[Primera parte] [Segunda parte]
El segundo volumen de las memorias de Yarotsky, “Kolyma dorada” (Zolotaya Kolyma), abarca sus experiencias en Kolyma, una región del norte de Siberia, que probablemente tenía los peores campos de trabajos forzados estalinistas. Montones de campos de presos se alineaban a lo largo del río Kolyma. Los presos trabajaban en minas de oro y talaban árboles, a menudo bajo temperaturas heladas, con ropa y comida insuficiente. Los presos morían por millares.
Como joven ingeniero en el ministerio de transporte (NKPS), Yarotsky fue víctima de la campaña de 1935 contra los ingenieros en ese ministerio. El jefe del ministerio, Kaganovich, a quien Yarotsky había admirado por su eficiencia y competencia, estaba a cargo de montar el ridículo caso contra sus trabajadores. Esto sucedió apenas meses tras el asesinato de Kirov el 1 de diciembre de 1934, que se volvió el pretexto para que Stalin lanzara el Gran Terror.
La base del arresto de Yarotsky da una idea del clima de la época: junto con otros ingenieros, Yarotsky había sido coautor de un artículo que pedía una mayor inversión en los trabajos de reparación de las vías férreas soviéticas. Habían calculado que el capital de las vías férreas estaba siendo usado mucho más rápidamente de lo que se había anticipado, y que invertir en reparaciones se había vuelto un asunto de urgencia para finales del segundo plan quinquenal. En particular, observaba que los trenes estaban siendo dañados por el uso excesivo. Muchos ingenieros altamente cualificados fueron arrestados en base a ese artículo, y casi todos ellos fueron asesinados o desaparecieron en los campos de trabajos forzados durante décadas.
En los siguientes meses y años, el NKPS, que tenía una importancia estratégica para los esfuerzos de la Unión Soviética para desarrollar una economía avanzada, se volvió, tras el Ejército Rojo, la institución soviética que el mayor número de víctimas individuales durante el Gran Terror.
Yarotsky fue arrestado el 10 de noviembre de 1935 y encerrado por “contrarrevolucionario” en la cárcel Butyrki de Moscú, que por entonces ya estaba llena de antiguos y actuales opositores que habían sido arrestados en masa tras el asesinato de Kirov. En abril de 1936, Yarotsky fue deportado a Kolyma en Siberia.
Aquí, él y miles de otros presos eran destinados a trabajar en minas en los depósitos de oro de la región. Pasó por las experiencias horrorosas del hambre, duros trabajos forzados bajo condiciones climáticas extremas, y la aterrorización y degradación de los presos políticos por los verdaderos criminales, asesinos y violadores a quienes la burocracia les permitía de facto gestionar los campos.
Describe las diferentes etapas de la supresión y ejecución específica de Viejos Bolcheviques y opositores socialistas del estalinismo, la Oposición de Izquierda.
Al llegar a Kolyma, fue testigo de una protesta de opositores trotskistas.
En los primeros días de junio [de 1936] unos cinco mil presos iban a ser llevados al Kolyma con otro barco. El grupo [etap] salió del campo en columnas de cuatro y se estaba moviendo hacia la bahía Zolotoi rog, donde tenían que abodar la nave. Cuando la columna pasó el centro de la ciudad, un grupo grande de leninistas, unos 200, se pusieron a cantar la Varshavianka [una famosa canción revolucionaria polaca-rusa]. Los guardias dispararon al aire, y obligaron a la columna a sentarse, pero aún sentados seguían cantando ‘La tromba enemiga vuela por encima de nuestras cabezas, Fuerzas oscuras nos oprimen…’, y luego, ‘Habéis sido víctimas en esta lucha fatídica’. Puedes imaginarte qué impresión causó la letra de esta gran canción revolucionaria; era tan adecuada para el momento actual: ‘Disteis todo lo que pudisteis por ella [la lucha] … — y caminasteis, haciendo sonar los grilletes’. Querían mostrarle al pueblo que eran los revolucionarios los que estaban siendo enviados a Kolyma, los que hicieron la revolución, y que no tenían miedo a morir por el pueblo y por la causa justa. (Pp. 153-154)
Yarotsky era profundamente consciente de que lo que estaba implicado en el Gran Terror era la destrucción y el silenciamiento de toda la tradición y el partido de la revolución:
El partido leninista era una unión de copensadores, el partido estalinista es un aparato para la realización de la voluntad del líder. Para esta época, se había vuelto necesario reemplazar todo el aparato de partido, el soviético, el militar y el económico con otras personas. Los que estaban acostumbrados a pensar, argumentar y expresar su pensamiento en congresos del partido, y a defender sus puntos de vista, no solo ya no eran necesarios, se habían vuelto dañinos y había que destruirlos. (p. 357)
El año 1937 fue el punto álgido del terror. Más allá de los que fueron arrestados, juzgados sin un debido proceso y fusilados en Moscú y otras ciudades, este año y el siguiene, 1938, vieron ejecuciones masivas de presos políticos —muchos de ellos Viejos Bolcheviques y Opositores de Izquierda— en los campos de trabajdos forzados.
Los extranjeros ahora también se habían vuelto blanco del terror. Yarotsky recuerda que comparía celda (fue enviado durante un breve período a la cárcel en 1937-1938 y luego de vuelta a Kolyma otra vez) con un piloto, Yavno, un judío polaco por sus orígenes que había huido de la Unión Soviética a principios de los ’20 y fue formado como piloto por parte del Ejército Rojo.
Fue arrestado como desertor. Había una directiva en la época: enviar a los campos de trabajos forzados a todos los que vienen del extranjero… También arrestaron a comunistas extranjeros, y a desempleados que habían huido de la Gran Depresión de principios de los ’30, gente que creía que la URSS era la patria de todos los obreros. Todo esto se hacía en nombre del partido que había creado Lenin bajo la bandera del internacionalismo y la hermandad de todos los pueblos. Si Stalin hubiera podido, habría arrestado también a John Reed por desertor. Si piensas en la destrucción del partido comunista polaco y el alemán antes de la guerra, que fue lograda no por los fascistas, sino por Stalin, no puedes evitar preguntarte si hubiera sido posible hacer más por desacreditar las ideas de la Revolución de Octubre que lo que se hizo. (p. 271)
Lo que más afligía a Yarotsky era, sin embargo, el destino de los Viejos Bolcheviques a quienes había admirado tanto en su juventud. Hacia el final de sus memorias, plantea la cuestión:
¿Por qué esa gente tuvo una muerte tan patética, por qué había protestas de las que nadía oía hablar, y huelgas de hambre de las que nadie se enteraba, la medida más extrema que jamás adoptaron? … La mayoría abrumadora, sobre todo los antiguos miembros de partido, era gente que en campos de concentración fascista hubiera organizado en seguida un movimiento clandestino de resistencia y, si hubieran muerto, habrían muerto como revolucionarios. ¿Cómo entonces se puede explicar una muerte tan patética … ?
Era el punto definitivo, final, de un camino que empezó con el miedo al arresto, la denuncia pública de los amigos de ayer, palizas durante interrogatorios, testimonios bajos y falsos contra uno mismo y contra camaradas, el esfuerzo de mostrar allí, ya después de haber cruzado la horrible línea al otro lado de la vida soviética, para mostrar que todavía puedo controlarme a mí mismo, que estoy preso por un malentendido, y esta era su actitud hasta el último grito y la última paliza.
Había excepciones, había gente que entendía el rumbo de la historia e iba a su muerte con la cabeza en alto, pero ni siquiera ellos podían cruzar la línea y pasar a un levantamiento armado contra un gobierno que ellos todavía consideraban suyo. (págs. 315-317)
Aunque el comentario de Yarotsky es muy serio, no llega a ser una explicación genuina.
Que no se hubiera dirigido una resistencia efectiva contra el terror de la burocracia estaba, sobre todo, ligado al desarrollo de la revolución mundial. Fue este retraso de la revolución, combinado con el desarrollo atrasado de la economía rusa predominantemente agrícola, lo que llevó, en los primeros años de la revolución, al surgimiento de la burocracia. El programa del “socialismo en un solo país”, que se oponía directamente a los cimientos de la revolución de 1917, daba la plataforma para la defensa de los intereses de la burocracia.
La derrota de la revolución en Alemania, Inglaterra, China, y luego España en los ’20 y los ’30 fue en una medida significativa producida por las políticas oportunistas y nacionalistas de la dirección estalinizada de la Internacional Comunista.
La desmoralización resultante no solo de la internacional sino también del proletariado soviético fue un factor importante en todos los desarrollos de la Unión Soviética de los ’30. Trotsky notó en esa época que un resurgir de la lucha de clases a nivel internacional hubiera tenido un impacto poderoso en la consciencia de las masas soviéticas. La perspectiva de la victoria de la revolución en Alemania u otro país habría roto el sentido de aislamiento y acorralamiento y habría animado a la clase obrera soviética a librar la lucha contra la odiada burocracia soviética.
Ciertamente, aunque fue posibilitado por el triunfo temporal de la reacción capitalista, el Gran Terror hundía sus raíces, en última instancia, en la debilidad profunda de la burocracia soviética. Se encontraba constantemente amenazada por la clase trabajadora soviética, la extensión potencial de la revolución, y las tradiciones revolucionarias de 1917.
Esto también explica por qué Yarotsky estaba entre los que eran el objetivo del terror. Aunque no era dirigente bolchevique, ni trotskista y ni siquiera miembro del Partido Comunista, Yarotsky era parte de una generación que había pasado por la experiencia de la revolución. Las tradiciones del bolchevismo y del marxismo habían dejado una huella profunda en este estrato.
El objetivo primario del terror era la vanguardia trotskista-socialista de la oposición al estalinismo. Con muy pocas excepciones, fueron asesinados. Fue, como el historiador soviético Vadim Rogovin los llamó adecuadamente, “un genocidio político”. Pero este proceso de contrarrevolución política y aniquilación significó no solo que los trotskistas y miles de socialistas de la Unión Soviética y del extranjero tenían que ser asesinados. Todos los que habían sido testigos de la cultura y tradiciones revolucionarias que habían posibilitado la revolución de 1917 y la Oposición de Izquierdas de Trotsky tenían que ser asesinados y silenciados. El terror, como dijera Varlam Shalamov, perseguía a todos los que se acordaban de “la parte equivocada de la historia rusa”.
Las memorias de Yarotsky son una poderosa demostración de que, a pesar de esta feroz reacción estalinista contra la revolución de 1917, la influencia de la Revolución de Octubre y la lucha de la Oposición de Izquierda en la clase obrera y la intelectualidad soviéticas, aunque distorsionada y mal comprendida, siguió siendo inmensa y profunda. La consciencia histórica de estas luchas monumentales, aunque seriamente dañada, el estalinismo no podía borrarla enteramente. Esto lo muestran claramente las circunstancias bajo las cuales Yarotsky escribió sus memorias, en las dos últimas décadas de la Unión Soviética.
A finales de los ’40 en Kolyma, Yarotsky se reunió con una serie de figuras que estaban conectadas con el principal crítico literario de la Oposición de Izquierda, Alexander Voronsky. Entre ellos estaba Varlam Shalamov, a quien ahora se le reconoce de manera generalizada como uno de los más grandes escritores de Rusia sobre Kolyma. En 1926-1927, Shalamov, aunque no era miembro del partido, era simpatizante de la Oposición de Izquierda, y fue arrestado por repartir octavillas de la Oposición. Las concepciones literarias de Shalamov habían sido influidas fuertemente por Voronsky y luego dijo que sus Historias de Kolyma eran una “bofetada en la cara del estalinismo”.
Yarotsky también se encontró con la hija de Voronsky, Galina Voronskaya, y su esposo, Ivan Isaev, en Kolyma. Todos ellos seguirían siendo amigos durante las décadas siguientes, mantuvieron correspondencia y escribieron sus memorias sobre su experiencia.
Como comenta la intelectual literaria Nina Malygina en su introducción a las memorias de Yarotsky, un modelo de rol significativo de todos ellos fue la autobiografía semificticia de Voronsky, Za zhivoi i mertvoi vodoi, que Galina Voronskaya consiguió publicar en la Unión Soviética en los ’70. Escrito en los ’20, el libro inspiró a jóvenes miembros de la Oposición de Izquierda en su momento, y los familiarizó no solo con la historia del Partido Bolchevique sino también con los métodos del trabajo conspirativo que, anteriormente utilizados bajo el zarismo, habían vuelto a ser un asunto necesario para la tendencia revolucionaria bajo el estalinismo.
Yarotsky escribió sus memorias desde 1967 y durante los años ’70, en una época en la que el régimen de Brezhnev había rehabilitado a Stalin. Sectores significativos de la intelectualidad, sobre todo los llamados “disidentes”, se desplazaron abruptamente a la derecha durante esta época, después de la invasión y aplastamiento de la Primavera de Praga en Chevoslovaquia en 1968 por parte del Pacto de Varsovia. Por entonces muchos se desmarcaron completamente del socialismo y la herencia de la Revolución de Octubre.
Las memorias de Yarotsky son más pruebas de que, aunque los sectores cada vez más anticomunistas del movimiento disidente dominaban las percepciones de las corrientes intelectuales de la Unión Soviética, seguían existiendo tendencias genuinamente izquierdistas, pero eran empujadas a la ilegalidad y la burocracia las reprimía con la mayor ferocidad. A menudo fueron incapaces de publicar sus obras y memorias hasta justo antes de la disolución de la Unión Soviética, o después de esta.
El propio Yarotsky fue rehabilitado en septiembre de 1956, pero recibió las revelaciones limitadas de los crímenes de Stalin por parte de Nikita Jrushchev en su “discurso secreto” con gran escepticismo. Como muchos trabajadores e intelectuales socialistas durante el Deshielo, Yarotsky sintió que un “regreso al verdadero Lenin” era necesario, pero, sin vínculos con la Cuarta Internacional que Trotsky había fundado en 1938, no entendió cómo eso se podía lograr. En una carta a Shalamov de diciembre de 1961, escribió:
No estoy convencido de que el culto a la personalidad no se limitará a la transferencia de cenizas y la remoción de Kaganovich y unos pocos más. Si ellos reconstruyeran el Estado como [Vladimir] Ilich [Lenin] exigió en su libro “El Estado y la revolución”, entonces yo diría que el culto a la personalidad ha sido eliminado. (Citado en las págs. 38-39)
Al final de sus memorias, comentó:
Como todos los aspectos de las políticas de Jrushchev en esta cuestión [la revelación de los crímenes del estalinismo], todo estaba a medio hornear, todo era contradictorio, había medias verdades, sin conclusiones ni generalizaciones. Jrushchev ni siquiera publicó su informe al XX Congreso, desbancó el ídolo del estalinismo pero enseguida levantó el suyo propio. No hizo nada por cambiar los cimientos de la sociedad, y se limitó a reformas muy superficiales, antes de caer víctima de una intriga palaciega que hubiera sido impensable en un país democrático. (p. 359)
Estos comentarios son un testimonio notable del hecho de que una oposición izquierdista a la burocracia estalinista existía en la Unión Soviética de posguerra, aunque siguió sin tener programa ni organización. Ciertamente, la gran tragedia de Yarotsky y su generación fue que a pesar de su firme compromiso con la Revolución de Octubre y su odio al estalinismo, no tuvieron contacto con el programa del trotskismo y la Cuarta Internacional.
Este crimen histórico fue resultado no solo del estalinismo sino del revisionismo pablista, una tendencia que surgió dentro de la Cuarta Internacional. Al rechazar el análisis de Trotsky del papel contrarrevolucionario del estalinismo, los pablistas trabajaron para promover ilusiones en una supuesta “izquierda” de la burocracia —que incluía a Jrushchev— y liquidar el trotskismo en ella. Esta orientación ayudó a los esfuerzos del estalinismo por apartar a los cuadros de la Cuarta Internacional de figuras como Yarotsky y muchos otros en Europa del Este y la Unión Soviética que estaban buscando claramente una base socialista sobre la cual defender a Octubre y luchar contra la burocracia.
Este aislamiento forzoso de los socialistas en la URSS solo fue roto a finales de los ’80 y principios de los ’90. Al expulsar a los pablistas de la Cuarta Internacional en la escisión con el WRP en 1985-1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional pudo intervenir directamente en la crisis del estalinismo. Sus dirigentes viajaron a la Unión Soviética y establecieron contacto directo con jóvenes y trabajadores. La más importante de estas relaciones fue la que se estableció entre el CICI y Vadim Rogovin, quien había trabajado durante muchos años, aislado, por establecer el registro histórico de la lucha de la Oposición de Izquierda contra el estalinismo, y consiguió entonces escribir una historia en siete volúmenes de esa lucha.
Para entonces, desgraciadamente, Yarotsky —que murió en 1983— ya no vivía. Muy consciente de que sus memorias no verían la luz del día en la Unión Soviética mientras viviera, con todo se negó a hacerlas publicar en Occidente, temiendo que los anticomunistas abusaran de ellas. Sin embargo, persistió en la convicción de que al final encontrarían su público en Rusia, aunque tomara muchos años.
No se equivocó. La publicación de sus memorias en Rusia muchas décadas más tarde es un indicio de que, a pesar de los crímenes monumentales del estalinismo, que llevaron a la restauración del capitalismo y toda la confusión resultante, hay un interés significativo y serio dentro de amplios estratos de la población en las grandes cuestiones históricas del siglo XX.
La nieta de Voronsky, Tatiana Isaeva —quien lleva muchos años trabajando por recuperar sus manuscritos y los publicó por su cuenta por primera vez— así como Nina Malygina, merecen un gran reconocimiento por el servicio prestado a los trabajadores, intelectuales y jóvenes de Rusia y del mundo. La edición de 2021 del segundo volumen de las memorias de Yarotsky está presentablemente editado, e incluye cuidadosas notas a pie de página así como una introducción de Malygina que coloca la obra en su contexto literario e histórico más general.
En condiciones de la guerra por delegación de la OTAN contra Rusia en Ucrania, y una criminalización constante, reaccionaria e ignorante del pueblo ruso, la historia rusa y la cultura rusa, la traducción de las memorias de Yarotsky para un público internacional más amplio reviste la mayor urgencia. Pueden desempeñar un papel significativo en reconectar nuevas generaciones de socialistas con las grandes tradiciones históricas del movimiento socialista y la intelectualidad de Rusia, mientras luchan por la finalización de la revolución socialista mundial en el siglo XXI.
(Publicado originalmente en inglés el 3 de mayo de 2022)
