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Perspectiva

La crisis capitalista, la guerra y la lucha internacional de clases

Este discurso fue pronunciado por el presidente del Consejo Editorial Internacional del WSWS, David North para dar inicio al Acto Internacional en Línea del Primero de Mayo 2026, organizado por el WSWS y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

Camaradas, trabajadores, jóvenes, amigos y simpatizantes del Comité Internacional de la Cuarta Internacional reunidos hoy en todos los continentes: Abrimos este Acto Internacional en Línea del Primero de Mayo con una declaración de solidaridad con todos aquellos que hoy se encuentran en primera línea de resistencia contra la violencia imperialista y la reacción capitalista.

Denunciamos, en nombre de la clase obrera internacional, la guerra imperialista de agresión librada por EE.UU. e Israel, con el apoyo de todas las demás potencias imperialistas, contra Irán. No puede haber ambigüedad respecto a la posición de la clase obrera ante esta guerra: ésta sostiene incondicionalmente el derecho del pueblo iraní a defender su país contra la embestida terrorista desatada el 28 de febrero de 2026. Se trata de una guerra que viola todos los principios del derecho internacional. Es un crimen contra la paz, definido en el juicio de Núremberg a los líderes nazis en 1945–46 como el crimen internacional supremo.

Acusados en el banquillo durante el juicio del Tribunal Militar Internacional contra criminales de guerra en Núremberg, Alemania, noviembre de 1945. [Photo: Raymond D’Addario]

El 7 de abril, Trump declaró en un comunicado escrito: 'Toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás.' Estas palabras quedarán para siempre grabadas en la infamia. Esta amenaza horrorosa fue la expresión más políticamente obscena de la brutalidad con que los Estados Unidos han conducido esta guerra junto a sus perros de ataque israelí-sionistas.

Desde el inicio de la guerra, más de 13.000 objetivos en Irán han sido bombardeados. Al menos 3.375 iraníes han muerto, entre ellos 376 niños. El número de heridos supera los 26.000.

El bombardeo de ciudades iraníes, el asesinato de sus científicos y líderes políticos y sus familias, la matanza de niños, la destrucción de la infraestructura de Irán y el lanzamiento de toda una región a la guerra son actos deliberados de potencias imperialistas que buscan imponer su dominación mediante el asesinato en masa.

Denunciamos, con igual contundencia, el asalto genocida en curso contra el pueblo palestino en Gaza y contra el pueblo del Líbano. Los crímenes cometidos por el Estado israelí, con el pleno respaldo y la participación activa de los Estados Unidos y las potencias europeas —el asesinato de decenas de miles de niños palestinos, la destrucción deliberada de hospitales, escuelas, sistemas de agua y viviendas, y el uso del hambre como arma de guerra— constituyen atrocidades que establecen de forma irrefutable el carácter históricamente reaccionario del proyecto sionista etnonacionalista.

Una fotografía aérea tomada por un dron, mostrando la destrucción causada por la ofensiva aérea y terrestre de Israel en Rafah, Franja de Gaza, 24 de enero de 2025 [AP Photo/Jehad Alshrafi]

Honramos también hoy la memoria de las víctimas anónimas asesinadas en las aguas frente a las costas de América Latina —más de 180 pescadores y trabajadores— destrozados en sus pequeñas embarcaciones por misiles estadounidenses en el Caribe y el Pacífico oriental, en lo que el Pentágono llama cínicamente 'ataques preventivos' contra el narcotráfico. Las víctimas no tienen nombre en la prensa imperialista. Sus familias no han recibido disculpas, ni compensación, ni reconocimiento alguno de que alguna vez vivieron. Pero eran trabajadores que intentaban alimentar a sus familias, masacrados por el ejército más poderoso de la tierra en el marco de una campaña de terror contra los pueblos de América Latina.

Denunciamos el bloqueo de Cuba, la estrangulación deliberada de todo un pueblo mediante cortes de combustible y sanciones. Aun después de dos tercios de siglo, la clase dominante estadounidense nunca se ha reconciliado con la revolución cubana. Entre 1959 y 1960, el régimen de Castro expropió unos 1.800 millones de dólares en activos de empresas estadounidenses. En ese mismo acto, la revolución desmanteló el imperio mafioso que prosperaba bajo la dictadura de Batista.

Los casinos cerraron, los hoteles fueron nacionalizados, los gangsters encarcelados o expulsados, y unos 100 millones de dólares en inversiones mafiosas borrados de los libros de la noche a la mañana. Peor aún, el régimen revolucionario tuvo la audacia de cerrar los burdeles que atendían a ricos turistas estadounidenses, personal militar, ejecutivos de empresas y congresistas norteamericanos. El imperialismo estadounidense nunca ha perdonado al pueblo cubano esta insolencia, esta imperdonable infracción al privilegio imperialista.

Denunciamos el secuestro del presidente Nicolás Maduro de Venezuela, capturado en un bombardeo en Caracas el 3 de enero y entregado a la CIA y a los saqueadores corporativos de Chevron y Shell —un acto descarado de piratería imperialista. Estos crímenes encarnan la ilegalidad que hoy prevalece en el mundo. El 'orden internacional basado en reglas' del que hablan piadosamente las potencias imperialistas ha quedado al descubierto como un gigantesco fraude. La única ley que opera es la ley de la fuerza, empuñada por una oligarquía capitalista que no reconoce ningún límite, ninguna frontera, ninguna constitución, ningún tribunal y ninguna vida humana como obstáculo a sus intereses.

Extendemos, en este Primero de Mayo, nuestra solidaridad a todos los trabajadores que hoy son víctimas de la persecución de la guerra de clases —a quienes han sido arrestados, incluidos en listas negras, despedidos, deportados, sometidos a encerrona judicial e encarcelados por el crimen de resistir la explotación, oponerse a la guerra o defender los derechos democráticos de la clase obrera.

Syrotiuk con una imagen de Leon Trotsky en una antigua edición soviética de Diez días que sacudieron al mundo de John Reed, abril de 2023

Enviamos nuestro saludo a nuestro camarada Bogdan Syrotiuk, el joven líder trotskista ucraniano de la Joven Guardia de Bolcheviques-Leninistas, que lleva más de dos años encarcelado por el régimen de Zelenski por su valiente oposición a la guerra instigada por la OTAN y su defensa de la unidad de los trabajadores rusos y ucranianos. La afirmación de los fiscales del Estado ucraniano de que Bogdan apoya la invasión rusa ha quedado exhaustivamente refutada por su defensa legal. Las declaraciones de Bogdan publicadas en el World Socialist Web Site refutan los cargos en su contra. Es un oponente tan intransigente del régimen capitalista de Putin como del gobierno títere proimperialista de Zelenski. Hacemos un llamamiento a la clase obrera a luchar por la libertad de Bogdan.

Enviamos nuestra solidaridad a los líderes encarcelados de la clase obrera en Türkiye. Exigimos la libertad inmediata de Mehmet Türkmen, presidente del Sindicato Unido de Trabajadores Textiles, de la Tejeduría y del Cuero (BİRTEK-SEN), detenido a mediados de marzo y ahora enfrentado a la cárcel y a una prohibición política por el 'crimen' de decirles a los trabajadores la verdad sobre la colusión entre las corporaciones, el Estado y la burocracia sindical. Enviamos nuestro saludo a Başaran Aksu, el valeroso líder del Sindicato Independiente de Trabajadores Mineros (Bağımsız Maden-İş) y coordinador de organización de Umut-Sen, que encabezó la histórica marcha de los trabajadores de la mina Doruk desde Eskişehir hasta Ankara y ha sido detenido repetidamente en el período reciente. Acogemos con entusiasmo la noticia de que las demandas de los mineros han sido satisfechas.

Pero las luchas continúan. Exigimos la libertad de Esra Işık, la joven dirigente que defiende los bosques y los medios de vida de los aldeanos frente al saqueo de las empresas mineras, y de todos los presos de la guerra de clases que mantiene el régimen de Erdoğan. Sus detenciones son parte de una ofensiva deliberada de la clase dominante turca contra un movimiento obrero independiente que está resurgiendo, ofensiva que se ha intensificado a medida que Türkiye es atraída cada vez más hacia la guerra imperialista contra Irán.

En los Estados Unidos, no cesa la persecución de los inmigrantes. Declaramos nuestra solidaridad con Hayam El Gamal y sus cinco hijos, quienes en este momento están siendo sometidos a una campaña de castigo colectivo por la administración Trump. En abierto desafío a numerosas órdenes judiciales, la administración Trump continúa sus esfuerzos por deportarlos. La persecución de esta familia, que no ha cometido ningún delito, pretende ser una advertencia para toda la clase obrera: que ninguna protección constitucional, ninguna orden judicial, ningún derecho democrático será permitido obstaculizar los métodos de Estado policial que ahora se preparan contra todos los trabajadores en los Estados Unidos, ciudadanos y no ciudadanos por igual.

Exigimos, por tanto, la libertad inmediata e incondicional de cada trabajador inmigrante, cada estudiante, cada hombre, mujer y niño capturado en la redada del ICE y actualmente detenido en la red de campos de concentración construida a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Decimos: Cierren North Lake. Cierren Dilley. Cierren Folkston, Otay Mesa, Krome, 'Alligator Alcatraz' y cada instalación donde se mantiene a seres humanos sin cargos, sin juicio y sin esperanza. La lucha por liberar a los detenidos es la lucha por defender los derechos democráticos de toda la clase obrera.

Por último, renovamos hoy nuestras condolencias a las familias de Renée Nicole Good y Alex Pretti, asesinados a tiros por agentes del ICE y la Patrulla Fronteriza en Minneapolis. Su muerte no será olvidada. No habrán muerto en vano.

Renée Nicole Good y Alex Pretti

La oposición a la guerra imperialista, la defensa inquebrantable de los derechos democráticos y la lucha contra todas las formas de opresión de clase animan nuestra celebración del Primero de Mayo. Con este espíritu abrimos el mitin de hoy.

Sin embargo, la celebración del Primero de Mayo no debe limitarse a declaraciones de solidaridad internacional. Debe ser también la ocasión para un análisis objetivo de la situación mundial actual, pues es sobre la base de tal análisis que se formula la estrategia de la clase obrera. Esta tarea adquiere la mayor urgencia hoy, ya que este Primero de Mayo se celebra en medio de una etapa crítica de la crisis del sistema capitalista mundial.

La guerra contra Irán y la culminación de un período de 35 años

La guerra contra Irán marca la culminación de un período histórico de 35 años que comenzó con la disolución de la URSS en 1991.

La guerra contra Irán no puede entenderse como un episodio aislado, ni como la política de un presidente en particular, ni simplemente como el producto del lobby israelí. El régimen israelí y sus grupos de presión en los Estados Unidos han agitado, por supuesto, en favor de la guerra contra Irán durante décadas. Pero la narrativa que hoy circula tanto en la derecha antisemita y nacionalista del 'America First' como en sectores de la pseudoizquierda pequeñoburguesa —según la cual la guerra ha sido impuesta a un establishment de política exterior estadounidense por lo demás reticente por el AIPAC, Netanyahu y el Estado israelí— es completamente falsa y sirve de apología del imperialismo norteamericano. Implica que, de no ser por Israel, la política exterior de los Estados Unidos estaría rebosante de benevolencia.

Esta absurda narrativa aleja al movimiento antibelicista de la lucha contra el imperialismo estadounidense —la principal fuerza contrarrevolucionaria del mundo— y lo empuja hacia la conciliación con él. Implica que no se requiere más que eliminar la influencia de los sionistas.

Este cuento de hadas político se derrumba ante el más somero examen del registro histórico. En primer lugar, la clase dominante estadounidense no necesita consejos, y menos aún estímulos, de nadie sobre cómo y cuándo emplear la violencia asesina. Es la experta mundial sin igual en la organización de la violencia de masas, con un sangriento historial que se remonta al genocidio en Filipinas en la primera década del siglo XX, los brutales esfuerzos por suprimir la Revolución mexicana en la década de 1910, las repetidas invasiones de América Central y del Sur, el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón, el asesinato de 3 millones de coreanos entre 1950 y 1953 y de un número igual de vietnamitas entre 1961 y 1973. Y luego están todas las guerras libradas en Oriente Medio durante los últimos 30 años.

Fotografía "Terror de la guerra" de Phan Thi Kim Phuc corriendo cerca de Trang Bang, Vietnam, después del bombardeo con nápalm sobre soldados survietnamitas y civiles por parte de un avión de la Fuerza Aérea de Vietnam del Sur [Photo: 1972 World Press Photo of the Year, Nick Ut]

Para aclarar el registro histórico: Israel mismo es una creación de los Estados Unidos, que lo ha armado y financiado durante 78 años. Ha funcionado como un bastión militarizado del imperialismo estadounidense en Oriente Medio.

Además, el imperialismo estadounidense nunca se ha reconciliado con la Revolución Iraní de 1979, que derrocó el régimen títere del Sha, colocado en el poder por el golpe de Estado orquestado por la CIA en 1953.

Irán ha figurado entre los principales adversarios en cada declaración de Estrategia de Seguridad Nacional de los EE.UU. desde 2006. Ha sido objeto de operaciones encubiertas, sanciones de régimen, asesinatos y amenazas militares bajo las administraciones de Clinton, Bush, Obama, el primer mandato de Trump, Biden y ahora la segunda administración Trump. La guerra contra Irán es la culminación de la política bipartidista del imperialismo estadounidense, sostenida durante más de tres décadas.

Pero en el sentido más fundamental, la guerra imperialista no es el mero producto de decisiones subjetivas, influencias malignas y malas políticas. Es, más bien, el resultado y la expresión de las dos contradicciones objetivas esenciales del propio sistema capitalista: en primer lugar, la contradicción entre la propiedad privada de las fuerzas productivas y el carácter social de la producción; y, en segundo lugar, la contradicción entre el carácter global de la producción económica y el sistema de Estados nación en el que continúan organizándose el poder político y la acumulación de capital. La globalización de la producción a lo largo de las últimas cinco décadas ha integrado el trabajo de los obreros de todos los continentes en un único proceso planetario, articulado por cadenas de suministro, flujos financieros y redes de información de una densidad sin precedentes.

Todo el curso del desarrollo económico y político de los últimos 35 años ha corroborado este análisis marxista de la dinámica de la crisis global.

La disolución de la Unión Soviética en 1991 fue proclamada por la clase dominante estadounidense como un triunfo histórico del capitalismo. El llamado 'fracaso del socialismo', afirmaba, despejaba el camino para la restauración del mundo capitalista tal como era antes de la Revolución Socialista de Octubre. Todo lo ocurrido en el período posterior a la revolución —el auge de la clase obrera internacional, el monumental movimiento global de las masas oprimidas contra el imperialismo, y los avances sociales conquistados tras la derrota de la Alemania nazi en 1945 y la victoria de la Revolución china en 1949— debía ser revertido.

Soldados del Ejército Rojo colocan una bandera soviética sobre el Reichstag en Berlín, 2 de mayo de 1945

Sin embargo, esta perspectiva pesadillesca se basaba en una falsa apreciación de las causas de la disolución de la URSS y de su significado global. Lo que había fracasado en la Unión Soviética no era el socialismo, sino el régimen estalinista del nacionalismo antisocialista, que constituía una repudiación del internacionalismo marxiano que había inspirado la Revolución de Octubre. El programa estalinista del 'socialismo en un solo país', que desvinculaba la construcción del socialismo en la URSS de la lucha internacional de la clase obrera contra el capitalismo global, había demostrado ser económica y políticamente fallido.

Basándose en el análisis de Trotsky sobre la traición estalinista a la Revolución de Octubre, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) previó con claridad las consecuencias de las políticas nacionalistas de la burocracia soviética. En 1987, cuatro años antes de la disolución de la URSS, señaló:

La escasez de tecnología y las contradicciones persistentes entre la industria y la agricultura sólo pueden resolverse mediante el acceso al mercado mundial. Sólo existen dos caminos para la integración de la Unión Soviética en ese mercado: el de Gorbachov, que conduce a la restauración capitalista, y el de la revolución socialista mundial.

Gorbachov tomó el primer camino. La disolución de la URSS en diciembre de 1991 fue la consumación de esa traición: la burocracia estalinista, que había comenzado como sepulturera de la Revolución de Octubre, terminó siendo la facción más venal y rapaz de la nueva oligarquía rusa, encabezada hoy por Putin.

Para el imperialismo estadounidense, la misma contradicción subyacente produjo una respuesta diferente, pero no menos libre de elección que el colapso estalinista había sido. Enfrentado a la erosión irreversible de su supremacía económica —el ascenso de los competidores industriales japonés y alemán, el surgimiento de China como poderosa fuerza económica e industrial, el vaciamiento de la industria manufacturera nacional, el creciente peso de los déficits comerciales y presupuestarios—, el capitalismo estadounidense no podía recuperar su posición por medios económicos. El único instrumento que aún poseía en abrumadora preponderancia era la fuerza militar.

Las tres décadas siguientes de militarismo destrozaron Irak, Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria, Ucrania y otros países. Si bien costaron millones de vidas, destruyeron sociedades enteras y crearon la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, estas guerras terminaron en debacles y no lograron revertir la fortuna del imperialismo estadounidense.

En esta fotografía del 21 de marzo de 2003, un edificio gubernamental se incendia debido al fuerte bombardeo de Bagdad, Irak, por parte de las fuerzas encabezadas por EE.UU. [AP Photo/Jerome Delay]

Las bombas y los misiles estadounidenses causaron estragos en todo el mundo. Pero a la par de las operaciones militares del imperialismo estadounidense avanzaba el crecimiento de la crisis del capitalismo norteamericano y mundial. La escalada imperialista ha estado acompañada por una serie de crisis financieras cada vez más profundas: la crisis del peso mexicano de 1994, la crisis asiática de 1997, la cesación de pagos rusa y el colapso de Long-Term Capital Management en 1998, el crack de las puntocom en 2000, la crisis financiera global de 2008, la crisis de la deuda soberana europea de 2010–12, el shock pandémico de 2020 y los acumulados signos de una crisis del sistema del dólar desde 2022.

La manifestación más visible y ominosa de la crisis global centrada en los EE.UU. es el asombroso crecimiento de la deuda nacional. Rondaba los 5,8 billones de dólares en 2001. Hoy se acerca a los 40 billones. Una manifestación aún más significativa histórica y económicamente de la crisis del capitalismo estadounidense es el precio del oro. En la conferencia de Bretton Woods de 1944, que estableció el estatus del dólar como moneda de reserva mundial, el valor de una onza de oro se fijó en 35 dólares.

Ese precio prevaleció hasta que la administración Nixon repudió el sistema de Bretton Woods en 1971. Eso puso en marcha un alza imparable del precio del oro que, durante el último año, ha adquirido un carácter explosivo. El precio de una onza de oro ronda actualmente los 4.600 dólares. En otras palabras, el valor del dólar en relación con el oro —que ha funcionado durante varios miles de años como medida de valor— ha caído más del 99 por ciento en poco más de medio siglo.

Este es el marco en el que deben entenderse los 35 años transcurridos entre 1991 y 2026. Constituyen un único proceso histórico: el intento del capitalismo estadounidense de superar, mediante la aplicación de la violencia militar, una contradicción que no podía superar por medios económicos. Las guerras son partes integrantes de una trayectoria continua, impulsada por la misma contradicción irresuelta entre la economía mundial y el sistema de Estados nación que produjo las dos guerras mundiales del siglo XX.

La guerra en el exterior y la dictadura en el interior

Pero la guerra contra Irán no es simplemente otro episodio en una larga serie de operaciones militares. Las repercusiones de esta guerra imprimen a este conflicto un carácter explícitamente global: en concreto, una guerra global librada por las potencias imperialistas contra la clase obrera internacional. Desde el 13 de abril, la Armada de los Estados Unidos ha bloqueado los puertos iraníes en el Golfo Pérsico. Las consecuencias ya se hacen sentir en miles de millones de personas que no tuvieron parte alguna en el inicio de esta guerra.

Estrecho de Ormuz [Photo by Goran_tek-en / CC BY-SA 4.0]

El impacto más grave de la guerra es sobre la seguridad alimentaria en el mundo en desarrollo. El bloqueo agravará las hambrunas ya en curso en Gaza y Sudán, desplazará a otros países desde situaciones de crisis hacia niveles de emergencia o catastrófica de inseguridad alimentaria, y provocará una mortalidad excedente concentrada entre niños y ancianos en muchos países durante los próximos 12 a 18 meses.

Estas consecuencias son el resultado directo de decisiones tomadas en Washington y Jerusalén. Las personas que pagarán estas decisiones, con hambre y con sus vidas, son agricultores en el África Oriental, familias en el Asia del Sur y niños en países que no tuvieron parte alguna en el conflicto original.

La guerra contra Irán ha puesto al descubierto no sólo los objetivos depredadores del imperialismo estadounidense en el exterior, sino la realidad social y política del régimen que la conduce en el interior. Trump es el producto, la personificación y la culminación de un prolongado proceso —económico, social y político— enraizado en el derrumbe del capitalismo estadounidense y la putrefacción de su clase dominante.

La estructura política de los Estados Unidos está siendo alineada con su fundamento social: la dominación de la sociedad por una diminuta oligarquía que controla una riqueza descomunal y considera toda restricción legal, democrática y moral como un impedimento intolerable a sus intereses. El ascenso de Trump es la expresión de esta realidad.

La guerra contra Irán se financia mediante un asalto frontal a los derechos sociales de la clase obrera. El presupuesto de Trump para el año fiscal 2027 solicita aproximadamente 1,5 billones de dólares para la 'defensa' —el nivel más alto de gasto militar en la historia moderna de los EE.UU. y una escalada masiva de los preparativos no sólo para la guerra contra Irán, sino para la guerra global contra China y Rusia. Es, en el sentido más directo, un presupuesto para la guerra mundial.

¿Y cómo se pagará todo esto? El propio Trump ha respondido con brutal franqueza. Los programas sociales, declaró, deben sacrificarse porque 'estamos en guerra', e insistió: 'No es posible que nos ocupemos de la guardería, de Medicaid, de Medicare. … Tenemos que ocuparnos de una sola cosa: la protección militar.' Medicare, Medicaid, el Seguro Social, la educación, la vivienda y toda mínima protección social conquistada por la clase obrera en el último siglo serán saqueados para financiar el militarismo, el enriquecimiento de la oligarquía y el aparato represivo del Estado.

Lo que está ocurriendo en los Estados Unidos no es simplemente una crisis política nacional. Es una convulsión de significado histórico mundial. Los Estados Unidos, el antiguo estabilizador del capitalismo mundial, se han convertido en la mayor fuente de inestabilidad global. El derrumbe de las formas democráticas en los EE.UU., el giro hacia el gangsterismo abierto en la política, la subordinación de toda la vida social a los intereses de la oligarquía y la ofensiva para repartir el mundo a través de la violencia militar expresan la crisis de todo el orden capitalista en su forma más concentrada y explosiva.

El presidente Donald Trump durante una reunión de batinete en la Casa Blanca, 2 de diciembre de 2025, Washington, junto al secretario de Estado Marco Rubio, izquierda, y secretario de de Defensa Pete Hegseth, a la derecha. [AP Photo/Julia Demaree Nikhinson]

Los mismos procesos subyacentes son evidentes en todos los grandes países capitalistas. La crisis del capitalismo es internacional y, del mismo modo, lo es el giro hacia la dictadura y la guerra. La clase dominante europea se está desprendiendo rápida y descaradamente de su hipócrita palabrería pacifista, reviviendo sus largas tradiciones de militarismo imperialista, y proclamando que la clase obrera y la juventud deben estar preparadas para luchar y morir como lo hicieron sus abuelos y bisabuelos en las dos guerras mundiales del siglo pasado. No es mera retórica. Las potencias europeas de la OTAN ya están involucradas de facto en una guerra contra Rusia. Ucrania ha sido transformada en el equivalente europeo oriental de Israel para la OTAN.

En su análisis de las experiencias históricas del siglo pasado, el Comité Internacional ha subrayado que las mismas contradicciones que produjeron la Primera Guerra Mundial en 1914 desembocaron en la revolución socialista en Rusia en 1917. La misma dinámica histórica opera hoy. La crisis global del capitalismo que subyace al estallido de la violencia imperialista también está preparando la explosión de la lucha revolucionaria de la clase obrera internacional.

La segunda mitad de la década de la revolución socialista

Al inicio de los años 2020, el World Socialist Web Site anticipó el surgimiento de una renovación del movimiento revolucionario de la clase obrera internacional. Ya hemos superado el punto medio de la década. El Comité Internacional está convencido de que el desarrollo objetivo de la crisis global está corroborando esta perspectiva.

Los primeros cinco años de la década estuvieron dominados por una intensificación del impulso de las élites gobernantes hacia la reacción política. No fue una serie de accidentes ni obra de demagogos aislados, sino la respuesta sistémica de una oligarquía global incapaz de resolver la profundización de la crisis del capitalismo por medios democráticos. La pandemia de COVID-19, en la que los gobiernos subordinaron millones de vidas a las exigencias del lucro corporativo, puso al descubierto la oposición irreconciliable entre los intereses sociales de la clase obrera y los intereses financieros del reducido grupo dominante.

Trabajadores enterrando cuerpos en una fosa común en la isla de Hart, el 9 de abril de 2020. (Crédito: AP Photo/John Minchillo) [AP Photo/John Minchillo]

El estallido de la guerra en Ucrania, el genocidio en Gaza, el bombardeo de Irán, el secuestro del presidente Maduro de Venezuela, y las amenazas contra México, Groenlandia, Panamá y Cuba han revelado que las potencias imperialistas, encabezadas por los Estados Unidos, están respondiendo a la crisis mediante una violenta redivisión del mundo.

En el interior de los centros imperialistas, esta ofensiva en el exterior ha sido inseparable de un giro hacia el autoritarismo en el ámbito interno: el retorno de Trump y la construcción abierta de una dictadura presidencial en los Estados Unidos; el ascenso de Milei en Argentina, Meloni en Italia y gobiernos de extrema derecha en toda Europa; el desmantelamiento sistemático de los derechos democráticos, la militarización de la policía, la persecución de inmigrantes y la criminalización de la disidencia. Mientras tanto, la riqueza global de los multimillonarios se disparó a 18,3 billones de dólares en 2025, mientras los despidos masivos, la destrucción de empleos impulsada por la IA, la inflación y el desmantelamiento de los programas sociales intensifican el asalto sobre las condiciones de vida de miles de millones de trabajadores.

Es innegable que la primera mitad de la década ha sido testigo de un estallido de reacción capitalista y militarismo imperialista. La guerra mundial no es una amenaza futura sino una realidad que se está desplegando en este momento. Pero las mismas contradicciones del sistema capitalista que se manifiestan en la guerra y en la represión también han provocado el estallido de la lucha de clases a escala global.

La segunda mitad de la década está siendo caracterizada crecientemente por el estallido de la tendencia contraria: la lucha social a escala internacional. En 1845, Marx escribió: 'Según el rigor de la acción histórica, el tamaño de la masa en acción aumentará también.' En una confirmación inicial de esta intuición, masas de trabajadores y trabajadoras están siendo atraídas hacia la lucha social y política.

Ha habido 458 huelgas en sólo ocho países europeos en el primer trimestre de 2026, incluidas cinco huelgas generales a nivel nacional o regional. Esto representa una aceleración mensurable respecto de períodos comparables de 2025. El primer trimestre de 2026 ya ha producido huelgas generales nacionales en Bélgica (12 de marzo) e Italia (9 de marzo), huelgas generales regionales en Andalucía y el País Vasco (8 y 17 de marzo), una huelga general en Chipre del Norte y una huelga general nacional en Argentina en febrero —una densidad de acciones de huelga general en un solo trimestre que supera el ritmo ya considerable de 2025. Aproximadamente 1,7 millones de empleados estatales fueron a la huelga en el estado indio de Maharashtra.

Por índices objetivos —número de huelgas, tamaño de las movilizaciones, distribución geográfica, extensión sectorial, duración, márgenes de autorización de huelgas y frecuencia del enfrentamiento con las fuerzas del Estado—, los primeros meses de 2026 representan una escalada clara y mensurable del conflicto de clases más allá de los niveles de 2025.

Ha habido masivas manifestaciones anti-ICE que han congregado a millones en los Estados Unidos, incluidos 8 millones en la movilización 'Sin Reyes' del 28 de marzo. Ha habido huelgas de 42.000 trabajadores de la Universidad de California y 31.000 trabajadores de la salud de Kaiser.

Marcha "Sin Reyes", ciudad de Nueva York, 28 de marzo de 2026

Estas luchas son la expresión objetiva de una clase obrera internacional que entra en lucha contra las condiciones impuestas por la misma crisis que empuja a la oligarquía hacia el fascismo y la guerra. Estas luchas se desarrollan en todos los continentes y en todos los sectores principales de la economía, de manera simultánea y cada vez más en conflicto directo no sólo con los empleadores y los gobiernos, sino también con las burocracias sindicales que funcionan como una policía corporativa anti-huelga.

La pregunta decisiva del período actual es cuál de estas dos tendencias prevalecerá. La clase dominante ha respondido a la profundización de la crisis de su sistema con el fascismo y la guerra, la militarización de la sociedad, la derogación de los derechos democráticos, el asalto a los inmigrantes y a los disidentes políticos, y la preparación de conflictos que llevan en su seno la amenaza de catástrofe nuclear. La clase obrera responde con la única fuerza capaz de detener esta trayectoria hacia el desastre: la movilización de su propio poder social colectivo. El resultado no está predeterminado. Se resolverá mediante las luchas en curso y mediante la conciencia política, la organización y el liderazgo que la clase obrera desarrolle en el curso de estas luchas.

Lo que puede afirmarse con certeza es que el período de equilibrio social relativo ha concluido. Las condiciones objetivas identificadas al inicio de la década —el derrumbe del orden capitalista de posguerra, la imposibilidad de continuar con los viejos métodos de dominación, la necesidad de una transformación revolucionaria o del descenso a la barbarie— no sólo han sido confirmadas sino que se han intensificado. Los primeros meses de 2026 marcan el punto en que la resistencia de la clase obrera ha emergido como una fuerza global, que se enfrenta a la ofensiva de la oligarquía a una escala que sitúa las preguntas fundamentales de la época —guerra o paz, dictadura o democracia, socialismo o barbarie— directamente en la agenda histórica.

¡Construyan la Cuarta Internacional!

Los cínicos desmoralizados y los escépticos de la pseudoizquierda pequeñoburguesa descartarán esta perspectiva como una fantasía. Postrándose ante la clase dominante, son firmes creyentes en la invencibilidad y la permanencia del capitalismo. Su actitud hacia la clase obrera es una mezcla de miedo y desprecio.

Pero la perspectiva revolucionaria del movimiento trotskista, encabezado por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, está fundada en la apreciación más realista de los procesos económicos y sociales objetivos que operan a escala global.

La misma globalización de la producción que ha agudizado las contradicciones del orden existente ha producido —como un hecho objetivo y estructural— la clase obrera internacional más numerosa de toda la historia de la humanidad. La cifra debe captarse concretamente. Desde 1980, el desarrollo de las fuerzas productivas mundiales ha incrementado el tamaño de la clase obrera en más de 2.000 millones de personas. Por primera vez en la historia de la humanidad, la mayoría de la población mundial vive en ciudades, cifra que aumenta en millones cada semana.

Más de 500 ciudades tienen ahora poblaciones superiores al millón de habitantes, que representan aproximadamente una cuarta parte de la humanidad; al menos 31 de ellas son megalópolis de más de 10 millones de personas, y se estima que el 90 por ciento del comercio mundial fluye a través de unas pocas docenas de estos centros. Se estima que 1.000 millones de trabajadores africanos entrarán en la fuerza laboral global en las próximas décadas. Los miles de millones de trabajadores que han migrado del campo atrasado de India, China, América Latina y África a los circuitos globalizados de la producción han, como el WSWS ha caracterizado, 'saltado siglos en una sola vida.'

Shenzen (población de 17.5 millones), la tercera mayor ciudad de China después de Shanghái y Beijing [Photo by Dinkun Chen / CC BY 4.0]

Los procesos sociales y económicos objetivos están generando luchas revolucionarias. El deterioro cotidiano de los niveles de vida, la escala vertiginosa de la desigualdad social, la grotesca corrupción y los crímenes de la clase dominante están provocando la indignación y la ira de las masas. Pero esta ira debe desarrollarse en una lucha políticamente consciente e internacionalmente unificada contra el capitalismo.

Y esto pone en primer plano el problema central de esta época histórica: la resolución de la crisis del liderazgo revolucionario en la clase obrera. Debe quebrarse el dominio de los viejos e reaccionarios instrumentos de la dominación capitalista —los partidos capitalistas existentes, las burocracias sindicales, las organizaciones burguesas nacionalistas, los innumerables agrupamientos pequeñoburgueses—. Debe establecerse la independencia política de la clase obrera respecto de todas las agencias de la clase dominante.

Esto exige la construcción de la Cuarta Internacional, el movimiento trotskista mundial encabezado por el Comité Internacional. Concentrada en su programa hay una vasta cuerpo de experiencia revolucionaria que abarca un siglo de lucha.

Reconocemos que las secciones del Comité Internacional no son aún partidos de masas. Pero esto no es un defecto, sino la expresión del largo período de reacción política durante el cual las viejas burocracias socialdemócratas, estalinistas, laboristas y sindicales pudieron suprimir la lucha de clases.

Pero como dijo Trotsky: 'Las leyes de la historia son más poderosas que el aparato burocrático.' La intensificación de la crisis capitalista está radicalizando a las masas, y esto creará las condiciones para un inmenso crecimiento del movimiento trotskista.

En mayo de 1940, en el Manifiesto de la Cuarta Internacional escrito por Trotsky sólo tres meses antes de su asesinato a manos de un agente estalinista, el incomparable estratega de la revolución socialista mundial explicó:

En la historia, la guerra no pocas veces ha sido la madre de la revolución, precisamente porque sacude hasta sus cimientos a los regímenes caducos, debilita a la clase dominante y acelera el crecimiento de la indignación revolucionaria entre las masas oprimidas.

León Trotsky en 1940

Tal situación está emergiendo. El mero hecho de que la clase dominante estadounidense haya colocado a un gánster en la Casa Blanca y confiado la gestión de sus asuntos al mundo del hampa es prueba irrefutable de su bancarrota histórica.

Frente a los mayores obstáculos, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional ha trabajado incansablemente para preparar a los sectores avanzados de la clase obrera para la crisis actual. Hemos creado el World Socialist Web Site, que durante los últimos 28 años ha servido como un instrumento incomparable de análisis político y orientación estratégica. Ha librado una lucha implacable por preservar el legado del marxismo y la continuidad histórica de la lucha por el socialismo.

Los partidos afiliados al Comité Internacional han encabezado la lucha contra las burocracias laborales proimperialistas y corporativistas mediante el desarrollo de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB). Su propósito no es influir en las burocracias sindicales existentes, sino organizar una insurrección de base contra ellas y transferir el poder a los comités de fábrica, taller y lugar de trabajo.

Los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (JEIIS), guiada por el CICI, educa a la generación más joven como marxistas, ofrece una alternativa revolucionaria a las políticas desmoralizadoras de la política de protesta y orienta sus energías hacia las luchas de la clase obrera.

El CICI ha desarrollado Socialism AI, que fue lanzado en el World Socialist Web Site en diciembre de 2025. Mientras la clase dominante utiliza la IA con el propósito de enriquecerse, empobrecer a los trabajadores e intensificar la explotación, el Comité Internacional utiliza el vasto potencial de esta tecnología para impulsar y acelerar la lucha por el socialismo.

Todos los distintos elementos del trabajo del Comité Internacional están orientados hacia el objetivo de construir la Cuarta Internacional como el Partido Mundial de la Revolución Socialista que derrotará la barbarie capitalista y asegurará el futuro de la humanidad. Este partido será construido por los trabajadores, la juventud y los intelectuales socialistas que extraigan las conclusiones necesarias de las experiencias de esta época y ocupen su lugar en sus filas. A los trabajadores que combaten al ICE, a los huelguistas en los piquetes, a los estudiantes que se oponen al genocidio en los campus, a los millones en las calles de todos los continentes: La pregunta que ahora se plantea no es si hay que luchar, sino cómo luchar y bajo qué bandera.

Nuestra respuesta a estas preguntas es la siguiente: El camino a seguir es la lucha consciente y organizada de la clase obrera internacional por el poder. La bandera es la de la Cuarta Internacional. Decimos: ¡Construyan secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en cada país! ¡Asuman la lucha por el socialismo! ¡Adelante hacia la revolución socialista mundial!

(Artículo publicado originalmente en inglés el 2 de mayo de 2026)

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