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Perspectiva

La colisión en Washington: las cuestiones políticas y las preguntas sin responder detrás del desastre aéreo en D.C.

Esfuerzos de búsqueda cerca del sitio de la colisión mortal entre un vuelo de American Airlines y un helicóptero del Ejército en el río Potomac cerca del aeropuerto nacional Ronald Reagan en Washington, 31 de enero de 2025, Arlington, Virginia [AP Photo/Alex Brandon]

Para la noche del viernes, se habían encontrado los cuerpos de 41 de las 67 víctimas de la colisión en medio aire entre el vuelo de pasajeros de American Airlines y un helicóptero Black Hawk del Ejército de EE.UU. sobre el río Potomac en Washington D.C. Cuando los detalles aún siguen emergiendo, el desastre, el altercado político y el encubrimiento ya han expuesto y se han cruzado con una crisis política e inestabilidad colosales en Estados Unidos.

En primer lugar, está la respuesta del presidente Trump. En condiciones normales, el mandatario estadounidense usualmente responde a un desastre de tal magnitud con lugares comunes expresando condolencias por las víctimas y sus familias, y prometiendo una investigación profunda.

Por el contrario, Trump lanzó una diatriba desenfrenada y racista durante una rueda de prensa el jueves culpando a los controladores aéreos por el accidente. Por “sentido común”, según Trump, fueron las políticas de “diversidad, equidad e inclusión” las responsables de contratar a trabajadores de minorías raciales y étnicas que no son “competentes” y “sufren discapacidades intelectuales graves, problemas psiquiátricos, y otras condiciones mentales y físicas”. Trump siguió esto con un delirio fascistizante e incorporando su contenido en una orden ejecutiva.

Un propósito inmediato ciertamente era distraer de la evidencia, clara desde el primer día, de una falta crónica de financiamiento y personal para el control aéreo —que es esencial para la seguridad del transporte aéreo— como factores clave.

Los informes periodísticos citan un reporte inicial de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) que demuestran que, cuando ocurrió el choque, había un solo controlador aéreo manejando los helicópteros y los aviones de ala fija en el aeropuerto nacional Reagan (DCA), que normalmente es un trabajo para dos personas.

Además, el aeropuerto Reagan ha sido testigo desde hace mucho de advertencias sobre condiciones inseguras en la medida en que ha aumentado el tráfico aéreo durante la última década. Cientos de helicópteros vuelan a diario entre instituciones gubernamentales, las sedes de las agencias de inteligencia y bases militares en torno a la capital. Esto ha llevado a un aumento de incidentes que casi terminan en accidentes. Apenas un día antes de la mortal colisión, un jet en DCA tuvo que detener un aterrizaje para esquivar un helicóptero en su camino.

En todo el país, más del 90 por ciento de las 313 instalaciones de control de tráfico aéreo operan por debajo de los niveles de personal recomendados por la Administración Federal de Aviación, según un análisis publicado en el New York Times el viernes, incluyendo 73 instalaciones que operan sin al menos una cuarta parte de su personal. Los controladores de tráfico aéreo se ven obligados rutinariamente a trabajar semanas de seis días y turnos de 10 horas.

Un análisis separado del Times de 2023 encontró que la FAA registró 503 fallas “significativas” en el control del tráfico aéreo en el año anterior, un aumento de más del 65 por ciento con respecto al año anterior.

El deterioro de las condiciones de seguridad aérea refleja la decadencia de la infraestructura social, que a su vez es producto de la completa subordinación de la vida social y económica a una oligarquía que dicta las políticas. Han pasado casi 45 años desde la huelga de controladores aéreos de PATCO en 1981. El entonces presidente Reagan aplastó la huelga despidiendo a más de 11.000 controladores, con la complicidad del aparato sindical de la AFL-CIO y ante la oposición masiva de la clase trabajadora.

Diecisiete años más tarde, el Aeropuerto Nacional fue rebautizado con el nombre de Reagan, en un homenaje a su exitosa represión sindical, en una legislación bipartidista aprobada por el Congreso y promulgada por el demócrata Bill Clinton.

La derrota de PATCO abrió las compuertas para un asalto al por mayor a toda la clase trabajadora. Las sucesivas administraciones, independientemente del partido, empujaron ola tras ola de reducción de costos, privatización y desregulación. Hoy en día, hay menos controladores de tráfico aéreo totalmente certificados que en 1981, y los que permanecen se ven obligados a trabajar turnos peligrosamente largos en condiciones cada vez más peligrosas.

El incendio social que están prendiendo las políticas de Trump intensificarán enormemente esta crisis. El jueves, al día siguiente del accidente, los controladores de tráfico aéreo y otros trabajadores federales recibieron una carta de la Oficina de Administración y Presupuesto, pero procedente del “Departamento de Eficiencia Gubernamental” del oligarca multimillonario Elon Musk, instándolos a renunciar a sus puestos de trabajo.

Según el New York Times, la carta afirmaba que el gobierno estaba “alentando a las personas a pasar de trabajos de menor productividad en el sector público a trabajos de mayor productividad en el sector privado”. Esto presumiblemente se refiere a cambiar a las personas de ocupaciones “inútiles” como el control del tráfico aéreo, la lucha contra pandemias o la prestación de consultas telefónicas para los beneficiarios del seguro social y Medicare, a trabajos de “mayor productividad” como Wall Street, seguros y otras estafas.

Finalmente, si bien la cobertura de los medios se ha centrado en las fallas del control del tráfico aéreo, una pregunta importante sigue sin examinarse a profundida: ¿Qué estaba haciendo exactamente el helicóptero de transporte militar Black Hawk en el espacio aéreo de Washington en el momento de la colisión?

Según el recién confirmado secretario de Defensa, Pete Hegseth, el helicóptero estaba realizando un ejercicio de práctica relacionado con la “Continuidad del Gobierno” (COG, por sus siglas en inglés). Este término se refiere a las operaciones más sensibles del Estado norteamericano, destinadas a mantener el control del vasto aparato militar y de inteligencia de los Estados Unidos por parte del presidente en caso de una emergencia nacional, como una guerra o disturbios civiles. Como informó ayer el WSWS, la trayectoria del vuelo indica que regresaba de un lugar al norte de la capital a lo largo del río Potomac, posiblemente la sede de la CIA en Langley, Virginia.

Según los informes iniciales, el Black Hawk también volaba por encima de la altitud designada para su ruta cuando se cruzó en el camino del avión de American Airlines. ¿Por qué se desvió de su ruta y altitud designadas? ¿Cómo terminó un avión militar que operaba en el espacio aéreo más monitoreado del mundo en una conocida ruta de aterrizaje para aviones comerciales?

El accidente tiene lugar en el contexto de un amplio esfuerzo de la Administración Trump para expandir masivamente el papel de los militares en los asuntos internos. En los primeros días de su Administración, Trump emitió una serie de órdenes ejecutivas que asignaban al Comando Norte de los Estados Unidos (NORTHCOM) la misión de “sellar” las fronteras y contrarrestar la llamada “invasión” de inmigrantes.

Estas órdenes presentan la migración masiva como una emergencia militar, justificando la intervención directa de las fuerzas armadas en lo que siempre han sido asuntos civiles en el pasado. Al mismo tiempo, la Administración ha señalado planes para invocar la Ley de Insurrecciones, una medida que permitiría el uso de los militares en todo Estados Unidos para reprimir la oposición política interna.

Bajo Trump, la transformación de Estados Unidos en un estado policial militarizado se está acelerando a un ritmo sin precedentes. Los eventos que rodearon este accidente indican que, al menos, estos preparativos se están llevando a cabo con un desprecio imprudente por la seguridad pública. El desastre de Washington D.C., que llega a menos de 10 días del inicio del nuevo Gobierno, es una indicación de las convulsiones sociales y políticas masivas que están por venir.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 febrero de 2024)

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