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Perspectiva

La clase gobernante exige más “dolor económico”, cuando se aceleran los despidos en EE.UU. y a nivel mundial

Los despidos en Estados Unidos y todo el mundo se aceleran a diario, en la medida en que los ejecutivos empresariales les aseguran a sus accionistas que exprimirán más trabajo y ganancias de cada vez menos trabajadores.

Un estudiante de Georgia Tech asiste a una feria de empleos en Atlanta [AP Photo/Alex Sliz]

Según un análisis de Morgan Stanley sobre los últimos informes de ganancias, “Las menciones de “eficiencia operacional” que aparecen en las copias alcanzaron su mayor nivel en EE.UU. durante su época de ganancias, mientras las empresas se concentran en disciplina de gastos, pero también invierten en tecnologías ‘que puedan impulsar la productividad en el futuro como inteligencia artificial’”.

Bloomberg, que informó sobre el análisis, añadió: “Walt Disney Co. dijo que las ganancias este año aumentarán al menos un 20 por ciento gracias al recorte de costes”. Por “recorte de costes” se entiende una masacre de empleos.

Una encuesta de ResumeBuilder descubrió que “el 38 por ciento de los líderes empresariales creen que es probable que se produzcan despidos en 2024, y alrededor de la mitad dicen que su empresa congelará las contrataciones”. Cuatro de cada 10 encuestados dijeron que están reemplazando a los trabajadores con inteligencia artificial, escribió Business Insider, y agregó que “la tendencia ya está en marcha, con grandes compañías tecnológicas como Dropbox, Google e IBM anunciando despidos como parte de un nuevo enfoque en inteligencia artificial”.

Solo en los últimos días, se han anunciado recortes de empleos en Estée Lauder (hasta 3.000), Paramount Global (800), Snap (530), Instacart (250), Blackberry (200) y SiriusXM (160). El sector médico estadounidense, que anunció 58.560 recortes de puestos de trabajo el año pasado, un 91 por ciento más que en 2022, siguió recortando puestos de trabajo. Hasta 400 puestos han sido recortados por One Medical y Amazon Pharmacy y 52 en Pfizer.

A finales del mes pasado, UPS anunció que despedirá a 12.000 trabajadores asalariados a mediados de 2024 y triplicará el uso de la inteligencia artificial y otras tecnologías que ahorren en mano de obra. Se han eliminado turnos de clasificación en Baltimore, Nueva York y otros lugares, amenazando los puestos de trabajo de cientos, si no miles, de trabajadores en almacenes. Al mismo tiempo, los directivos de UPS anunciaron que el año pasado se habían repartido $7.600 millones entre los accionistas a través de recompras de acciones y dividendos.

La ola cada vez mayor de despidos forma parte de un proceso más amplio en el que las empresas son reducidas hasta los huesos mientras canalizan cada vez más recursos a los superricos y a la aristocracia financiera parasitaria. En un comentario titulado “Fiebre de la recompra de acciones”, Seeking Alpha reportó sobre los masivos programas de recompra de acciones anunciados por Meta ($50 mil millones), Alibaba ($25 mil millones), Disney ($3 mil millones) y otras compañías que anunciaron despidos masivos.

Se espera que el jueves Stellantis, la tercera mayor empresa de automóviles del mundo, anuncie ganancias para 2023 superiores a $25 mil millones y recompras de acciones de casi $2 mil millones. La empresa está despidiendo actualmente a 2.100 trabajadores temporales y llevando a cabo despidos masivos en Michigan, Ohio e Indiana, como parte de una campaña de reestructuración global. La semana pasada, los trabajadores italianos de Stellantis protagonizaron tres días de huelgas salvajes contra el despido de 2.455 trabajadores de la planta de Mirafiori en Turín, Italia, y las amenazas de cierre de la histórica fábrica.

Esta ofensiva de la clase dominante ha sido facilitada por el aparato sindical. La oleada de recortes de empleo en la industria automotriz, el cine y la televisión y UPS se produce tras los acuerdos supuestamente “históricos” firmados por los sindicatos United Auto Workers, SAG-AFTRA, Writers Guild y Teamsters el año pasado. De hecho, los acuerdos, elaborados en estrecha colaboración con la Administración de Biden, han abierto la puerta a recortes masivos de empleo.

El aparato sindical ha impedido las huelgas o las ha traicionado y ha obligado a los trabajadores a cargar con todos los costes de la crisis económica y del aumento de los precios que, a pesar de una menor tasa de inflación, sigue obligando a los trabajadores a pagar un 19,6 por ciento más por los productos básicos que en 2019 y un 25 por ciento más por los comestibles.

Los salarios de los trabajadores sindicalizados aumentaron solo un 5,4 por ciento en los 12 meses que terminaron en diciembre de 2023 y un 4 por ciento en la industria manufacturera, según las nuevas cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales. Esto fue solo ligeramente superior al aumento del 4,2 por ciento que recibieron los trabajadores no sindicalizados o 3,9 por ciento en la industria manufacturera. En las industrias de producción, que incluyen la minería, la construcción y la industria manufacturera, los trabajadores no sindicalizados recibieron un aumento salarial superior al de los sindicalizados, un 4,1 por ciento frente a un 3,9 por ciento.

Sin embargo, los aumentos de precios se han comido en gran medida estos aumentos nominales. Según el Tesoro estadounidense, la mediana de los salarios semanales aumentó solo un 1,7 por ciento de 2019 a 2023 si se toma en cuenta la inflación. El impacto en la vida cotidiana de millones de trabajadores se traduce en un creciente endeudamiento, pobreza, hambre y dificultades interminables para sobrevivir.

El objetivo de la burguesía en su campaña de reducción de empleo no es simplemente suprimir los salarios, sino una reestructuración mucho más amplia de las relaciones de clase. La política criminal de anteponer las ganancias a las vidas humanas frente a la pandemia del COVID-19 provocó la muerte de 1,2 millones de personas solo en Estados Unidos, la discapacitación de millones más y un fuerte descenso de la participación laboral. El presidente Trump presidió un rescate bipartidista multimillonario de Wall Street, y el Gobierno de Biden se encargó de hacer que la clase trabajadora pagara por él.

Pero la “escasez de mano de obra” dio a los trabajadores una cierta ventaja, incluida una flexibilidad relativamente mayor para encontrar trabajos mejor pagados o con mejores condiciones. El objetivo de la Reserva Federal al aumentar rápido los tipos de interés fue destruir incluso esta mínima ventaja, aumentando el desempleo y aterrorizando a la clase trabajadora hasta la sumisión.

Esta política es tan importante que el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha retrasado la reducción de los tipos de interés, a pesar de que el dinero prácticamente gratis ha sido fundamental para la subida récord del mercado de valores y el enriquecimiento de la oligarquía financiera. Después de que los últimos datos sobre el empleo mostraran que las contrataciones seguían superando a los despidos, Powell indicó que los futuros recortes en los tipos de interés dependían de un suficiente “debilitamiento del mercado laboral”.

El Financial Times expuso las perspectivas de la clase dominante en un artículo de la semana pasada en el que celebraba lo que denominaba un “cambio en el equilibrio de poder del empleado hacia el empresario”.

Este cambio, impuesto por el aparato sindical, ha sido fundamental a medida que el Gobierno de Biden se prepara para imponer un salvaje plan de austeridad social y otros ataques para obligar a la clase trabajadora a pagar su guerra de conquista global en constante expansión, en nombre del imperialismo estadounidense. La Casa Blanca, que respalda plenamente el genocidio israelí en Gaza, recurre una vez más al aparato sindical para sofocar la resistencia de la clase obrera e imponer la disciplina laboral y la brutal explotación en las fábricas necesarias para ampliar las guerras contra Irán, Rusia y China.

Pero los trabajadores de EE.UU. y a nivel mundial no aceptarán el desempleo masivo y la miseria. Ya hay un creciente movimiento de la clase obrera, desde los trabajadores italianos de Stellantis a los trabajadores mexicanos de Audi en huelga contra los salarios de miseria, y el creciente movimiento de los trabajadores alemanes que se enfrentan a históricos ataques laborales en VW, Ford, Bosch, BASF, Continental, Michelin, Goodyear y otras corporaciones.

Los empleados temporales despedidos y los trabajadores a tiempo completo de la industria automotriz de Estados Unidos han formado el Comité de Base de Lucha contra los Recortes de Empleo en oposición a la complicidad de la burocracia del UAW.

La lucha contra los recortes de empleo debe organizarse independientemente de las burocracias sindicales procapitalistas y proguerra y coordinarse más allá de las fronteras, ampliando la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB).

El hecho de que los trabajadores se enfrenten a una política de clase, que es indispensable para la agenda de la burguesía de guerras tanto en el extranjero como en casa, plantea la necesidad de desarrollar una contraofensiva política de la clase obrera. Esta contraofensiva debe conectar las luchas contra la explotación capitalista y la guerra, y fijar como objetivo la conquista del poder político por la clase obrera.

En una sociedad más racionalmente organizada, es decir, socialista, las tecnologías como la inteligencia artificial que aumentan la capacidad productiva de la humanidad se utilizarían para acortar la semana laboral, disminuir el desgaste físico de los trabajadores y aumentar enormemente su nivel de vida. Solo cuando la clase obrera tome el poder político en sus manos será posible acabar con el sistema capitalista, que es anticuado y brutal, poniendo las grandes industrias en manos de la clase obrera y reorganizando la economía mundial sobre la base de las necesidades humanas, no del lucro privado.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de febrero de 2024)

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