La audiencia pública que llevaron a cabo los jefes de las agencias de inteligencia de Alemania en el Bundestag el lunes fue un acto de propaganda descarada para preparar una guerra directa contra Rusia y una expansión masiva del aparato estatal de represión en el país.
Durante tres horas, los presidentes del Servicio Federal de Inteligencia (BND), la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV) y el Servicio Militar de Contrainteligencia (MAD) presentaron a Alemania como un país que ya se encuentra bajo ataque de Rusia y que, por lo tanto, se ve obligado a prepararse militar, política y socialmente para la guerra.
El presidente del BND, Martin Jäger, comenzó describiendo a Rusia como el “adversario más peligroso” de Alemania. La confrontación, dijo, había alcanzado una “nueva y más peligrosa dimensión”. Alemania corría el peligro de “entrar en un conflicto violento con Rusia”. A continuación, declaró categóricamente: “Nosotros no buscamos esta confrontación. Rusia nos la está imponiendo”.
Más tarde fue aún más lejos. Rusia, dijo, estaba librando una “guerra en la sombra contra nosotros”. Alemania aún no se encontraba “en estado de defensa”, pero, no obstante, estaba bajo ataque. Por lo tanto, el BND debía ser capaz de operar en “condiciones de guerra y crisis” y se consideraba a sí mismo como “la primera línea de defensa de Alemania”.
Por su parte, el presidente del BfV, Sinan Selen, declaró que Rusia estaba ampliando sus “ataques híbridos” contra Alemania. Además del espionaje, dijo, existía una “disposición rusa a llevar a cabo operaciones de sabotaje y asesinato”. Moscú ya estaba dispuesta a “aceptar posibles víctimas civiles” y estaba planeando deliberadamente actos de violencia contra personas.
Los principales medios de comunicación difundieron estas declaraciones casi sin ningún comentario crítico. Las advertencias de Jäger sobre una “guerra en la sombra” y un posible “conflicto violento” dominaron la cobertura de la noche del lunes.
Este método de propaganda tiene una larga historia en el imperialismo alemán. En su discurso del trono del 4 de agosto de 1914, el káiser Guillermo II describió la Primera Guerra Mundial como una “autodefensa forzada”. La invasión alemana de la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 también se presentó como una acción defensiva. La propaganda nazi afirmaba que la Wehrmacht había “atacado el despliegue masivo de fuerzas enemigas” con el fin de “repeler el peligro que se cernía desde el Este”. En realidad, la Operación Barbarroja se había preparado desde hacía mucho tiempo como una guerra de conquista y aniquilación.
La narrativa actual sigue el mismo patrón básico de propaganda: mientras Alemania suministra a Ucrania armas de alcance cada vez mayor, desarrolla conjuntamente nuevos sistemas de armamento con Kiev, impone sanciones de gran alcance a Rusia y tiene la intención oficial de que la Bundeswehr esté «lista para la guerra» para 2029, el enfrentamiento se presenta como algo impuesto unilateralmente por Moscú. Cualquiera que cuestione la política de guerra y rearme es tratado cada vez más como alguien susceptible a las “narrativas” o la “desinformación” rusas. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha declarado públicamente en repetidas ocasiones que Alemania debe estar “lista para la guerra” para el 2029.
Cada incidente se maneja en consecuencia. Tomemos, por ejemplo, el intento de ataque en el aeropuerto de Leipzig/Halle. Un ataque real o supuesto se saca de su contexto concreto y se presenta como prueba de que Alemania es víctima de una guerra impuesta desde afuera. De esta manera, la propia escalada militar en curso de Alemania se presenta como nada más que defensa propia.
Las declaraciones de Jäger, en particular, muestran hasta qué punto ha avanzado ya esta lógica. Refiriéndose al intento de ataque en Leipzig, declaró que la responsabilidad rusa en este caso era “muy bien demostrable desde el punto de vista forense”. En el futuro, sin embargo, Alemania podría tener que “atribuir la responsabilidad sobre la base de la plausibilidad”. Para justificarlo, ofreció una comparación notable: si algo se veía como un gato, maullaba como un gato y se movía como un gato, la conclusión más obvia era que se trataba de un gato.
En otras palabras, en caso de que se intensifique un enfrentamiento entre potencias con armas nucleares, las pruebas verificables públicamente podrían ser reemplazadas en el futuro por las “verosimilitudes” de los servicios de inteligencia.
Esto resulta aún más explosivo porque la afirmación de que Alemania no buscó la confrontación con Rusia contradice por completo la política real del gobierno federal.
Justo el fin de semana anterior a la audiencia, el canciller Friedrich Merz había viajado a Kiev para ampliar aún más la cooperación militar. Anunció otro paquete de apoyo militar por un valor de alrededor de mil millones de euros, que incluía drones interceptores, drones de combate, armas de largo alcance y tecnología satelital. Lo acompañaban la ministra de Economía, Katherina Reiche, y una delegación empresarial de alto nivel de las industrias de defensa y energía. Merz declaró explícitamente que Alemania y Ucrania deseaban profundizar su cooperación en la industria de la defensa.
Esto ocurrió apenas unos días después de que Moscú hubiera advertido una vez más a la OTAN sobre un posible uso de armas nucleares en caso de que la alianza intentara aislar a Kaliningrado o separarlo del resto de Rusia. En el contexto de la creciente actividad militar de la OTAN en la región del Báltico, el exclave ruso se ha convertido en uno de los focos potenciales más peligrosos de un enfrentamiento militar directo entre Rusia y la OTAN.
El gobierno alemán está cruzando sistemáticamente un umbral tras otro. Los envíos de armas se han ampliado para incluir sistemas capaces de atacar objetivos muy atrás del frente. Ahora se está impulsando el desarrollo y la producción conjuntos de tales armas con Ucrania.
En este contexto, la afirmación de Jäger de que Rusia está «forzando» la confrontación con Alemania adquiere su verdadera función. Su objetivo es trasladar de antemano la responsabilidad por las consecuencias de esta política al bando contrario.
El objetivo de la campaña se declaró abiertamente durante la audiencia. Cuando se le preguntó cómo se podría contrarrestar el supuesto “miedo a la guerra” de la población, avivado por Rusia, Jäger declaró que Alemania tenía que fortalecer su “voluntad”. Debía quedar “absolutamente claro” que el país estaba “preparado” para “luchar y soportar un conflicto con todas las consecuencias”.
Selen señaló con aprobación a los países escandinavos y bálticos. Allí, dijo, la amenaza estaba presente en la sociedad y no se cuestionaba constantemente. Alemania debía incorporar precisamente esta actitud “con más fuerza en la sociedad”.
En otras palabras, no se supone que la población discuta las causas, los objetivos y los peligros de la guerra. Se le debe convencer de la existencia de una amenaza rusa y condicionarla para que acepte el sacrificio, el servicio militar y la guerra.
Esto está directamente relacionado con el segundo objetivo de la audiencia: la construcción de un poderoso aparato de inteligencia y policía.
En agosto, el gabinete federal aprobó lo que describió como la “reforma más integral y fundamental” de los fundamentos legales del BND y el BfV en la historia de la República Federal. Los servicios recibirán “más poderes y capacidades operativas adicionales”. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, ha descrito explícitamente la reforma como una transformación “hacia verdaderos servicios de inteligencia”.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 9 de octubre de 2026)
