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Perspectiva

El significado internacional del golpe preventivo de Erdogan contra el CHP en Turquía

Özgür Özel, líder electo del CHP, camina hacia el Parlamento turco en la lluvia con sus partidarios después de la redada policial contra la sede del partido [Photo: eczozgurozel / X]

El régimen del presidente Recep Tayyip Erdoğan en Turquía está ejecutando un golpe político preventivo ante los ojos del mundo entero. Mediante un fallo judicial motivado políticamente, Erdoğan primero removió a los líderes elegidos del Partido Republicano del Pueblo (CHP, siglas en turco) —el principal partido parlamentario de oposición y el primero en las encuestas— y luego ordenó a la policía antidisturbios tomar por la fuerza la sede del partido.

Lo que se desarrolla en Turquía no es un acontecimiento puramente nacional, sino la manifestación de un colapso internacional de las formas democráticas de gobierno, enraizado en la profundización de la crisis del sistema capitalista. El presidente estadounidense Donald Trump, tras perder las elecciones de noviembre de 2020, protagonizó un fallido golpe de Estado el 6 de enero de 2021, buscando permanecer en el poder ilegalmente. Erdoğan, por su parte, intenta anticiparse a una probable derrota en las próximas elecciones neutralizando a su principal rival.

Los trabajadores y los jóvenes deben oponerse a este golpe de Estado preventivo, que amenaza derechos democráticos fundamentales y cuyo objetivo último es la clase trabajadora.

La clase obrera turca entra en esta lucha con un estado de ánimo de oposición explosiva al genocidio de Israel en Gaza y a la guerra estadounidense contra Irán. En los primeros días de la guerra contra Irán, los trabajadores de la mina Polyak en İzmir derribaron una barricada de la gendarmería y tomaron el control de la mina. El mes pasado, la política turca estuvo dominada por la lucha de los trabajadores de Doruk Mining en Ankara.

Aunque las encuestas muestran que más del 90 por ciento de la población turca se opone a la guerra contra Irán y a la presencia de bases militares estadounidenses en Turquía, Erdoğan se ha alineado efectivamente con la agresión de la administración Trump en Oriente Próximo y continúa facilitando el flujo de petróleo de Azerbaiyán hacia Israel. En todo Oriente Próximo, la abrumadora mayoría de la población hierve de ira ante la colaboración de sus élites gobernantes con el imperialismo estadounidense y el sionismo israelí.

Erdoğan y sus aliados trabajan se han dedicado a frenar el surgimiento dentro de la clase trabajadora turca, de Oriente Próximo y a nivel internacional —ya golpeada por una grave crisis del costo de vida— de un movimiento contra el genocidio y la guerra imperialista.

La represión dirigida contra el CHP tiene un carácter históricamente sin precedentes. El CHP no es un movimiento político kurdo que haya sido violentamente reprimido a lo largo de la historia de la República, ni tampoco es un partido de izquierda. Es el partido de Mustafa Kemal Atatürk, quien fundó la República Turca en 1923. El golpe judicial que ha destituido a su liderazgo encabezado por Özgür Özel y restituido a Kemal Kılıçdaroğlu —quien ha asumido el papel de 'oposición leal a Su Majestad'— equivale a una declaración de que, en medio de tensiones de clase e internacionales explosivas, no se tolerará ni la más leve oposición política.

Las limitadas críticas de Özel a las guerras de Trump y sus tibias declaraciones de apoyo público a los trabajadores de Doruk Mining en Ankara resultaron intolerables no solo para poderosas facciones de la burguesía turca, sino también para Washington y las capitales europeas, quienes no han formulado críticas significativas ante su destitución por parte de Erdoğan. Esto creó las condiciones para que Erdoğan desplazara a Özel, con la complicidad de facciones del propio CHP lideradas por Kılıçdaroğlu.

Tanto Erdoğan como las potencias imperialistas tienen razones para apoyar a Kılıçdaroğlu como nuevo líder del CHP, al ser un candidato débil e ineficaz profundamente comprometido con el apoyo a la guerra imperialista. En las elecciones presidenciales de 2023, que perdió ampliamente frente a Erdoğan, Kılıçdaroğlu encabezó una campaña abiertamente pro-OTAN, con el respaldo del movimiento nacionalista kurdo (hoy Partido DEM) y grupos pseudoizquierdistas.

El cierre de filas de Erdoğan y Kılıçdaroğlu detrás de este golpe político preventivo refleja los intereses de la burguesía turca y su alineación con el imperialismo. Washington y las potencias imperialistas europeas consideran a Turquía, bajo el gobierno de Erdoğan, como un aliado crítico para sus intereses en la región en sentido amplio. Además de unirse al 'Consejo de Paz' de Trump para Gaza, Erdoğan ha profundizado su cooperación con Reino Unido y Francia en la guerra de la OTAN contra Rusia. También continúa manteniendo a los refugiados en Turquía en nombre de la Unión Europea.

No es coincidencia que Erdoğan sostuviera llamadas telefónicas con Trump tanto antes de la detención de İmamoğlu como antes de la más reciente operación judicial contra el CHP. No espera más que declaraciones simbólicas de sus aliados europeos, quienes han declarado la guerra a las condiciones de vida de la clase trabajadora para financiar el gasto militar en sus propios países y han atacado los derechos democráticos.

La respuesta de Özel a la operación ilegal de Erdoğan para destituirlo como líder del CHP subraya que los derechos democráticos no pueden defenderse bajo el liderazgo de un partido burgués como el CHP. Como líder de un partido ligado por mil hilos al imperialismo y al capital financiero, Özel capituló rápidamente ante el golpe preventivo a pesar de su retórica inicial de 'resistencia'. Habló con Kılıçdaroğlu —después de haberse negado a hacerlo en un primer momento—, luego aceptó el fallo judicial que había jurado rechazar y desalojó la sede del partido que había prometido no abandonar jamás. Ahora ha convocado a un nuevo congreso del CHP y a nuevas elecciones.

En efecto, si bien Özel claramente ha chocado con las principales potencias imperialistas de la OTAN, no es en modo alguno una figura antiimperialista. Durante las protestas masivas que estallaron tras la detención en marzo de 2025 del alcalde metropolitano de Estambul y candidato presidencial del CHP, Ekrem İmamoğlu, Özel declaró el compromiso de su partido con el mantenimiento de fuertes relaciones con la OTAN. El informe sobre Irán presentado por el partido ante la OTAN el otoño pasado reproducía esencialmente la propaganda estadounidense-israelí y sirvió para legitimar la agresión imperialista en la región.

Todo esto es una demostración de las limitaciones impuestas por el carácter burgués del CHP. Al igual que Kılıçdaroğlu o Erdoğan, Özel teme por encima de todo el surgimiento de un movimiento de la clase trabajadora que amenace los fundamentos del sistema capitalista y del dominio burgués.

Las élites gobernantes en Turquía y en todo Oriente Próximo se encuentran sentadas sobre un polvorín social. Dado que Turquía figura entre las sociedades más desiguales de Europa, la polarización entre la clase trabajadora y la burguesía ha alcanzado dimensiones sin precedentes. Las políticas del gobierno de Erdoğan, que enriquecen a una oligarquía financiera al tiempo que hunden a los trabajadores en la miseria, no hacen sino intensificar las tensiones de clase y la amenaza de revolución social. La dominación de la oligarquía capitalista sobre la vida económica y social, en condiciones de guerra global en expansión, es incompatible con la democracia incluso en su forma más limitada.

La operación del régimen de Erdoğan contra el CHP expone además como un fraude descarado la pretensión —promovida por el Partido DEM, el CHP y las tendencias pseudoizquierdistas— de que ese mismo gobierno puede resolver la cuestión kurda mediante la 'paz y la democratización'.

Como explicó León Trotsky en su teoría de la Revolución Permanente, en los países de desarrollo capitalista tardío, ninguna facción de la burguesía en la época imperialista es capaz de establecer un régimen democrático o lograr la independencia respecto al imperialismo. La tarea de construir un régimen que detenga las guerras imperialistas y garantice los derechos democráticos fundamentales del pueblo kurdo y de todas las demás masas oprimidas en Turquía y en toda la región recae sobre la clase trabajadora. Esto significa la lucha por una Federación Socialista de Oriente Próximo.

La crisis en Turquía subraya que no existe solución dentro de las instituciones existentes al colapso de la democracia burguesa que se está produciendo a escala mundial. El sistema capitalista —que engendra la dictadura, la desigualdad social y la guerra imperialista— no puede ser reformado. No hay otro camino que la movilización revolucionaria de la clase trabajadora internacional y el establecimiento del poder obrero y el socialismo. Esto exige la construcción de una dirección revolucionaria: el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus secciones nacionales, los Partidos Socialistas por la Igualdad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 25 de mayo de 2026)

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