El informe 'Tendencias del gasto militar' del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés) para 2022 es un documento escalofriante, que describe los nubarrones de una tercera guerra mundial.
Un gasto militar global de más de 2,2 billones de dólares —el nivel más alto jamás registrado por la organización— muestra que los gobiernos del mundo se están preparando para un conflicto a una escala nunca vista desde 1945.
Los arsenales combinados de artillería y tanques, aviones de combate y bombarderos, buques de guerra y misiles, incluidas las armas nucleares, son suficientes para arrasar la sociedad varias veces. Y se están preparando para la acción.
El gasto militar aumentó un 3,7% en términos reales durante 2021, la mayor subida en 30 años, a pesar de las altas tasas de inflación. El SIPRI escribe: 'Sin ajustar por la inflación, el gasto creció un 6,5 por ciento en 2022, el mayor aumento nominal interanual del gasto militar mundial desde 2010'.
El gasto de Estados Unidos, de $877.000 millones —el 39% del total mundial, tres veces más que el gasto de China, que ocupa el segundo lugar— confirma el lugar de Washington como el principal belicista e instigador de agresiones militares del mundo.
Pero, con diferencia, el aumento más rápido del gasto (13%) se registró entre los aliados de Estados Unidos en Europa. En el centro de dos guerras mundiales, el continente se está convirtiendo de nuevo en un campo armado.
La escala de la guerra por poderes que libra la OTAN contra Rusia a través de Ucrania es enorme. El propio gasto militar de Ucrania para 2022 catapultó al país del 36º mayor presupuesto de las fuerzas armadas en 2021 al 11º mayor en 2022, con $44.000 millones, el 34% de su PIB anual. Pero esto es sólo la mitad de la historia.
SIPRI dice que no es capaz de proporcionar 'una evaluación precisa de la cantidad total de ayuda militar financiera a Ucrania,' dando una estimación de 'al menos $30 mil millones en 2022.' El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, anunció este mes que la cifra nominal actual superaba los $70.000 millones.
Cualquiera que sea la cifra más cercana a la verdad para 2022, el presupuesto militar de Ucrania el año pasado no sólo superó a todas las potencias de la OTAN excepto EE.UU., sino que fue al menos cercano y potencialmente significativamente superior al presupuesto de $86,4 mil millones de Rusia, incluso después del propio aumento del 9,2 por ciento de Moscú.
La pertenencia de facto de Ucrania a la OTAN está aquí detallada en dólares y céntimos, con el anuncio de Stoltenberg el pasado viernes de la intención de la alianza imperialista de formalizar esta relación.
Las sumas de dinero implicadas son asombrosas. Los presupuestos militares de Europa Central y Occidental ascendieron a un total de $345.000 millones, un 30% más que hace una década y superando el nivel de 1989, al final de la Guerra Fría. Una riqueza que podría aliviar muchas de las peores crisis que afectan a la civilización humana se gasta cada año en preparar guerras que amenazan con acabar con su existencia en un Armagedón nuclear.
Los aumentos registrados hasta ahora son sólo un anticipo de lo que está por venir, a medida que cada país se ve arrastrado cada vez más de lleno a la vorágine.
Suecia y Finlandia, recientemente incorporadas a la alianza de la OTAN, y Polonia y Lituania, en primera línea, aumentaron el gasto militar al menos un 10% el año pasado, hasta un 36% en el caso de Finlandia. Los países bálticos y Polonia se han comprometido a gastar entre el 2,5% y el 4% del PIB en sus fuerzas armadas en un plazo de dos años.
Las principales potencias imperialistas europeas están siguiendo su ejemplo.
Los planes del presidente francés Emmanuel Macron, anunciados en enero, de aumentar el gasto militar en un tercio, llevando el gasto del PIB al 2 por ciento en 2025, por un total adicional de €413 mil millones.
Alemania, que también se ha comprometido a alcanzar el 2% del PIB, ya ha reservado un enorme fondo adicional de €100.000 millones, equivalente a todo su presupuesto militar durante casi dos años, para modernizar sus fuerzas armadas.
Constantemente surgen demandas para que los gobiernos vayan más rápido, ya sea por parte de Washington, que insta a las potencias europeas a que arrimen el hombro en las guerras lideradas por Estados Unidos, o por parte de representantes de la élite dirigente europea, como Macron, que insisten en la necesidad de una 'autonomía estratégica' respecto a Estados Unidos para perseguir agresivamente sus propios objetivos.
Refiriéndose a la promesa de los miembros de la OTAN de un gasto militar del 2 por ciento del PIB, Stoltenberg dijo a Die Welt: 'Espero que hagamos una nueva promesa sobre el gasto en defensa cuando nos reunamos en Vilnius en la cumbre de la OTAN en julio de este año... Espero que haya una promesa más ambiciosa porque todo el mundo ve que tenemos que invertir más'.
Advirtiendo de que Europa se enfrenta a una 'vasallización' a manos de Estados Unidos, el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores pidió este mes a Europa que 'Despliegue fuerzas de Europa occidental en el este en mayor número, ofreciéndose a sustituir a las fuerzas estadounidenses en algunos casos'; 'Persiga una mayor capacidad militar europea y una mayor capacidad para actuar de forma autónoma, tanto dentro como fuera de la OTAN' y que 'Considere una disuasión nuclear europea'.
La guerra con Rusia amenaza ya con un enfrentamiento directo entre potencias armadas con varios miles de cabezas nucleares. Pero las ambiciones imperialistas de Estados Unidos y las potencias europeas también están puestas en China, poseedora del tercer arsenal nuclear más grande del mundo después de Estados Unidos y Rusia.
Espoleada por la agresión liderada por Estados Unidos contra China a causa de Taiwán, Asia fue la segunda región en la que más creció el gasto militar en 2022, después de Europa. Los presupuestos militares en Asia y Oceanía crecieron un 2,7% el año pasado hasta alcanzar los $575.000 millones, lo que supone un aumento del 45% en la última década. China y los aliados de EE.UU., India y Japón, encabezaron la lista con aumentos del 4-6 por ciento.
El imperialismo japonés, al igual que el alemán, se está remilitarizando hasta un punto que antes no se consideraba políticamente posible, dados los horrores infligidos por sus ejércitos a la población mundial durante la Segunda Guerra Mundial. Japón también está preparando sus fuerzas armadas para la guerra con las mismas naciones que invadió con tan horrendas consecuencias hace tan sólo una vida.
El retorno de la carrera armamentística que caracterizó la mayor parte del siglo XX apunta a la reaparición de la misma cuestión que llevó al mundo a la catástrofe en 1914 y 1939: ¿quién dominará el mundo, tanto económica como estratégicamente?
La crisis existencial del imperialismo estadounidense -sus explosivas tensiones internas y su menguante supremacía económica mundial- ha provocado una interminable serie de guerras e intervenciones imperialistas destinadas a invertir su suerte que ahora se ha intensificado hasta el punto de una confrontación directa junto a sus aliados con Rusia y China.
En todas partes, los objetivos bélicos de la clase dominante dependen de un asalto a los niveles de vida de la clase trabajadora. Los aumentos del gasto militar del año pasado se produjeron mientras la subida de los precios provocaba una caída sin precedentes de los salarios reales: un 2,2% en todo el G20 sólo en los seis primeros meses de 2022, según la Organización Internacional del Trabajo. La inflación también está siendo utilizada por los gobiernos para erosionar el valor real del gasto social en servicios como la sanidad, la educación y las ayudas sociales.
Estos recortes están empujando a millones de trabajadores a las huelgas y protestas, a las que las élites gobernantes responden con un giro hacia formas dictatoriales de gobierno, como la promulgación por Macron de recortes de pensiones por decreto y la represión policial de las protestas.
En todas partes, la clase obrera internacional se está lanzando de cabeza a la lucha contra los Estados capitalistas del mundo, sea cual sea el color de sus gobiernos. Como explicaron las secciones europeas del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) en su declaración de febrero, el estallido de huelgas y protestas en todo el continente es de 'carácter incipientemente anticapitalista, antimilitarista y socialista', lo que indica el surgimiento de una situación objetivamente revolucionaria.
El auge global de la lucha de clases proporciona la única base para oponerse y poner fin a la escalada bélica. Pero se requiere un trabajo paciente de educación política, explicando a los trabajadores la gravedad de la situación y la conexión entre los planes de guerra de la clase dominante en el extranjero y la contrarrevolución social en casa, para construir un movimiento de masas contra la guerra sobre esta base.
El mitin del CICI del Primero de Mayo del domingo ha sido convocado para abordar la 'cuestión estratégica crítica' de fusionar 'el movimiento en desarrollo de la clase obrera con la oposición a la guerra imperialista'. Su urgencia se ve subrayada por el desenfreno militarista que ya está en marcha.
(Publicado originalmente en inglés el 26 de abril de 2023)
