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Siguiendo el ejemplo del intento dictatorial de Trump, Boeing contrata rompehuelgas para quebrar paro en planta de defensa

Trabajadores de Boeing en huelga [Photo: IAM]

Boeing anunció el jueves que comenzará a contratar reemplazos permanentes para los 3.200 trabajadores en huelga en sus plantas de defensa en el área de St. Louis, quienes ya llevan seis semanas en las líneas de piquete. La decisión constituye una provocación deliberada, llevada a cabo con el respaldo total de Wall Street y la administración de Trump. Debe ser respondida con una movilización masiva de la clase trabajadora en St. Louis y en todo el país en apoyo a la huelga.

El aislamiento de la huelga impuesto por los funcionarios de la Asociación Internacional de Maquinistas (IAM, por sus siglas en inglés), quienes nunca quisieron que se llevara a cabo, debe ser roto. Esto sólo puede lograrse mediante la construcción de una nueva dirección, elegida desde la base, que arrebate el control a los saboteadores de la burocracia del IAM y luche por la solidaridad más amplia posible con los trabajadores de la región y del país.

La clase dominante empresarial y estatal no permitirá que la resistencia obrera ponga en peligro el gigantesco programa de rearme dirigido a la guerra contra Rusia y China. Las plantas de St. Louis producen misiles y aviones de combate para el ejército estadounidense y las Fuerzas de Defensa de Israel, y se están preparando para la producción de la próxima generación del F-47. Boeing también compite por el contrato del programa F/A-XX de la Armada.

Pero lo que más enfurece a la clase dominante no es un posible retraso en los equipos militares, sino el espectro de una oposición obrera generalizada en la sociedad. Los trabajadores de Boeing se declararon en huelga luego de rechazar un contrato que ofrecía aumentos salariales de sólo el 20 por ciento en cuatro años, y que hacía poco por acortar el tiempo requerido para que los trabajadores alcanzaran la tarifa máxima. A lo largo del país, los trabajadores enfrentan un costo de vida insoportable mientras las corporaciones quebrantan récords de ganancias, lo que representa un intento de retroceder las condiciones de vida por generaciones.

Los trabajadores de Boeing no están solos. Están en huelga junto a cientos de trabajadores del sector Aeroespacial de GE en Cincinnati, quienes fabrican motores para barcos de guerra de la Armada estadounidense y forman parte de la misma cadena de suministro militarista. Las medidas rompehuelgas de Boeing son al mismo tiempo una advertencia para los trabajadores de GE, que enfrentan no sólo a la patronal sino también a una burocracia del sindicato United Auto Workers (UAW) que hace apología de la guerra. Esto evidencia la necesidad de unidad entre trabajadores de ambas empresas.

La dictadura corporativa contra la que luchan los trabajadores de Boeing encuentra su expresión más acabada en la administración de Trump. Las acciones de Boeing no pueden separarse del despliegue del ejército en ciudades estadounidenses. El lunes, Trump anunció el inicio de la “Operación Midway”, que contempla el despliegue de la Guardia Nacional en Chicago, con docenas de otras ciudades a seguir. Esto forma parte de su plan en desarrollo para establecer una dictadura fascista en Estados Unidos.

El objetivo de estas medidas es la clase trabajadora estadounidense, como lo demuestra simultáneamente el ataque contra los huelguistas de Boeing. Al combinar su lucha contra la desigualdad y la pobreza con la defensa de los derechos democráticos, la clase obrera debe convertirse en la principal fuerza de combate contra la dictadura.

La clase trabajadora estadounidense tiene una experiencia amarga con el despliegue de la milicia estatal, complementada por agentes de la agencia Pinkerton y otros matones contratados por las empresas, para asesinar a huelguistas hace generaciones. Ludlow, Blair Mountain, Homestead y otros lugares se han convertido en sinónimo de la violencia brutal que el capital estadounidense ha infligido a los trabajadores por exigir derechos mínimos. Pero lo que se está preparando actualmente va incluso más allá de ese pasado oscuro: implica la abolición de toda apariencia de democracia.

Esta trayectoria fue anticipada por el Partido Demócrata. Durante las protestas masivas contra el asesinato policial de Michael Brown en St. Louis en 2014, fueron los funcionarios demócratas quienes supervisaron el despliegue de vehículos blindados MRAP y otras armas del autodenominado “combate contra el terrorismo” en las calles estadounidenses. Hoy, los demócratas se unen a los republicanos para sofocar protestas contra la guerra en los campus universitarios.

La decisión de Boeing de contratar esquiroles lleva claramente la impronta de Trump. Es inconcebible pensar que se haya tomado sin una estrecha colaboración con la Casa Blanca. De hecho, es casi seguro que la administración ha estado involucrada desde el principio.

Trump puede salirse con la suya gracias al mutismo calculado de los demócratas y de la burocracia sindical. Ambos temen profundamente las implicaciones de un movimiento desde abajo. Los sindicatos no mencionaron la huelga en sus discursos por el Día del Trabajo, e incluso evitaron organizar actos en Washington D. C., donde la Guardia Nacional ya fue desplegada, para no abordarla. Peor aún, muchos se están alineando abiertamente con Trump. Los dirigentes del UAW, los Teamsters y la Asociación Internacional de Estibadores repiten la mentira nacionalista de que su guerra comercial traerá de vuelta los empleos, mientras colaboran con las corporaciones estadounidenses en ejecutar despidos masivos.

La burocracia del IAM, por su parte, no hace nada para resistir las políticas rompehuelgas de Boeing. Tom Boelling, presidente del Distrito 837 del IAM, emitió sólo una declaración superficial a la prensa, restando importancia al peligro y ofreciendo “consejos gratuitos” a Boeing para no enojar a los trabajadores.

Nada de esto aparece en la portada del sitio web del IAM. En su lugar, hay un artículo sobre un evento local de recaudación de fondos para perros. Esto lo dice todo sobre cómo la burocracia sindical ve a los trabajadores: los tratan peor que a los animales.

El IAM hizo todo lo posible por evitar esta huelga. Ahora intenta aislarla y derrotarla. Están condenando a los trabajadores a la miseria con una paga de huelga de apenas 200 dólares semanales. Su única preocupación es seguir cobrando cuotas sindicales, sin importar quién trabaje en las plantas una vez terminada la huelga.

Anteriormente, el IAM incluso pidió la intervención de Trump en la huelga, asegurando absurdamente a los trabajadores que él tomaría su lado. En realidad, la burocracia buscaba su ayuda para cerrarla. Al mismo tiempo, apelaron a figuras de la extrema derecha como el senador Josh Hawley, así como a “aliados” del Partido Demócrata en el Congreso.

Mientras tanto, la burocracia utiliza las amenazas de Boeing para reforzar su campaña de intimidación, insistiendo en que los trabajadores están indefensos y que no se puede hacer nada. Esto es una mentira. Los trabajadores pueden apoyarse en enormes reservas de indignación acumuladas tras décadas de desigualdad y explotación, que hoy están llegando a un punto de quiebre. Pero esto requiere una nueva estrategia: la movilización de la clase trabajadora contra la empresa, el Estado y la misma burocracia sindical.

Debe construirse un comité de huelga de base, compuesto por trabajadores de confianza del taller y excluyendo a los funcionarios sindicales. Los trabajadores deben tomar el control de la huelga como parte de una rebelión contra la burocracia, que actúa como agente de la dirección empresarial mientras monopoliza cientos de millones en cuotas para financiar sus propios salarios.

Las demandas de tal comité deben incluir:

• 800 dólares semanales en pago de huelga.

• Control obrero sobre los piquetes, incluida la organización de piquetes volantes para extender el apoyo en toda la región.

• Cierre total de las operaciones de Boeing, particularmente con medidas que impidan el entrenamiento de rompehuelgas, y un llamado a huelgas solidarias de las plantas de aviones comerciales de Boeing, cuyos trabajadores también se declararon en huelga el año pasado solo para ser traicionados y devueltos al trabajo bajo un contrato entreguista del IAM.

• Control de las negociaciones por parte de la base, incluyendo la transmisión en vivo de todas las conversaciones y la publicación de toda la correspondencia entre la burocracia y el gobierno. Un equipo de negociación desde la base debe garantizar que la lucha se lleve a cabo por lo que realmente necesitan los trabajadores, y no en su contra a puertas cerradas.

Por encima de todo, los trabajadores deben unirse con sus hermanos y hermanas de clase en todo el mundo mediante la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB) para construir una lucha común contra la desigualdad y la explotación.

Como explicó la declaración del WSWS para el Día del Trabajo: “ya es hora de que los trabajadores se organicen y preparen su propia contraofensiva. La clase trabajadora posee un inmenso poder social que puede paralizar la producción, detener toda la economía y derrocar a la clase dominante. Pero este poder solo puede hacerse realidad mediante una organización independiente y claridad política”.

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(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de septiembre de 2025)

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