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Perspectiva

La Revolución Socialista Mundial es la respuesta a la guerra imperialista y al fascismo

David North pronunció dos conferencias en línea por invitación de los Clubes Socialdemócratas en la Universidad de Bilkent y la Universidad Técnica de Oriente Próximo , ambas ubicadas en Ankara, Turquía. Esta conferencia se pronunció el 19 de febrero.

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Agradezco esta oportunidad de hablarles desde Detroit y permítanme expresar mi gratitud al Club Socialdemócrata por extender esta invitación.

Esta reunión se lleva a cabo en condiciones de inmensa crisis. Existe un peligro inminente de un ataque estadounidense e israelí contra Irán. Según un reportaje publicado hace varias horas en el New York Times:

La rápida acumulación de fuerzas estadounidenses en Oriente Próximo ha progresado hasta el punto de que el presidente Trump tiene la opción de emprender una acción militar contra Irán tan pronto como este fin de semana, dijeron funcionarios de la administración y del Pentágono, dejando a la Casa Blanca con opciones de alto riesgo que persiguen la diplomacia o la guerra....

Las fuerzas israelíes, que han estado en alerta máxima durante semanas, han estado haciendo preparativos para una posible guerra, y una reunión del gabinete de seguridad de Israel se trasladó del domingo al jueves [hoy], según dos funcionarios de defensa israelíes.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional, el Partido Socialista por la Igualdad en los Estados Unidos y el Consejo Editorial Internacional del World Socialist Web Site denuncian la guerra planeada contra Irán. Es una violación abierta del derecho internacional. Se incluye en la categoría de 'crímenes contra la paz', que fue el principal cargo presentado contra los líderes nazis en los juicios de 1945–46 en Núremberg.

El gobierno fascistizante de Trump es capaz de cualquier crimen. Dirige la política exterior a la manera del Tercer Reich de Hitler.

En solo las últimas seis semanas, el régimen de Trump ha atacado a Venezuela y secuestrado a su presidente. Ha impuesto un bloqueo a Cuba, con el objetivo de privarla de petróleo y matar de hambre a su población. Está apoyando el genocidio israelí en curso del pueblo de Gaza.

Ya sea que la guerra comience o no dentro de los próximos días, o dentro de varias semanas o incluso meses, habrá guerra. Incluso si hay un anuncio repentino de un avance diplomático, no hará más que cambiar el cronograma de un ataque. Los objetivos del imperialismo estadounidense -la dominación del planeta- no pueden lograrse pacíficamente. La guerra contra Irán es, para Estados Unidos, una etapa esencial en su preparación para el próximo conflicto con China.

La guerra no se detendrá apelando a los gobiernos imperialistas y burgueses. La clase obrera internacional se enfrenta a una situación comparable a la que existía en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Pero la comparación es inadecuada, porque las consecuencias de la guerra hoy serían infinitamente más terribles que hace 87 años. La humanidad se enfrenta al peligro inminente de una catástrofe nuclear que podría resultar en la destrucción de toda vida humana.

Esta es la situación que confiere a las palabras de León Trotsky, escritas en 1938, una urgencia abrumadora: 'Sin una revolución socialista, en el próximo período histórico, una catástrofe amenaza toda la cultura de la humanidad'.

Por este motivo la reunión de hoy es tan importante. No se puede hablar seriamente de revolución socialista sin recurrir a un estudio cuidadoso de la vida y obra de León Trotsky.

Entre los años más importantes de la vida de Trotsky pasaron en Turquía, la mayor parte de ese tiempo en la isla de Büyükada. Entre 1929 y 1933, Trotsky escribió su autobiografía, Mi vida, y su incomparable Historia de la Revolución rusa. También escribió los importantes documentos políticos que analizaban la situación política en Alemania y advertían que las políticas desastrosas del Partido Comunista Alemán estaban despejando el camino para la llegada al poder del Partido Nazi de Hitler. Finalmente, en la víspera de su partida de Büyükada, en julio de 1933, Trotsky hizo el llamado para la construcción de la Cuarta Internacional.

¿Cuáles fueron los eventos que llevaron al exilio de Trotsky?

En enero de 1929, León Trotsky fue expulsado de la Unión Soviética por el régimen burocrático dirigido por Stalin. Durante los cinco años anteriores había liderado la lucha de la Oposición de Izquierda, fundada en octubre de 1923, contra la degeneración burocrática del Estado obrero creado por la Revolución de Octubre de 1917. A pesar de las mentiras del régimen estalinista, es un hecho histórico que el papel de Trotsky en la conquista del poder por parte del Partido Bolchevique y la supervivencia del régimen soviético en la lucha contra la intervención imperialista entre 1918 y 1921 fue comparable al desempeñado por Lenin.

Esta evaluación del papel de Trotsky se basa en lo siguiente:

La perspectiva que culminó en la toma del poder por los bolcheviques se basó en la teoría de la revolución permanente de Trotsky, que había desarrollado después de la revolución de 1905. Trotsky previó que la revolución democrática burguesa en Rusia asumiría la forma de una revolución socialista, en la que la clase obrera derrocaría a la clase capitalista y tomaría el poder en sus propias manos. Además, la revolución obrera en Rusia no sería solo un evento nacional; su futuro estaría inextricablemente ligado al desarrollo de la revolución socialista mundial.

Esta fue la perspectiva que Lenin adoptó en abril de 1917 a su regreso a Rusia. Como consecuencia del estallido de la primera guerra mundial imperialista en 1914, Lenin alteró su evaluación de la dinámica de clase de la revolución en Rusia. Abandonó el programa de larga data del Partido Bolchevique de la dictadura democrática del proletariado y el campesinado y argumentó que la tarea que surgía del derrocamiento del régimen zarista era la conquista del poder por parte de la clase obrera.

Lenin y Trotsky en la plaza Roja de Mosc[u, 1919

En el curso de la guerra mundial, que expuso el papel reaccionario de la Segunda Internacional y sus partidarios mencheviques en Rusia, Trotsky llegó a reconocer que la lucha que Lenin había librado desde 1903 contra las tendencias oportunistas y centristas era correcta.

Por lo tanto, el cambio en el programa del Partido Bolchevique y la aceptación por parte de Trotsky de los principios prescientes de organización del partido de Lenin, finalizaron los conflictos anteriores a 1917 entre estas dos figuras históricas. Trotsky y muchos de sus copensadores entraron en el Partido Bolchevique. Como Lenin escribiría en septiembre de 1917, no había mejor bolchevique que Trotsky.

En septiembre-octubre de 1917, Trotsky, como presidente del Comité Militar Revolucionario del Soviet, fue el principal táctico y organizador de la toma del poder.

En la primavera de 1918, Trotsky fue nombrado comisario de Guerra y comandante supremo del recién creado Ejército Rojo. Durante los siguientes tres años, Trotsky desempeñó el papel más crítico en su victoria sobre las fuerzas contrarrevolucionarias respaldadas por todas las principales potencias imperialistas.

Lenin y Trotsky desempeñaron el papel decisivo en la fundación de la Tercera Internacional y fueron las figuras más influyentes en los primeros cuatro congresos de la Comintern celebrados anualmente entre 1919 y 1922. Trotsky escribió el histórico Manifiesto del Segundo Congreso y pronunció muchos de los discursos más importantes en estos congresos críticos. Stalin, por el contrario, no pronunció un solo discurso en ninguno de los primeros cuatro congresos.

La estrategia política que subyace a la fundación de la Internacional Comunista (Comintern) y guio sus primeros cuatro congresos fue que la victoria de la Revolución de Octubre marcó el comienzo de la Revolución Socialista Mundial. De hecho, los cálculos estratégicos que guiaron las políticas seguidas por los bolcheviques después del regreso de Lenin a Rusia en abril de 1917 se basaron, ante todo, en una evaluación de las condiciones internacionales, más que nacionales.

Trotsky se reúne con delegados de la Comintern

Los problemas que inicialmente llevaron a la formación de la Oposición de Izquierda estaban relacionados con las políticas económicas, la burocratización del Partido Comunista Ruso (PCR) y la supresión de la democracia interna del partido. Pero la división aún más significativa dentro del PCR surgió en 1924. A raíz de la muerte de Lenin, los ataques entre facciones contra Trotsky se intensificaron. La esencia antimarxista de la campaña contra Trotsky se reveló en diciembre de 1924 en un ensayo escrito por Stalin, donde por primera vez avanzó, en oposición a la estrategia internacionalista de la Revolución de Octubre, el programa nacionalchovinista de 'socialismo en un solo país'.

Falsificando crudamente la historia de la Revolución de Octubre y los escritos de Lenin, Stalin denunció el programa de la revolución permanente y declaró que la supervivencia de la URSS y la construcción del socialismo no requerían la victoria del socialismo en los países capitalistas avanzados de Europa occidental y América del Norte, que existían dentro de Rusia suficientes recursos nacionales para el desarrollo de una sociedad socialista.

Atacó la insistencia de Trotsky de que, en las propias palabras de Stalin, 'la victoria del socialismo en un país es imposible, que esa victoria del socialismo es posible solo como la victoria de varios de los mayores países de Europa (Reino Unido, Rusia, Alemania), conformando los Estados Unidos de Europa; de lo contrario, no es posible en absoluto'.

Stalin atacó con especial vehemencia la siguiente declaración de Trotsky:

Mientras la burguesía permanezca en el poder en los otros países europeos, nos veremos obligados, en nuestra lucha contra el aislamiento económico, a luchar por acuerdos con el mundo capitalista; al mismo tiempo, se puede decir con certeza que estos acuerdos pueden, en el mejor de los casos, ayudarnos a mitigar algunos de nuestros males económicos, a dar uno u otro paso adelante, pero el progreso real de una economía socialista en Rusia solo será posible después de la victoria del proletariado en los principales países capitalistas.

Estas palabras, declaró Stalin con su característica deshonestidad, cinismo y miopía pragmática, equivalían al 'naufragio final' de la teoría de la revolución permanente.

Ha pasado más de un siglo desde que la burocracia estalinista lanzó su ataque contra Trotsky y el programa de la revolución permanente. El repudio del programa de la revolución socialista mundial culminó hace 35 años en el 'naufragio final' de la Unión Soviética. A pesar de los logros genuinos de la Unión Soviética y los sacrificios extraordinarios de la clase obrera soviética, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, el socialismo nunca fue construido. El programa de 'socialismo en un solo país' condujo a innumerables desastres políticos, que culminaron en la disolución de la URSS en 1991.

Incluso después de la disolución voluntaria de la URSS a manos de la burocracia soviética, los restos reaccionarios de los viejos partidos comunistas, así como los grupos de radicales pequeñoburgueses y nacionalistas pseudoizquierdistas, proclaman a Stalin como su héroe. Declaran su solidaridad con el hombre que no solo ordenó el asesinato de los camaradas más cercanos de Lenin en la dirección del Partido Bolchevique, sino que también impulsó el terror sangriento que exterminó a cientos de miles de trabajadores, intelectuales y artistas marxistas entre 1936 y 1940. Entre las víctimas de Stalin se encontraban líderes socialistas más allá de las fronteras de la URSS, incluido el líder del POUM español, Andreu Nin, y, finalmente, el propio Trotsky.

Las concepciones estratégicas de Trotsky han sido reivindicadas por todo el curso de la historia. De hecho, el análisis de Trotsky de la crisis global del sistema capitalista conserva un nivel extraordinario de relevancia política.

En 1928, exiliado a Alma Ata en Kazajstán, Trotsky escribió una crítica detallada del Proyecto de Programa de la Comintern. Fue un análisis fulminante de la bancarrota teórica y estratégica del programa del socialismo en un solo país. En uno de sus pasajes más críticos, Trotsky hizo esta evaluación de la época histórica:

En nuestra época, que es la época del imperialismo, es decir, de la economía mundial y la política mundial bajo la hegemonía del capital financiero, ningún partido comunista puede establecer su programa partiendo única o principalmente de las condiciones y tendencias de los desarrollos en su propio país. Esto también se aplica por completo al partido que ejerce el poder estatal dentro de los límites de la URSS. El 4 de agosto de 1914 marcó la sentencia de muerte para los programas nacionales por siempre. El partido revolucionario del proletariado sólo puede basarse en un programa internacional que corresponda al carácter de la época actual, la época del mayor desarrollo y colapso del capitalismo. Un programa comunista internacional no es en ningún caso la suma total de programas nacionales o una amalgama de sus características comunes. El programa internacional debe proceder directamente de un análisis de las condiciones y tendencias de la economía mundial y del sistema político mundial en su conjunto en todas sus conexiones y contradicciones, es decir, con la interdependencia mutuamente antagónica de sus partes separadas. En la época actual, en una medida mucho mayor que en el pasado, la orientación nacional del proletariado debe y puede fluir solo de una orientación mundial y no viceversa. Aquí radica la diferencia básica y primaria entre el internacionalismo comunista y todas las variedades del nacionalsocialismo.

Trotsky con su esposa Natalia Sedova y su hijo León Sedov en Alma Ata, 1928 [Photo: Unknown author - Троцкий Л. Д. Моя жизнь / Предисл. докт. ист. наук И. С. Розенталь. — М.: Вагриус, 2001]

Como resultado de su orientación nacionalista, el proyecto de programa redactado por Bujarin, con la aprobación de Stalin, no entendió las contradicciones del sistema imperialista mundial ni, en particular, las implicaciones explosivas del ascenso del imperialismo estadounidense. Trotsky insistió en que sin un análisis preciso del papel de los Estados Unidos, las perspectivas para la revolución socialista mundial no podían formularse correctamente. Trotsky enfatizó el papel dominante de los Estados Unidos. Sin embargo, no sacó de este análisis la conclusión de que Estados Unidos fuera invencible. En cambio, con asombrosa perspicacia, Trotsky escribió que:

Es precisamente la fuerza internacional de los Estados Unidos y su irresistible expansión lo que incorpora los polvorines de todo el mundo en los cimientos de su estructura, es decir, todos los antagonismos entre Oriente y Occidente, la lucha de clases en la Vieja Europa, los levantamientos de las masas coloniales y todas las guerras y revoluciones. Por una parte, esto hace del capitalismo norteamericano la potencia contrarrevolucionaria fundamental de la era moderna, cada vez más interesada en mantener el ‘orden’ en todos los rincones del Orbe; por la otra, esto sienta las bases para una colosal explosión revolucionaria en esta potencia imperialista mundial ya dominante y en constante expansión.

Trotsky continuó:

En el período de crisis, la hegemonía de los Estados Unidos operará de manera más completa, más abierta y más despiadada que en el período de auge. Estados Unidos buscará superar y liberarse de sus dificultades y enfermedades principalmente a expensas de Europa, independientemente de si esto ocurre en Asia, Canadá, América del Sur, Australia o la propia Europa, o si esto ocurre pacíficamente o mediante la guerra.

Estas palabras, escritas hace 98 años, describen con asombrosa exactitud la política actual de la administración Trump. Si se me permiten citaré un ensayo que escribí la semana pasada:

Trotsky no solo predijo una tendencia general hacia el conflicto imperialista. Identificó, con extraordinaria especificidad, el alcance geográfico de las ambiciones depredadoras del imperialismo estadounidense y la crueldad con la que se perseguirían. Casi un siglo después, Trump amenaza la soberanía de Canadá, amenaza con tomar el control del Canal de Panamá, invade Venezuela, exige la cesión de Groenlandia a Dinamarca y amenaza a Irán con la destrucción militar.

En 1934, con el ascenso del fascismo alemán y el acercamiento de una segunda guerra mundial, Trotsky desarrolló aún más su análisis del imperialismo estadounidense: '¿El mundo está dividido? Hay que repartirlo nuevamente. Para Alemania se trataba de ‘organizar Europa’. Estados Unidos tiene que ‘organizar’ el mundo. La historia está enfrentando a la humanidad con la erupción volcánica del imperialismo norteamericano'.

Esa frase -la erupción volcánica del imperialismo estadounidense- no es una metáfora que ha caducado. Es un pronóstico científico que se está cumpliendo.

Ochenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos proclama sin rodeos que busca reorganizar el mundo bajo su control sobre la base de un programa reaccionario que Hitler aplaudiría.

El 14 de febrero, el secretario de Estado, Marco Rubio, pronunció un discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich que es una justificación abiertamente fascista del militarismo imperialista, el chovinismo nacional y racial y el repudio del derecho internacional.

El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, se pronuncia durante la Conferencia de Seguridad de Múnich en Múnich, Alemania, 14 de febrero de 2026 [AP Photo/Alex Brandon]

El hecho de que el discurso se pronunciara en Múnich le imparte una ironía que sus autores eran demasiado ignorantes o demasiado cínicos para reconocer. Munich no es solo la ciudad donde se ha celebrado esta conferencia de seguridad de la posguerra desde 1963. Es la ciudad donde Adolf Hitler lanzó su carrera política, hizo su primer intento de derrocar a la República de Weimar en noviembre de 1923, donde el Partido Nazi celebró sus primeros mítines masivos y donde, en septiembre de 1938, los gobiernos de Reino Unido y Francia desmembraron Checoslovaquia y se la entregaron a Hitler. Las clases dominantes británicas y francesas estaban preparadas para sacrificar una república ostensiblemente democrática a un dictador fascista con la esperanza de que la máquina de guerra nazi continuara centrándose en el este, hacia la Unión Soviética, y dejara sus imperios intactos. Las consecuencias de esta connivencia con Hitler son bien conocidas: la guerra más catastrófica de la historia humana, el Holocausto y la muerte de decenas de millones.

Rubio no menciona los crímenes del fascismo. Más bien, para el secretario de Estado estadounidense, la caída del Tercer Reich fue un trágico punto de inflexión histórico:

Durante cinco siglos, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, Occidente se había estado expandiendo: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores salían de sus costas para cruzar los océanos, colonizar nuevos continentes, construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo.

Pero en 1945, por primera vez desde la era de Colón, se estaba contrayendo. Europa estaba en ruinas. La mitad vivía detrás de una Cortina de Hierro y el resto parecía que pronto seguiría. Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por revoluciones comunistas impías y por levantamientos anticoloniales que transformarían el mundo y cubrirían con la hoz y el martillo rojos vastas franjas del mapa en los años venideros.

El andamiaje del discurso de Rubio es el concepto de 'civilización occidental' como una entidad singular y orgánica que se remonta a milenios. 'Miles de años de civilización occidental pendían de un hilo', declaró Rubio sobre la Guerra Fría. Invocó 'las lecciones de más de 5.000 años de historia humana registrada'. Habló de 'la mejor civilización de la historia humana'.

Es mitología. El secretario de Estado ni siquiera puede contar. Cinco mil años se remontan a Sumeria y al Egipto dinástico, civilizaciones que eran geográficamente de Oriente Próximo y del norte de África y que pertenecen al patrimonio de toda la humanidad. Los antiguos griegos no se consideraban 'occidentales'. El concepto de 'civilización occidental' es una fórmula intelectual dudosa y relativamente moderna forjada en gran medida al servicio de la expansión colonial europea.

Después de la caída de Roma, la mayor parte de la filosofía griega se perdió en la cristiandad latina durante siglos. Su recuperación dependió de los eruditos árabes y persas que preservaron, tradujeron y extendieron el pensamiento griego mientras Europa seguía siendo un remanso intelectual. Los fundamentos matemáticos de la ciencia moderna no están menos endeudados con Oriente: el álgebra se originó en el siglo IX en Bagdad; el sistema numérico decimal vino de la India; el papel, la impresión, la brújula y la pólvora vinieron de China. Nada de esto se reconoce en el discurso de Rubio. 'Occidente' se presenta como un milagro civilizatorio que no debe nada a nadie.

Rubio, tan ignorante como reaccionario, omite que la Revolución estadounidense fue proclamada por sus líderes como un nuevo desarrollo en la evolución de la humanidad, no como la continuación de una civilización eterna y atemporal, tradiciones atrasadas y formas de gobierno obsoletas. Como escribió el pensador revolucionario Tom Paine en su famoso folleto Sentido Común, 'Tenemos en nuestro poder comenzar el mundo de nuevo'.

Lo que deja fuera el discurso de Rubio es tan revelador como lo que contiene. Las palabras 'democracia', 'igualdad' y 'derechos humanos' no aparecen en ninguna parte del texto. Tampoco la Revolución estadounidense, la Revolución francesa, la 'Carta de derechos' o 'La proclamación de emancipación'.

La proclamación de emancipación

Estas omisiones son deliberadas. Las revoluciones democráticas se basaron en principios universalistas irreconciliables con la política que Rubio articula. 'La declaración de la independencia' pronunciaba que 'todos los hombres son creados iguales'. La 'Carta de los derechos del hombre' proclama que 'los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos'. La 'Carta de derechos' protege al individuo contra el poder del Estado. El discurso no puede mencionar estos documentos porque su lógica lleva a conclusiones que Rubio repudia: la igualdad de todos los seres humanos, la universalidad de los derechos, la subordinación del poder a la ley.

El odio de Rubio a la Ilustración replica el de los nazis. El 1 de abril de 1933, Goebbels declaró: 'El año 1789, el comienzo de la Revolución francesa, se borra de la historia'.

El discurso de Rubio se basa en una ideología antiilustrada y fascista profundamente arraigada en el pensamiento burgués. Aunque socavada y relegada a un segundo plano por la derrota de los regímenes de Hitler y Mussolini en 1945, la ideología fascista ha resurgido desde la disolución de la Unión Soviética en 1991.

El discurso de Rubio en Múnich representa la legitimación del fascismo. Las instituciones de la modernidad liberal -el derecho internacional, la cooperación multilateral, la restricción del poder estatal por las normas legales- son obstáculos que deben ser eliminados. Lo que debe reemplazarlos es un orden jerárquico arraigado en la identidad étnica y racial y sostenido a través de la dictadura autoritaria y la guerra. No hay nada en este discurso que Goebbels no hubiera respaldado con entusiasmo.

La glorificación de la 'civilización cristiana' por parte del secretario de Estado está llena de engaños e hipocresía. No menciona la Inquisición ni sus siglos de tortura sistemática, conversión forzada y la quema viva de herejes, judíos y brujas acusadas.

Los 'vastos imperios' que el discurso idealiza se basaron en innumerables atrocidades, que incluyeron el comercio de esclavos en el Atlántico y el saqueo sistemático de la India por parte de la Compañía Británica de las Indias Orientales, que transformó una de las regiones más ricas del mundo en un interior colonizado y produjo hambrunas que mataron a decenas de millones. El imperio del rey Leopoldo en el Congo belga se basó en la extracción de caucho a través de trabajos forzados, mutilaciones y asesinatos en masa que redujeron la población en un estimado de 10 millones. Podrían encontrarse más ejemplos.

Aquí se debe hacer una aclaración crítica, una que distinga el análisis marxista de estos crímenes históricos del marco de Rubio y de las críticas liberales que simplemente invierten su mitología civilizatoria.

El comercio de esclavos, la destrucción de los pueblos indígenas, el saqueo de la India, los horrores del Congo, no fueron el producto de una abstracción llamada 'civilización occidental'. No eran las emanaciones de una esencia cultural o una herencia racial. Eran los productos de un modo de producción históricamente específico: el capitalismo, que, como escribió Marx, 'viene goteando de la cabeza a los pies, de cada poro, con sangre y mugre'.

La llamada acumulación primitiva de capital -la expropiación violenta del campesinado, la trata de esclavos, el saqueo colonial- no era una característica incidental del desarrollo capitalista. Representaba su requisito previo. Como escribió Marx en Das Kapital:

El descubrimiento del oro y la plata en América, la extirpación, esclavitud y sepultura de la población aborigen en las minas, el comienzo de la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en una conejera para la caza comercial de pieles negras, señalaron la rosada aurora de la era de la producción capitalista'. Estos procedimientos idílicos son los principales momentos de la acumulación primitiva.

El discurso de Rubio omite esta sórdida historia al atribuir el poder de la época capitalista a una 'civilización occidental' atemporal, una mistificación que sirve varios propósitos.

Karl Marx (1818-1883)

En primer lugar, naturaliza la dominación capitalista presentándola como el florecimiento de una eterna esencia racial, étnica y religiosa. En segundo lugar, proporciona una justificación para la opresión y los crímenes más atroces. En tercer lugar, proporciona un sustituto para un análisis científico de los fundamentos socioeconómicos de la sociedad y, sobre todo, de la lucha de clases. La descripción de Trotsky de las fantasías reaccionarias e irracionales de los ideólogos nazis se puede aplicar sin modificación a la teoría racial-étnico-religiosa de la historia de Rubio. En su ensayo de 1934, '¿Qué es el nacionalsocialismo?' Como Trotsky escribió:

Para elevarla por encima de la historia, la nación recibe el apoyo de la raza. La historia es vista como la emanación de la raza. Las cualidades de la raza se interpretan sin relación con las condiciones sociales cambiantes. Rechazando el 'pensamiento económico' como base, el nacionalsocialismo desciende a una etapa más baja: del materialismo económico apela al materialismo zoológico.

Aunque Rubio no reconoce la lucha de clases, está obsesionado con ella. La narrativa de Rubio del siglo XX aborda la lucha contra el marxismo y la revolución socialista. Esto alinea a la administración con la tradición más reaccionaria de la política exterior estadounidense. Esta es la tradición que justificó todas las atrocidades de la Guerra Fría, desde el derrocamiento de Mossadegh en Irán y Arbenz en Guatemala hasta la Guerra de Vietnam y el apoyo a las dictaduras militares en América Latina, África y Asia, como una defensa de la 'civilización occidental' contra el 'comunismo ateo'. Al invocar esta tradición sin reservas, el discurso señala que la misma justificación se utilizará para legitimar cualquier acción militar y encubierta que emprenda la administración.

Los pasajes más ominosos del discurso celebran el uso unilateral de la fuerza militar por parte de la administración y rechazan explícitamente el derecho internacional. Rubio recita un catálogo de violencia con evidente orgullo: el bombardeo de Irán, el secuestro de un jefe de Estado en Venezuela. Declara que 'a quienes amenazan descarada y abiertamente a nuestros ciudadanos' no se les puede permitir 'esconderse detrás de las abstracciones del derecho internacional'. Pide una alianza 'que no permita que su poder sea subcontratado, restringido o subordinado a sistemas fuera de su control' ni 'que pida permiso antes de actuar'.

En otro pasaje, Rubio afirma: “Los ejércitos no luchan por abstracciones. Los ejércitos luchan por un pueblo; los ejércitos luchan por una nación. Los ejércitos luchan por una forma de vida '. La declaración de Rubio equivale a la reducción de países, incluido Estados Unidos, en tribus étnicas y raciales. En cuanto a su afirmación de que los ejércitos 'no luchan por abstracciones', ¿cómo explica Rubio la guerra revolucionaria de independencia emprendida por los estadounidenses entre 1775 y 1783? La población se movilizó sobre la base de las 'verdades' 'evidentes' y abstractas definidas por Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia. En 1863, en el campo de batalla de Gettysburg, Lincoln declaró que los soldados de la Unión habían luchado y muerto en defensa de la 'proposición de que todos los hombres son creados iguales'.

Un renombrado historiador y biógrafo de Lincoln me escribió a principios de esta semana, en respuesta al discurso de Rubio: 'Medio millón de soldados de la Unión perdieron la vida en una guerra civil que se trataba de una idea'.

Abraham Lincoln [Photo: Civil war photographs, 1861-1865, Library of Congress, Prints and Photographs Division]

Las 'verdades' invocadas por Jefferson y la 'proposición' defendida por Lincoln eran 'abstracciones' que tenían un profundo contenido histórico, social y democrático, arraigado en la filosofía materialista de la Ilustración, y que preparó las bases de los movimientos revolucionarios de finales del siglo XVIII y XIX.

Rubio, denunciando las 'abstracciones' del pensamiento democrático, glorifica las abstracciones irracionales del fascismo: 'Pueblo', 'nación' y 'forma de vida', que son de carácter místico y no contribuyen en nada a una comprensión científica de la historia y la estructura socioeconómica de la sociedad. El hecho de que las idioteces fascistas de Rubio recibieran una ovación de pie al final de su discurso demuestra que el repudio de la administración Trump a los principios democráticos es compartido por la burguesía europea.

El discurso no cayó del cielo. La administración Trump es el producto de procesos económicos y sociales interrelacionados:

  1. El prolongado declive de la supremacía industrial global de los Estados Unidos.
  2. El crecimiento maligno de la financiarización, que se caracteriza por el dominio abrumador de los mercados financieros, los instrumentos y las instituciones sobre la economía real, la producción y el trabajo. Las ganancias no se generan a través de la inversión productiva, sino a través de actividades especulativas como el apalancamiento, la inflación de activos, la expansión del crédito y las fusiones.
  3. El surgimiento de una nueva aristocracia -también puede describirse como una oligarquía de megamillonarios y multimillonarios- cuyas fortunas no derivan de la producción, sino de la gestión y manipulación de los activos financieros. La base de su riqueza es una expansión masiva del capital ficticio.
  4. El crecimiento de niveles asombrosos de desigualdad social. En los Estados Unidos, la riqueza del 0,1 por ciento más rico de la población es cinco veces mayor que la riqueza total del 50 por ciento más pobre de la población.

Estas condiciones económicas y sociales objetivas subyacen a la ruptura de la democracia burguesa, el giro hacia el fascismo y la erupción del militarismo. Las políticas internas y externas de la administración Trump son una manifestación de la crisis. Busca revertir el drástico deterioro de su posición económica global a través de la guerra. Intenta imponer las cargas del enorme endeudamiento nacional, ahora de más de $38 billones, a través de la intensificación de la explotación y el empobrecimiento de la clase trabajadora.

Es instructivo medir la distancia que ha recorrido el orden político estadounidense. Franklin Roosevelt, en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1941, definió los objetivos de la guerra estadounidense en términos de cuatro libertades universales (es decir, 'abstracciones'): libertad de expresión, libertad de culto, libertad de la necesidad y libertad del miedo, 'en todas partes del mundo'. Estos no eran los privilegios de la civilización occidental o de los pueblos cristianos. Fueron declarados el derecho de nacimiento de 'todas las personas en el mundo'. Roosevelt entendió que la guerra solo podía justificarse como una lucha contra el fascismo.

Roosevelt no pudo haber pronunciado el discurso de Rubio. Creía que estaba obligado a legitimar el poder estadounidense en términos democráticos y universalistas. Esa compulsión se mantuvo, en gran medida, por la presión ejercida por la existencia de la Unión Soviética y la amenaza de la revolución socialista. El discurso de Rubio marca el punto en el que la clase dominante ha prescindido por completo de esta obligación. Se repudia la tradición democrática revolucionaria, y lo que la reemplaza es la ideología contrarrevolucionaria de sangre, fe y destino civilizatorio contra la que se libraron las revoluciones democráticas.

El anticomunismo visceral del discurso expresa un odio de clase que es, en todo caso, más intenso hoy que durante la Guerra Fría, precisamente porque ha vuelto la crisis del sistema capitalista que produjo los levantamientos revolucionarios del siglo XX.

Lo que Rubio, Trump y las élites gobernantes europeas reunidas en Múnich buscan resucitar es el mundo que se hizo añicos el 25 de octubre de 1917, cuando la clase obrera rusa, dirigida por el Partido Bolchevique bajo Lenin y Trotsky, tomó el poder estatal y estableció el primer Estado obrero de la historia. La Revolución de Octubre no fue simplemente un evento ruso. Fue un terremoto histórico mundial. Demostró, en la práctica, que el sistema capitalista no era eterno, que la clase dominante no era invencible, que la clase trabajadora podría tomar el poder y comenzar la construcción de un nuevo orden social. Puso en marcha una ola de luchas revolucionarias en Reino Unido , Alemania, Hungría, Italia, China y en todo el mundo colonial. Elevó la conciencia política de cientos de millones a quienes se les había dicho, durante siglos, que su subyugación era el orden natural de las cosas.

Revolución de Octubre 1917

La Revolución de Octubre contribuyó significativamente a la victoria del movimiento nacional progresista en Turquía sobre las fuerzas respaldadas por el imperialismo.

A partir de 1920–1921, la Rusia soviética proporcionó una ayuda significativa al gobierno de Ankara, incluyendo oro, armas y municiones. Esto era de vital importancia porque los nacionalistas turcos luchaban en múltiples frentes. Sin el apoyo crítico del gobierno soviético, la independencia del Estado turco no se habría asegurado.

Por supuesto, esto no impidió que el régimen nacionalista burgués de Ataturk reprimiera brutalmente el movimiento comunista dentro de Turquía.

Como consecuencia de la Revolución de Octubre, el marco ideológico dentro del cual las potencias imperialistas habían justificado su dominación -la mitología de la superioridad civilizatoria, el derecho divino de las naciones 'avanzadas' a gobernar a los pueblos 'atrasados' - recibió un golpe del que nunca se ha recuperado.

Esto es lo que el discurso de Rubio está tratando de deshacer. Cuando lamenta la 'contracción' de la civilización occidental después de 1945, está de luto por las consecuencias de Octubre. Rubio exige que Occidente deje de 'expiar los supuestos pecados de las generaciones pasadas', que deje de disculparse por las cámaras de gas de Auschwitz y Treblinka.

Rubio exige que la clase dominante se libere de las restricciones morales y políticas que la amenaza de la revolución socialista le impuso. El Estado del bienestar, las concesiones a los derechos democráticos, el compromiso formal con el derecho internacional, todos eran, en gran medida, productos del miedo de la burguesía a la revolución. Con la disolución de la Unión Soviética en 1991, la clase dominante concluyó que esta amenaza había pasado y que las concesiones podían tomarse de vuelta. El discurso de Munich es la expresión ideológica de esa retirada, llevada a su conclusión lógica en el abrazo abierto del militarismo imperialista y el repudio de las normas democráticas.

La vehemencia de la retórica anticomunista en 2026, más de tres décadas después de la disolución de la URSS, revela una profunda ansiedad por la estabilidad del capitalismo. León Trotsky escribió una vez que la burguesía estadounidense es la más asustada de todas las clases dominantes. Lo que aterroriza a la clase dominante es la perspectiva de que la clase trabajadora vuelva a encontrar su camino hacia un programa revolucionario genuinamente marxista, que la crisis objetiva del sistema capitalista, que está produciendo niveles de desigualdad, inestabilidad y conflicto geopolítico no vistos desde la década de 1930, generará los mismos impulsos revolucionarios que produjeron Octubre.

Y ninguna figura histórica asusta más a los imperialistas que León Trotsky. Su importancia se extiende mucho más allá de 1917, por más inmenso que fuera. A través de la teoría de la revolución permanente, fue Trotsky quien proporcionó la concepción estratégica que guilo a Octubre y que conserva su validez hoy: la comprensión de que en la época del imperialismo, las tareas democráticas en los países oprimidos, y también en los países imperialistas más avanzados, solo pueden completarse a través de la conquista del poder por parte de la clase obrera como parte de la revolución socialista mundial. Fue Trotsky quien defendió el programa del socialismo internacional contra la perversión estalinista del 'socialismo en un solo país'. Y fue Trotsky quien, al fundar la Cuarta Internacional en 1938, estableció la continuidad programática del marxismo genuino durante el período más oscuro del siglo XX.

León Trotsky

Es bien sabido que Hitler, así como sus adversarios imperialistas, incluido Churchill, responderían con rabia a la mera mención del nombre de Trotsky. Observando este hecho, Trotsky escribió en 1939: 'A estos caballeros les gusta dar un nombre personal al espectro de la revolución'. El odio que se dirigió contra él personalmente, explicó Trotsky, refleja su temor 'de que su barbarie sea conquistada por la revolución socialista'.

La clase dominante ha dedicado enormes recursos a la supresión del legado de Trotsky. El asesinato de Trotsky por Stalin en 1940 fue la culminación de una campaña de genocidio político -los Juicios de Moscú, el exterminio de toda una generación de líderes bolcheviques- que sirvió a los intereses no solo de la burocracia soviética sino de la burguesía mundial. La falsificación de la historia de la Revolución rusa y la supresión del legado de Trotsky han sido fundamentales para el arsenal ideológico de la clase dominante. La narrativa de la 'muerte del comunismo' que siguió a la disolución soviética dependió de la identificación del socialismo con el estalinismo: la fusión deliberada del programa revolucionario de octubre con la contrarrevolución burocrática que lo traicionó.

El discurso de Rubio combina el estalinismo con el socialismo y trata los regímenes burocráticos de la posguerra como si fueran la realización, en lugar de la negación, del programa de la Revolución de Octubre.

La identificación del estalinismo con el socialismo por parte de los propagandistas imperialistas es una necesidad política. Si se reconoce la distinción entre el programa revolucionario de Lenin y Trotsky y la tiranía burocrática de Stalin, entonces el colapso de la Unión Soviética no demuestra nada sobre la viabilidad del socialismo. Prueba solo lo que Trotsky predijo: que la burocracia estalinista, al estrangular la democracia obrera y subordinar la revolución mundial a sus propios intereses nacionales, finalmente destruiría el Estado obrero y restauraría el capitalismo, que es precisamente lo que sucedió. El 'triunfo de la civilización occidental' que celebra Rubio fue el triunfo de la contrarrevolución estalinista, el acto final en la larga traición de la burocracia a Octubre, llevada a cabo con la colaboración entusiasta de las potencias imperialistas.

Las implicaciones son profundas. Si la crisis del socialismo en el siglo XX se entiende no como el fracaso del programa revolucionario sino como la consecuencia de su traición, entonces el programa en sí mismo, el programa de la revolución socialista internacional, del poder obrero, de la reorganización planificada de la economía mundial sobre la base de la necesidad social en lugar de la ganancia privada, conserva su plena validez histórica.

La clase trabajadora debe reconocer el discurso de Rubio por lo que es: una celebración de la violencia militar unilateral, el rechazo del derecho internacional, la identificación de la migración como una amenaza de civilización, el duelo de los imperios perdidos, la demanda de inocencia histórica, el borrado de las revoluciones democráticas y la catástrofe fascista del registro histórico.

Pero la clase dominante se enfrenta a un problema que ninguna cantidad de mitología civilizatoria puede resolver. La crisis objetiva del sistema capitalista, que escalona la desigualdad, el estallido de la guerra imperialista, la ruptura de las instituciones democráticas, la destrucción del medio ambiente, está llevando a la clase trabajadora a la lucha. Las oleadas de huelgas que arrasan todos los principales países capitalistas, las protestas de masas, la creciente radicalización de la juventud, el colapso de la confianza en los partidos establecidos: estas son las expresiones iniciales de un proceso revolucionario que surge de las contradicciones irresolubles del propio capitalismo.

Es en este contexto que el legado de Octubre y la herencia teórica de León Trotsky adquieren su significado contemporáneo más inmediato. El World Socialist Web Site, publicado por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, ha proporcionado, durante más de un cuarto de siglo, el análisis marxista coherente de la crisis del capitalismo mundial y la orientación política de las luchas de la clase obrera. Ha insistido, contra toda forma de desmoralización y revisionismo, en la lección central del siglo XX: que la crisis de la clase obrera es una crisis de dirección revolucionaria, y que su resolución requiere la construcción de un partido revolucionario de masas de la clase obrera, guiada por el programa de la revolución permanente y organizada para la conquista del poder político.

El discurso de Rubio en Múnich es la voz de un orden social condenado al fracaso. La 'civilización occidental' que celebra no es una esencia atemporal, sino el imperialismo capitalista, un sistema que ha agotado su potencial progresista y ahora amenaza a la humanidad con la barbarie. La alternativa no es un capitalismo reformado, ni un imperialismo más ilustrado. La alternativa es el socialismo, la reorganización de la vida económica sobre la base de la propiedad social, la planificación democrática y la cooperación internacional, llevada a cabo por la única clase con el interés y el poder para lograrlo.

Con justa razón estamos asustados los imperialistas. El espectro de Octubre no ha sido enterrado porque las contradicciones que lo produjeron se han intensificado. La clase obrera internacional es más grande, más interconectada y más poderosa hoy que en cualquier otro momento de la historia. Lo que le falta es una dirección política consciente que pueda transformar la creciente resistencia de los trabajadores en un movimiento unificado para la transformación socialista. La construcción de esa dirección, es decir, de secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en todos los países, es la tarea política decisiva de nuestra época.

Leon Trotsky en su escritorio en Prinkipo

Permítanme concluir esta conferencia citando palabras escritas por Trotsky en 1930 en la isla de Büyükada:

El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país. Una de las causas fundamentales de la crisis de la sociedad burguesa consiste en que las fuerzas productivas creadas por ella no pueden conciliarse ya con los límites del Estado, nacional. De aquí se originan las guerras imperialistas, de una parte, y la utopía burguesa de los Estados Unidos de Europa, de otra. La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta.

Es responsabilidad y privilegio de su generación luchar y lograr 'la victoria final' del socialismo previsto por León Trotsky.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de febrero de 2026)

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