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Los mercados de bonos en plena “crisis”

Los mercados de bonos mundiales, liderados por Estados Unidos, siguieron cayendo ayer en lo que se ha descrito como un “colapso”, lo que llevó a los rendimientos (tasas de interés) a sus niveles más altos desde antes de la crisis financiera de 2008.

La ola de ventas de bonos se ha venido gestando desde hace varias semanas. Se aceleró el miércoles, cuando el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años registró su mayor aumento desde que Trump anunciara sus amplios aranceles “recíprocos” en abril de 2025.

El presidente Donald Trump aparece en televisión mientras los operadores trabajan en la Bolsa de Valores de Nueva York, el lunes 7 de abril de 2025. [AP Photo/Seth Wenig]

Subió 0,15 puntos porcentuales y ayer se registró un nuevo aumento de 0,11 puntos porcentuales, lo que llevó el rendimiento al 5,23 por ciento, sin indicios de cuándo podría detenerse la ola de ventas.

Al comentar sobre la ola de ventas del miércoles, Subadra Rajappa, jefa de investigación de EE. UU. en Société Générale, declaró a Bloomberg: “Es un colapso. La venta masiva comenzó en el extranjero, en el mercado global de bonos, pero a medida que rompemos niveles clave, se está descontrolando un poco».

El Wall Street Journal comentó que la venta masiva en el mercado de bonos había sido “en su mayor parte ordenada en las últimas semanas. Luego llegó el miércoles”.

Varios incidentes se combinaron para crear lo que denominó una “tormenta perfecta”. En primer lugar, se publicó una encuesta sobre la actividad empresarial que indicaba un crecimiento en EE. UU. más sólido de lo esperado, lo que reforzó las perspectivas de otra subida de tasas por parte de la Fed.

Luego vino un discurso desafiante del representante de Irán ante la ONU, en el que afirmó que el Estrecho de Ormuz no se reabriría mientras las sanciones de EE. UU. siguieran vigentes, así como comentarios de un gobernador de la Fed que se consideraron “halcones” y una subasta débil de bonos del gobierno de EE. UU.

Pero estos eventos fueron solo un catalizador para la ola de ventas que se extendió por todo el mundo, ya que los rendimientos en Alemania, Japón y el Reino Unido subieron debido a las preocupaciones sobre el nivel de deuda pública. Como dijo Eric Robertson, jefe de investigación global de Standard Chartered en Singapur, al Financial Times: “Estamos en lo que yo llamaría un movimiento correlacionado de los rendimientos. No hay escapatoria. Es esta combinación de riesgo fiscal agravada por la incertidumbre política. Ahora nos encontramos en este círculo vicioso”.

Mientras los precios de los bonos se desplomaban, la OCDE, el grupo de 38 economías importantes, emitió una advertencia de que el aumento de los rendimientos de los bonos era motivo de “gran preocupación” debido a la creciente cantidad de ingresos públicos que se destina al pago de intereses cada vez más elevados por la deuda.

El economista jefe de la OCDE, Stefano Scarpetta, advirtió sobre “los retos fiscales cada vez más apremiantes” para los gobiernos de los países miembros. En una entrevista con el FT, dijo: “El aumento del rendimiento de los bonos es motivo de gran preocupación”.

Señaló que los índices de deuda en relación con el PIB habían estado aumentando “como una escalera” desde 2008, a medida que sucesivas crisis afectaban a la economía mundial. “El servicio de la deuda aumentará en un momento en que los índices de deuda respecto al PIB se encuentran en niveles muy altos.”

Desde una perspectiva histórica, un rendimiento superior al 5 por ciento en un bono del Tesoro a 10 años no es tan alto, lo que lleva a algunos observadores a calificarlo como un regreso a la “normalidad”.

Pero ese análisis ignora el impacto de las condiciones extraordinarias que se desarrollaron tras la crisis de 2008 y la congelación del mercado de bonos del Tesoro en marzo de 2020, cuando la Reserva Federal de EE. UU. y otros bancos centrales inyectaron billones de dólares en el sistema financiero, reduciendo las tasas de interés a niveles cercanos a cero, para evitar su colapso.

Al comentar lo que denominó el “salto vertiginoso” de regreso al 5 por ciento, el WSJ señaló: “Muchos en Wall Street comenzaron a creer que las tasas bajas se habían convertido en algo permanente y que el crédito siempre sería barato. Las startups tecnológicas con fácil acceso al capital aplicaron estrategias de precios bajos para atraer clientes, y las firmas de capital privado se lanzaron a una ola de adquisiciones impulsadas por deuda barata”.

La enorme expansión de la deuda resultante —pública, de los hogares y corporativa— fue resaltada por un informe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) publicado esta semana. En el primer semestre de este año, la deuda global total ascendió a 365 billones de dólares, frente a los 347 billones del año anterior, con una deuda pública total de 110 billones de dólares.

El IIF llamó la atención sobre el fuerte aumento de los costos de las tasas de interés. Durante el último año, las economías avanzadas pagaron más de 3,5 billones de dólares en intereses por bonos negociados internacionalmente, en comparación con los 2,6 billones de dólares destinados a inteligencia artificial, los 3,1 billones de dólares al sector militar y los 3,4 billones de dólares al sector energético.

La caída del mercado de bonos en EE. UU. ha tenido consecuencias inmediatas, ya que la tasa de interés de una hipoteca a 30 años ha subido a más del 7 por ciento.

Una de las principales preocupaciones es que estos aumentos afecten el auge de la inversión en inteligencia artificial, que se ha convertido en el principal factor que sustenta la economía estadounidense.

Según estimaciones publicadas por la Brookings Institution, y reportadas por el WSJ, se prevé que la inversión en centros de datos e infraestructura relacionada con la IA alcance un total de 10,3 billones de dólares entre 2025 y 2032 —lo que equivale a un promedio anual del 3,6 % del PIB de EE. UU.—, lo que la coloca “en camino de convertirse en la mayor apuesta económica en la historia de EE. UU.”

Pero, como señaló el artículo del WSJ: “También está generando un riesgo significativo, ya que gran parte de esta inversión se sustenta en deuda. Una desaceleración abrupta podría provocar ondas de choque en toda la economía estadounidense”.

No es fácil calcular cuán dependientes son los “hiperescaladores” de la deuda ni cuál es su situación financiera general. Esto se debe a los acuerdos circulares que mantienen entre sí —en los que una empresa le proporciona dinero a otra, que luego lo utiliza para comprar sus productos— y al uso de entidades fuera de balance para obtener préstamos de bancos y empresas de crédito privadas.

Aún no se ha determinado el resultado inmediato de la venta masiva de bonos. Pero una cosa está clara: las autoridades financieras de EE. UU. no tienen ninguna solución económica ni financiera para la crisis que se está desarrollando.

Los anuncios del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de aumentar las compras de recompra en el segmento de plazos más largos del mercado para tratar de mantener bajas las tasas han fracasado. Y las medidas del Tesoro de emitir cantidades cada vez mayores de deuda en el segmento de plazos más cortos tampoco son una solución, ya que allí los rendimientos están subiendo y la deuda debe renovarse con mayor frecuencia.

La lógica objetiva de la crisis dicta dos caminos. Por un lado, un aumento de los ataques de EE. UU. contra sus rivales y competidores en forma de medidas económicas y militares y, por otro, el recorte drástico del gasto en servicios vitales a nivel nacional: una guerra intensificada contra la clase trabajadora.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de septiembre  de 2025)

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