabe. Como lo señaló el New York Times, “Después de casi un año de promover las vacunas como la salida de la pandemia”, existe un “reconocimiento tácito por parte de la Casa Blanca de que las vacunas no son suficientes para poner fin a la peor crisis de salud pública en un siglo”.

En otras palabras, el relato que la Administración de Biden intentó legitimar al reabrir prematuramente las escuelas y los negocios —de que las vacunas por sí solas acabarían con la pandemia— se está desintegrando completamente ante la evidencia cada vez mayor de que ómicron no solo es más transmisible que las otras variantes de COVID-19 sino que es más resistente a las vacunas.

“En ningún mundo, considero, se mantiene el mismo nivel [de efectividad de las vacunas existentes]”, le dijo le director ejecutivo de Moderna, Stéphane Bancel, al Financial Times más temprano esta semana. “Creo que va a ser una caída material… Pero todos los científicos con los que he hablado… dicen, ‘Esto no va a ser bueno’”.

Regeneron, la fabricante del tratamiento de anticuerpos monoclonales para COVID-19, advirtió en una declaración que sus tratamientos podrían ser menos efectivos contra la nueva variante. “Las mutaciones individuales presentes en la variante ómicron indican que podría reducir la actividad de neutralización para la inmunidad proporcionada tanto por las vacunas como por los anticuerpos monoclonales”.

Un estudio prepublicado el jueves por epidemiólogos en Sudáfrica descubrió que la variante ómicron podría ser hasta 2,4 veces más efectiva en reinfectar a las personas que ya contrajeron COVID-19. La cepa “demuestra evidencia a nivel poblacional de que puede evadir la inmunidad generada por una infección previa”, advierten los autores.

Ante la innegable ola de casos en Sudáfrica, varios reportes de la prensa han alegado que muchos de los casos de la variante ómicron son moderados, sugiriendo que no hay ninguna razón por la cual preocuparse por la variante nueva.

Pero esta última versión de la fábula de Trump de que el COVID-19 simplemente “desaparecerá” es la más peligrosa. El hecho de que las tasas de hospitalización en Sudáfrica están aumentando debido a la propagación de ómicron ya desmienten que sea una “variante moderada”. Además, a lo largo de la pandemia, la mayoría de las personas infectadas se han recuperado. Los niveles masivos de muertes se deben al contagio de cientos de millones de personas.

El hecho de que la variante ómicron es mucho más infecciosa que delta significa que, incluso si fuera menos mortal —una afirmación que no tiene por ahora ningún fundamento— el mayor número de casos se traduciría en más hospitalizaciones y, si los hospitales se llenarán, en un aumento masivo en muertes.

A pesar de la mayor amenaza por la nueva variante, el Gobierno de Biden ha reiterado su rechazo al cierre de escuelas y negocios no esenciales, una política que todos los países de Europa y América están replicando en todos sus aspectos fundamentales.

El plan de la Casa Blanca, como lo insistió el presidente el jueves, “no incluye cierres ni confinamientos, sino la administración amplia de vacunas y refuerzos”. Biden aseveró descaradamente que, “Mientras que más del 99 por ciento de nuestras escuelas están abiertas en este momento, necesitamos asegurarnos de mantener eso durante todo el invierno”.

Biden incluso exigió que se dejara de poner en cuarentena a los niños expuestos al COVID-19, declarando que los estudiantes deberían “permanecer en un aula y ser sometidos frecuentemente a pruebas cuando aparece un caso positivo en esa aula”, en vez de irse a casa.

Haciéndose eco de esos puntos, la gobernadora neoyorquina Kathy Hochul afirmó, “No estoy preparada para cerrar las escuelas ni la economía. Esa no es una respuesta necesaria”.

Hace tan solo dos meses, la prensa estadounidense estaba repleta de comentarios estúpidos sobre el fin de la pandemia. “El COVID-19 nuevamente está replegándose”, escribió David Leonhardt del New York Times el 4 de octubre, afirmando que una pequeña caída de casos indicaba que ya había pasado lo peor de la pandemia: “…las vacunas pueden transformar el covid en una enfermedad manejable, no muy distinta a la influenza o la gripe común… Independientemente de lo que traiga el otoño, lo peor de la pandemia ciertamente ya pasó”.

“¿Y qué pasa si las cosas están a punto de mejorar?”, comentó Paul Krugman del Times el 7 de octubre. La disponibilidad de la vacuna significa que la población “puede sentirse bastante segura sobre regresar a la oficina, salir a comer y —ante todo— enviar a sus hijos a la escuela”.

En su declaración del 20 de agosto, “La erradicación del COVID-19 es la única manera de detener la pandemia”, el WSWS explicó, oponiéndose a los promotores de una estrategia de “mitigación” o de “solo vacunas”. “Mientras el virus se propague, seguirá mutándose en variantes nuevas que amenazarán a toda la humanidad y serán cada vez más infecciosas, letales y resistentes a las vacunas. A menos que el virus sea erradicado a escala global, las brasas del COVID-19 seguirán ardiendo y crearán las condiciones para que el virus vuelva a brotar”.

Los Gobiernos capitalistas y la clase gobernante han rechazado una política de eliminación y erradicación porque las medidas necesarias para salvar vidas afectan las ganancias privadas y la riqueza de la oligarquía.

Esta política ha conducido a la muerte de más 5,2 millones de personas a nivel global, incluyendo las de más de 800.000 personas solo en EE.UU., según las cifras oficiales. Si no se implementa un cambio urgente en la política, la cifra masiva de muertes apenas habrá sido el anticipo de los fallecimientos por la variante ómicron y todas las otras variantes nuevas y letales que le seguirían.

¡Esta locura debe parar! Solo hay una política viable: ¡La pandemia debe ser detenida! ¡No se deben sacrificar las vidas por las ganancias!

El COVID-19 puede ser eliminado o incluso erradicado, a través de la implementación de medidas urgentes de salud pública. Esto significa la creación de un programa masivo de varios billones de dólares para financiar el cierre de escuelas y negocios no esenciales, pruebas, rastreo de contactos e instalaciones seguras para cuarentenas, un programa global para vacunar rápido a todo el mundo y el suministro de mascarillas de buena calidad N95 o más efectivas, así como otras protecciones contra la transmisión aérea en todos los negocios esenciales.

China, donde solo han muerto dos personas este año por COVID-19, ha demostrado que este programa es posible a nivel nacional. Pero la eliminación global y la erradicación del COVID-19 requieren una ofensiva globalmente coordinada contra la enfermedad.

Esto exige el desarrollo de un movimiento masivo en la clase obrera, basado en la premisa del rechazo de toda la política de que los intereses de lucro deben “balancearse” con salvar vidas. Los trabajadores necesitan comenzar a hacer preparativos ahora, incluyendo la formación de comités de base de seguridad en cada lugar de trabajo, escuela y barrio para exigir y luchar por las medidas necesarias para salvar vidas.

La ola global de la variante ómicron sigue siendo incipiente. Al emprender acciones inmediatas ya para poner fin a la transmisión del COVID-19, el costo de erradicar la enfermedad sería mucho menor que si se permite que se propague y prevalezca o incluso que complemente la variante delta que actualmente es la dominante.

La aparición de la cepa ómicron y su rápida expansión en todo el mundo demuestra la urgencia de la Investigación Global de los Trabajadores sobre la Pandemia de COVID-19 iniciada por el World Socialist Web Site. Llamamos a los trabajadores y la juventud estudiantil que desarrollen el apoyo al trabajo de la investigación. También llamamos a los científicos y todos aquellos activos en la salud pública a que suministren información y asistencia profesional para avanzar el trabajo de la investigación.

(Publicado originalmente en inglés el 4 de diciembre de 2021)

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