En un discurso ante la Asamblea Federal el 21 de febrero, el presidente ruso Vladimir Putin anunció que Rusia suspendería su participación en el tratado de control de armas nucleares Nuevo START de 2011. El tratado, que preveía una reducción del 50% del número de lanzadores de misiles nucleares estratégicos y un régimen de inspecciones bilaterales, era el último tratado de control de armas que quedaba en vigor entre Rusia y Estados Unidos, las dos mayores potencias nucleares del mundo.
En defensa de su decisión, Putin señaló que la OTAN había planteado de facto un ultimátum a Moscú a principios de febrero, exigiendo que Rusia permitiera a EEUU reanudar las inspecciones de armas nucleares como parte del Tratado. Putin declaró: 'Sabemos que Occidente está directamente implicado en los intentos del régimen de Kiev de atacar nuestras bases aéreas estratégicas. Los drones que se utilizan para estos ataques fueron equipados y mejorados con la ayuda de expertos de la OTAN. ¿Y ahora quieren inspeccionar también nuestros objetos de defensa? En las condiciones actuales del conflicto, esto simplemente parece un disparate'.
Putin también declaró que el Ministerio de Defensa ruso y Rosatom 'deben garantizar su preparación para las pruebas de las armas nucleares rusas. Por supuesto, no seremos los primeros en hacerlo, pero si EE.UU. realiza pruebas, nosotros también las realizaremos. Nadie debe hacerse la peligrosa ilusión de que la paridad estratégica global [en arsenal nuclear] puede ser destruida'.
El discurso de Putin, aunque programado con semanas de antelación, se produjo pocas horas después de que el Presidente Joe Biden completara una gira muy provocadora por Kiev, donde se reunió con el Presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y prometió que EE.UU., que ha gastado decenas de miles de millones de dólares en el ejército ucraniano sólo durante el último año, estaba comprometido con la guerra 'todo el tiempo que haga falta'.
A pocos días del primer aniversario del comienzo de la guerra, la visita de Biden no dejó lugar a dudas sobre el carácter de esta guerra: es una guerra librada por la OTAN contra Rusia, en la que las fuerzas armadas ucranianas, dirigidas y armadas por la OTAN, no son más que un apoderado. Con la preocupación generalizada por el estado de crisis del ejército ucraniano, un año después de iniciada la guerra, Washington señaló con la visita de Biden que está dispuesto a financiar y continuar la guerra contra Rusia, pase lo que pase.
Dado el carácter extraordinariamente provocador de la visita de Biden, el discurso de Putin subrayó, sobre todo, la base de absoluta bancarrota sobre la que la oligarquía rusa ha conducido esta guerra. Putin dedicó gran parte del discurso a lamentar el hecho de que la OTAN y Estados Unidos, a los que volvió a llamar 'nuestros socios', hubieran seguido expandiéndose hasta las fronteras de Rusia y preparándose para la guerra a pesar de los constantes esfuerzos de los oligarcas rusos por encontrar un compromiso y una base de colaboración.
Habiendo surgido de la traición nacionalista de la burocracia soviética a la revolución de octubre, que culminó en la destrucción de la Unión Soviética en 1991, el régimen de Putin invadió Ucrania el año pasado, basándose en la concepción en bancarrota de que la guerra obligaría a las potencias imperialistas a negociar con los oligarcas rusos. Pero, en lugar de ello, la invasión fue vista como un regalo por las potencias imperialistas, que desde hace tiempo han tratado de provocar esta guerra, y desde entonces han aprovechado todas las oportunidades para intensificarla y ampliarla, decididas a provocar la derrota completa de Rusia y facilitar así una operación de cambio de régimen en Moscú y la desintegración del país.
El Kremlin, que no estaba preparado para una guerra prolongada, se ha esforzado desde entonces por mantener incluso los territorios ocupados en las primeras semanas de la guerra. Con una nueva ofensiva en curso, en la que participan decenas de miles de soldados recién movilizados, las ganancias territoriales de Rusia han seguido siendo mínimas. Mientras tanto, el número de bajas en ambos bandos es terriblemente alto, y se calcula que el número de muertos y heridos tanto en el ejército ruso como en el ucraniano asciende a cientos de miles.
En un indicio de que la guerra económica de años de duración de las potencias imperialistas contra Rusia, que se intensificó drásticamente el año pasado, está pasando una grave factura a la población, durante aproximadamente la mitad de su discurso Putin hizo demagogia social y nacionalista. Como resultado de la guerra de sanciones, ramas enteras de la industria que estaban estrechamente integradas en la economía mundial, sobre todo la automovilística, han quedado en ruinas, y Rusia ha quedado aislada casi por completo de la industria de semiconductores, que es fundamental para el funcionamiento de cualquier economía (y ejército) modernos. Sin embargo, Putin dio la imagen de una economía que había superado con éxito una crisis supuestamente menor y que ahora se preparaba para volver más fuerte que nunca. También intentó, una vez más, presentarse como enemigo de los oligarcas, a pesar de que todo su régimen está dedicado a la defensa de esta criminal clase dominante.
Sin embargo, la principal estrategia de Putin, para difuminar y desorientar el descontento popular, consiste en la promoción de las peores tradiciones del chovinismo gran ruso. Como en discursos anteriores, citó al oficial zarista Piotr Stolypin, que dijo: 'En la defensa de Rusia, todos debemos unirnos, coordinar nuestros esfuerzos, nuestros deberes y nuestros derechos para defender un derecho histórico supremo: el derecho de Rusia a ser fuerte'.
Cualquiera que sea la reaccionaria combinación de quejas y apelaciones a las potencias imperialistas, y los esfuerzos para azuzar el nacionalismo por parte del régimen oligárquico de Putin, la OTAN y los EE.UU. siguen trabajando para escalar y expandir rápidamente la guerra.
En un discurso de 20 minutos pronunciado también el martes en Varsovia, capital de Polonia, Biden repitió en gran medida la misma propaganda de guerra que ha estado saliendo de la Casa Blanca y sus medios de comunicación afiliados durante el último año: denunció 'la guerra de Putin', elogió a los 'patriotas' y 'héroes' que están 'defendiendo Ucrania' —una capa sustancial de los cuales son neonazis declarados— e insistió en que las 'democracias' permanecerían unidas en la lucha contra la 'autocracia'.
La nauseabunda hipocresía del discurso de Biden quedó subrayada por el propio escenario en el que se pronunció: Biden habló invitado por el partido gobernante polaco de extrema derecha Ley y Justicia (PiS), que ha desempeñado un papel central en la ofensiva de la OTAN contra Rusia y está infestado de elementos fascistas y antisemitas. En sus casi ocho años de gobierno, el PiS ha prohibido la libertad de expresión y la investigación sobre el papel del antisemitismo polaco en el Holocausto dirigido por los nazis, ha abolido de hecho el derecho al aborto y un poder judicial independiente, y ha tomado medidas drásticas contra los derechos de las personas LGBTQ+.
Quizá el aspecto más significativo del discurso de Biden fue su llamamiento abierto a la derecha nacionalista y anticomunista polaca, a la oposición pro-OTAN de Bielorrusia y al gobierno pro OTAN de Moldavia. Biden elogió a los 'valientes líderes de la oposición y al pueblo de Bielorrusia', refiriéndose a la oposición respaldada por la OTAN en torno a Svetlana Tijonovskaya. Al igual que en Rusia y otros antiguos países soviéticos, Estados Unidos ha estado trabajando para lograr un cambio de régimen en Bielorrusia. Gobernada por el dictador autoritario Alexander Lukashenko, Bielorrusia es ahora el único aliado que le queda a Rusia en Europa del Este y está a punto de verse arrastrada de lleno a la guerra de Ucrania.
Biden también destacó el papel de Moldavia, un minúsculo país de 3,6 millones de habitantes situado entre Rumanía, miembro de la OTAN, y Ucrania. Una parte de Moldavia fronteriza con Ucrania, Transnistria, está gobernada por separatistas apoyados por Rusia y acoge a 1.500 soldados rusos. El país ha reivindicado durante mucho tiempo un estatus neutral consagrado constitucionalmente. Sin embargo, bajo su actual presidenta, Maia Sandu, Moldavia se ha puesto del lado de la OTAN en la guerra contra Rusia. El gobierno de Sandu está debatiendo abiertamente el ingreso en la OTAN, a pesar de las advertencias del Kremlin de que Rusia respondería militarmente a tal alineamiento. Sandu estuvo presente durante el discurso de Biden en Varsovia y el presidente estadounidense la elogió: 'Estoy orgulloso de estar con usted y con el pueblo amante de la libertad de Moldavia'. Un aplauso para ella'.
Tras la cortina de humo de la retórica sobre la 'democracia' y la 'libertad', las potencias imperialistas, basándose en gran medida en fuerzas fascistas y ultranacionalistas, están preparando una escalada y una expansión geográfica de la guerra en Ucrania, que amenaza con envolver pronto a toda Europa del Este y podría desembocar en una catástrofe nuclear.
(Publicado originalmente en inglés el 22 de febrero de 2023)
