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Generales estadounidenses jubilados advierten de posible golpe electoral en 2024

En un comentario de opinión publicado el viernes en el sitio web del Washington Post, tres generales estadounidenses jubilados advierten de que las elecciones presidenciales de 2024 podrían llevar a una crisis política que eclipsaría la de 2020, y una división del ejército en partes rivales.

Los tres generales jubilados –Steven Anderson, Paul D. Eaton y Antonio M. Taguba– todos veteranos de la guerra en Irak y otros conflictos militares estadounidenses en todo el mundo, declaran que el primer aniversario cercano del ataque del 6 de enero al Capitolio debe ser una ocasión en que considerar qué podría suceder si se disputaran los resultados de las elecciones presidenciales de 2024.

Generales estadounidenses jubilados Paul D. Eaton, Antonio M. Taguba, Steven Anderson

Instan al Pentágono a empezar a preparar ahora para contrarrestar “la posibilidad de un caos letal dentro de nuestro ejército … estamos helados hasta los huesos al pensar en que el próximo golpe de Estado tenga éxito”. Entre las medidas se incluiría un aumento de vigilancia de unidades militares para identificar a posibles “amotinados”.

Los tres generales, jubilados a largo plazo después de muchas décadas en el ejército, públicamente se opusieron a la administración de Trump y se alinearon con el ala en pro del Partido Demócrata del aparato de inteligencia militar.

Eaton, un general mayor jubilado del ejército quien había estado a cargo de entrenar al ejército iraquí durante los años tempranos de la ocupación estadounidense, públicamente denunció al secretario de Defensa en ese entonces Donald Rumsfeld en 2007 y abogó por su dimisión.

Taguba, también un general mayor jubilado del ejército, fue forzado a abandonar el ejército después de encabezar la investigación interna de las atrocidades de la prisión Abu Ghraib en 2004, y emitir un informe severamente crítico. Anderson es un general de brigada jubilado que era el subcomandante de la logística en Irak, bajo el mando del general David Petraeus.

El artículo de opinión esboza “[l]a posibilidad de un colapso total de la cadena jerárquica según el partidismo individual, desde lo alto de la cadena hasta el nivel del batallón … La idea de que unas unidades clandestinas se organicen entre sí para apoyar al comandante en jefe ‘legítimo’ no puede ser descartada.

“Imagínense a comandantes en jefe competidores: Biden, nuevamente reelegido, da órdenes, contra Trump (u otro personaje trumpista) que da órdenes y está al mando de un gobierno de sombra. Peor, imagínense a políticos de nivel federal y estatal que ilegalmente instalan a un candidato perdedor como el presidente”.

Los tres generales también elaboran el peor escenario posible de las consecuencias internas y globales si tal conflicto se estalla en un ejército dividido.

“…con las lealtades divididas, unos quizás sigan los órdenes del comandante en jefe legítimo, mientras otros puedan seguir al perdedor trumpista. Puede que las armas no se protejan basado en quién estaba vigilándolas. Bajo tal hipótesis, no es inapropiado decir que un desmoronamiento militar podría llevar a una guerra civil.

“En este caso, con nuestro ejército incapacitado y dividido, la seguridad estadounidense estaría discapacitada. Cualquier enemigo podría aprovechar de la situación por lanzar un ataque a nuestros activos militares y nuestros aliados”.

Citan el fracaso de investigar seriamente la insurrección del 6 de enero o castigar a sus líderes, luego exigen al Congreso y la administración de Biden que “tomen medidas para prepararse para lo peor”.

Concluyen, “El Departamento de Defensa debe realizar un juego de guerra sobre la potencialidad de la próxima insurrección poselectoral o intentona golpista para identificar los puntos débiles. Luego tiene que realizar un repaso desde arriba hasta debajo de los resultados y empezar a poner en marcha unos resguardos para prevenir desmoronamiento no solo dentro del ejército, pero también dentro de cualquier agencia que trabaja cercanamente con el ejército”.

Sólo dos días antes de los comentarios de los generales, Reuters publicó un perfil largo sobre un grupo de oficiales militares, jubilados y en las reservas, que trabajaban con general jubilado Michael Flynn para concebir planes por Trump para anular los resultados de las elecciones de 2020.

Entre éstos se incluían al coronel Phil Waldron, quien solía trabajar para Flynn en la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por sus siglas en inglés), con una especialidad en la guerra psicológica; teniente coronel Ivan Raiklin, un exoficial de las Fuerzas Especiales en Afganistán; y capitán Seth Keshel, un exoficial de inteligencia del ejército.

Waldron desarrolló la concepción de que había ocurrido un fraude electoral por emplear los mismos métodos con los que estaba bien familiarizado gracias a su tiempo con la DIA, una supuesta operación de guerra psicológica por adversarios extranjeros. Esta afirmación se convirtió en la base de muchas declaraciones extravagantes como por ejemplo que los resultados de las elecciones pasaron por servidores en Alemania, o fueron alterados por satélites italianos, y cambiados por software hecho en Venezuela o de otra forma manipulados por China.

Raiklin, según Reuters, era “un promotor mayor de la teoría sobre ‘el papel de Pence’: que el vicepresidente Mike Pence supuestamente podría haber bloquedo la certificación por el Congreso de la victoria de Biden el 6 de enero”.

Capitán Keshel “afirmó haber desarrollado modelos estadísticos que demostraban que los resultados de las elecciones de 2020 eran fraudulentos … en agosto Keshel emitió un análisis que según afirmó él demostraba que Trump había ganado en siete estados que fueron declarados por Biden. Trump adoptó la afirmación …”.

Según Reuters, los esfuerzos por los exoficiales no sólo provocaron los nuevos llamamientos por auditorías en todos los estados campos de batalla, pero también provocaron unas amenazas de violencia contra funcionarios electorales, Republicanos así como Demócratas, que defendían que las elecciones se habían conducido justamente y que los resultados eran legítimos.

Ya se ha reportado ampliamente que Waldron ayudó en redactar la presentación de PowerPoint titulada “Fraude electoral, intervención extranjera y opciones para el 6 de EN”, que fue emitida al jefe de personal de la Casa Blanca Mark Meadows y a un grupo seleccionado de congresistas Republicanos el 5 de enero. Entre las diapositivas había recomendaciones que incluían, “Declarar un estado de emergencia nacional” y “Declarar inválida la votación electrónica en todos los estados”.

Pero el informe de Reuters provee la confirmación del papel activo jugado por exoficiales militares –que claramente tenían todavía conexiones dentro del Pentágono– en la organización y la incitación política del golpe del 6 de enero.

El Washington Post publicó otra columna sobre la probabilidad del comienzo de una guerra civil en los Estados Unidos, escrita por uno de sus escritores comunes de artículos de opinión, Dana Milbank, quien normalmente emplea una postura de humor y falta de seriedad.

En la columna del domingo, sin embargo, Milbank entrevistó a una profesora de ciencias políticas de la Universidad de California en San Diego, y asesora de la CIA sobre la instabilidad política, Barbara F. Walter, que emplea la misma metodología de la CIA para analizar el conflicto civil y la aplica a los Estados Unidos. Su conclusión: “Estamos más cerca de una guerra civil que a uno le gustaría creer”.

Milbank da un extracto del próximo libro de Walter, que se publicará en enero, titulado, Como empiezan las guerras civiles .

“Nadie quiere creer que su democracia querida está en descenso, o dirigida hacia la guerra”, escribe. Pero, “si fueras un analista en un país extranjero que examinaba los eventos en América –de la misma manera que mirarías los eventos en Ucrania o la Costa de Marfil o Venezuela– repasarías una lista en que analizabas cada una de las condiciones en que es probable una guerra civil. Y lo que encontrarías es que los Estados Unidos, una democracia fundada hace más de dos siglos, ha entrado en un territorio muy peligroso”.

Los Estados Unidos están a punto de “insurgencia abierta” que llevaría a “violencia constante mientras extremistas cada vez más activos lanzan ataques que incluyen el terrorismo y la guerra guerrillera, incluidos los asesinatos y emboscadas”, escribe la asesora de la CIA, según Milbank.

Tales situaciones no solo son la pesadilla de un trío de generales jubilados, o de una asesora de la CIA. No, estos comentarios tienen espacio en el periódico líder en la capital estadounidense para articular lo que se discute ampliamente dentro de círculos mayores de la clase gobernante estadounidense: que el 6 de enero, 2021, lejos de ser un evento único, es una advertencia de la erupción inminente de conflicto violento, en 2024 si no más temprano.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 20 de diciembre de 2021)

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