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Perspectiva

Chicago se vuelve el primer blanco del Departamento de Guerra Civil de Trump

El presidente Donald Trump habla con reporteros partiendo de la Casa Blanca, Washington D.C., en camino a la Ciudad de Nueva York, 7 de septiembre de 2025 [AP Photo/Jose Luis Magana]

El sábado por la mañana, el presidente estadounidense Donald Trump declaró la guerra a la tercera mayor ciudad del país, Chicago. En su cuente de Truth Social, publicó un elaborado gráfico mostrándolo a la cabeza de un ataque con helicópteros con la ciudad en el horizonte, bajo el título “Chipocalipsis ahora”.

Tanto la imagen como el título y la frase acompañante —”Amo el olor de las deportaciones en la mañana”— se refieren al filme de 1979 Apocalipsis ahora dirigido por Francis Ford Coppola sobre la guerra de Vietnam. El gráfico, aparentemente creado con inteligencia artificial y las direcciones de Trump, lo presenta como el enloquecido oficial y criminal de guerra representado por Robert Duvall, quien amaba “el olor del napalm en la mañana” del asesinato de la población vietnamita a manos del imperialismo estadounidense.

Hacia la parte inferior de la imagen está escrito: “Chicago a punto de descubrir por qué se llama Departamento de GUERRA”.Trump se jactaba de su orden ejecutiva, firmada el viernes, de cambiar el nombre del Departamento de Defensa, el establecimiento militar más grande del planeta, al Departamento de Guerra.

Un nombre más apropiado sería el Departamento de Guerra Civil, ya que la administración Trump está atacando a la población estadounidense con la violencia del aparato militar y policial. Trump y sus asesores han dejado claro que los despliegues en D.C. y Chicago serán seguidos por docenas de otras ciudades estadounidenses.

Estas acciones carecen de precedentes y no tienen fundamento legal o constitucional. Trump declaró que sería un dictador “desde el primer día”, y ahora está demostrando que esto no fue una exageración. Se deleita con la violencia y la ilegalidad. La cuestión no es si la dictadura es un peligro, ya se está erigiendo, paso a paso, a la vista del mundo.

El asalto a los inmigrantes es una punta de lanza para un asalto más amplio a toda la clase trabajadora. La semana pasada, casi 500 trabajadores fueron capturados en una sola redada en el sitio de construcción de Hyundai en Georgia, con más de 300 de Corea del Sur, la mayor redada de inmigración en la historia de los Estados Unidos. A esto le siguió la redada de inmigrantes y ciudadanos estadounidenses que trabajaban en una fábrica de barras de granola en Cato, Nueva York, el domingo.

El “zar fronterizo” de Trump, Tom Homan, anunció el domingo que Chicago y otras “ciudades santuario” deberían esperar redadas masivas respaldadas por tropas de la Guardia Nacional. Mientras tanto, se están movilizando tropas en Luisiana para su despliegue en Nueva Orleans.

Trump está actuando en nombre de los multimillonarios y jefes corporativos cuya corrupción, codicia y hostilidad a los derechos democráticos personifica. El carácter de clase de este asalto se subrayó la semana pasada cuando Trump se reunió en Washington con un grupo de multimillonarios y financieros de la tecnología, incluidos Mark Zuckerberg de Facebook, Sergey Brin de Google, Bill Gates de Microsoft y Sam Altman de OpenAI. La oligarquía se está alineando abiertamente con la dictadura de Trump, reconociendo que su riqueza y poder dependen de aplastar los derechos democráticos y suprimir la resistencia de la clase trabajadora.

Actuando en nombre de esta oligarquía, la administración Trump está involucrada en un asalto al por mayor contra la clase trabajadora: eliminando las medidas de salud pública y las vacunas para reducir la esperanza de vida; implementando y planificando un asalto masivo contra Medicare, Medicaid y la Seguridad Social; e intensificando la explotación. Trump y los oligarcas son plenamente conscientes de que estas políticas provocarán una oposición explosiva. Miles de personas ya han salido a las calles en Washington y Chicago para oponerse a la ocupación militar de la capital por parte de Trump y a su amenaza de despliegue de tropas en las principales ciudades.

Existe una asombrosa contradicción entre la escala del asalto de Trump a los derechos democráticos y la respuesta de los medios de comunicación, el Partido Demócrata y el aparato sindical.

Los medios corporativos están haciendo todo lo posible para minimizar el peligro dictatorial. El New York Times, el Washington Post y el Wall Street Journal informaron sobre la amenaza de Trump contra Chicago en sus sitios web el sábado, pero no en sus ediciones impresas, y el tema fue ignorado por varios de los programas de entrevistas de televisión dominicales. “Meet the Press” no lo mencionó, mientras que CNN permitió que Homan, hablando en nombre del presidente, afirmara que las palabras de Trump, en una publicación diseñada y pagada por la Casa Blanca, ¡habían sido sacadas de contexto!

En Illinois, el gobernador J.B. Pritzker y la senadora Tammy Duckworth describieron las acciones de Trump como “declarar la guerra a una ciudad estadounidense” y “no normal”, mientras que el alcalde de Chicago, Brandon Johnson, advirtió que Trump quería “ocupar nuestra ciudad y romper nuestra Constitución”. Pero ninguno de ellos propuso ninguna acción más allá de presentar demandas que se prolongarán durante años en tribunales dominados por los nombramientos de Trump.

La conducción demócrata en el Congreso ha dicho poco y no ha hecho nada en respuesta a la creciente represión militar y policial de Trump. El senador de Vermont Bernie Sanders, en medio de su gira de “lucha contra la oligarquía”, está haciendo todo lo posible para fingir que no está sucediendo. No hay llamados a un juicio político, no hay esfuerzos para organizar manifestaciones masivas, no hay ninguna lucha para detener el golpe de Estado de Trump. Esto se debe a que los demócratas están aterrorizados de que un llamado a movilizar la oposición masiva al Gobierno de Trump pueda salirse de su control y representar una amenaza para toda la clase dominante.

La burocracia de la AFL-CIO, UAW, Teamsters y los otros sindicatos están aún más aterrorizados por las consecuencias de un movimiento obrero de masas contra Trump. No ha dicho nada sobre la toma de poderes dictatoriales por parte de Trump, al igual que no ha hecho nada para defender a los cientos de trabajadores inmigrantes detenidos en Georgia. El aparato es un instrumento de las corporaciones y el Estado, que funciona como una fuerza de policía laboral para reprimir la oposición en los lugares de trabajo.

Pero los problemas que ahora enfrentan los trabajadores no pueden ignorarse. El Partido Socialista por la Igualdad insiste en que solo la clase trabajadora, organizada independientemente de la burocracia sindical y los demócratas, puede detener el establecimiento de la dictadura.

Como escribió el World Socialist Web Site el 20 de agosto:

Ante la ausencia de una oposición dentro de la estructura política existente, el centro de resistencia a Trump debe trasladarse hacia la clase trabajadora. Las preguntas políticas básicas que deben responderse son: ¿Qué debe hacer la clase trabajadora, con el apoyo de los estudiantes y todas las fuerzas progresistas con la sociedad, para detener el establecimiento de una dictadura en los Estados Unidos? ¿Cuáles son las nuevas formas de acción de masas organizada, incluida una huelga general, necesarias para defender los derechos democráticos de la clase trabajadora? ¿Qué cambios en la estructura económica y social del país son necesarios para romper el poder de la oligarquía financiero-corporativa?

Estas preguntas deben convertirse en tema de discusión en cada lugar de trabajo, vecindario y escuela. Los trabajadores deben organizarse para exigir y luchar por el fin de la dictadura y la represión, uniendo a los trabajadores nacionales e inmigrantes por igual contra las redadas masivas de ICE. Deben oponerse al despilfarro de miles de millones de dólares en la guerra imperialista mientras las necesidades sociales no se satisfacen, resistir los ataques a la ciencia y la salud pública e insistir en lugares de trabajo seguros donde las vidas se valoren por encima de las ganancias.

El Partido Socialista por la Igualdad pide a la clase trabajadora que tome la iniciativa en la organización de la oposición masiva al golpe de Trump. Esto significa crear comités de base en cada lugar de trabajo, escuela y vecindario para coordinar huelgas, manifestaciones y resistencia colectiva. Dichos comités deben preparar el terreno para una huelga general contra la dictadura y la guerra.

Para que haya una oposición real, debe provenir de la movilización independiente de los propios trabajadores. Guiado por una perspectiva socialista, este movimiento debe apuntar a quitar el poder político de las manos de la oligarquía financiera y reorganizar la sociedad sobre la base de la igualdad y la necesidad humana, no del lucro privado. Solo así se podrá acabar con la desigualdad, la represión y la dictadura.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de septiembre de 2025)

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