Los trabajadores y los jóvenes deben extraer conclusiones estratégicas sensatas de la manifestación de extrema derecha del fin de semana, encabezada por el agitador fascista Stephen Yaxley-Lennon, conocido por el alias de Tommy Robinson. Nada de esto se encuentra en los escritos del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) ni del Partido Comunista Revolucionario (RCP).
Ambos utilizaron el hecho de que la manifestación reunió a menos personas que la anterior, celebrada en septiembre pasado —que fue la mayor movilización de extrema derecha en la historia del Reino Unido—, para sembrar una complacencia política de la peor clase. Esto se reforzó con referencias a la manifestación pro-palestina por la Nakba, más numerosa, que tuvo lugar el mismo día.
El SWP escribió que «los manifestantes en solidaridad con Palestina y los antirracistas celebraron el sábado en Londres una victoria decisiva al superar en número al fascista Tommy Robinson y a sus seguidores». El propio Robinson «ofrecía una imagen triste y abatida en el escenario». El RCP coincidió en que el sábado fue «una victoria alentadora para la izquierda», y señaló que Robinson mostraba «un atisbo de desesperación», ya que su iniciativa le había «salido por la culata».
Detrás del optimismo superficial de estos comentarios se esconde un profundo pesimismo político y una negativa a explicar claramente a los trabajadores los peligros de la situación, a cuestionar sus ilusiones en soluciones falsas y a convencerlos de las conclusiones revolucionarias necesarias.
Tanto el SWP como el RCP defienden a otras fuerzas sociales o procesos sociales e históricos abstractos como medio para combatir el crecimiento de la extrema derecha, excluyendo el papel decisivo que debe desempeñar el partido revolucionario para establecer la independencia política de la clase trabajadora y, de esa manera, cambiar el curso de la historia.
El Partido Socialista por la Igualdad libra una lucha entre los trabajadores y los estudiantes por una perspectiva totalmente opuesta, para ganarlos a una genuina lucha socialista contra la extrema derecha. Nos basamos en las lecciones no solo del siglo XX, sino también del XXI, que ha visto cómo una camarilla fascista ascendía a las alturas del poder en el principal país imperialista del mundo, Estados Unidos.
La naturaleza de la amenaza de la extrema derecha, históricamente y en la actualidad
Los marxistas no consideran que la lucha contra el fascismo y la extrema derecha sea, fundamentalmente, una cuestión de números, sino de perspectiva política. En el ejemplo más importante —la Alemania de los años veinte y treinta— las filas organizadas de la clase obrera socialista superaban ampliamente en número a las de los nazis.
Eso no impidió el ascenso al poder del Tercer Reich por dos razones. Uno: los nazis fueron invitados al poder por la facción dominante de la clase dominante alemana, en un momento en que sus votos estaban cayendo. Dos: lo más importante, se impidió que la clase trabajadora interviniera para detener esto por parte de la dirección de la Internacional Comunista liderada por Stalin, su negativa a forjar un Frente Único con los socialdemócratas para asegurar la acción común de la clase trabajadora, y su política desastrosamente complaciente: «¡Después de Hitler, nosotros!».
El RCP está aplicando hoy una versión de esa misma política bajo el lema «¡Después de Robinson, nosotros!», al escribir que el fortalecimiento de las fuerzas de derecha «es solo una faceta efímera de una polarización más profunda en la sociedad, impulsada por la crisis del capitalismo… Son colosos en miniatura con pies de barro, destinados a desmoronarse a su debido tiempo. Las fuerzas que han conjurado los derribarán, tan seguro como que la noche sigue al día».
Esto es políticamente criminal. Lo que estaba mal en los años 1920 y 1930 lo está aún más en la década de 2020, cuando la amenaza de la extrema derecha no se presenta actualmente en forma de un movimiento de masas en las calles: el simple hecho de superarla en número en una protesta, abstraído de cuestiones de perspectiva política, no garantiza nada.
Hoy en día, el peligro es que la privación total de derechos de la clase trabajadora —el hecho de que no tenga un partido que represente ni siquiera vagamente sus intereses sociales— permita a los líderes de extrema derecha ganar poder electoralmente. Como escribió el World Socialist Web Site sobre la anterior manifestación de Robinson:
Los ideólogos fascistas como Robinson y figuras más «respetables» como [el líder de Reform UK, Nigel] Farage solo pueden explotar la angustia social y el odio generalizado que se siente hacia el gobierno de Starmer porque el sentimiento de izquierda generalizado en la clase trabajadora ha sido sistemáticamente reprimido —por quienes dicen estar en la «izquierda».
Robinson fue explícito sobre la estrategia de la extrema derecha, al decirle a su manifestación que la próxima «Batalla de Gran Bretaña» serían las elecciones de 2029. «Tenemos que involucrarnos en la política, tenemos que participar. No les voy a decir a qué partido político deben afiliarse. Somos un movimiento cultural. Les voy a decir que deben afiliarse a un partido político. No me importa si es Reform, si es [la escisión de extrema derecha] Advance [a la que él respalda], si es Restore o si es el Partido Conservador».
Habló menos de dos semanas después de que Reform se erigiera como el ganador indiscutible de las elecciones locales, confirmando su posición de liderazgo en las encuestas de intención de voto para las elecciones generales —con un 26 por ciento, seguido por los conservadores con un 18 por ciento, y los laboristas y los Verdes con un 17 por ciento.
La conspiración política de extrema derecha contra la clase trabajadora
Estas cifras dejan claro que los temas planteados de manera muy cruda en el evento de Robinson de septiembre de 2025 no han desaparecido simplemente porque su último esfuerzo fue sustancialmente menor.
La extrema derecha no cuenta con una base organizada y disciplinada, ni con un electorado comprometido, ni siquiera de forma confusa. Lo que sí tiene es un respaldo político y financiero sustancial con el que llevar a cabo campañas que se aprovechan de la ira social que la izquierda oficial no ha abordado, y la canalizan hacia líneas populistas, nacionalistas, antimigrantes y antimusulmanas.
El WSWS escribió sobre la manifestación de septiembre en este sentido:
[L]a presencia más significativa, con diferencia, fue la de Elon Musk, quien una vez más dio su apoyo a Robinson, pidió la caída del gobierno de Starmer e instó a una confrontación violenta con la izquierda…
Al igual que él y otros oligarcas multimillonarios apoyaron el movimiento fascista MAGA de Trump, el segundo hombre más rico del mundo está ahora prestando su riqueza y las redes sociales que controla a la promoción de la extrema derecha británica, tal como ya lo ha hecho con la AfD en Alemania.
El fin de semana pasado participaron más influencers de derecha, que posteriormente recibieron el respaldo del vicepresidente de EE. UU., J. D. Vance, quien denunció «esa idea de que la forma de generar prosperidad es traer a millones y millones de personas sin verificar y dejarlas en sus barrios», y añadió: «A todos los que en el Reino Unido rechazan esa idea, les animo a que sigan adelante. Está bien querer defender tu cultura. Está bien querer vivir en un vecindario seguro».
Se ofrece más que solo aliento verbal. Robinson anunció en su discurso que un empresario estadounidense le había dado 200.000 libras para financiar la manifestación de septiembre, revelando así una pequeña fracción de los fondos que realmente aportaron sus patrocinadores.
Entre ellos se encuentra la propia administración Trump, que identificó «fomentar la resistencia a la trayectoria actual de Europa [de “borrado civilizacional”] dentro de las naciones europeas» como una de las prioridades de su Estrategia de Seguridad Nacional. Se pusieron a disposición del presidente argentino de extrema derecha, Javier Milei, 20 mil millones de dólares para ayudar en su campaña electoral, y Vance hizo campaña públicamente, aunque sin éxito, a favor de la reelección de Viktor Orbán en Hungría.
Violencia de extrema derecha y dictadura
La escasa presencia de las fuerzas de extrema derecha en comparación con períodos históricos anteriores no es motivo para la complacencia. Hoy, con la ayuda para llegar al poder, puede valerse del aparato represivo mucho más extenso del Estado capitalista, siguiendo el modelo establecido por el Proyecto 2025 de Trump, su «operación dictadura».
El peligro quedó claramente resumido el fin de semana por la presencia en la manifestación del líder del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), Nick Tenconi, quien en enero dijo en una reunión del UKIP que se debería utilizar al ejército «para detener y deportar a los islamistas, los ilegales y los comunistas».
El UKIP es hoy una fuerza irrelevante en lo electoral. Fundado por Farage, le ayudó a liderar el voto a favor del Brexit, sirvió como plataforma de lanzamiento para su Partido del Brexit (ahora Reform UK) y se derrumbó en gran medida con su partida. Pero expresa en forma pura el veneno político que Farage ahora busca hacer tragar al Reino Unido con cucharadas de retórica sobre problemas sociales genuinos.
Los comentarios de Tenconi reflejan la violencia vivida el sábado, cuando un hombre atropelló con una camioneta a una persona que estaba retirando banderas de San Jorge colocadas de manera provocativa, antes de continuar su camino hacia Londres para participar en la marcha de Robinson, donde fue detenido.
Ese mismo día, una neonazi de 19 años fue condenada a al menos 15 años de cárcel por intentar decapitar a un hombre kurdo porque quería «matar a todos los judíos y musulmanes». En los últimos diez años, el número de denuncias al programa antiterrorista Prevent del Reino Unido por extremismo de extrema derecha ha aumentado de 759 en un año a 1.798 (ahora más del doble de las denuncias por extremismo islamista).
Un gobierno de Farage, o un gobierno en el que Farage ocupe un puesto de poder, intensificaría la opresión de los migrantes, la culpabilización de las minorías étnicas y la represión de la oposición política.
Envalentonaría a los matones fascistas del UKIP, de Britain First —cuyo líder, Paul Golding, también asistió a la marcha— y de otros grupos. Habrá más intentos de asesinatos por motivos raciales, más cruces de San Jorge izadas sobre las comunidades de migrantes y más marchas de extrema derecha por esas calles bajo protección policial.
A esto se sumarían los ataques contra las protestas contra el genocidio de Gaza y la guerra en Oriente Medio, las reuniones políticas de izquierda y los piquetes de huelga.
Cómo el SWP proporciona una cobertura política al Partido Laborista y a los sindicatos
El mecanismo político más importante para el fortalecimiento de la extrema derecha es el gobierno laborista de Starmer, que genera ira social con su agenda de austeridad favorable a las empresas y la dirige contra los migrantes, los musulmanes y la izquierda.
El Partido Laborista ha legitimado los discursos antimigrantes y ha alardeado de su historial de deportaciones. Se ha envuelto en la bandera británica y en declaraciones de patriotismo y valores británicos. Bajo su supervisión, la policía de Londres desvió la manifestación por Palestina de su ruta habitual para dejar paso a Robinson, mientras que el primer ministro Keir Starmer difamaba a los opositores al genocidio de Gaza como la principal fuente de odio racial en el Reino Unido.
La burocracia sindical actúa como la guardia pretoriana de este gobierno, frenando la lucha de clases y canalizando con frecuencia la resistencia de los trabajadores hacia campañas nacionalistas, como en el caso de British Steel. La «izquierda» laborista, el Partido Verde y Your Party se especializan en convertir la oposición de izquierda en combustible para campañas de presión ineficaces sobre el gobierno laborista y alianzas parlamentarias de «Stop Reform» entre partidos capitalistas.
Stand Up to Racism (En contra de racismo), ahora enterrado en la Together Alliance, es la contribución del SWP a este esfuerzo. El Socialist Worker informó con entusiasmo sobre los comentarios de la diputada de Your Party, Zarah Sultana, en la manifestación, y el hecho de que «se unieron líderes sindicales, entre ellos Andrea Egan de Unison, Daniel Kebede de la NEU [Sindicato Nacional de Educación] y Fran Heathcote del sindicato PCS».
Sus escritos confirman la crítica del Partido Socialista por la Igualdad (RCP) a Together por promover «una perspectiva de derrotar a la extrema derecha mediante un acuerdo vacío para oponerse al racismo por parte de políticos procapitalistas, burócratas sindicales y liberales bienintencionados».
Esto, explicamos, «bloquea deliberadamente el necesario ajuste de cuentas político con el Partido Laborista y la burocracia sindical al invitar a docenas de sus diputados a sumarse a la causa… Nada podría ser más desorientador para la lucha contra el fascismo».
Cómo el RCP desarma a la clase trabajadora
El RCP, oscilando de manera tradicional de una posición a otra, escribió sobre la manifestación de Robinson el año pasado que era una «condena contundente de la izquierda».
Argumentaron que «el papel más pernicioso de todos recae en Stand Up To Racism», que «quiere construir una ‘iglesia amplia’: una alianza interclasista de todos y cada uno; un frente popular de líderes religiosos y comunitarios, empresarios y todo tipo de elementos liberales de clase media».
Además, «al proporcionar una conveniente tapadera de izquierda a la burocracia sindical —que se afilia y subvenciona a SUTR—, permiten que las cúpulas del movimiento obrero se queden de brazos cruzados y se limiten a hablar de boquilla cuando se trata de la lucha contra el racismo».
Seis meses después, sin embargo, fue «positivo ver a los líderes de los sindicatos más grandes de Gran Bretaña, como Andrea Egan, de Unison, y Fran Heathcote, del PCS, en la manifestación final». Fue simplemente «una lástima que la Together Alliance [la última fachada del SUTR] —que cuenta con el respaldo y el liderazgo de varios sindicatos— no lograra movilizarse, ni siquiera respaldar, la manifestación del Día de la Nakba».
Cualquier partido capaz de escribir estos dos artículos con menos de medio año de diferencia debe ser visto con la mayor sospecha política. El RCP resuelve la cuadratura del círculo al escribir que «la izquierda ha caminado sonámbula hacia el éxito en los últimos meses».
Argumentos como este, que en palabras de Lenin «adoran… la espontaneidad del movimiento obrero», tienen una larga y podrida historia política. Inevitablemente, explicaba Lenin, conducen a «un fortalecimiento de la influencia de la ideología burguesa sobre los trabajadores».
Una verdadera lucha por el socialismo es necesariamente el más consciente de los movimientos políticos, analizando rigurosamente los acontecimientos, desenmascarando a fondo a los falsos líderes políticos y estableciendo la independencia de la clase obrera. Lo único hacia lo que la izquierda puede «avanzar sonámbula» es hacia el desastre, que es lo que se avecina si no se disipan los somníferos políticos del RCP y el SWP.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 20 de mayo de 2026)
