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Perspectiva

Un aniversario de la contrarrevolución estalinista: 30 años desde el fin de la URSS

El 26 de diciembre de 1991, el régimen estalinista encabezado por Mijaíl Gorbachov disolvió formalmente la Unión Soviética. El fin de la URSS y la restauración del capitalismo fueron la culminación de 70 años de la traición por parte de la burocracia estalinista de la revolución cuyo legado usurpó.

Líder soviético Mijaíl Gorbachov y el presidente estadounidense Ronald Reagan fuera de Höfði al inicio de una serie de conversaciones, 11 de octubre de 1986, Reikiavik, Islandia. Los otros hombres no fueron identificados (AP Photo/Ron Edmonds)

El 30º aniversario de este evento ha sido testigo de un coro en la prensa tradicional y las publicaciones académicas que repite incansablemente la misma nota: “Nadie lo vio venir”. En su libro publicado recientemente Collapse: The Fall of the Soviet Union [Colapso: la caída de la Unión Soviética], el profesor Vladislav M. Zubok de la Escuela de Economía de Londres escribió: “Nadie, incluidos los observadores más sagaces, pudo predecir que la Unión Soviética, que había sobrevivido el asalto épico de los ejércitos de Hitler, podría ser derrotada desde su interior, por sus crisis y conflictos internos”.

Las afirmaciones de que la disolución de la Unión Soviética no fue anticipada excluyen cualquier referencia a los análisis de los últimos años de la Unión Soviética realizados por el movimiento trotskista. No se vio atrapado por la atolondrada euforia de la “Gorbimanía” que dominaba la prensa burguesa y la sovietología cuando Gorbachov se convirtió en líder del Partido Comunista soviético en 1985. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) advirtió repetidamente que las políticas de Gorbachov de glásnost (apertura) y perestroika (restructuración) reflejaban el impulso de la burocracia estalinista para reintegrar la economía soviética en el mercado mundial a través de la restauración del capitalismo.

El World Socialist Web Site está publicando hoy [en inglés] una colección extensa de documentos históricos y declaraciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional que trazaron detalladamente la lógica de las políticas de Gorbachov y advirtió que el estalinismo se dirigía inminentemente hacia la disolución del Estado obrero.

En marzo de 1987, el CICI escribió en marzo de 1987 en ¿Qué ocurre en la URSS? Gorbachov y la crisis del estalinismo, “La escasez de tecnología y las contradicciones continuas entre la industria y la agricultura tan solo se pueden resolver con acceso al mercado mundial. Tan solo hay dos caminos hacia la integración de la Unión Soviética en ese mercado: la que Gorbachov encabeza hacia la restauración capitalista y la revolución socialista mundial”.

En agosto de 1987, en el 47º aniversario del asesinato de León Trotsky a manos de un agente de la GPU estalinista, David North, el secretario nacional de la Workers League —predecesora del Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.)— explicó que al restaurar las relaciones de propiedad capitalistas, Gorbchov “no representa el rechazo del estalinismo, sino que arranca inexorablemente de la putrefacción de la burocracia, que se prepara activamente para renunciar y rechazar las conquistas sociales de la Revolución de Octubre, el establecimiento de la propiedad estatal y el monopolio del comercio exterior, que no se había atrevía a atacar” ( Trotskismo vs. estalinismo ).

En 1989, North publicó Perestroika vs. socialismo: el estalinismo y la restauración del capitalismo en la URSS, una serie de artículos publicados en el periódico Bulletin de la Workers League [de EE.UU.] entre marzo y mayo de ese año. North demostró que la “apertura” de glásnost no pretendía restaurar la democracia soviética de la clase obrera, sino intentar “forjar una alianza con los estratos más privilegiados y políticamente locuaces de la sociedad soviética: desde las élites de administradores en las secciones más prósperas de la industria estatal y las granjas colectivas, hasta los tecnócratas, la inteligencia y la avara pequeña burguesía, cuyo crecimiento y enriquecimiento es una de las metas principales del régimen estalinista”.

La perestroika, continuó, representa la “implementación de las políticas de libre mercado, la eliminación del monopolio sobre el comercio exterior y la legalización del control privado de los medios de producción”. North argumentó que, a través de estas políticas, “se manifiesta en su máxima expresión la lógica contrarrevolucionaria de la teoría de Stalin de ‘socialismo en un solo país’ en el desarrollo de una política exterior que procura socavar la propiedad estatal soviética y reintroducir el capitalismo en la propia URSS”.

La exactitud de estas observaciones, confirmadas por los acontecimientos históricos, es una poderosa vindicación del análisis científico marxista del carácter de clase de la Unión Soviética y del papel de la burocracia estalinista, desarrollado por León Trotsky y elaborado por el CICI.

La clase obrera rusa, encabezada por el Partido Bolchevique y respaldado por el grueso del campesinado, tomó el poder en octubre de 1917 bajo la dirección de Vladimir Lenin y León Trotsky y estableció el primer Estado obrero, el cual representaba una forma social transicional que ya no era capitalista, pero que tampoco era socialista.

La Revolución de Octubre fue el evento más progresista en la historia humana, conllevando más que un avance tremendo en las condiciones de las masas soviéticas. El establecimiento del primer Estado obrero en la historia y el derrocamiento del capitalismo ofreció un impulso poderoso a las luchas de la clase obrera y las masas oprimidas en todo el mundo. Sin embargo, se vio asolada por contradicciones derivadas históricamente del atraso de Rusia y la devastación económica causada por una década de guerra mundial, levantamientos revolucionarios y guerra civil. Lo que es más fundamental, el desarrollo del socialismo dependía de la extensión de la revolución más allá de las fronteras de la Unión Soviética hacia los centros avanzados del capitalismo en Europa Occidental.

Pero el fracaso y la traición de las revoluciones a inicios de la década de 1920 —más trágicamente en Alemania en 1923— agravó el aislamiento de la Unión Soviética y profundizó sus contradicciones. La insuficiente producción implicaba necesariamente desigualdad. En su obra maestra de 1936 sobre la naturaleza de la Unión Soviética y el estalinismo, La revolución traicionada, Trotsky escribió: “Desde el comienzo y de forma directa, el Estado asume un carácter dual: de inclinación socialista, en la medida en que defienda la propiedad social de los medios de producción; burgués, en la medida en que los bienes vitales se distribuyen según una medida capitalista de su valor, junto con todas sus consecuencias”.

La burocracia que presidía esta distribución burguesa se convirtió en una casta privilegiada, cuya relación con la propiedad social era totalmente parasitaria. José Stalin se convirtió en el principal representante de esta capa social. El Estado obrero se degeneró bajo el peso de la burocracia, que orientó la política exterior y la planificación económica de la Unión Soviética en función de lo que concebía como sus intereses nacionales.

Stalin encubrió su política con la afirmación de que estaba construyendo el “socialismo en un solo país”, tejiendo sobre los intereses de la burocracia las telarañas del nacionalismo, pero su política autárquica socavó cada vez más el inmenso potencial de las relaciones sociales de las que se alimentaba la burocracia.

En función de estos fines, el estalinismo transformó a los partidos comunistas a nivel internacional en los aparatos de política exterior de la burocracia. Desplegó una estrategia conscientemente contrarrevolucionaria de instruir a los trabajadores de todo el mundo que aceptaran a un sector de la clase capitalista como progresista, disfrazando los intereses diplomáticos de la burocracia como la primera etapa de una “revolución en dos etapas”.

La matanza del Partido Comunista en China en 1927 y, de forma más catastrófica, el ascenso al poder de Hitler en Alemania en 1933 debilitaron a la clase obrera soviética y fortalecieron a la burocracia. La política exterior del régimen soviético estaba determinada, cada vez en mayor medida, por la valoración que Stalin hacía de los intereses nacionales de la burocracia. La defensa del privilegio burocrático llevó al Kremlin a establecer alianzas con el imperialismo y los regímenes burgueses. La formación de alianzas de “Frente Popular” de los partidos comunistas respaldados por la URSS con los partidos burgueses a mediados de la década de 1930 y, en 1939, la alianza de Stalin con Hitler demostraron el carácter contrarrevolucionario del estalinismo.

Trotsky luchó contra el crecimiento del burocratismo desde sus primeras etapas en 1923, oponiéndose al nacionalismo estalinista con la perspectiva de la Revolución Permanente. En 1933, cuando la política de Stalin facilitó el ascenso al poder de los nazis en Alemania, Trotsky llegó a la conclusión de que la burocracia no podía ser reformada y debía ser derrocada. Para ello organizó la Cuarta Internacional.

En La agonía del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional ( El programa de transición ), escrito en el momento de su fundación en 1938, Trotsky afirmó: “La URSS encarna, pues, terribles contradicciones. Pero sigue siendo un Estado obrero degenerado. Tal es el diagnóstico social. El pronóstico político tiene un carácter alternativo: o bien la burocracia, convirtiéndose cada vez más en el órgano de la burguesía mundial dentro del Estado obrero, derrocará las nuevas formas de propiedad y sumirá al país de nuevo en el capitalismo; o bien la clase obrera aplastará a la burocracia y abrirá el camino al socialismo”.

La perspectiva de Trotsky era la continuación del programa de la Revolución de Octubre, convocando a la clase obrera soviética a una revolución política para derrocar a la burocracia estalinista en defensa de las relaciones de propiedad socialistas y la revolución socialista mundial. Stalin respondió con mentiras, purgas, juicios amañados y asesinatos en masa.

El historiador soviético Vadim Rogovin, en su serie de siete volúmenes ¿Había una alternativa?, documentó minuciosamente los mecanismos de represión que Stalin desplegó para aplastar el trotskismo. Stalin ejecutó sistemáticamente a cientos de miles de personas, toda una generación de revolucionarios, en lo que Rogovin denominó “genocidio político”. Esta sangrienta ola de asesinatos culminó con el asesinato del propio Trotsky, en su exilio en Coyoacán, México, el 20 de agosto de 1940, a manos del agente estalinista Ramón Mercader.

El impacto de estos crímenes en la vida cultural e intelectual de la Unión Soviética, su clima político y su vitalidad de espíritu, fue incalculablemente devastador. La ferocidad de los asesinatos —un juicio de cinco minutos, un tiro en la nuca y una cuenta a los familiares— tenía un carácter fascistizante. La burocracia trató simultáneamente de exterminar el germen de la revolución y de rebajar la cultura de la clase obrera soviética al nivel de su propio filisteísmo.

Stalin murió en 1953. Tres años más tarde, Nikita Jruschov pronunció un “discurso secreto” en el XX Congreso del PCUS, denunciando algunos de los excesos de Stalin y el culto a su personalidad. Una tendencia oportunista que había roto con el trotskismo, el pablismo, dirigida por Michel Pablo y Ernest Mandel, aplaudió estos acontecimientos, afirmando que se podía presionar al estalinismo para que evolucionara en una dirección progresista. Tal desestalinización haría innecesario el trotskismo. Abandonaron la perspectiva de la Revolución Permanente y cualquier orientación hacia la clase obrera mundial, en favor de quedar como furgón de cola de la burocracia estalinista y presionarla “hacia la izquierda”.

La realidad desbarató repetidamente las ilusiones cultivadas por el pablismo. A los pocos meses de su discurso secreto, Jruschov envió tanques para aplastar la Revolución húngara.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional fue fundado en 1953 a partir de la defensa principista de la Revolución Permanente, en oposición a estas traiciones pablistas, afinando sus conocimientos sobre la naturaleza del estalinismo. La comprensión del CICI de la Revolución Permanente se profundizó aún más en la lucha que libró a principios de la década de 1980 contra las tendencias pablistas en el Workers Revolutionary Party (WRP) británico, cuya dirección se adaptó al nacionalismo burgués y a la política oportunista.

Los secuaces que finalmente heredaron el manto de Stalin —Brezhnev, Andropov, Gorbachov y los de su calaña— no tenían memoria de Octubre de 1917. Llevaban el sello del aparato, estaban marcados por su falta de escrúpulos y su mendacidad, y presidían un país políticamente lobotomizado por el estalinismo. La restauración del capitalismo en la Unión Soviética no habría sido posible de no ser por la desorientación política de la clase obrera, que había sido privada sistemáticamente del conocimiento de su propia historia y, sobre todo, del trotskismo.

En noviembre de 1989, en un discurso pronunciado en el Instituto de Archivos Históricos de Moscú, David North había advertido que la política de Gorbachov significaba “la restauración capitalista y un espantoso declive del nivel cultural y social de la Unión Soviética”. A espaldas de la clase obrera soviética, los apparátchiks de Gorbachov se deshicieron de las conquistas de la Revolución de Octubre, haciéndose de fortunas mientras exponían a los trabajadores a las depredaciones del capitalismo internacional. El resultado para la clase obrera soviética fue una catástrofe. Todas las medidas de bienestar social, incluida la esperanza de vida, cayeron en picado.

La restauración del capitalismo y la liquidación de la Unión Soviética fueron las traiciones finales llevadas a cabo por la burocracia estalinista. Estos crímenes confirmaron todas las advertencias urgentes de Trotsky y la Cuarta Internacional.

Cuando se bajó la bandera roja el 26 de diciembre y se izó en su lugar el emblema ruso zarista, la gorbimanía que se había apoderado de los medios de comunicación occidentales y de gran parte del mundo académico dio paso al triunfalismo burgués. Incapaces de prever la restauración del capitalismo, ahora que se había producido, ignoraron sus causas más profundas. Las potencias capitalistas occidentales celebraron la disolución de la URSS como si fuera el comienzo de una nueva era de democracia capitalista, libertad y progreso.

El CICI, basándose en el análisis sobre y la oposición del movimiento trotskista a la traición estalinista de la Revolución rusa, comprendió que el fin de la Unión Soviética no traería consigo un período de desarrollo capitalista pacífico. Todas las contradicciones del capitalismo mundial que dieron lugar a la Revolución rusa no solo persistían, sino que emergerían de forma aún más explosiva. Los problemas centrales a los que se enfrentó la clase obrera en el siglo veinte tendrían que resolverse en el siglo veintiuno.

Con base en esta perspectiva, las secciones del CICI formaron los Partidos Socialistas por la Igualdad a partir de 1995. En 1998, el CICI lanzó el World Socialist Web Site, que es hoy sin duda la voz de referencia del socialismo internacional.

Las últimas tres décadas se han caracterizado por una guerra interminable, el crecimiento de la desigualdad social a niveles históricamente sin precedentes, una serie de crisis económicas, la putrefacción de la democracia burguesa y el ascenso del fascismo. Desde hace dos años, una pandemia devastadora ha provocado, debido a las políticas criminales de los oligarcas capitalistas, la muerte de millones de personas y está alimentando un creciente estado de ánimo de ira y oposición en la clase obrera internacional.

La perspectiva elaborada por el CICI antes, durante y después de la disolución de la Unión Soviética ha sido reivindicada. Esta perspectiva, enraizada en toda la herencia del movimiento trotskista y marxista, es la base necesaria para la construcción en el seno de la clase obrera de una dirección política que ponga fin al capitalismo y realice, a escala mundial, el programa encarnado por la Revolución rusa.

(Publicado originalmente en inglés el 27 de diciembre de 2021)

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