Hay indicios claros de que la burbuja de la inteligencia artificial, que ha impulsado las acciones de las empresas fabricantes de chips a máximos históricos, está comenzando a desinflarse rápidamente. Aumenta la preocupación por la viabilidad del gasto masivo en centros de datos, centrada en cuándo comenzarán a generar ganancias.
La semana pasada se observó una fuerte caída en el precio de las acciones de las principales empresas fabricantes de chips, especialmente las de Corea del Sur, pero que ahora se extiende a Wall Street. Ayer se produjo una ola de ventas a nivel mundial, y las caídas en las acciones de chips y memorias de EE. UU. provocaron una caída en el índice NASDAQ, de gran peso tecnológico. Este bajó hasta un 1,8 por ciento durante el día, lo que elevó su pérdida total desde principios de junio a casi un 10 por ciento.
La caída en Wall Street fue precedida por un fuerte descenso en Asia, centrado en Corea del Sur. El índice Kospi cayó más del 10 por ciento ayer, lo que provocó un cierre breve del mercado debido a la rapidez de la caída —algo que se ha vuelto cada vez más común en las últimas semanas—, mientras se vendían masivamente las acciones de los fabricantes de chips Samsung y SK Hynix.
Las acciones de SK Hynix cayeron un 14,7 % el lunes, mientras que las de Samsung bajaron un 13,4 %. Ambas empresas han perdido más de un tercio de su valor de mercado este mes, pero aún así se mantienen un 138 % y un 83 % por encima, respectivamente, de su nivel a principios de año.
Juntas, las dos empresas representan más de la mitad del índice Kospi. Se encuentran en el centro de la expansión de la inteligencia artificial (IA), ya que suministran los chips de memoria necesarios para los centros de datos de IA que están construyendo los gigantes tecnológicos de EE. UU.
También hubo una venta masiva en Japón, donde las acciones de las principales empresas fabricantes de chips cayeron bruscamente. La empresa de memoria para computadoras Kioxia se desplomó más del 18 por ciento, lo que elevó su caída total al 50 por ciento durante el último mes. En un momento dado, Kioxia fue la empresa más grande de Japón por valor de mercado.
La caída de las acciones de los fabricantes de chips arrastró al índice Nikkei a una caída del 4 por ciento. Ahora ha bajado casi un 15 por ciento desde que alcanzó un máximo histórico en junio. Un informe del Financial Times (FT) citó el comentario de un operador bursátil de alto nivel quien dijo: “No recuerdo haber visto nada tan malo ni tan violento”.
La caída también se extendió a Europa, donde la empresa holandesa ASML, el principal fabricante mundial de equipos para la producción de chips, perdió un 2,9 por ciento.
Si bien el índice S&P 500 de Wall Street cerró el día con un aumento marginal de 0,2 por ciento, se registraron fuertes caídas en las acciones relacionadas con la inteligencia artificial.
El grupo de memorias SanDisk cayó ayer un 14,2 por ciento, tras una caída del 11 por ciento el lunes. En lo que va del mes, ha perdido más del 50 por ciento de su valor de mercado, pero el precio de sus acciones sigue siendo cuatro veces mayor que a principios de año.
Otras empresas, como Western Digital, Micron y Advanced Micro Devices, también registraron caídas significativas, que llegaron hasta el 8,9 por ciento en el caso de Micron.
La fuerte caída de las acciones de las empresas fabricantes de chips se ha visto provocada por las preocupaciones sobre la viabilidad a largo plazo del auge de las inversiones en IA al que están vinculadas. La principal de estas preocupaciones es si el desarrollo de la IA generará un rendimiento suficiente frente a los enormes gastos de inversión.
El “modelo de negocio” de la IA parte de la premisa de que las principales empresas estadounidenses que desarrollan las plataformas de IA —los llamados hiperescaladores, como Alphabet (Google), Microsoft y Meta (Facebook)— podrán obtener superganancias porque mantendrán el liderazgo en la producción de plataformas de IA superiores, lo que les otorgará una posición de monopolio.
Sin embargo, esta suposición se ve cada vez más cuestionada por el desarrollo de modelos chinos de IA que pueden rivalizar con la eficiencia de los producidos por las empresas estadounidenses OpenAI y Anthropic a un costo mucho menor.
Luego está la cuestión de la circularidad en el auge de la IA. Este tema, que ha sido motivo de preocupación desde hace tiempo, volvió a cobrar relevancia esta semana cuando el Wall Street Journal reveló que Nvidia, que suministra unidades de procesamiento gráfico para IA, estaba en pláticas para aportar 250 mil millones de dólares a un proyecto de un centro de datos a gran escala de OpenAI en Ohio.
El Journal señaló que el informe “intensificó las preocupaciones de los inversionistas sobre el financiamiento circular en la economía de la inteligencia artificial, y sobre hasta qué punto Nvidia está invirtiendo en sus propios clientes, quienes en algunos casos necesitan el respaldo financiero del fabricante de chips para comprar sus productos”.
Huelga decir que una situación en la que una empresa le proporciona a otra el dinero necesario para comprar sus productos, permitiéndole así obtener ganancias, difícilmente puede considerarse un modelo de negocio viable.
Como resultado de esta revelación, las acciones de Nvidia cayeron un 5 por ciento, perdiendo su posición como la empresa líder mundial por valor de mercado frente a Apple.
La circularidad no se limita a Nvidia. Según un informe de Bloomberg: “El temor a los llamados acuerdos ‘circulares’ va en aumento, ya que las inversiones en IA se están convirtiendo cada vez más en una red interconectada de dependencias entre los fabricantes de tecnología y las startups de IA. Esto puede magnificar las pérdidas si la demanda de IA no logra cumplir con las elevadas expectativas».
En palabras de un analista citado en el informe, “las dudas sobre el gasto, los rendimientos y las valoraciones siguen profundizándose en lugar de desvanecerse”, y se observó una “vacilación a la hora de comprar en la caída”.
Estas dudas se están reflejando en los acuerdos financieros. El FT ha informado que los precios de los swaps de incumplimiento crediticio —que se contratan como una especie de seguro sobre la deuda corporativa vinculada a grandes empresas, entre ellas Oracle, SpaceX, Alphabet, Meta, Broadcom y Nvidia— han subido a máximos históricos en los últimos días. Este fuerte movimiento reflejó que “los inversionistas están cada vez más preocupados por la avalancha de deuda vendida por estas empresas”.
“Los mercados crediticios no se adaptan bien a la incertidumbre, y la absoluta imprevisibilidad del ritmo y el costo del financiamiento de la IA está desencadenando una grave crisis de confianza en este momento”, declaró al FT John Aylward, director de inversiones de la administradora de crédito Sona Management.
También informó que los bancos de Wall Street estaban exigiendo más garantías a los fondos de cobertura que han invertido fuertemente en acciones relacionadas con la IA, a los que les habían otorgado crédito, y señaló que “las exigencias de garantías resaltan los crecientes temores en Wall Street sobre la magnitud y la velocidad de la venta masiva de acciones de IA durante la última quincena, lo que ha trastocado un repunte en un sector preferido por muchos fondos”.
(Artículo publicado originalmente en inglés 28 de julio de 2026)
