La campaña de Graham Platner, el candidato demócrata al Senado de Estados Unidos por Maine, se está derrumbando bajo el peso de una nueva acusación de agresión sexual, lo que expone no solo la degradación personal del candidato, sino las fuerzas políticas que lo fabricaron y promovieron como un tribuno de la “clase obrera”.
El lunes, Politico publicó una entrevista con Jenny Racicot, quien acusó a Platner de haberla violado en 2021. Racicot repitió la acusación esa misma noche en una entrevista con Jake Tapper de CNN. Platner ha negado la acusación. En cuestión de horas, destacados demócratas que habían tolerado o excusado meses de revelaciones anteriores, incluido su tatuaje Totenkopf vinculado a los nazis y su historial como soldado y mercenario del imperialismo estadounidense, se apresuraron a pedirle que se retirara.
El líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, y la presidenta del Comité de Campaña Senatorial Demócrata (DSCC), Kirsten Gillibrand, pidieron a Platner que se retirara, y el DSCC declaró que no financiaría la contienda por el Senado de Maine si él seguía siendo el candidato. El legislador de California Ro Khanna y otros partidarios también retiraron su apoyo.
El senador de Vermont Bernie Sanders, que había sido el principal impulsor nacional de Platner y apareció con él bajo el fraudulento lema de “Luchando contra la oligarquía”, tardó más que otros, pero el martes publicó en redes sociales que le había “recomendado que diera un paso al costado”.
Según la ley electoral de Maine, si Platner se retira antes del 13 de julio, los demócratas pueden seleccionar un reemplazo antes del 27 de julio, un procedimiento que claramente se está preparando.
La debacle confirma lo que el World Socialist Web Site explicó desde el principio. Después de que Platner ganara las primarias de junio, el WSWS escribió que, si bien el voto expresó una verdadera ira contra la desigualdad, “los promotores de Platner —grandes sectores del Partido Demócrata y del aparato sindical, sobre todo su ala llamada 'progresista'— lo presentan como un auténtico representante de la clase obrera. No es nada de eso”.
La identidad “obrera” de Platner fue desde el principio un producto de marketing político. Sus supuestas credenciales para esta posición eran el hecho de que era un veterano militar, “ostricultor” y habitante rural de Maine, combinado con su vulgaridad, tatuajes, groserías y demagogia antimultimillonarios. Pero esto no tenía nada que ver con la clase obrera como fuerza social.
De hecho, Platner es un pequeño empresario, exmarine, exsoldado del Ejército y excontratista de Blackwater/Constellis, y un demócrata leal. Su origen social y su carrera no pertenecen al proletariado, sino a las capas de clase media-alta que rodean al Partido Demócrata.
Sin embargo, la personalidad fabricada de Platner era políticamente útil para los consultores alineados con los demócratas, el aparato sindical, los operadores de Sanders/DSA y las figuras de los medios liberales que buscaban una forma de reempaquetar al Partido Demócrata tras su catastrófica pérdida de legitimidad entre la clase obrera.
La propia plataforma de Platner expone el carácter derechista de la campaña. En inmigración, combina denuncias de la “máquina de deportación masiva” de Trump con la exigencia de “seguridad fronteriza firme”. Sobre el Pentágono, no pide el fin de la guerra imperialista ni el desmantelamiento de la maquinaria militar. “Envíenme a Washington y trabajaré incansablemente para reconstruir el ejército estadounidense”, declara su sitio web de campaña.
La posición de Platner sobre Gaza siguió el mismo patrón. Después de emitir críticas limitadas a los crímenes de Israel, conmemoró el segundo aniversario del 7 de octubre adoptando el lenguaje de Schumer y del establishment sionista, escribiendo que “Hamás lanzó un horrible ataque terrorista contra el pueblo de Israel” y pidiendo la liberación de “TODOS los rehenes” y el fin de “esta guerra”.
El tatuaje Totenkopf que llevó en el pecho durante casi dos décadas nunca fue un tema secundario. Era un diagnóstico político. Platner adquirió el tatuaje de la calavera vinculado a los nazis mientras servía en los Marines. El autoproclamado aficionado a la historia, que asistió a una escuela privada y a la Universidad George Washington, alegó ignorancia, a pesar de que el infame símbolo está asociado con las SS y los guardias de los campos de concentración nazis, y reportajes anteriores citaron a un antiguo conocido que dijo que Platner se refería a él como su “Totenkopf”.
El tatuaje Totenkopf no solo expuso a Platner. Expuso a las fuerzas sociales y políticas que lo fabricaron. Un movimiento genuinamente arraigado en la clase obrera buscaría educar, elevar y clarificar políticamente a los trabajadores. El Partido Demócrata y el entorno del DSA, en cambio, buscan promover el atraso, imitar la vulgaridad del trumpismo y mantener la ira social atrapada dentro de un partido burgués-imperialista.
Tras la revelación del tatuaje, Sanders, Khanna y la pseudoizquierda se apresuraron a defender a Platner como un “candidato de la clase obrera”, supuestamente difamado injustamente por “el corrupto sistema de financiación de campañas”, en palabras de Sanders.
La pregunta más importante no es por qué se derrumbó Platner, sino por qué fue promovido en primer lugar, y a través de qué fuerzas sociales. Sanders realizó eventos con él bajo el lema de “Luchando contra la oligarquía”. Ro Khanna lo defendió después de la revelación del tatuaje nazi. Jacobin, el órgano de prensa del DSA, publicó repetidas defensas, incluida una de David Sirota que afirmaba que el debate sobre si Platner era suficientemente “de clase obrera” había ignorado que “se alistó en el ejército para múltiples misiones de combate por su país”.
La comentarista “progresista” Krystal Ball se declaró aún más “incondicional” en apoyarlo después de la revelación del tatuaje nazi. La burocracia del United Auto Workers, dirigida por el favorito del DSA, Shawn Fain, igualmente desestimó el historial de Platner y su tatuaje nazi y lo presentó como alguien que había “elegido estar del lado de la clase obrera”.
Junto al UAW, el DSA y los “progresistas” estaban Michelle Goldberg del New York Times y David Remnick del New Yorker respaldándolo. Goldberg escribió que Platner “no se parecía en nada a la caricatura de edgelord” [extremista provocador] que encontró en internet, lo llamó “en gran medida convincente” en persona y comparó la energía de su campaña con la de Obama. En otra columna para el Times comparó favorablemente a Platner con una “versión demócrata del Tea Party”, escribiendo que los votantes buscaban “trastornar un sistema que creen que les ha fallado”.
El WSWS procedió sobre una base completamente diferente. Partió del carácter de clase del Partido Demócrata, de la burocracia de la AFL-CIO, de la operación de Sanders y del Estado imperialista. En docenas de artículos, expuso el carácter de la campaña de Platner y advirtió sobre la debacle que produciría.
Platner es un híbrido de dos tipos del Partido Demócrata. Uno es el “demócrata de la CIA” identificado por el WSWS en 2018. El otro es el modelo Fetterman: el político acomodado, con educación universitaria y de derecha, disfrazado de auténtico representante de la clase obrera mediante la vestimenta, los gestos y la marca regional. Platner combinó ambos: las credenciales de veterano/mercenario del demócrata del aparato de seguridad nacional con el afecto vulgar y tosco del pseudopopulista.
Hace diez años, Hillary Clinton se refirió a los votantes de Trump como la “cesta de deplorables”. Ahora la clase dominante fabrica personajes “deplorables” para comercializarlos ante los trabajadores. Ambas cosas expresan el mismo desprecio por la clase obrera.
Miles de personas donaron dinero, ofrecieron su tiempo como voluntarios, asistieron a reuniones y depositaron sus esperanzas en una campaña que se les presentó como un vehículo para luchar contra la oligarquía, la guerra y la corrupción. Esa energía fue canalizada hacia otro intento de restaurar el Partido Demócrata, uno de los dos partidos del capitalismo estadounidense, de la guerra imperialista y de la dictadura.
La responsabilidad de este fraude político recae sobre todo en Sanders y quienes lo rodean, incluidos Khanna, Jacobin, el entorno del DSA y la burocracia de la AFL-CIO. Es una importante lección política para los trabajadores y jóvenes de Maine y de todo el país.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de julio de 2026)
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