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La ola de calor en Europa amenaza la vida de miles de personas

Un hombre intenta refrescarse en una fuente en Madrid, España. [AP Photo/Manu Fernandez]

Europa está atrapada en una gran ola de calor, con temperaturas sin precedentes en todo el continente.

Mientras los trabajadores sufren temperaturas mortales, cada vez más frecuentes y severas debido al cambio climático, los gobiernos europeos sabotean la reducción necesaria de emisiones de carbono para proteger los intereses de las grandes empresas y no hacen nada para proteger a la clase obrera y a los sectores más vulnerables del impacto del calor extremo.

Se registraron temperaturas récord de más de 46 grados Celsius (114,8 grados Fahrenheit) en España y Portugal, mientras que se alcanzaron los 40 grados C (104 grados F) en partes de Francia e Italia. Se espera que estas temperaturas lleguen a Alemania en los próximos días a medida que la ola de calor se desplace hacia el este.

Se han emitido alertas rojas con graves perturbaciones, incluyendo el cierre total o parcial de 1.350 escuelas en Francia. Un incendio forestal de gran magnitud ha estallado en la provincia turca de İzmir, lo que ha obligado a evacuar a decenas de miles de personas. También se han registrado incendios en Grecia, España y Portugal. En Creta, se evacuó a 1.500 personas y dos personas murieron en incendios en Cataluña, España.

La causa inmediata de la ola de calor es una cúpula de calor, una región de alta presión sobre un área extensa que impide que el aire caliente del Mediterráneo se eleve. Al quedar atrapado, este aire caliente evapora la humedad, aumentando la humedad relativa y dificultando que el cuerpo pierda calor mediante la sudoración, lo que eleva el riesgo para la salud. Estos fenómenos extremos son cada vez más probables y frecuentes debido al calentamiento global impulsado por las emisiones de combustibles fósiles.

Es probable que la ola de calor cause la muerte de miles de personas en todo el continente. Un estudio publicado en Nature Medicine estimó que hubo 47.690 muertes relacionadas con el calor en Europa en 2023. El estadístico Pierre Masselot dijo a Politico que esta ola de calor podría causar la muerte de 4.500 personas en Europa entre el 30 de junio y el 3 de julio.

Las personas mayores de 65 años son particularmente vulnerables, así como quienes están obligados a trabajar en condiciones extremas, especialmente al aire libre. En Italia, un obrero de 47 años murió tras desmayarse por un golpe de calor en su lugar de trabajo. Un trabajador francés de 35 años sufrió un paro cardíaco fatal al salir de su obra, y una niña estadounidense de 10 años murió tras desmayarse por el calor en el Palacio de Versalles.

El sindicato Comisiones Obreras de España informó de cinco muertes de trabajadores vinculadas al calor en las últimas tres semanas, incluyendo a un trabajador agrícola indocumentado, un obrero de 63 años en un almacén sin ventilación, y un trabajador vial de 58 años mientras las temperaturas alcanzaban los 42 grados C (107,6 grados F).

Existen pocas protecciones legales para los trabajadores y muchas veces estas solo existen en el papel. La Unión Europea no establece límites máximos de temperatura para trabajar con seguridad, y la mayoría de las leyes nacionales permiten continuar el trabajo con “mitigaciones” si se superan los niveles de temperatura considerados inseguros.

Según un informe de EUROGIP, casi ningún estado miembro tiene límites obligatorios de temperatura para trabajos al aire libre en los sectores de la construcción, la agricultura y la logística. Bélgica y Chipre son algunas de las pocas excepciones que exigen más descansos en caso de calor y humedad extremos.

La mayoría de las leyes sobre el calor extremo dejan en manos de los empleadores la decisión sobre las medidas de mitigación adecuadas, y los trabajadores solo pueden presentar un informe en lugar de detener el trabajo si las condiciones son inseguras.

La legislación española requiere la reducción de la jornada laboral solo “previo informe de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social”, que para olas de calor cortas pero brutales, como la actual, llega demasiado tarde. En Italia, Francia, Austria y Luxemburgo se compensa parcialmente a los trabajadores si se suspende el trabajo por calor, pero solo si los empleadores declaran dicha suspensión.

Todas estas leyes permiten que los empresarios obliguen a los trabajadores a laborar bajo calor extremo, con la hoja de parra de unas pocas medidas de mitigación, como ofrecer agua potable. La indiferencia de los políticos capitalistas respecto a la protección de los trabajadores frente a las consecuencias del cambio climático refleja la brutal actitud adoptada frente a la pandemia de COVID-19, cuando se eliminaron las medidas necesarias de distanciamiento social y confinamiento para reiniciar la producción mientras el virus se propagaba sin control.

El hecho de que las olas de calor mortales se hayan vuelto la norma cada verano exige una acción urgente, tanto para poner en marcha medidas de salud pública que protejan vidas frente al calor extremo, como para invertir el calentamiento global que impulsa el cambio climático.

Estas medidas incluirían un vasto programa de obras públicas e infraestructura, garantizando aire fresco y limpio en todos los edificios, tanto para proteger del calor como para prevenir la propagación de virus como el COVID-19, además de rediseñar las ciudades para evitar el efecto “isla de calor” que atrapa las temperaturas en zonas urbanas. Un estudio publicado en The Lancet estimó que aumentar la vegetación en las ciudades entre un 20 y 30 por ciento podría haber evitado más de un millón de muertes por calor entre 2000 y 2019.

Tal como sucede con la actual pandemia de COVID-19, no existe un programa de mitigación de este tipo, ya que todo el gasto público está siendo recortado para financiar el rearme de los países europeos y el constante enriquecimiento de la oligarquía financiera.

Una abrumadora cantidad de evidencia científica señala el papel de las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero en el aumento de la frecuencia y severidad de las olas de calor. Un informe de científicos de World Weather Attribution estima que la mitad de la población mundial —4.000 millones de personas— sufrió 30 días adicionales de calor extremo causado por el cambio climático entre el 1 de mayo de 2024 y el 1 de mayo de 2025.

A pesar de las promesas repetidas por los gobiernos capitalistas de recortar emisiones, la cantidad anual de emisiones de CO2 continúa aumentando cada año. Múltiples gobiernos han afirmado hipócritamente su compromiso con combatir el cambio climático, mientras se oponen a tomar las medidas urgentes necesarias.

Particularmente cínico fue el gobierno de Macron en Francia, cuyo ministro de salud declaró frente a la ola de calor que los “escépticos del clima ya han sido convencidos: hemos visto claramente que el clima ha cambiado”. Sin embargo, el presidente Macron se unió a los gobiernos derechistas de Hungría y Polonia para exigir retrasos en el anuncio de los objetivos climáticos de la UE para 2040, solicitando que cualquier reducción de emisiones de carbono sea “compatible con nuestra competitividad”.

El gobierno ultraderechista de Giorgia Meloni en Italia ha utilizado un discurso similar, con su ministro de medio ambiente cuestionando si el cambio climático es causado por “un factor cíclico de la Tierra” y oponiéndose a las regulaciones climáticas de la UE, ya que Italia debe “defender sus intereses nacionales”.

Se informa que el plan climático para 2040 de la UE permitirá que los países miembros cumplan parcialmente sus objetivos pagando a países en desarrollo para que reduzcan sus emisiones. Los grupos ambientalistas han criticado esta medida porque permite que los países desarrollados desvíen recursos en lugar de reducir sus propias emisiones.

Incluso el objetivo de alcanzar un 90 por ciento menos de emisiones respecto a los niveles de 1990 para el año 2040 resulta totalmente insuficiente para evitar un aumento de la temperatura promedio global de 1,5 grados C por encima de los niveles preindustriales. Según modelos del Climate Action Tracker, las actuales promesas y objetivos llevarían a un aumento promedio de 2,1 grados C, y las políticas y acciones reales actuales significarían un mundo 2,7 grados C más cálido, con consecuencias catastróficas.

El calentamiento global vincula los intereses de los trabajadores de Europa con los del resto del mundo, donde el cambio climático a menudo genera condiciones aún más letales.

En el sur y sudeste de Asia, incluso temperaturas de 35 grados C (95 grados F) pueden ser mortales debido a la alta humedad, que impide que el cuerpo se enfríe mediante la sudoración. En Estados Unidos, dos carteros fallecieron mientras trabajaban durante el calor extremo, mientras la administración Trump declara una guerra abierta tanto contra las regulaciones de salud y seguridad como contra la protección del clima.

El argumento de que los trabajadores deben apoyar a “su” burguesía en la destrucción del planeta para que puedan competir contra empresas de otros países es una negación perversa de la realidad. La clase trabajadora es, por su naturaleza, internacional y no tiene ningún interés en la carrera hacia el abismo, que no solo lleva a un empeoramiento de salarios y condiciones laborales, sino que crea condiciones de vida insoportables en todo el planeta.

El cambio climático solo puede combatirse mediante la lucha internacional por el socialismo, rechazando el sistema de estados nacionales en el cual los trabajadores son subordinados a los intereses de sus explotadores capitalistas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de julio de 2025)

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