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Perspectiva

Mientras escalan la guerra contra Rusia, las potencias imperialistas dan luz verde a la represión de Estado policial de Erdoğan

Erdoğan y Trump se reunieron en la Casa Blanca el jueves 25 de septiembre de 2025 [Photo: X/@iletisim/The Republic of Turkey Directorate of Communications)]

En preparación para la 36ª Cumbre de la OTAN en Ankara los días 7 y 8 de julio, el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdoğan les ha declarado la guerra a los derechos democráticos básicos en Turquía.

El gobierno de Erdoğan ha implementado un estado de emergencia de facto en la capital y ha detenido a cientos de personas. El objetivo es suprimir la oposición generalizada a la reunión de criminales políticos, encabezados por el presidente estadounidense Donald Trump, que libran una guerra de agresión contra Irán, han hecho posible el genocidio en Gaza y están creando el riesgo de un conflicto nuclear en la guerra contra Rusia en Ucrania. Los acontecimientos en Ankara son la expresión más aguda del giro de las clases dominantes a nivel mundial hacia la guerra y la dictadura frente a la crisis insoluble del sistema capitalista global.

La Gobernación de Ankara anunció una prohibición de 13 días de manifestaciones y declaraciones de prensa que abarca del 28 de junio al 10 de julio. Durante el fin de semana, más de 100 personas fueron detenidas ilegalmente en redadas domiciliarias realizadas en 18 provincias. El domingo por la noche, la policía atacó una marcha anti-OTAN en Ankara y detuvo a más de 100 personas. Decenas de medios de comunicación y organizaciones de izquierda vieron suspendidas sus cuentas en redes sociales. Esto se suma a los cientos de detenciones y más de 200 arrestos en semanas anteriores.

La guerra imperialista en el exterior, en la que la clase dominante turca participa persiguiendo sus propios intereses, y la represión de Estado policial contra la oposición social en el interior son dos caras de la misma moneda.

El asalto masivo a los derechos democráticos básicos en Turquía cuenta con la aprobación de las instituciones políticas y mediáticas estadounidenses y europeas. Ubicada en una encrucijada que conecta Asia y Europa, el Mediterráneo y el mar Negro, Turquía es considerada un aliado clave en los planes de todas las potencias imperialistas —encabezadas por Estados Unidos— para librar la guerra, dominar Oriente Próximo y llevar a cabo la violenta repartición del mundo. Se la considera de importancia crítica no solo en términos de la guerra contra Rusia e Irán, sino también de los preparativos bélicos dirigidos contra China, incluida la disrupción de proyectos como la iniciativa de la Franja y la Ruta. Erdoğan también continúa reteniendo en Turquía a los refugiados que huyen de las guerras imperialistas en Siria y Afganistán, en nombre de las potencias europeas.

El regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 ha acelerado la represión contra la oposición política en Turquía. Ekrem İmamoğlu, alcalde de Estambul, la ciudad más grande de Turquía, y candidato presidencial del Partido Republicano del Pueblo (CHP) —elegido por 15,5 millones de votantes— está en prisión desde marzo de 2025. Desde entonces, se han llevado a cabo redadas policiales en decenas de municipios gobernados por el CHP. Poco antes de la cumbre, la dirección electa del CHP fue destituida por orden judicial, y varios alcaldes más —incluido Ali Ercan Akpolat, alcalde de Adalar— fueron arrestados. Erdoğan está neutralizando al CHP, que emergió como el partido líder en las elecciones de marzo de 2024, mediante un golpe político. Todo esto ha sido recibido con un silencio ensordecedor en las capitales de la OTAN.

La dictadura presidencial que Erdoğan ha construido con la aprobación de Washington y las capitales europeas sirve como modelo para gobiernos que enfrentan la misma crisis. Trump, que está señalando su intención de revocar o cancelar elecciones y encarcelar a sus oponentes, sigue los pasos de Erdoğan. Mientras Trump elogia a Erdoğan en cada oportunidad, los demócratas y su portavoz mediático, el New York Times, respaldan tácitamente esta represión en Turquía.

El lunes, el Times publicó un artículo bajo el titular “Ante las amenazas, la OTAN encuentra un nuevo valor en Turquía”. “Los acontecimientos mundiales”, escribió, “incluidas las guerras en Ucrania e Irán y el regreso del presidente Trump a la Casa Blanca, le han dado a Turquía una nueva mano, aumentando el valor del país a los ojos de sus aliados de la OTAN”.

El Times se refirió de pasada a la “extensa represión contra los opositores políticos de Erdogan”, mientras encubría lo que realmente está sucediendo. El periódico oficioso del Partido Demócrata estadounidense no ofreció ninguna protesta, y no ha hecho ningún esfuerzo por conciliar sus afirmaciones de que la guerra de Ucrania es una guerra en defensa de la “democracia” contra la “autocracia” con el hecho de que el Estado en la primera fila armando Ucrania está estableciendo un Estado policial.

La agenda oficial de la cumbre deja claro que será una cumbre destinada a expandir el rearme y la guerra imperialista. El Foro de la Industria de Defensa del 7 de julio cuenta con la asistencia no solo de Ucrania, sino también de los socios de la OTAN en Asia-Pacífico (Australia, Japón, Nueva Zelanda, Corea del Sur) y los Estados del golfo Pérsico. La agenda se extiende así más allá de Rusia —contra la cual la OTAN ha estado librando una guerra subsidiaria desde 2022— hacia los preparativos para la agresión continua contra Irán y la guerra contra China.

La cumbre se centra en implementar el objetivo, adoptado el año pasado, de destinar el 5 por ciento del PIB al gasto militar para 2035. La administración Trump ha amenazado con que los aliados de la OTAN enfrentarán las consecuencias si no toman las medidas necesarias para cumplir este compromiso. Según el Telegraph británico, “altos funcionarios estadounidenses reiteraron el domingo que el incumplimiento del objetivo del 5 por ciento resultaría en ‘una Europa y Canadá menos capaces’ a largo plazo”.

El período previo a la cumbre estuvo marcado por la exigencia de Trump de un rápido aumento del gasto militar y por el desacuerdo sobre el futuro de la guerra de la OTAN contra Rusia. Los funcionarios estadounidenses afirman que el frente en Ucrania se ha “congelado”. Mientras las potencias europeas buscan escalar la guerra con ataques en profundidad dentro del territorio ruso, Trump —que se reunirá con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski en Ankara el 8 de julio y mantiene una diplomacia telefónica con el presidente ruso Vladimir Putin— está persiguiendo un acuerdo separado rentable para Estados Unidos. Lejos de reducir el militarismo, esta rivalidad interimperialista lo está acelerando.

Los billones que se vierten en el rearme se están extrayendo de la clase obrera mediante profundos recortes en salud, educación, pensiones y salarios. Turquía, que tiene el segundo ejército más grande de la OTAN, aumentó su gasto militar un 7,2 por ciento respecto al año anterior y un 94 por ciento en la última década. Este aumento se produjo en medio de una crisis masiva del costo de vida, una caída significativa de los salarios reales y las pensiones, el aumento de los impuestos cargados sobre las espaldas de la clase obrera y exenciones fiscales e incentivos para las grandes empresas.

Las potencias europeas que buscan provocar una guerra directa de la OTAN contra Rusia también intentan financiar sus programas de rearme mediante enormes recortes sociales. Esto va acompañado de medidas para reintroducir el servicio militar obligatorio. Debido a que estas medidas —a las que se oponen trabajadores y jóvenes— provocan una resistencia creciente, las clases dominantes en todas partes están recurriendo a medidas de Estado policial. La transformación de Ankara en una fortaleza con unos 70.000 efectivos de seguridad, junto con la ola de arrestos preventivos, es una expresión concentrada de esta lógica.

Este giro es aún más descarnado en el centro del imperialismo mundial. El 3 de julio en el Monte Rushmore, Trump pronunció un discurso fascista —caracterizado por el WSWS como “histeria anticomunista y conspiración dictatorial”— declarando la guerra al socialismo y tachando a la oposición política de enemigo interno. Este anticomunismo expresa el miedo de la oligarquía financiera ante la amenaza que surge de la clase obrera.

El miedo de las clases dominantes a la revolución social no es infundado. La misma espiral de militarismo y austeridad social está alimentando una ola cada vez mayor de lucha de clases a nivel mundial. Este año, Turquía ha sido testigo de señales significativas de un movimiento obrero independiente; desde trabajadores de almacenes hasta mineros, desde trabajadores de astilleros hasta docentes, sectores de la clase obrera han lanzado luchas importantes independientes de las confederaciones sindicales oficiales. Las huelgas ferroviarias, hospitalarias y en el sector energético en Estados Unidos, las huelgas generales en Italia y las deserciones militares masivas en Ucrania son las señales internacionales de este ascenso.

La criminalización de la oposición a la guerra es un fenómeno que abarca a toda la OTAN. El régimen de Zelenski, respaldado por la OTAN, ha encarcelado al trotskista ucraniano Bogdan Syrotiuk durante más de dos años bajo cargos de “traición”, porque lucha por la unidad de los trabajadores rusos y ucranianos contra la guerra y se opone tanto al régimen de Zelenski como al de Putin. Su detención se está extendiendo a pesar de que tres informes periciales independientes han refutado los cargos. Detrás del régimen de Zelenski que encarcela a Bogdan y del régimen de Erdoğan que encarcela a activistas contra la guerra y opositores políticos en Turquía están las potencias imperialistas.

Estos acontecimientos también exponen el fracaso de los partidos burgueses de oposición como el CHP, que, en medio de una represión cada vez mayor, apela a esas mismas potencias de la OTAN en busca de “democracia” y “paz social” y promete ser un mejor aliado que Erdoğan para cumplir sus promesas. En Turquía y en todo el mundo, ninguna fracción de la burguesía puede oponerse consecuentemente a la guerra imperialista y defender los derechos democráticos. Eso requiere un asalto frontal a la riqueza y el poder de la clase dominante.

La vía para detener la guerra imperialista y la dictadura reside en unir y movilizar a la clase obrera internacional sobre la base de un programa socialista. Esta es la perspectiva por la que luchan el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus secciones en Turquía y otros países: los Partidos Socialistas por la Igualdad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de julio de 2026)

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