El viernes, Estados Unidos vetó una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pidiendo un alto al fuego en Gaza, oponiéndose a todos los demás miembros excepto Reino Unido, que se abstuvo.
Este voto deja en claro que Estados Unidos no es meramente un espectador en la guerra genocida de Israel: es un participante activo. El presidente estadounidense Joe Biden y su secretario de Estado, Antony Blinken, no son menos culpables que el primer ministro israelí Netanyahu.
Tras haber sido informado plenamente de los planes de Israel para asesinar a una parte sustancial de la población palestina y expulsar al resto al desierto del Sinaí, Estados Unidos apoya completamente este curso. Está facilitando activamente el genocidio mediante el envío de miles de millones de dólares en armas, incluyendo el anuncio el viernes de que suministrará municiones para tanques por un valor superior a los $100 mil millones, prescindiendo de cualquier aprobación del Congreso.
Estados Unidos ha perpetrado crímenes atroces, como la masacre de My Lai en Vietnam o la tortura de detenidos en los calabozos de Abu Ghraib en su ocupación de Irak. Pero su participación abierta en el asesinato masivo y sistemático de mujeres y niños indefensos, que está siendo transmitido en vivo a todo el mundo, representa una nueva etapa descaradamente criminal de la política exterior estadounidense.
El Gobierno de Biden respalda la masacre en Gaza porque considera al Estado de Israel un componente importante en el impulso del imperialismo estadounidense para defender su dominio global mediante una guerra mundial. Los frentes de batalla en esta guerra ya pueden identificarse: en Ucrania contra Rusia; en Oriente Próximo contra Irán y sus aliados, incluyendo Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza; y en la vasta región del Indo-Pacífico contra China.
La gran mayoría de los trabajadores y jóvenes en todo el mundo, espantados por el genocidio israelí contra la población de Gaza, apoyan un cese de fuego. Millones de todos los orígenes étnicos, religiones y nacionalidades, incluyendo personas judías a nivel global, han participado en manifestaciones globales masivas contra el genocidio.
En los últimos dos meses, Israel ha matado a 17.997 personas de Gaza y 7.760 más se encuentran desaparecidas. Eso significa que una estimación realista de fallecidos se acerca a 25.000, la gran mayoría de los cuales eran mujeres y niños.
El voto siguió a la invocación de emergencia del Artículo 99 por parte del secretario general de la ONU, António Guterres, quien explicó que todo el sistema de salud en Gaza ha colapsado y que la población se enfrenta a niveles masivos de hambre, deshidratación y la propagación desenfrenada de enfermedades.
Guterres advirtió que “los civiles no están siendo protegidos efectivamente” por parte del ejército israelí, y añadió que “los hospitales se han convertido en campos de batalla”. Y añadió: “Ningún lugar es seguro en Gaza”.
Advirtió: “En medio de los constantes bombardeos de las Fuerzas de Defensa de Israel y sin refugio ni lo esencial para sobrevivir, incluso una asistencia humanitaria limitada” será “imposible”.
Y añadió: “Sencillamente, somos incapaces de llegar a quienes lo necesitan dentro de Gaza... Nos enfrentamos a un grave riesgo de que colapse el sistema humanitario”.
Y concluyó: “Es urgente. Hay que evitar que la población civil sufra mayores daños. Con un alto el fuego humanitario, pueden restablecerse los medios de supervivencia, y la ayuda humanitaria puede entregarse de forma segura y oportuna en toda la Franja de Gaza”.
Al explicar el voto de Estados Unidos, el embajador estadounidense Robert Wood afirmó que cualquier “alto al fuego” sin aplastar totalmente la resistencia palestina es inaceptable para Estados Unidos.
Declaró: “No apoyamos el llamamiento de esta resolución a un alto al fuego insostenible que solo plantará las semillas de la próxima guerra”. Y añadió: “Cualquier alto al fuego que deje a Hamás en control de Gaza” es inaceptable para Estados Unidos.
Se trata de declaraciones extraordinarias. Cuando el primer ministro fascista israelí Netanyahu habla de “Hamás”, no se refiere a una organización política sino a cualquier voluntad de resistencia por parte de la población palestina. Según esta lógica, la única forma de poner fin a la guerra es mediante la masacre o la limpieza étnica de toda la población de Gaza, que es prisionera en tierras ilegalmente ocupadas por Israel.
Defendiendo el veto estadounidense a la resolución, Wood criticó el borrador porque “no reconocía que Israel tiene derecho a defenderse del terrorismo, de acuerdo con el derecho internacional. Se trata de un derecho que tienen todos los Estados”.
De hecho, la resolución no afirmaba tal “derecho” porque no existe. Como explicó el mes pasado Francesca Albanese, relatora especial de la ONU sobre los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados, “el derecho a la autodefensa puede invocarse cuando el Estado se ve amenazado por otro Estado, que no es el caso”.
Y continuó: “No puede reclamar el derecho de autodefensa contra una amenaza que emana de un territorio que ocupa, de un territorio mantenido bajo ocupación beligerante”.
Al declarar el “derecho” de Israel a “defenderse” contra una población prisionera, EE.UU. no solo está defendiendo la ocupación ilegal israelí de Gaza y Cisjordania, sino también el “derecho” de Israel a castigar colectivamente a la población civil mediante asesinatos en masa y limpieza étnica, en respuesta a cualquier acto de resistencia a esa ocupación.
El secretario de Estado estadounidense Antony Blinken declaró el domingo a ABC: “Cuando se trata de un alto al fuego en este momento, con Hamás todavía vivo, todavía intacto, y de nuevo, con la intención declarada de repetir el 7 de octubre una y otra y otra vez, eso simplemente perpetuaría el problema”.
El senador Bernie Sanders se hizo eco de este punto, diciendo: “No sé cómo se puede tener un alto al fuego permanente con Hamás, que ha dicho antes del 7 de octubre y después del 7 de octubre que quiere destruir Israel, que quiere una guerra permanente. No sé cómo se puede tener un alto el fuego permanente con una actitud así”.
Estas declaraciones, tanto por parte de Sanders como de Blinken, dan testimonio de una mentalidad genocida que se ha arraigado en la clase dirigente estadounidense. En la medida en que los palestinos se oponen a la existencia del Estado de Israel, esas personas pueden ser masacradas legítimamente.
Pero, ¿dónde se detiene esta doctrina? Si hay personas que se oponen a la existencia de Estados capitalistas, ¿tienen esos Estados, cuya existencia se ve amenazada, derecho a matar sencillamente a todos sus oponentes? La Administración de Biden, consciente y deliberadamente, está defendiendo el asesinato en masa como política de Estado y creando el precedente para crímenes aún mayores, en el extranjero y en casa.
El genocidio de Gaza marca una nueva etapa en la criminalización de la política exterior imperialista. Ante una crisis social, económica y política para la que no tienen solución, las clases dominantes capitalistas están abandonando cualquier moderación y adoptando abiertamente el genocidio como política de Estado.
Millones de personas se han manifestado para protestar la guerra de Israel contra la población de Gaza. Pero Estados Unidos y sus socios imperialistas han dejado claro que son completamente indiferentes a las opiniones masivas de su propia población. Por esta razón, la lucha para poner fin al genocidio de Israel en Gaza debe librarse como una lucha contra los Gobiernos imperialistas de todo el mundo, que lo están armando y permitiendo.
Y dado que Gaza es solo un frente en una erupción global del militarismo imperialista, la lucha debe ser internacional, uniendo a los trabajadores de todos los continentes en una lucha común contra la guerra imperialista y el sistema capitalista que le da origen. Esto significa una lucha por la transformación socialista de la sociedad a través de la construcción de un movimiento revolucionario de la clase trabajadora.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de diciembre de 2023)
