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La importancia histórica del ataque fascista de Trump contra la ciencia

Donald Trump observa la juramentación de Robert F. Kennedy Jr. como secretario de Salud en la Oficina Oval, el 13 de febrero de 2025 [AP Photo/Alex Brandon]

El inicio de los despidos masivos de más de 20.000 científicos y trabajadores de salud pública en el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, todas las siglas en inglés) marca un punto de inflexión histórico en el colapso de la democracia estadounidense y los esfuerzos de la Administración de Trump para establecer una dictadura fascista en los Estados Unidos.

La guerra de Trump contra la ciencia y la salud pública bajo la dirección del teórico conspirativo antivacunas Robert F. Kennedy Jr., se ha convertido en una política de tierra arrasada de vandalismo social, en la que todos los avances médicos y científicos logrados por innumerables científicos y trabajadores de la salud pública están siendo diezmados de la noche a la mañana.

Para Trump y la oligarquía financiera que representa, el enemigo en esta guerra es la clase obrera internacional, a la que están decididos a reducir a condiciones de esclavitud industrial y barbarie de forma no vista desde el régimen nazi de Adolf Hitler. Bajo el lema orwelliano “Hacer a Estados Unidos Saludable Otra Vez”, Trump y Kennedy están creando deliberadamente las condiciones para el florecimiento de las enfermedades infecciosas, la proliferación de la pseudociencia y la disminución constante de la esperanza de vida de las masas de trabajadores en los Estados Unidos y en todo el mundo.

Los despidos masivos del martes coincidieron con la juramentación de los nuevos directores de Trump de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), Jay Bhattacharya, y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), Martin Makary. Bhattacharya es más conocido por ser coautor de la Gran Declaración de Barrington, el manifiesto de “inmunidad colectiva” que justifica una política de permitir niveles masivos de infección, muerte y debilitamiento por COVID-19. Makary adoptó esta política, mientras que ambos difundieron la desinformación contra las vacunas y denigraron prácticamente todas las demás medidas de salud pública durante la pandemia.

Kennedy saludó su toma de posesión el martes con la declaración: “¡La revolución comienza hoy!”. Con esto se refería a una contrarrevolución social contra todos los vestigios restantes de salud pública e integridad científica en los CDC, la FDA y cualquier otra agencia del HHS.

Es imposible presentar sucintamente todo lo que tuvo lugar el 1 de abril, ya que miles de empleados de HHS y sus 13 agencias subsidiarias se despertaron con correos electrónicos que les informaban de sus despidos. Entre los desarrollos más significativos se encuentran los siguientes:

  • En el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH), 880 de 1.100 empleados fueron despedidos, eliminando la investigación sobre seguridad minera, exposición a productos químicos y más.
  • El ochenta por ciento del personal del Centro de Salud Global de los CDC fue despedido, lo que paralizó la detección de brotes en más de 40 países.
  • Se disolvió la subagencia de Prevención de Enfermedades Crónicas de los CDC, poniendo fin al seguimiento de la diabetes y las enfermedades cardíacas en 30 estados.
  • Se recortaron más de 300 puestos en la División de Prevención del VIH, y se estima que más de 20 millones de pacientes en toda África ahora quedarán aislados de la asistencia vital a través del PEPFAR.
  • La división de Ciencias de la Salud Ambiental de los CDC fue eliminada, deteniendo los estudios de toxicidad de sustancias PFAS y más.
  • El Centro Nacional para la Prevención y Control de Lesiones (NCIPC) fue disuelto, poniendo fin al seguimiento de la mortalidad por armas de fuego.
  • Todo el personal del Centro de Productos de Tabaco (CTP) de la FDA fue despedido.
  • En los NIH, se cerró el Instituto Nacional de Salud de las Minorías y Disparidades de Salud (NIMHD), poniendo fin a $500 millones en subvenciones para abordar las disparidades de salud raciales; y se cerró el Instituto Nacional de Investigación en Enfermería (NINR).
  • 450 de 900 empleados de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA) fueron despedidos.
  • En la Administración para la Preparación y Respuesta Estratégicas (ASPR), se despidió a 80 empleados, lo que debilitó la gestión de las existencias nacionales y la previsión de pandemias.
  • Entre los objetivos se encontraban los jefes de agencias, con al menos nueve directores de agencias despedidos o colocados en licencia administrativa, mientras que varios otros altos líderes fueron reasignados.
  • Cinco de las 10 oficinas regionales de HHS fueron cerradas, incluido en Boston, Nueva York, Chicago, San Francisco y Seattle.
  • En numerosas agencias, los equipos de comunicación fueron destruidos, lo que les impide dar avisos sobre una amplia gama de problemas de salud críticos tanto para la población estadounidense como para la mundial.

Todos estos recortes salvajes tendrán ramificaciones globales de gran alcance, pero podría decirse que los más siniestros son los que se dirigen a las agencias que supervisan el brote nacional de “gripe aviar” H5N1 en las granjas avícolas y lecheras.

Además de los despidos mencionados anteriormente en el Centro de Salud Global de los CDC y ASPR, 140 empleados fueron despedidos en el Centro de Medicina Veterinaria de la FDA, incluido el personal administrativo y directivo crítico. Estos tres centros colaboran con el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos para rastrear la propagación de la gripe aviar, que muchos científicos han advertido que amenaza con convertirse en la próxima pandemia. Históricamente, la gripe aviar ha tenido una tasa de mortalidad del 50 por ciento en humanos.

El mes pasado, Kennedy y la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, propusieron dejar que el virus arrasara las granjas avícolas en lugar de sacrificar a las aves infectadas. Esta política enloquecida, ampliamente denunciada por los científicos, daría efectivamente al virus decenas de millones de hospedadores para evolucionar, y los investigadores advierten que solo se necesita una mutación para que pueda transmitirse de persona a persona. Si se implementara una política de este tipo, no habría mecanismos efectivos para rastrear o informar sobre la propagación nacional de la gripe aviar, lo que muy bien podría desencadenar la próxima pandemia mundial.

Una granja avícola [Photo by Fot. Konrad Łoziński / CC BY 2.0]

Los eventos del martes, que múltiples fuentes han descrito como un “baño de sangre”, siguen a una serie de ataques sin precedentes contra la salud pública y la ciencia por parte de Trump y Kennedy, de los cuales los siguientes fueron los más significativos:

  • El 24 de enero, Trump retiró a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) e impuso órdenes de mordaza sin precedentes en las 13 agencias del HHS.
  • Miles de páginas de información científica han sido modificadas o eliminadas de los sitios web de los CDC, los NIH, la FDA y otras agencias del HHS, una forma de quema de libros moderna.
  • El 7 de febrero, el gasto de los NIH en instalaciones y administración se redujo en $ 4 mil millones, casi el 50 por ciento de la asignación actual de $9 mil millones, lo que afectó las becas de investigación en universidades de todo el país.
  • Kennedy ha minimizado el empeoramiento del brote de sarampión en Texas, en lugar de promover remedios curanderos como el aceite de hígado de bacalao e iniciar un “estudio” fraudulento sobre el vínculo entre las vacunas y el autismo, que será encabezado por el activista antivacunas David Geier.
  • Al declarar que “la pandemia ha terminado”, el HHS ha detenido la investigación financiada por los NIH sobre el COVID largo y las vacunas de próxima generación.
  • La semana pasada, el HHS rescindió su Política de Integridad Científica, permitiendo que los nombramientos políticos censuren o alteren estudios que contradigan las narrativas de la Administración.
  • La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) recortó 1.000 puestos, incluido el personal del Servicio Meteorológico Nacional crítico para el seguimiento de huracanes.
  • Los NIH han cancelado todos los estudios sobre la atención médica transgénero.
  • El 20 de marzo, Trump firmó una Orden Ejecutiva para iniciar el desmantelamiento del Departamento de Educación
  • El Departamento de Estado ha revocado cientos de visas de estudiante e incluso residencias permanentes tras utilizar la inteligencia artificial para inspeccionar las redes sociales, poniendo en la mira a activistas propalestinos como Mahmoud Khalil de Columbia y Momodou Taal de Cornell.
  • El 5 de marzo, Trump amenazó con desfinanciar cualquier institución que permitiera “protestas ilegales”, exigiendo la expulsión o deportación de los participantes. Varias universidades han cumplido inmediatamente con las órdenes.

Lo que surge de esta avalancha reaccionaria es una política clara y definida de contrarrevolución fascista. Los sectores dominantes de la clase dominante estadounidense están decididos a destruir todos los logros sociales obtenidos por la clase trabajadora durante el siglo XX, y han seleccionado a Trump como su führer para llevarlo a cabo.

El concepto nazi de Gleichschaltung—“sincronización” o “alineamiento”– provocó la destrucción de la libertad académica, la expulsión de los científicos judíos y la remodelación de la sociedad alemana hacia una dictadura fascista, socavando en el proceso todos los conceptos centrales de la Ilustración, el progreso humano y el materialismo filosófico.

Hoy, Trump exige lo mismo, y Kennedy lo lleva a cabo en el ámbito de la salud pública. Están reviviendo la perspectiva defendida por Hermann Göring en un discurso de junio de 1934 en Wassertrüdingen, cuando declaró: “Los verdaderos líderes nacen de sangre y tierra y no tienen necesidad de ciencia y cultura”.

Lo que ahora se está desarrollando es una inversión dramática y repentina del dominio de casi un siglo de la destreza científica estadounidense.

En la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en el centro mundial de investigación científica e innovación, y muchas de las agencias mencionadas se fundaron o reconstituyeron durante este período. Los mejores científicos de Europa, incluidos Albert Einstein y Enrico Fermi, huyeron del fascismo y buscaron refugio en los Estados Unidos. Esta “fuga de cerebros” inicial alimentada por el fascismo continuó en el período de posguerra, ya que Estados Unidos se convirtió en un imán para los mejores talentos científicos de todo el mundo.

A través de la integración profunda de estas agencias federales con el mundo académico, se lograron numerosos avances científicos que han salvado colectivamente a miles de millones de personas de muertes prematuras, han aumentado la esperanza de vida a nivel mundial y han moldeado profundamente la sociedad moderna.

Entre los mayores logros científicos logrados a través de esta colaboración se incluyen el desarrollo de técnicas de producción masiva de penicilina en la década de 1940; vacunas para prevenir la poliomielitis, el VPH, el ébola, el COVID-19 y otros patógenos; terapias y tratamientos para el VIH/SIDA, el trastorno bipolar, el cáncer de mama, las enfermedades cardíacas y una miríada de otras enfermedades crónicas; la Revolución Verde en la agricultura; el Proyecto del Genoma Humano; la tecnología de resonancia magnética; prácticamente todos los avances asociados con las tecnologías informáticas modernas y el Internet; y literalmente miles de avances médicos y tecnológicos más.

Este progreso científico siempre estuvo ligado y limitado por la geopolítica de la guerra fría y los esfuerzos del imperialismo estadounidense para socavar la Unión Soviética, mientras que el acceso a la educación superior seguía siendo limitado para grandes sectores de la clase trabajadora. Pero los avances realizados todavía tenían una gran importancia objetiva.

Con la llegada al poder de Reagan, la clase dominante estadounidense inició una contrarrevolución social, haciendo retroceder constantemente estas conquistas sociales, imponiendo despidos masivos que comenzaron con el despido de los controladores de tráfico aéreo de PATCO y canalizando una riqueza cada vez mayor a la oligarquía corporativa-financiera. A raíz del 11 de septiembre de 2001, estos procesos se aceleraron, ya que la guerra contra el terrorismo y décadas de guerra sin fin requirieron el desvío de recursos cada vez mayores a los militares.

Tras el inicio de la pandemia de COVID-19, las agencias de salud estadounidenses, que alguna vez fueron las más preeminentes, estaban totalmente desprevenidas y fueron fácilmente subordinadas a las políticas procapitalistas de las Administraciones de Trump y Biden. Fuera de la Operación Warp Speed y la rápida producción de vacunas, los jefes de los CDC, los NIH y otras agencias colaboraron en la guerra bipartidista contra la salud pública, lo que ayudó a sentar las bases para el regreso de Trump.

Pero la guerra que se desarrolla contra la ciencia y la salud pública bajo la nueva Administración de Trump marca un punto de inflexión cualitativo en este proceso. Todas las agencias científicas e instituciones académicas están en un estado de caída libre, del cual no se recuperarán bajo el capitalismo. Ya está en marcha una “fuga de cerebros” inversa. Una encuesta reciente de Nature encontró que el 75 por ciento de los científicos en los EE.UU. ahora están considerando abandonar el país, y la mayoría está considerando reubicarse a Europa y Canadá.

La oposición está creciendo entre los científicos, como parte de una creciente radicalización de la clase obrera estadounidense e internacional en respuesta a la amenaza del fascismo. Una carta abierta escrita “Al pueblo estadounidense” que condena el “asalto al por mayor de Trump a la ciencia estadounidense” ha sido firmada por más de 2.000 miembros electos de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina.

La defensa de la ciencia y la salud pública no puede confiarse al Partido Demócrata, que ha permitido plenamente la consolidación de un régimen fascista por parte de Trump y ha facilitado el terror de los estudiantes en los campus universitarios. Fueron Biden y los demócratas quienes implementaron completamente la política de “inmunidad colectiva” de Trump de infección y muerte masiva por COVID-19, mientras orquestaban el genocidio israelí de los palestinos y la despiadada represión de los manifestantes estudiantiles.

Al igual que con la lucha por defender los derechos democráticos y oponerse a la guerra y el genocidio, la lucha por la ciencia y la salud pública solo se desarrollará a través de la construcción de un movimiento socialista en la clase trabajadora, la gran fuerza social progresista bajo el capitalismo. El Partido Socialista por la Igualdad lidera esta lucha, e instamos a todos aquellos que buscan oponerse a la construcción de una dictadura fascista por parte de Trump a que se unan a nuestras filas hoy.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de abril de 2024)

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