Español
Perspectiva

El jefe criminal de la oligarquía estadounidense: Trump se embolsa $2,2 mil millones en 2025

El presidente Donald Trump se pronuncia en una rueda de prensa el 9 de marzo de 2026, en Trump National Doral Miami, Florida [AP Photo/Mark Schiefelbein]

El martes, el presidente Donald Trump publicó su declaración financiera obligatoria correspondiente a 2025. En ella se observa que triplicó con creces sus ingresos personales durante el primer año de su segundo mandato, pasando de 622 millones de dólares en 2024 a al menos 2.200 millones de dólares el año pasado.

La magnitud del enriquecimiento personal de Trump hace que los grandes escándalos de corrupción de la historia estadounidense parezcan insignificantes en comparación. El caso Teapot Dome de la década de 1920, que durante un siglo fue sinónimo de criminalidad política, giró en torno a unos 400.000 dólares en sobornos —unos 8 millones de dólares actuales— aceptados por el secretario del Interior, Albert Fall, a cambio del arrendamiento de reservas de petróleo naval. Fall fue a prisión. El vicepresidente Spiro Agnew se vio obligado a dimitir en 1973 por sobornos que ascendían a unos 250.000 dólares, cobrados en sobres con dinero en efectivo a contratistas de Maryland. Comparado con los escándalos de Trump, son nimiedades.

El informe ofreció algunos indicios del flagrante tráfico de influencias y la corrupción que permitieron al estafador inmobiliario y charlatán mediático convertido en presidente de Estados Unidos expandir enormemente su fortuna y la de su familia. Para septiembre del año pasado, la riqueza colectiva de la familia Trump se estimaba en 10 mil millones de dólares, casi duplicándose desde las elecciones de noviembre de 2024. La fortuna de Donald Trump Jr. pasó de 50 millones a 300 millones de dólares, y la de Eric Trump se multiplicó por diez, alcanzando los 400 millones de dólares.

Ese mismo año, la participación del trabajo en el ingreso nacional cayó a su nivel más bajo desde que se tienen registros. En el tercer trimestre de 2025, la participación del trabajo se redujo al 53,8 por ciento, frente al 70 por ciento de 1947. Estas estadísticas se traducen en la práctica en salarios de miseria, alquileres y costos de vida inasequibles, y jornadas laborales más largas para decenas de millones de trabajadores.

Según la estimación de la Oficina de Estadísticas Laborales sobre el salario promedio de un trabajador automotor estadounidense (basada en una semana laboral de 40 horas), un ingreso anual de 2.200 millones de dólares se traduce a los ingresos de 37.931 trabajadores del sector automotriz. Un ingreso anual de 2.200 millones de dólares equivale a 251.000 dólares por hora. A ese ritmo, una persona gana 70 dólares por segundo, más del doble de lo que gana un trabajador automotriz afiliado al sindicato UAW en una hora.

No es de extrañar que, en un evento en el Despacho Oval esta semana, Trump defendiera su negativa a firmar un proyecto de ley para expandir la vivienda para personas de bajos ingresos, exigiendo que el Congreso apruebe primero su plan para privar del derecho al voto a millones de votantes de clase trabajadora y calificando el proyecto de ley de vivienda de 'un gran bostezo'.

Durante su primer mandato, entre 2017 y 2021, Trump rompió con la práctica de los presidentes modernos de depositar sus asuntos financieros en fideicomisos ciegos. Se negó a desinvertir en sus negocios y los colocó en un fideicomiso al que aún podía acceder. Utilizó su hotel Trump International en Washington D.C. como una fuente inagotable de ingresos, incentivando a delegaciones extranjeras, lobistas y funcionarios republicanos a gastar dinero que ingresaba en sus cuentas bancarias personales. Otorgó a su hija Ivanka múltiples marcas registradas en China mientras ella se desempeñaba como asesora de la Casa Blanca, al mismo tiempo que se desarrollaban las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China.

Sin embargo, eso palidece en comparación con el segundo mandato de Trump. Se negó a firmar el compromiso ético que había asumido en su primer mandato, derogó las normas éticas presidenciales de Biden y despidió al director de la Oficina de Ética Gubernamental a principios de 2025, dejándola sin un director permanente.

Trump obtuvo la mayor parte de sus ingresos de 2025 de sus negocios de criptomonedas, que ascendieron a unos 1.400 millones de dólares. Según un análisis del New York Times, su empresa de criptomonedas World Liberty Financial, que vende una moneda digital llamada $WLFI, recaudó 799 millones de dólares el año pasado, en comparación con los 57 millones de dólares de 2024.

Tres días antes de su segunda investidura, Trump ayudó a lanzar una criptomoneda, $TRUMP, que ha generado otros 636 millones de dólares. Ganó 77 millones de dólares con Mar-a-Lago el año pasado, en comparación con los 50 millones de dólares de 2024, y 122 millones de dólares con su club de golf Trump National Doral, un aumento de 11 millones de dólares. Posee acciones en su grupo Trump Media & Technology por valor de 875 millones de dólares. A finales de 2025, Trump tenía activos de inversión de al menos 857 millones de dólares, en comparación con los 236 millones de dólares del año anterior.

Los negocios de criptomonedas de Trump se beneficiaron directamente de sus decisiones políticas como presidente. En enero de 2025, tres días antes de su investidura, una firma de inversión vinculada al gobierno de los Emiratos Árabes Unidos adquirió una participación del 49 por ciento en World Liberty Financial, generando 23 millones de dólares en ganancias para la familia Trump. Poco después, la administración Trump cerró un acuerdo para que Estados Unidos exportara chips informáticos para inteligencia artificial a los Emiratos Árabes Unidos.

El negocio de criptomonedas de Trump se benefició directamente de una declaración de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) de febrero de 2025 que notificaba al sector que dichos tokens ya no estarían sujetos a la supervisión de la agencia, revirtiendo la postura del presidente de la SEC durante la administración Biden. Además, Trump promulgó una ley en julio pasado para promover una forma de criptomoneda llamada stablecoin o “criptomoneda estable”, cuatro meses después de que su empresa, respaldada por su familia, lanzara su propia stablecoin.

En octubre pasado, Trump indultó a Changpeng Zhao, fundador de Binance y el hombre más rico del mundo de las criptomonedas, quien se había declarado culpable en 2023 de violar las leyes contra el lavado de dinero y cumplió cuatro meses de prisión. Desde entonces, Binance se ha convertido en un socio comercial clave para la empresa de criptomonedas de la familia Trump.

Sin embargo, las criptomonedas no son ni mucho menos el único ámbito en el que Trump ha utilizado la Casa Blanca para impulsar sus negocios y aumentar su fortuna personal. Ha cedido el nombre Trump a propiedades en países como Arabia Saudita y Qatar. Solo estos dos acuerdos le generaron más de 14 millones de dólares en 2025.

El domingo pasado, el New York Times publicó un reportaje de investigación sobre un acuerdo multimillonario entre Estados Unidos y Kazajistán para el desarrollo de minas de tungsteno en la antigua república soviética. El proyecto involucra directamente a los hijos de Trump y a su secretario de Comercio, Howard Lutnick. Miles de millones en préstamos del Departamento de Comercio de Estados Unidos y del Banco de Exportación e Importación se destinan a financiar una iniciativa que podría generar millones de dólares en ganancias para ambas familias, así como para otros multimillonarios allegados al presidente.

Luego están los millones que ganan los miembros de la élite financiera apostando en mercados predictivos sobre los precios del petróleo, basándose en anuncios anticipados de la Casa Blanca sobre bombardeos o conversaciones de paz con Irán. En un mundo dominado por oligarcas y sus representantes mafiosos, como Trump, la vida de miles de personas se convierte en objeto de especulación a través de mercados manipulados. Informes de investigación han documentado cómo el yerno de Trump, Jared Kushner, ha utilizado su posición en las negociaciones y la política de Oriente Próximo para obtener enormes sumas de dinero de Arabia Saudí y otras monarquías del golfo Pérzico para sus vehículos de inversión privados.

Todo esto se suma a la corrupción más mundana de la administración Trump, que incluye contratos sin licitación otorgados a donantes con intereses comerciales ante el gobierno para proyectos como el salón de baile de la Casa Blanca y el estanque reflectante.

Trump no solo infringe las reglas, sino que las reescribe para que su enriquecimiento deje de ser un delito tipificado legalmente. La corrupción elevada a la categoría de política de Estado: la legalización del botín mientras se saquea.

Estos no son los crímenes de un solo individuo. La oligarquía financiera, inmensamente rica y parasitaria, ha instalado a Trump, un producto fascista de la mafia inmobiliaria y del juego de Nueva York, como jefe de Estado. Nada revela mejor las costumbres de esta nueva aristocracia que el escándalo Epstein, que involucra a las más altas esferas de la sociedad y cuyo encubrimiento une a Trump, los medios corporativos y prácticamente a toda la clase política.

En cuanto al partido de oposición nominal, los demócratas, se lamentan y se quejan, pero no hacen nada para detener el saqueo ni para exigir responsabilidades a los criminales, porque están controlados por la misma clase de oligarcas y defienden su sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción y la producción con fines de lucro.

Toda esta clase social debe ser expropiada, y la riqueza producida por la clase trabajadora debe utilizarse para satisfacer las necesidades sociales.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 2 de julio de 2026)

Loading