En tan solo un día, el alto el fuego de dos semanas con Irán, anunciado por Trump el martes por la noche, ya se está desmoronando, en medio de los continuos bombardeos en Oriente Próximo y una creciente crisis interna en Estados Unidos. Han surgido profundas divisiones dentro de la clase dirigente y el aparato estatal sobre cómo proceder tras una guerra que no ha logrado sus objetivos.
Toda esta situación plantea la imperiosa necesidad de que los trabajadores no se aferren a la esperanza de una solución pacífica a la guerra imperialista contra Irán, sino que desarrollen un movimiento de masas e independiente contra la guerra.
Incluso los términos acordados para el alto el fuego son completamente ambiguos y objeto de controversia. Apenas unas horas después de anunciarse el acuerdo, Israel lanzó un bombardeo masivo contra el Líbano el miércoles. Fue el día más mortífero de ataques israelíes contra el país desde 2006. Al menos 254 personas murieron y más de 1.100 resultaron heridas, entre ellas 35 niños. Aviones israelíes atacaron edificios de apartamentos, calles residenciales y zonas comerciales concurridas en el centro de Beirut y los suburbios del sur.
El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán fue anunciado inicialmente por el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, quien negoció el acuerdo. En su anuncio del martes por la noche, Sharif declaró que Estados Unidos e Irán, junto con sus aliados, acordaron un alto el fuego inmediato en todo el mundo, incluyendo Líbano y otros lugares.
El miércoles, el presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, acusó a Estados Unidos de violar el alto el fuego al continuar atacando al Líbano a través de su aliado israelí, y escribió: “En tal situación, un alto el fuego bilateral o las negociaciones son irrazonables”. Israel afirma que el Líbano no estaba cubierto por el acuerdo, una afirmación que tanto Trump como la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respaldaron el miércoles, y Trump se refirió a ello como una “escaramuza aparte”.
Existen indicios de que Israel llevó a cabo el ataque contra el Líbano para sabotear el acuerdo de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán. El Wall Street Journal publicó el miércoles un artículo titulado “Israel fue informado tarde sobre el acuerdo de alto el fuego y no quedó satisfecho”, en el que se afirma que Israel “no formó parte formalmente de las negociaciones con Irán”.
Sin embargo, Israel no habría lanzado un ataque de esta magnitud sin el apoyo de importantes facciones dentro del sistema político estadounidense.
En Estados Unidos, las críticas al interior de la élite política, tanto demócrata como republicana, se han centrado en condenar el anuncio del alto el fuego de Trump como una debacle para el imperialismo estadounidense y una concesión peligrosa e inaceptable a los iraníes.
David Sanger, corresponsal sénior de seguridad nacional del New York Times, escribió el miércoles que el alto el fuego “no resolvió ninguno de los problemas fundamentales que llevaron a la guerra”. Sanger citó a Richard Fontaine, del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense, quien declaró que “Irán sigue controlando el estrecho” y que “es difícil creer que Estados Unidos y el mundo puedan aceptar una situación en la que Irán mantenga indefinidamente el control de un punto estratégico clave para el suministro de energía. Eso sería un resultado sustancialmente peor que el que existía antes de la guerra”.
El consejo editorial del Wall Street Journal publicó el miércoles un comunicado titulado “Trump declara una victoria prematura en Irán”, en el que argumenta que “el régimen iraní sigue siendo una amenaza en el estrecho de Ormuz y la tarea está lejos de haber terminado”. El Journal criticó la “retórica inconsistente de Trump sobre la guerra” y concluyó: “La próxima prueba para Trump será si se toma en serio su plazo de dos semanas para el alto el fuego. Si lo hace, e Irán sigue con sus tácticas habituales, entonces realmente tendrá que ‘terminar el trabajo’”.
Max Boot del Washington Post escribió el miércoles que Irán 'sigue siendo capaz de controlar, al menos por ahora, qué barcos transitan por el estrecho de Ormuz, algo que no hacía cuando comenzó esta guerra'.
Los demócratas —que hace apenas unos días advirtieron sobre una 'Tercera Guerra Mundial', acusaron a Trump de 'crímenes de guerra' y advirtieron que los soldados que cumplan sus órdenes serán procesados bajo las leyes de la guerra— están cambiando el tono de sus críticas: no se refieren a que Trump haya ido demasiado lejos, sino a que vendió las joyas de la corona y a que está tratando la política imperialista estadounidense como una operación inmobiliaria en Nueva York.
El senador demócrata Chris Murphy declaró a CNN el miércoles: 'Pero si Irán tiene el estrecho de forma permanente ahora, entonces qué, qué error, qué error de cálculo fue todo este esfuerzo'.
Desde la perspectiva de la administración Trump, un “alto el fuego” no significa nada. Cada “alto el fuego” proclamado por Trump en Oriente Próximo ha servido de preludio a nuevas y sangrientas acciones militares. El alto el fuego de junio de 2025, que siguió a la Operación Martillo de Medianoche —el bombardeo con bombarderos B-2 de las instalaciones nucleares de Irán—, fue seguido, en menos de ocho meses, por la guerra a gran escala que comenzó el 28 de febrero.
El miércoles por la noche, Trump publicó en Truth Social: “Todos los buques, aeronaves y personal militar de EE. UU., junto con municiones, armamento y todo lo demás que sea apropiado y necesario para el procesamiento letal y la destrucción de un enemigo ya sustancialmente debilitado, permanecerán en Irán y sus alrededores hasta que se cumpla plenamente el ACUERDO REAL alcanzado”. Trump amenazó con atacar a Irán “con más fuerza, con mayor eficacia y contundencia que nunca”, y añadió: “Nuestro gran ejército se está preparando y descansando, con la vista puesta, de hecho, en su próxima conquista”.
Los objetivos estratégicos de Estados Unidos no han cambiado. Washington lanzó esta guerra para imponer el control directo sobre el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz y revertir las consecuencias de la Revolución iraní de 1979. La guerra contra Irán forma parte de una escalada bélica global que se extiende desde Oriente Próximo hasta la confrontación con Rusia y China, y la presión para una nueva escalada militar se intensificará.
La experiencia de las últimas dos semanas debe entenderse como una enorme advertencia para la clase trabajadora en Estados Unidos y a nivel internacional. Hace apenas 24 horas, Trump prometía 'acabar' con la civilización iraní, amenazando con trasladar los métodos del genocidio de Gaza a un país de 90 millones de habitantes. Es irrefutable que Trump ha recurrido a un lenguaje genocida, y que el genocidio ha sido adoptado oficialmente como método de guerra por el presidente estadounidense.
Al recurrir a una retórica hitleriana y a amenazas de destrucción de la civilización, Trump ha destrozado los últimos vestigios de la propaganda que afirmaba que las intervenciones imperialistas estadounidenses se llevaban a cabo en nombre de los 'derechos humanos' o la 'democracia'. A quedado a plena vista del mundo que Estados Unidos está gobernado por una oligarquía criminal que trata a sociedades enteras como obstáculos prescindibles que deben ser aplastados hasta la sumisión.
La única forma de detener esta guerra es mediante la movilización independiente de la clase trabajadora como fuerza de clase. Ni el Partido Demócrata ni ninguna facción del establishment político se opondrán en principio a la guerra imperialista. Independientemente de sus discrepancias tácticas con Trump, los demócratas defienden los mismos objetivos estratégicos —la dominación estadounidense de Oriente Próximo— y su función principal es reprimir el surgimiento de un movimiento popular que amenaza toda la estructura del sistema capitalista.
La lucha contra la barbarie imperialista exige el desarrollo de un movimiento obrero independiente —en los centros de trabajo, en todos los sectores y a través de las fronteras— contra la guerra, contra el ataque a los programas sociales y contra el sistema capitalista que es la causa fundamental de la guerra, la dictadura y la desigualdad social.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 9 de abril de 2026)
