A veces un individuo hace una declaración que resume el pensamiento de toda una clase social. Eso fue lo que ocurrió con los comentarios el martes del especulador inmobiliario multimillonario Tim Gurner durante un evento inmobiliario del Australian Financial Review.
En sus declaraciones, que fueron ampliamente compartidas y condenadas en redes sociales, Gurner identificó lo que considera el “problema” fundamental causado por la pandemia de COVID-19. No se trata de los 25 millones de personas que han fallecido ni los millones más que están sufriendo secuelas debilitantes.

Por el contrario, según Gunter, “Considero que el problema que hemos tenido es que la gente decidió que realmente no querían trabajar tanto durante el COVID y eso dio un golpe masivo a la productividad”.
Atacando a los trabajadores de la construcción que enfrenta todos los días en su negoción inmobiliario de $10 mil millones, Gurner dijo que “definitivamente han recortado su productividad. Les pagaron mucho para hacer poco en los últimos años y necesitamos cambiar eso”.
La afirmación de que a los trabajadores les “pagaron mucho para hacer poco” es una mentira absurda y un autoengaño. Según la Organización Internacional del Trabajo, los salarios en todo el mundo fuera de China cayeron 1,4 por ciento en 2022, en medio de un aumento meteórico del costo de vida que erosionó los niveles de vida de los trabajadores. En cuanto a “hacer poco”, la pandemia de COVID-19 significó la muerte de la semana de 40 horas, ya que entró a regir la norma de semanas de 50 horas en la industria automotriz y de 70 horas entre los ferroviarios y estibadores.
“Necesitamos recordarles a las personas que trabajan para un patrón y no al revés”, continuó Gurner. “Ha habido un cambio sistemático en el que los empleados consideran que el patrón tiene la gran suerte de tenerlos, cuando debería ser al revés. Así que es una dinámica que debe cambiar”.
La propuesta de Gurner para resolver el problema de que la clase trabajadora se rehúsa a aceptar su estatus de esclavos asalariados es simple: “Necesitamos infligir dolor a la economía”. Esto incluye “despidos masivos”, que ya comenzaron y que permitirán tener “menos arrogancia en el mercado laboral”. Añadió: “Necesitamos ver que el desempleo crezca; el desempleo debe dispararse a 40 o 50 por ciento, en mi punto de vista”.
En todo el mundo, hay 220 millones de personas desempleadas. Gurner quiere que esa cifra aumenta 110 millones, lo que implicaría un sufrimiento inconmensurable por el hambre, la malnutrición, el abuso de sustancias y la destrucción de hogares que conlleva el desempleo masivo.
Tras una explosión de ira en línea, Gurner ha declarado desde entonces que “lamenta profundamente” sus comentarios. Esta declaración poco sincera quizá estuviera motivada por el hecho de que, en el pasado, un desahogo semejante ha animado a levantar la guillotina.
Gurner, cuyo patrimonio personal se estima en 929 millones de dólares australianos (600 millones de dólares estadounidenses), no se manifestó solo en calidad personal. En sus comentarios, pronunciados con toda seriedad, estaba dando voz a las opiniones de toda la clase capitalista, que está utilizando el desempleo masivo como ariete para asegurarse de que los salarios de los trabajadores sigan cayendo estrepitosamente.
Su recomendación de que el “problema” de arrogancia de la clase obrera debe remediarse con el desempleo masivo es, aunque quizás lo haya expresado más directamente, la política de los bancos centrales de todo el mundo. En agosto de 2022, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, declaró que la pandemia del COVID-19 había creado un mercado laboral “desequilibrado”, y que reducir la inflación requeriría “dolor”.
La aplicación de “dolor” está ocurriendo en todas las industrias y países. Si los trabajadores estadounidenses del sector automotor quieren saber lo que piensan realmente los directores ejecutivos como Mary Barra y Jim Farley, solo tienen que ver el vídeo de un minuto de las declaraciones de Gurner. La patronal automotriz planea crear un desempleo masivo mediante el cambio a los vehículos eléctricos, que requieren mucha menos mano de obra. Los salarios y las prestaciones de las fábricas de baterías de autos eléctricos se reducirán incluso por debajo del nivel de la mano de obra temporal y a tiempo parcial de GM, Ford y Stellantis.
Y detrás de las empresas automotrices están los grandes bancos y la oligarquía financiera en su conjunto, que tienen el látigo en la mano. Ellos dictan las políticas en todas las industrias y controlan a sus servidores políticos en el Gobierno de Biden y en los regímenes capitalistas de todo el mundo.
La política de la clase dominante de recortar puestos de trabajo y niveles de vida e imponer condiciones de explotación cada vez más brutales tiene amplias implicaciones sociales y políticas. Estas medidas no pueden imponerse democráticamente. Requieren la intervención directa del Estado para reprimir o aplastar las luchas de la clase obrera. La Administración de Biden dio una muestra inicial de esto con su intervención en diciembre para prohibir una huelga de los trabajadores ferroviarios e imponerles un contrato que muchos de ellos ya habían votado en contra.
En un país tras otro, los gobernantes capitalistas están avanzando hacia la represión de masas y la dictadura y construyendo movimientos autoritarios y fascistas que sirvan como instrumentos para atacar los derechos democráticos. En Estados Unidos esto se personifica en la transformación del Partido Republicano bajo la égida de Donald Trump. Se desarrollan fuerzas similares en Alemania (la AfD), en Francia (el partido de Marine Le Pen), en Italia (la fascista Giorgia Meloni es ahora primera ministra) y en muchos otros países.
A principios de este año, la serie de televisión Succession retrató a una familia multimillonaria de la industria mediática —una versión apenas ficticia de Rupert Murdoch y su imperio Fox News— que recurre a impulsar a políticos fascistas para hacer valer sus intereses de clase. Con los comentarios de Gurner, uno no está seguro de si se trata de un caso de arte imitando a la vida o al revés.
Como lo señaló David North, presidente editorial del World Socialist Web Site, en Twitter (X): “Si se me permite parafrasear a Trotsky, 'No todo empresario puede ser un Hitler, pero hay un poco de Hitler en todo empresario'. Gurner dice abiertamente lo que los jefes de las empresas se dicen en privado. Da voz a los intereses de la clase dominante que financian el fascismo y los campos de exterminio”.
Tim Gurner no habló de las implicaciones políticas de su apoyo a las políticas de guerra de clases. Pero los trabajadores no deben equivocarse: entre bastidores, la clase capitalista en Australia, Estados Unidos y en todo el mundo está preparando medidas de carácter dictatorial dirigidas a recortar los puestos de trabajo, el nivel de vida y los derechos sociales de los trabajadores. La clase obrera debe prepararse como tal.
(Publicado originalmente en inglés el 14 de septiembre de 2023)
