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Perspectiva

Reporte del New York Times desmiente el relato de una “guerra no provocada” en Ucrania

Voluntarios de la Asamblea Nacional Social prestan juramento a Ucrania antes de ser enviados a la parte oriental del país para unirse a las filas del batallón Azov en Kiev, Ucrania, 3 de junio de 2014 (AP Photo/Sergei Chuzavkov) [AP Photo/Sergei Chuzavkov]

Por más de dos años, casi todas las referencias en los medios de comunicación de Estados Unidos sobre la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 han ido acompañadas de la descripción “no provocada”.

El público ha escuchado que esta fue una guerra sin causa, que Ucrania no tiene la culpa y que la invasión se puede explicar completamente en términos de las intensiones y la psicología de un solo hombre: el presidente ruso Vladímir Putin.

Sin embargo, el fin de semana del segundo aniversario de la guerra, el New York Times publicó un extenso artículo en el que revela que la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022 fue instigada por una campaña sistemática y generalizada de agresión por parte de las agencias militares y de inteligencia de Estados Unidos.

El artículo detalla operaciones de larga data de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, sigla en inglés) en Ucrania, patrocinando y construyendo la agencia de inteligencia militar ucraniana HUR, para utilizarla como arma de espionaje, asesinatos y otras provocaciones dirigidas contra Rusia durante más de una década.

El Times escribe:

Hacia finales de 2021, según un alto funcionario europeo, Putin estaba sopesando si lanzar su invasión a gran escala cuando se reunió con el jefe de uno de los principales servicios de espionaje rusos, quien le dijo que la CIA, junto con el MI6 británico, contralaban Ucrania y la estaban convirtiendo en una cabeza de playa para operaciones contra Moscú.

El informe del Times demuestra que esta evaluación de la inteligencia rusa era absolutamente cierta. Durante más de una década, desde 2014, la CIA ha estado desarrollando, entrenando y armando a las fuerzas paramilitares y de inteligencia ucranianas que participaron en asesinatos y otras provocaciones contra las fuerzas prorrusas en el este de Ucrania, contra las fuerzas rusas en Crimea y al interior de las fronteras de Rusia.

En un pasaje crítico, el Times escribe:

A medida que la alianza se profundizaba a partir de 2016, los ucranianos se impacientaron por lo que consideraban una excesiva cautela por parte de Washington, y comenzaron a organizar asesinatos y otras operaciones letales, que violaban los términos que la Casa Blanca pensaba que los ucranianos habían acordado. Enfurecidos, los funcionarios de Washington amenazaron con cortar el apoyo, pero nunca lo hicieron.

En otras palabras, las fuerzas paramilitares ucranianas armadas, financiadas y dirigidas por Estados Unidos y la OTAN asesinaban sistemáticamente a las fuerzas que apoyaban un estrechamiento de las relaciones con Rusia.

El relato del periódico comienza con el golpe del Maidán de febrero de 2014, cuando un conjunto de fuerzas derechistas y neonazis respaldadas por Estados Unidos y la Unión Europea derrocaron al presidente prorruso e instauraron un régimen proimperialista encabezado por el milmillonario Petro Poroshenko.

Este golpe fue la culminación de dos décadas de incursiones imperialistas en el antiguo bloque soviético, que expandieron la OTAN a casi toda Europa del este, en violación de las promesas hechas a los líderes de la antigua Unión Soviética. El Times guarda silencio sobre esta historia anterior, así como sobre el papel de la CIA en los acontecimientos del Maidán.

El Maidán sentó las bases para una escalada masiva de la intervención de la CIA, como se detalla en el informe del Times. La agencia de inteligencia desempeñó un rol clave en alimentar el conflicto entre Ucrania y Rusia, primero como una guerra de bajo nivel contra los separatistas prorrusos en el este de Ucrania, y luego como una guerra a gran escala tras la invasión rusa en febrero de 2022. Tres administraciones estadounidenses estuvieron implicadas: primero Obama, luego Trump y ahora Biden.

Según el relato del Times, las operaciones de la CIA no solo incluían un espionaje generalizado, sino también asistencia directa en provocaciones como el asesinato de políticos prorrusos en el este de Ucrania y ataques paramilitares contra las fuerzas rusas en Crimea.

El Times informó sobre una unidad ucraniana, la Quinta Dirección, que se encargaba de llevar a cabo asesinatos, incluido uno en 2016. El Times escribe:

una misteriosa explosión en la ciudad de Donetsk, en el este de Ucrania, ocupada por Rusia, un ascensor en el que viajaba un alto comandante separatista ruso llamado Arsen Pavlov, conocido por su nombre de guerra, Motorola.

La CIA pronto supo que los asesinos eran miembros del Quinto Directorio, el grupo de espionaje que recibió entrenamiento de la CIA. La agencia de inteligencia nacional ucraniana incluso había repartido parches conmemorativos a los involucrados, cada uno de ellos cosido con la palabra “Lift”, el término británico para ascensor.

El informe describe otra operación de este tipo:

Un equipo de agentes ucranianos instaló un lanzacohetes de hombro en un edificio de los ocupados. Estaba justo enfrente de la oficina de un comandante rebelde llamado Mikhail Tolstykh, más conocido como Givi. Utilizando un disparador remoto, dispararon el lanzacohetes en cuanto Givi entró en su despacho, matándolo, según funcionarios estadounidenses y ucranianos.

Desde el estallido de la guerra a gran escala, el HUR ucraniano ha extendido estas operaciones de asesinato a todo el territorio de Rusia, incluido el asesinato de Darya Dugina, una destacada polemista pro-Putin en los medios de comunicación rusos, y de funcionarios gubernamentales y militares rusos.

La CIA descubrió que sus aliados ucranianos eran muy útiles recopilando grandes cantidades de datos sobre la actividad militar y de inteligencia rusa, tantos que la propia HUR no podía procesarlos y tenía que enviar los datos en bruto a la sede de la CIA en Langley, Virginia, para su análisis. Un informe anterior, menos detallado, sobre esta colaboración de inteligencia, publicado en el Washington Post, citaba la estimación de un funcionario de inteligencia ucraniano de que cada día se recogían entre “250.000 y 300.000” mensajes militares y de inteligencia rusos. Estos datos no solo se referían a Ucrania, sino a la actividad de los servicios de inteligencia rusos en todo el mundo.

Mucho antes de la invasión rusa, la CIA buscaba ampliar su ofensiva contra Moscú. El Times informa:

La relación [con la HUR ucraniana] fue tan fructífera que la CIA quiso repetirla con otros servicios de inteligencia europeos que compartían el objetivo de contrarrestar a Rusia.

El jefe de Russia House, el departamento de la CIA que supervisa las operaciones contra Rusia, organizó una reunión secreta en La Haya. Allí, representantes de la CIA, el MI6 británico, la HUR, el servicio holandés (un aliado crítico de inteligencia) y otras agencias acordaron empezar a compartir más la información de inteligencia sobre Rusia.

El resultado fue una coalición secreta contra Rusia, de la que los ucranianos eran miembros vitales.

Todas estas actividades tuvieron lugar mucho antes de la invasión rusa de febrero de 2022. El estallido de la guerra a gran escala conllevó una participación aún más directa de la CIA en Ucrania. Los agentes de la CIA fueron los únicos estadounidenses a los que no se aplicó la evacuación inicial del personal del Gobierno de Estados Unidos de Ucrania, trasladándose únicamente a Ucrania occidental. Informaron continuamente a los ucranianos sobre los planes militares rusos, incluyendo detalles precisos de las operaciones a medida que se desarrollaban.

Según el Times:

En pocas semanas, la CIA había regresado a Kiev, y la agencia envió a decenas de nuevos oficiales para ayudar a los ucranianos. Un alto funcionario estadounidense dijo sobre la considerable presencia de la CIA: “¿Están apretando gatillos? No. ¿Ayudan en la selección de objetivos? Por supuesto”.

Algunos de los agentes de la CIA fueron enviados a bases ucranianas. Revisaban las listas de posibles objetivos rusos que los ucranianos se disponían a atacar, comparando la información que tenían los ucranianos con la inteligencia estadounidense para asegurarse de que era exacta.

En otras palabras, la CIA estaba ayudando a dirigir la guerra, convirtiendo al Gobierno de Estados Unidos en un participante pleno, en un cobeligerante en una guerra con Rusia, una potencia con armas nucleares, a pesar de la afirmación de Biden de que Estados Unidos solo estaba ayudando a Ucrania desde lejos. Y todo ello sin que el pueblo estadounidense tuviera la más mínima voz en el asunto.

El relato del Times también representa involuntariamente una condena contra los medios de comunicación estadounidenses, ya que escribe: “Los detalles de esta asociación de inteligencia, muchos de los cuales están siendo revelados por el New York Times por primera vez, han sido un secreto muy bien guardado durante una década”.

Esta admisión significa que estos secretos estaban “bien guardados” por el propio Times. Como observó una vez el exdirector del diario Bill Keller, la libertad de prensa significa libertad para no publicar, y “esa es una libertad que ejercemos con cierta regularidad”. Particularmente, podríamos añadir, cuando se trata de los crímenes del imperialismo estadounidense.

El artículo del Times no es tanto una exposición como una divulgación controlada de información. El “periódico de referencia” estadounidense informa de que los dos autores del artículo, Adam Entous y Michael Schwirtz, realizaron “más de 200 entrevistas” con “funcionarios actuales y anteriores de Ucrania, de otros lugares de Europa y de Estados Unidos”. Esta actividad difícilmente podría haber tenido lugar sin el conocimiento, el permiso e incluso el aliento de la CIA, así como del régimen de Zelenski y de la inteligencia ucraniana.

Mientras tanto, un periodista de verdad, Julian Assange, espera una decisión sobre su último intento para apelar su extradición a Estados Unidos, donde se enfrenta a 175 años de cárcel o incluso a la pena de muerte. El delito de Assange y WikiLeaks, que Assange fundó, es que no obedecieron las normas del periodismo burgués y no solicitaron el permiso de las autoridades militares y de inteligencia antes de publicar sus revelaciones sobre los crímenes de guerra de Estados Unidos en Irak y Afganistán, las actividades del Departamento de Estado de Estados Unidos para subvertir y manipular Gobiernos, y el espionaje de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional.

La revelación sobre la década de operaciones de la CIA en Ucrania, claramente a petición de la propia agencia, parece estar relacionada con el actual conflicto en el seno de la élite dirigente estadounidense sobre qué política adoptar en esa guerra, tras la debacle sufrida por el régimen de Zelenski en la ofensiva del año pasado, que ganó poco y sufrió pérdidas colosales. Los republicanos del Congreso han bloqueado el envío adicional de ayuda militar y financiera a Ucrania, declarando de hecho que Estados Unidos debe terminar de perder dinero ahí e irse para concentrarse en el enemigo principal, China.

Al informar que el aparato militar y de inteligencia estadounidense controla efectivamente el régimen ucraniano, el Times pretende presionar a los republicanos para que apoyen la financiación de la guerra. Está argumentando que este dinero no va a un Gobierno extranjero, en una guerra extranjera, a miles de kilómetros de las fronteras de EE.UU., sino a un subcontratista del imperialismo estadounidense, librando una guerra estadounidense en la que el personal de EE.UU. está profunda y directamente involucrado.

Al hacerlo, el Times ha revelado que su propia cobertura de la guerra de Ucrania en los últimos dos años no ha sido más que propaganda de guerra, destinada a utilizar una narrativa fraudulenta para engatusar al público estadounidense para que apoye una guerra de agresión imperialista y depredadora que busca subyugar y desmantelar Rusia.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 25 de febrero de 2024)

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