La ola internacional de protestas juveniles que recorre Europa ha llegado ahora a Alemania. El sábado 31 de octubre, más de 120.000 jóvenes salieron a las calles en más de 30 ciudades contra la destrucción de la educación, el aumento vertiginoso del costo de vida, la desigualdad social, el militarismo y la reintroducción del servicio militar obligatorio.
Se celebraron grandes manifestaciones en Berlín, Stuttgart, Erfurt, Núremberg, Colonia, Fráncfort, Leipzig y numerosas otras ciudades. Muchos participantes eran estudiantes de secundaria que participaban en sus primeras protestas políticas.
Su mensaje era inequívoco: mientras las escuelas se deterioran, los servicios sociales son desmantelados y millones tienen dificultades para pagar la vivienda y las necesidades básicas, el Gobierno está gastando cientos de miles de millones de euros en el rearme y preparando a los jóvenes para luchar y morir en la guerra.
Miles de pancartas hechas a mano reflejaban esta creciente conciencia política. “¡Educación en lugar de bombas!” y “¡Juventud contra los belicistas!” figuraban entre las consignas. Un estudiante de Fráncfort declaró: “Con sus acciones, nos están quitando el futuro”. Otros proclamaban: “¡Hagamos lo mismo que en Francia!” y “¡La historia está de nuestro lado!”
La oposición a la guerra fue particularmente pronunciada. Miembros de los Jóvenes y los Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (IYSSE, por sus siglas en inglés) entrevistaron a numerosos jóvenes manifestantes. John, un estudiante de undécimo grado en Berlín, explicó: “No quiero ir a la guerra”. Y añadió: “Sé que las personas que combatirían en mi contra no son mis enemigos, sino quienes dan las órdenes”.
Sarah, que trabaja en un refugio para mujeres en Fráncfort, dijo: “Ya tenemos muy poco dinero para empezar, pero ahora a veces no queda absolutamente nada y no tenemos ni idea de qué va a pasar después”. Sarah señaló como causa “estas malditas políticas que siguen gastando cada vez más dinero en armas y en los ricos. Ya no se puede llamar a esto un Estado de bienestar”.
Estas declaraciones revelan un creciente reconocimiento de la conexión entre el deterioro de las condiciones de vida y la marcha hacia la guerra. Los jóvenes se niegan a sacrificar su futuro por el ejército, los bancos y las corporaciones.
Las manifestaciones marcan la entrada de una nueva generación en la lucha política y extienden a Alemania un movimiento que ya ha irrumpido en Francia, Italia, España, Grecia, Portugal, Albania, Serbia y otros países.
En toda Europa, los Gobiernos están imponiendo austeridad, atacando los derechos democráticos y desviando enormes recursos hacia el gasto militar. La misma crisis capitalista amenaza a los jóvenes de todas partes con la pobreza, el autoritarismo y la guerra.
En Alemania, este desarrollo tiene una importancia histórica particular.
Más de ocho décadas después de los crímenes del fascismo alemán y de la guerra nazi de exterminio contra la Unión Soviética, la clase dominante alemana vuelve a impulsar una militarización masiva. El Gobierno de Merz-Klingbeil ha declarado su intención de hacer que Alemania esté “preparada para la guerra”, ampliar la Bundeswehr y alistar una confrontación directa con Rusia.
Alemania se ha convertido en el mayor apoyo militar europeo de Ucrania y continúa respaldando política y militarmente a Israel en medio de su devastadora ofensiva contra Gaza. El restablecimiento del servicio militar obligatorio está ligado a la preparación de guerras que enviarían a multitudes de jóvenes soldados a la muerte.
Mientras todos los partidos establecidos promueven la preparación militar y el sacrificio nacional, los jóvenes han comenzado a cuestionar este consenso. La ausencia de oposición dentro de la política oficial no refleja las actitudes populares. Las manifestaciones están revelando las tensiones sociales y políticas que se han acumulado bajo la superficie.
La clase dominante, consciente del peligro, preparó su propia respuesta. Antes de las protestas, políticos y medios de comunicación difundieron advertencias sobre el extremismo y los disturbios. Se desplegaron enormes contingentes policiales, incluidos cañones de agua y vehículos blindados. Aunque las manifestaciones fueron abrumadoramente pacíficas, la policía intervino agresivamente en varias ciudades. En Colonia, detuvo una gran marcha y disparó cañones de agua.
Los posteriores incidentes de disturbios y saqueos, algunos sin relación con los objetivos políticos de las manifestaciones, han sido utilizados para desacreditar el movimiento. El domingo, el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, exigió castigos severos y culpó de los disturbios a “grupos violentos de izquierda” y a personas de origen migrante.
La clase dominante teme que las protestas se conviertan en una lucha más amplia contra la guerra y la austeridad, atrayendo a la clase trabajadora. Sin embargo, la intimidación no ha detenido el movimiento. Ya se están planificando nuevas manifestaciones, incluidas protestas internacionales el 20 de noviembre.
La cuestión decisiva es cómo puede desarrollarse esta oposición hasta convertirse en un movimiento político consciente capaz de alcanzar sus reivindicaciones.
La IYSSE y el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP, Partido Socialista por la Igualdad) intervinieron en toda Alemania, distribuyendo miles de ejemplares de su declaración, “¡Educación en lugar de guerra! ¡Movilicemos a la clase trabajadora contra la austeridad, el servicio militar obligatorio y el Estado policial!”, y debatiendo con los manifestantes el camino a seguir. En Stuttgart y Erfurt, representantes de la IYSSE se dirigieron a las manifestaciones desde las tribunas principales.
Su intervención despertó un interés considerable. Las discusiones revelaron que los jóvenes cuestionan cada vez más no solo las políticas del Gobierno, sino el propio capitalismo, y buscan una alternativa política.
Christoph Vandreier, presidente del SGP, resumió la importancia del movimiento en una declaración grabada en Berlín:
Las manifestaciones son internacionales, están organizadas independientemente de los partidos capitalistas y los sindicatos, y se encaminan hacia una confrontación con el capitalismo. El Partido Socialista por la Igualdad lucha por desarrollar conscientemente estas cuestiones y, de ese modo, desarrollar la autoconciencia del movimiento.
Identificó tres tareas interrelacionadas y declaró:
A partir de manifestaciones simultáneas en muchos países, el movimiento debe desarrollarse hasta convertirse en un movimiento verdaderamente internacional. Los problemas son los mismos en todas partes porque tienen la misma causa: el capitalismo. Solo juntos podemos quebrar el poder de los bancos y las corporaciones internacionales.
Sobre la necesidad de la independencia política, explicó:
Hay una razón por la que las manifestaciones están organizadas independientemente de los partidos capitalistas y los sindicatos: no organizan la resistencia, sino que la reprimen. El Partido La Izquierda forma Gobiernos que imponen recortes sociales y fortalecen el aparato estatal. Respaldó en el Bundesrat el programa de rearme de un billón de euros. Los sindicatos no organizan la resistencia, sino los despidos masivos. Sin embargo, simplemente organizarse de forma independiente no es suficiente. Lo necesario es una ruptura política consciente.
El movimiento debe orientarse hacia los trabajadores, subrayó Vandreier: “La clase trabajadora puede enfrentarse al capitalismo, y los jóvenes deben orientarse hacia ella”.
Por último, explicó:
El movimiento debe desarrollarse hasta convertirse en un movimiento consciente contra el capitalismo. El hecho de que la clase dominante responda a las manifestaciones masivas con represión demuestra que no está dispuesta a hacer concesiones. El capitalismo no tiene nada más que ofrecer a los jóvenes que barbarie, fascismo y guerra. Por eso el movimiento debe orientarse hacia una perspectiva socialista.
El SGP y la IYSSE proponen construir comités de acción de base controlados democráticamente en escuelas, universidades, centros de trabajo y barrios, independientes de los partidos capitalistas y las burocracias sindicales. Unidos internacionalmente a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB), pueden preparar una lucha común, incluida una huelga general en toda Europa contra la guerra, la dictadura y la devastación social.
En última instancia, la lucha plantea la cuestión de quién controla la riqueza de la sociedad. Los recursos destinados a la expansión militar y al enriquecimiento de la oligarquía financiera deben servir, en cambio, a las necesidades sociales. Esto requiere políticas socialistas, incluida la propiedad pública de los principales bancos y corporaciones bajo el control democrático de los trabajadores.
Las manifestaciones del 31 de octubre constituyen un importante paso adelante. Una generación que la clase dominante pretende convertir en carne de cañón para sus guerras está comenzando a intervenir independientemente en la vida política. Su oposición al militarismo y a la devastación social expresa la aparición de poderosas fuerzas de resistencia dentro de la sociedad.
La tarea ahora es transformar esta creciente rebelión en un movimiento socialista internacional consciente de la clase trabajadora y la juventud.
Por esta perspectiva luchan la IYSSE, el SGP y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.
La IYSSE invita a participar en un debate en línea el lunes 2 de noviembre, a las 7 p. m. (CET): “De las protestas juveniles a la lucha de clases internacional: ¿qué perspectiva se necesita?” Más información aquí.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 02/11/2026)
