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La respuesta de LFI al nuevo Gobierno francés expone su bancarrota política

La respuesta del partido de clase media La France Insoumise (LFI) al nombramiento del exmiembro del Partido Socialista (PS), Gabriel Attal, como primer ministro bajo Emmanuel Macron, es una admisión de bancarrota política.

El primer ministro francés Gabriel Attal gesticula mientras habla durante la primera sesión de preguntas al nuevo gobierno en la Asamblea Nacional de París el martes 16 de enero de 2024. [AP Photo/Michel Euler]

Enfrentado a la guerra entre la OTAN y Rusia y a las explosivas tensiones de clase, Macron pretende desviar la ira social hacia las líneas raciales con una ley antiinmigrante de extrema derecha. A su vez, ha confiado a Attal la implementación de un programa fascista de guerra imperialista en el extranjero y de guerra de clases en casa. Esto señala una crisis mortal del capitalismo, y la clase trabajadora no puede responder alineándose tras parlamentarios impotentes y reaccionarios sino movilizando todas sus fuerzas en una lucha para derrocar a Macron y a los gobiernos imperialistas aliados de la OTAN.

Sin embargo, LFI trata de atar a los trabajadores al parlamentarismo en medio de una guerra global y el auge de la extrema derecha. Se niega a llamar a los 8 millones de votantes que apoyaron al candidato de LFI, Jean-Luc Mélenchon, en las elecciones de 2022 a luchar, encomendando las luchas de los trabajadores a las burocracias sindicales que negocian con Macron. Están trabajando en continuidad de la Unión de la Izquierda, una alianza entre el PS impresionista y la burocracia estalinista del Partido Comunista Francés (PCF), que se desarrolló después de la huelga general de mayo de 1968, y de la cual Macron y Attal surgieron décadas después. En resumen, LFI estrangula políticamente a los trabajadores, procurando bloquear una lucha revolucionaria.

Jean-Luc Mélenchon, en el Palacio de la Música y de Congresos de Estrasburgo, 19 de enero de 2022. [Photo by Thomas Bresson / CC BY 4.0]

Tras la renuncia de la ex primera ministra Elisabeth Borne que llevó al nombramiento de Attal, la presidenta del grupo parlamentario de LFI, Mathilde Panot, tuiteó: 'Borne renunció, dejando atrás... una democracia gravemente dañada. No importa a quién el monarca [Macron] la reemplace, ¡exigimos una moción de censura en el Parlamento! Es esta votación la que organiza la vida política en el país y en la Asamblea entre la mayoría que apoya al gobierno y la oposición. Sin esta moción de censura, presentaremos una moción de censura'.

El diputado de LFI, François Ruffin, reaccionó al ascenso al poder de Attal llamando a mantener la alianza de LFI con el PS, el PCF estalinista y los Verdes (EELV) de la Nueva Unión Popular Social y Ecológica (NUPES). Declaró, 'La alianza de la derecha está sellada. Enfrente, la Unión de la Izquierda, ¡rápido!'.

El comentario del coordinador nacional de LFI, Manuel Bompard, fue quizás el más notable. Al abordar el giro a la extrema derecha del régimen de Macron, dijo que Attal 'nunca había sido de izquierdas a pesar de ser miembro del Partido Socialista. Desafortunadamente, el Partido Socialista ha engendrado una serie de horrores... Gabriel Attal, y de hecho Emmanuel Macron es parte de ello'.

Esta crítica cínica del PS plantea vastas cuestiones históricas y políticas, ya que no solo Attal y Macron surgieron del PS, sino también Mélenchon y la mayor parte del resto del liderazgo de LFI.

Frente al horror, la guerra y la reacción social fascista, la tarea de los trabajadores no es hacer tratos con el PS que genera horrores. Es necesario construir un movimiento independiente entre los trabajadores de base para destruir políticamente el obstáculo que las burocracias estalinistas y socialdemócratas representan para la lucha revolucionaria. Como cuando Trotsky fundó la Cuarta Internacional en 1938, un año antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, la construcción de una vanguardia revolucionaria es la tarea urgente que se plantea a los trabajadores a nivel internacional para evitar el desastre.

Por otro lado, LFI se adapta a lo que admite es 'horror' a través del marco parlamentario nacional. Después de que Mélenchon recibiera casi 8 millones de votos en la primera ronda de las elecciones presidenciales de 2022 de la juventud y los trabajadores, llegando a ser el primero en 11 de las 16 ciudades de Francia, llevó a cabo una política profundamente cínica. Propuso convertirse en primer ministro bajo Macron o incluso Le Pen para liderar su política. Luego formó la alianza NUPES con el PCF y el PS, que, como admite Bompard, 'ha engendrado una serie de horrores'.

Contrario a una lucha revolucionaria por el poder de los trabajadores y el socialismo, LFI quiere bloquear cualquier iniciativa para organizar a los trabajadores independientemente de las burocracias sindicales que negocian con Macron y, en su lugar, obligar a los trabajadores a limitarse a lo que los parlamentarios burgueses decidirán hacer.

Esto subraya la importancia decisiva de la lucha del Parti de l'égalité socialiste (PES), la sección francesa del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (ICFI), contra las tendencias contrarrevolucionarias que descienden de la Organización Comunista Internacional (OCI), de la cual Mélenchon es exmiembro.

Sólo el PES continúa la oposición trotskista a los aparatos estalinistas y socialdemócratas, basada en la cual fue fundada la ICFI en la escisión de 1953 con la tendencia proestalinista que había surgido en la Cuarta Internacional bajo la dirección de Michel Pablo y Ernest Mandel. Entre 1953 y 1971, la OCI había sido la sección francesa de la ICFI. Sin embargo, se separó de la ICFI en 1971 para participar en la construcción del PS burgués y apoyar la Unión de la Izquierda del PS-PCF.

Antes de la escisión de 1971, la OCI había sido fuertemente influenciada por la presión centrista que enfatizaba las ganancias organizativas, particularmente en el trabajo sindical, a expensas de la lucha contra el revisionismo y la clarificación del ICFI de cuestiones políticas e históricas clave. La OCI comenzó a trabajar con la Voz de los Trabajadores (hoy Lutte Ouvrière, LO) durante la Guerra franco-argelina y aceptó el argumento de LO de que la Cuarta Internacional había sido destruida.

En 1971, después de la huelga general de mayo de 1968, la OCI rechazó el trotskismo para aliarse con las burocracias socialdemócratas y estalinistas y ayudar a construir el PS. Miembros de la OCI ocuparon posteriormente puestos de liderazgo en el PS cuando lideró el estado capitalista francés, incluyendo a Lionel Jospin que se convertiría en primer ministro de 1997 a 2002.

Mélenchon se unió por primera vez a la OCI en el momento de su escisión con la ICFI, luego se unió al PS en 1976, convirtiéndose en senador y ministro capitalista. Bajo la presidencia de François Mitterrand, quien había sido un colaborador nazi durante la Segunda Guerra Mundial, el PS implementó un plan de austeridad contra la clase trabajadora en 1982 y participó, unos meses antes de la disolución del régimen estalinista de la URSS en 1991, en la Guerra del Golfo contra Irak.

Desde 1991, los ataques a la clase trabajadora y los derechos democráticos, así como las intervenciones militares, se han multiplicado bajo los gobiernos del PS de Jospin y luego François Hollande, y ahora los ex miembros del PS, Macron y Attal. La hostilidad hacia el socialismo y las simpatías fascistas de las fuerzas líderes dentro del PS son bien conocidas. Mientras imponía un estado de emergencia en 2015, el entonces presidente y líder del PS, François Hollande, intentó inscribir en la constitución la revocación de la nacionalidad, un principio criminal utilizado para justificar la deportación y exterminio de judíos en Francia durante el Holocausto.

La Tercera Guerra Mundial que se está produciendo, el genocidio en Gaza y la promoción oficial de las fuerzas de extrema derecha en todo el mundo demuestran la bancarrota histórica del capitalismo. Mélenchon, quien abandonó el PS en 2009 para lanzar lo que se convertiría en LFI, lidera no un movimiento revolucionario sino uno de clase media, pro burocrático que bloquea la oposición de la clase trabajadora a la austeridad y la guerra. A pesar de la evolución de extrema derecha de Macron, LFI sólo propone a los trabajadores permanecer dentro de un marco parlamentario burgués respaldando el 'diálogo social' de los sindicatos con Macron, y así el orden existente.

El PES avanza la perspectiva revolucionaria de la ICFI y se opone a los sindicatos y partidos políticos que subordinan a los trabajadores al capitalismo moribundo. Llama a construir organizaciones de base en los lugares de trabajo, y a preparar a la clase trabajadora internacionalmente para una lucha por el poder. Frente al auge de la guerra mundial y la extrema derecha, pero también al obstáculo político planteado por grupos de clase media pseudoizquierdistas como el LFI, continúa la lucha de la Cuarta Internacional desde su fundación, para que la resistencia de la clase trabajadora al fascismo se convierta en una lucha por el poder y por la revolución socialista. Invita a los trabajadores y jóvenes que estén de acuerdo con su perspectiva a apoyarlo y a unirse a él.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de enero de 2024)

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