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Acuerdo tentativo anunciado en huelga de Kellogg

Las lecciones de la lucha global de 1995 del Comité Internacional para defender puestos de trabajos en Kellogg

El acuerdo tentativo entre Kellogg y el sindicato de Trabajadores de Panadería, Confitería, Tabaco y Molinería (BCTGM, según sus siglas en inglés) anunciado el miércoles no resuelve ninguna de las cuestiones importantes que impulsaban el abandono del 5 de octubre de 1.400 trabajadores de producción de cereales en las cuatro instalaciones estadounidenses de la compañía.

La compañía está buscando expandir el uso de trabajadores de bajos ingresos, a quienes se refieren eufemísticamente como empleados de “transición”, para reducir los costes, aumentar las ganancias e incrementar los fondos para bonos para ejecutivos. Por su parte, el BCTGM se ha negado a movilizar el apoyo de trabajadores por toda la industria de la producción alimentaria en los Estados Unidos, mucho menos a escala internacional, un paso que se requeriría en cualquier lucha seria contra una compañía milmillonaria que opera en 18 países con una plantilla global de 31.000 trabajadores.

La sede de Kellogg en Battle Creek, Míchigan (Fuente: WSWS)

La lucha actual plantea la importancia de una iniciativa, prácticamente única en la historia de los conflictos industriales, que se llevó a cabo hace más de 25 años por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) para defender puestos de trabajo en Kellogg de despidos masivos y proteger las prestaciones y las condiciones de los obreros. Los Partidos Socialistas por la Igualdad en varias partes del mundo, que producen el World Socialist Web Site, colectivamente son el CICI. Una nota histórica se debe dar a conocer: durante el período de esta iniciativa, las organizaciones del CICI eran “ligas” y luego se convirtieron en partidos (véase también: La Workers League y la fundación del Partido Socialista por la Igualdad).

La defensa por el CICI de los puestos de trabajo en Kellogg se impulsó con el despido masivo de 150 trabajadores de mantenimiento, de limpieza y vigilantes nocturnos en la planta de la compañía en Botany, un suburbio industrial de Syndey, Australia la noche del 6 de julio de 1995. Como se relató en el Boletín Internacional Obrero, el periódico de la Liga Obrera, entre las horas de 23:00 y la medianoche y “sin preaviso ninguno, mensajeros contratados por la compañía descendieron sobre las casas de los obreros y les entregaron cartas de despido, informándoles de que estarían despedidos para las siete de la mañana siguiente. Más de 100 guardias de seguridad entraron en la planta y escoltaron a sus taquillas a obreros de limpieza y mantenimiento que estaban terminando sus turnos [es decir, no estaban en casa cuando los mensajeros llegaron]. El despido masivo se llevó a cabo mientras los 300 trabajadores de producción de la fábrica estaban en sus vacaciones anuales”.

Luego el Boletín reportó, “El despido tuvo lugar sólo unos días después de que el sindicato firmara un contrato con Kellogg que incluía una cláusula nueva que permitía el uso del trabajo contractual. Los sindicatos no convocaron ninguna reunión masiva, y ningún funcionario sindical estuvo presente por la mañana del viernes, el 7 de julio, cuando los trabajadores de mantenimiento despedidos se reunieron fuera de la planta”.

La Liga Socialista Laborista (SLL, por sus siglas en inglés) de Australia lael predecesora del Partido Socialista por la Igualdad en ese país) aprovechó la iniciativa para luchar contra el despido masivo. Warwick Dove, un miembro de la SLL y uno de los 150 trabajadores despedidos, “exigió una reunión masiva de los obreros despedidos el martes, el 11 de julio. Les instó a establecer un piquete en la planta y a movilizar el apoyo de los trabajadores de producción y la movilización de otras plantas en el área contra el despido. Exigió que los obreros eligieran un comité de base independiente de los burócratas sindicales. Funcionarios sindicales intervinieron para suprimir cualquier acción industrial. Amenazaron a los obreros, diciendo que el sindicato no les defendería si establecían un piquete”.

Warwick Dove en 1995

La traición del sindicato continuó en las secuelas inmediatas. “El domingo, el 16 de julio, y el lunes, el 17 de julio, cuando los obreros de producción habían vuelto a las instalaciones, miembros de la SLL y simpatizantes y una cantidad de trabajadores de mantenimiento despedidos distribuyeron una carta abierta de Dove, que exigía que los trabajadores de producción tomaran la parte de sus colegas y proponía que se realizara una reunión masiva para organizar una acción unida. Para contrarrestar el apoyo amplio para la carta abierta, funcionarios sindicales dijeron a trabajadores de producción que Kellogg cerraría la fábrica si iniciaban cualquier acción. Con la traición del sindicato, la mayoría de los trabajadores de mantenimiento despedidos votó a aceptar un trato que prometía indemnizaciones por despido y jubilaciones voluntarias”.

El despido de obreros en Australia era una punta de una ofensiva realizada por la compañía contra su plantilla global. El mes siguiente, la compañía se concentró en sus trabajadores estadounidenses. El Boletín explicó, “El 22 de agosto, funcionarios de Kellogg dijeron ante una reunión masiva en su fábrica de sede en Battle Creek, Míchigan, que pensaban eliminar 800 de los 1.700 trabajos en Battle Creek y 275 de los 600 trabajos en su fábrica en Memphis, Tennessee. Más temprano ese mes Kellogg dijo que iba a cerrar su fábrica de producción de cereales en San Leandro, California, eliminando 325 trabajos”.

Durante su guerra global contra sus obreros, Kellogg se fio de la colaboración activa de los sindicatos que nominalmente representaban a los trabajadores. El Boletín argumentó, “En Battle Creek y Sydney, los sindicatos han colaborado con la patronal de Kellogg para destrozar trabajos y victimizar a trabajadores. En las dos plantas los trabajadores están enfrentando dos enemigos: los mismos jefes corporativos y sus sirvientes en la jerarquía sindical, que se oponen a cualquier lucha contra los despidos”.

Cobertura de la campaña internacional para defender trabajos en Kellogg en el Boletín Internacional Obrero

El sindicato no sólo se había rehusado a tomar medidas para defender los trabajos, sino que también intervino para amenazar a esos obreros todavía empleados para que no emprendieran ninguna acción en solidaridad con los obreros victimizados, asegurando la habilidad de la compañía de forzar los recortes de empleo y el cierre de la planta de San Leandro.

Dove, la SLL, y el Comité Internacional insistieron en que las acciones en defensa de los puestos de trabajo eran posibles y necesarias, y hacían hincapié en que sólo una contraofensiva global podía ser efectiva en luchar contra el gigante de la producción de cereales. Compartió noticias de la lucha en Sydney primero con trabajadores estadounidenses y luego con sus homólogos en las plantas de Kellogg por todo el mundo, particularmente en Manchester, Gran Bretaña; Bremen, Alemania; y London, Ontario (Canadá). En agosto, Dove viajó a las instalaciones de Battle Creek para informar a los obreros sobre lo sucedido en Sydney y se esforzó para establecer vínculos para coordinar una lucha en defensa de los puestos de trabajo.

En una entrevista con el Boletín publicada el 28 de agosto de 1995, con el titular, “Mi viaje a Battle Creek demuestra que es posible unir a la clase obrera”, Dove explicó, “Desde el inicio de la lucha, entendimos que los despidos en Sydney formaban una parte del ataque de Kellogg contra obreros por todo el mundo. El anuncio reciente por la compañía de que eliminará más de 1.000 trabajos en Estados Unidos confirma que Kellogg tiene una estrategia global para reestructurar la corporación y maximizar las ganancias…

“Desde hace cinco años, desde que Kellogg me contrató, la Liga Socialista Laborista y yo nos hemos estado oponiendo a la exigencia de la compañía, respaldada por los sindicatos, de que los obreros acepten cambios en las prácticas laborales y otras concesiones para hacer que la planta en Australia sea competitiva internacionalmente. Advertimos de que este esfuerzo de poner a los obreros de Australia en contra de los obreros de otras plantas por todo el mundo formaba parte de un impulso constante por presionar más fuertemente a los trabajadores…

“La historia de funcionarios como [en ese entonces agente empresarial del Local 3 del AFGM Rocky] Marsh en los Estados Unidos, Australia y por todos lados demuestra que cuando dicen que defenderán todos los trabajos ‘que sea posible defender’, esto significa que no van a defender ningún trabajo. Quiere decir que seguirán haciendo todo lo ‘posible’ para hacer que la compañía sea competitiva y rentable. El local del AFGM [las siglas en inglés de la Federación Estadounidense de Molineros, el predecesor del BCTGM] ya ha aceptado la destrucción de 1.800 trabajos desde 1975”.

Confirmando la advertencia de Dove, en las décadas transcurridas desde 1995, el BCTGM ha presidido la destrucción de miles de trabajos más.

Los obreros respondieron bien a la visita de Dove a Battle Creek y a las visitas por otros representantes del CICI a fábricas en Alemania, Gran Bretaña, y Canadá, recibiendo volantes, comprando cientos de periódicos, y donando generosamente.

En su entrevista con el Boletín, Dove resumió esta recepción, diciendo, “Mientras hablaba con trabajadores fuera de la planta de Kellogg, quedó patente que los trabajadores comparten las mismas preocupaciones sobre la seguridad laboral, la salud y la seguridad, el sueldo y otras necesidades como la vivienda y la educación. La cálida recepción con que me encontré en Battle Creek demuestra la potencialidad tremenda de vincular las luchas de la clase obrera. Mi viaje también demuestra que hay sólo una organización que está forjando la dirección para unir a los obreros contra las corporaciones transnacionales —el Comité Internacional de la Cuarta Internacional”.

Trabajadores en la fábrica en Bremen, Alemania dijeron a representantes del CICI que agradecían enterarse de esta lucha porque su sindicato no les había dicho nada sobre los despidos en Australia y Estados Unidos. También fue el caso en Manchester en Gran Bretaña donde, como reportó el Boletín, volantes del CICI fueron “distribuidos de mano en mano por la planta y publicados en tablones de anuncios”. Un trabajador canadiense dio las gracias a un repartidor del Boletín por traer noticias de la lucha a London [es decir, el London de Ontario, Canadá]. Como reportó el periódico, “Uno de esos obreros, que habló con el Boletín, dijo que el sindicato en Toronto, un local del BCTGM, no había resistido el cierre” de esa planta en 1992, que había destrozado 300 trabajos.

El viaje de Dove a EE.UU., así como los esfuerzos del Comité Internacional de unir a todos los obreros de Kellogg globalmente para defender trabajos, marcó un paso adelante de mayor importancia en la lucha de clases. A pesar de la habilidad de la compañía de despedir a los trabajadores en Sydney, cerrar la planta de San Leandro en Estados Unidos, y seguir recortando trabajos globalmente —desarrollos que sólo eran posibles gracias al papel traidor del BCTGM (en ese entonces llamado el AFGM) en los Estados Unidos y de sus homólogos internacionalmente— la campaña del CICI demostró categóricamente que un verdadero llamamiento que trascendía las fronteras internacionales encontraría el apoyo de los trabajadores. Eso es todavía más importante hoy en día.

Entrevistado esta semana por el WSWS, Warwick Dove les dijo esto a los trabajadores de Kellogg en huelga:

Veo que la compañía sigue amenazándolos con cierres y la contratación de obreros de reemplazo como una parte de sus esfuerzos de imponer su nuevo régimen. Durante los 26 años desde que visité la planta en Battle Creek, ha decaído de 1.700 trabajadores a 330. Estas pérdidas laborales masivas han hecho crecer las ganancias de la compañía y el salario del director general. Los salarios de los obreros, mientras tanto, se han estancado, así como las prestaciones para atención médica, aunque la producción ha crecido vastamente.

Obreros han trabajado dobles turnos y tiempo extra extendido durante la pandemia de COVID-19 para mantener la producción alimentaria como “trabajadores esenciales”.

Veintiséis años en la vida de un trabajador es mucho tiempo y aunque ya no trabajo en la industria de la producción alimentaria, las experiencias que ustedes tienen con la compañía y sus ayudantes sindicales son iguales que las de hace tres décadas.

Apoyo y saludo su esfuerzo resuelto. Pero debemos concluir que la compañía y el sindicato representan una sola entidad. Los métodos de colaboración y concesiones que los sindicatos han realizado en todos los países llevan a lo desastroso.

La diferencia hoy es que hay una rebelión creciente por la clase obrera en cada país contra las operaciones de entrega y las traiciones sindicales. Ahora necesitamos dar el próximo paso y construir nuevos comités independientes que no estén ligados al sindicato, que se dirijan y se organicen por la base, para llevar a cabo una lucha genuina por salarios decentes, trabajos fijos y todos los derechos sociales de la clase obrera.

El llamamiento de Dove para que se formen comités de base independientes es extremadamente relevante. Para continuar adelante con la lucha de defender los trabajos que aún existen en Kellogg, reestablecer ua jornada de ocho horas, acabar con el sistema de pago odiado de “dos niveles” y asegurar las prestaciones de jubilación y atención sanitaria, es necesario, pero no suficiente, votar por rechazar el acuerdo tentativo el domingo.

Hay que poner en pie comités de base en los Estados Unidos y en todos los países en los que Kellogg tiene instalaciones, y la unidad más íntima debe establecerse entre ellos. Estos comités deben ser independientes de los sindicatos actuales, democráticamente controlados por los propios obreros y comprometidos a la lucha, no a la colaboración con la gestión corporativa.

Ésta es la lección esencial del esfuerzo llevado a cabo por el CICI en 1995.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de diciembre de 2021)

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