Más de 32.000 soldados de 14 países miembros de la OTAN están realizando actualmente maniobras en Noruega y Finlandia con el fin de crear las condiciones necesarias para la apertura de un frente septentrional en una guerra contra Rusia. La operación militar bienal recibió el viernes la visita del canciller alemán Friedrich Merz, el primer ministro canadiense Mark Carney y el primer ministro noruego Jonas Gahr Støre, lo que pone de relieve la importancia que las potencias imperialistas otorgan a la preparación para la guerra en el Ártico.
El ejercicio «Cold Response» (Respuesta fría) incluye operaciones terrestres, marítimas y aéreas en el norte de Noruega, Finlandia y Suecia. Alrededor de 25.000 soldados participan en operaciones en territorio noruego y frente a la costa del 9 al 19 de marzo. Otros 7.500 soldados operan en el norte de Finlandia, mientras que las operaciones aéreas se llevan a cabo en los tres países nórdicos. El mayor contingente de tropas, cercano a los 4.000 efectivos, proviene de Estados Unidos, pero todas las principales potencias europeas también han enviado un número considerable.
La región se encuentra en la primera línea de la agresiva presión militar de la OTAN sobre Rusia. Finlandia tiene una frontera de 1.300 kilómetros con Rusia, mientras que Noruega tiene una frontera más corta, de 200 kilómetros. Además, la costa de Noruega proporciona acceso directo a pasos navales clave para que la navegación comercial y militar rusa llegue al océano abierto.
El ejercicio se produce en medio de una militarización masiva en toda la región ártica, mientras las potencias imperialistas y los estados más pequeños compiten por obtener ventaja en una región estratégicamente crucial para el comercio, los recursos energéticos y la guerra. Si bien Cold Response y otros ejercicios están ostensiblemente dirigidos contra Rusia, las tensiones se están agudizando entre los imperialistas europeos y norteamericanos. Esto se refleja en el hecho de que Cold Response forma parte de la operación más amplia de la OTAN denominada Arctic Sentry, lanzada en enero en respuesta a las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de utilizar la fuerza militar para arrebatarle a Dinamarca el control de Groenlandia. Trump y sus asesores fascistas consideran que el control de Groenlandia es esencial en el marco de su agenda «America First», que exige el dominio total de Estados Unidos sobre todo el hemisferio occidental como plataforma para librar guerras globales contra China y otros rivales.
Merz hizo hincapié en la necesidad de que el imperialismo europeo refuerce su independencia militar respecto a EE. UU. en declaraciones a los medios de comunicación durante su visita a Noruega, donde se reunió con los mandos militares del contingente de más de 1.200 soldados alemanes que participan en el ejercicio. «Hemos dependido de otros sistemas de lanzamiento y de otros países durante demasiado tiempo», dijo durante su visita al puerto espacial de Andøya, en el norte de Noruega, donde una empresa emergente con sede en Múnich está intentando fabricar un cohete europeo capaz de poner satélites en órbita. «El momento de Europa es ahora».
El próximo lanzamiento de prueba de un cohete desde el puerto espacial está previsto entre el 19 de marzo y el 19 de abril, dependiendo de las condiciones meteorológicas. La misión tiene como objetivo poner en órbita terrestre cinco satélites europeos. Los imperialistas europeos ven esta iniciativa principalmente desde un punto de vista militar, ya que la tecnología satelital independiente es crucial para seleccionar objetivos durante una guerra y mantener canales de comunicación seguros.
La estrecha colaboración entre Alemania y Noruega en materia militar quedó patente con la presencia del ministro de Defensa, Boris Pistorius, junto a Merz durante la visita. Además de la tecnología espacial, empresas alemanas y noruegas están cooperando para construir un submarino de última generación destinado al combate en aguas árticas y costeras. La empresa alemana TKMS (Thyssen Krupp Marine Systems) ha liderado el proyecto, que hasta ahora ha dado como resultado que Berlín y Oslo hayan encargado seis submarinos cada uno. TKMS compite por un contrato de miles de millones de dólares para suministrar a la Armada canadiense hasta 12 submarinos como parte del importante refuerzo militar de Ottawa en el Ártico.
La visita de Carney, sin embargo, refleja un giro en la política exterior imperialista canadiense que va más allá de la decisión de dónde adquirir su nueva flota de submarinos. Ottawa ha soportado el peso de la agenda «America First» de Trump, incluyendo sanciones comerciales de gran alcance y amenazas del presidente de EE. UU. de anexar Canadá como el estado número 51.
Por lo tanto, el gobierno liberal de Carney ha emprendido un cambio calibrado en la política exterior, resumido en el discurso de Carney ante el Foro Económico Mundial en Davos, en el que pidió una coalición de «potencias medias», y en la Estrategia Industrial de Defensa recientemente publicada.
Aunque sigue buscando concluir un acuerdo económico con EE. UU., que es el destino de tres cuartas partes de las exportaciones canadienses, Carney está presionando para establecer vínculos más estrechos con las potencias imperialistas europeas en asuntos militares y económicos. El carácter depredador de tal proyecto quedó claro en el comentario de Carney en Davos de que las grandes potencias que no estén «en la mesa», es decir, la «mesa» de la geopolítica imperialista donde se reparten los territorios y el saqueo, estarán «en el menú». Su plan de aumentar el gasto militar al 5 por ciento del PIB de Canadá en una década demuestra que estar «en la mesa» significa estar listo para la Tercera Guerra Mundial. Antes de su viaje a Noruega, Carney visitó Yellowknife, en el Ártico canadiense, para anunciar inversiones por 35 mil millones de dólares canadienses (unos 22,3 mil millones de euros) en infraestructura militar.
Consideraciones similares sobre la mejor manera de proyectar los intereses del imperialismo alemán y europeo están motivando a los funcionarios gubernamentales al otro lado del Atlántico. Merz y la abrumadora mayoría de la burguesía alemana quieren, por el momento, mantener cierto nivel de cooperación militar con EE. UU., ya que el imperialismo europeo sigue dependiendo en gran medida de la tecnología y el equipamiento estadounidenses para hacer la guerra. La industria europea también depende del mercado estadounidense para una parte importante de sus exportaciones. Pero Alemania, Francia y Gran Bretaña están al mismo tiempo inmersas en un enorme programa de remilitarización que supondrá el gasto de billones de euros en los próximos años para desarrollar una maquinaria de guerra más «independiente», destinada a permitir que las potencias imperialistas europeas persigan agresivamente sus propios intereses en todo el mundo como oponentes de EE. UU. si es necesario. Solo el gobierno de coalición de Merz, formado por demócratas cristianos y socialdemócratas, con el pleno respaldo de los Verdes y el partido La Izquierda de la oposición, planea gastar 1 billón de euros durante la próxima década en el ejército y en infraestructura relacionada con la guerra.
Merz, el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer han respaldado plenamente la guerra criminal de Trump contra Irán, con la esperanza de asegurarse su parte del botín en el Medio Oriente a costa de la destrucción de la sociedad iraní por parte de las armas estadounidenses e israelíes. Al mismo tiempo, las potencias europeas temen verse desestabilizadas por la guerra, que está haciendo subir los precios de la energía y amenaza con desatar una nueva ola de refugiados a las puertas de Europa. Por ello, Merz señaló de manera incisiva en Noruega que se requiere una «estrategia persuasiva» sobre cómo poner fin a la guerra.
La decisión de Trump de suavizar las sanciones contra Rusia para permitir las exportaciones de petróleo, en respuesta al rápido aumento de su precio a más de 100 dólares el barril debido al bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, provocó críticas en Berlín. Al imperialismo alemán le preocupa que la guerra en Irán esté obstaculizando el intento de infligir una derrota militar a Rusia y subordinar a ese vasto país como una semicolonia del imperialismo europeo y estadounidense.
Informes previos a la visita de Merz a Noruega sugerían que podría estar buscando de Støre un compromiso para aumentar los suministros de petróleo y gas a Europa. Noruega, que ya suministra el 48 por ciento del gas natural de Alemania y el 17 por ciento de sus importaciones de petróleo, no cuenta con la infraestructura necesaria para hacerlo. A lo largo de 2024, los precios de la energía se dispararon drásticamente en este país rico en petróleo debido a la conexión de su red energética con Europa y al rápido crecimiento de las exportaciones desde el inicio de la guerra de EE. UU. y la OTAN contra Rusia en Ucrania, lo que provocó un aumento de la oposición al gobierno.
Støre organizó una reunión con Carney y los otros cuatro primeros ministros nórdicos en Oslo el domingo, donde se puso de manifiesto el colapso del orden mundial liderado por EE. UU. La reunión fue la primera de este tipo y dio lugar a una declaración conjunta y una conferencia de prensa en la que los seis líderes se comprometieron a fortalecer las operaciones militares y las inversiones en todo el Ártico. La declaración conjunta prometió esfuerzos comunes en materia de seguridad ártica, industrias de defensa, respuestas a amenazas híbridas e infraestructura. También exigió la continuación de la guerra contra Rusia y se comprometió a mantener el apoyo militar y financiero a Ucrania, del cual Estados Unidos bajo Trump se ha retirado en gran medida.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, dijo en la conferencia de prensa que Copenhague ha enfrentado «una presión totalmente inaceptable por parte de Estados Unidos y del presidente estadounidense» con respecto a Groenlandia. Aplaudió a Carney por su propuesta de una coalición de «potencias intermedias» y argumentó que la caída del viejo orden mundial significaba que se debía construir «algo nuevo». Støre, aunque claramente tratando de evitar críticas directas a Trump al insistir en que la mayor presencia militar en el Ártico se estaba llevando a cabo «dentro de la alianza transatlántica», abrió la conferencia de prensa refiriéndose a las amenazas en «un mundo donde las fuerzas autocráticas están avanzando y convirtiendo en armas los recursos críticos».
Tanto Dinamarca como Suecia se han comprometido a cooperar con la propuesta de Macron de expandir el arsenal nuclear de Francia por toda Europa, que anunció apenas unos días después de que Trump lanzara su guerra ilegal en el Medio Oriente. Carney elogió la iniciativa en la conferencia de prensa. Finlandia está en proceso de eliminar una prohibición sobre la importación de armas nucleares al país que ha estado vigente desde la década de 1980.
Las agresivas políticas militaristas aplicadas por los gobiernos de Alemania, las demás potencias europeas y Canadá implican una enorme intensificación de la agenda de guerra de clases contra la clase trabajadora. Las clases dominantes buscan la destrucción de empleos en las industrias civiles, la eliminación de los servicios públicos y los programas sociales para financiar los inflados presupuestos militares y la expansión del empleo precario altamente explotador. Estos ataques impulsarán a millones de trabajadores a la lucha tanto en el continente europeo como en el norteamericano, desde los centros imperialistas de Alemania, Francia o Canadá, hasta las regiones más remotas del extremo norte que están siendo arrastradas a la nueva redistribución del mundo entre las grandes potencias. La tarea decisiva es armar estas luchas con un programa socialista e internacionalista para oponerse a la guerra y derrocar el sistema capitalista que la genera.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de marzo de 2026)
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