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Perspectiva

Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos: un masivo repudio a Trump y los republicanos

Personas hacen fila para emitir su voto en el centro de votación del Nolensville Recreation Center el martes 3 de noviembre de 2026, en Nolensville, Tennessee. [Foto de AP/George Walker IV] [AP Photo/George Walker IV]

Las elecciones de medio mandato de 2026 resultaron en un repudio abrumador de Donald Trump y de las políticas de su gobierno por parte del pueblo estadounidense. El Partido Republicano fue barrido del poder en la Cámara de Representantes por una avalancha y perdió también el control del Senado.

Los republicanos perdieron escaños en el Senado en Carolina del Norte, Carolina del Sur, Texas, Ohio, Kansas, Maine e Iowa al momento de escribir esto, mientras no capturaron ningún escaño previamente en manos de los demócratas. El próximo Senado podría tener una mayoría demócrata de hasta 55-45, dependiendo del resultado de la contienda en Alaska.

La ola anti-Trump también derribó a gobernadores republicanos consolidados como Greg Abbott en Texas y a los candidatos multimillonarios a la gobernación Vivek Ramaswamy en Ohio y Rick Jackson en Georgia.

Las victorias demócratas fueron por márgenes tan amplios que la Associated Press y las cadenas de televisión las declararon muy temprano, y no enfrentaron un desafío significativo de los candidatos republicanos. Tampoco la administración Trump pudo intimidar a los votantes para que no fueran a las urnas; por el contrario, la participación parece haber sido la más alta de la historia para una elección no presidencial.

En Texas, el estado más grande bajo dominio republicano, el gobernador en funciones por tercer mandato, Abbott, llamó a la demócrata Gina Hinojosa para conceder a las 10:00 p. m., hora local, cuando iba detrás de ella por más de un millón de votos. Hinojosa será la primera gobernadora hispana de Texas, mientras que el demócrata Xavier Becerra será el primer gobernador hispano de California, un reproche a la demonización racista de los inmigrantes por parte de Trump, particularmente de los procedentes de México.

James Talarico se convirtió en el primer demócrata en ganar un escaño al Senado por Texas en casi cuatro décadas, derrotando por un millón de votos al fiscal general estatal de Texas, Ken Paxton, elegido personalmente por Trump. La doctora Annie Andrews, pediatra, ganó el escaño al Senado de Carolina del Sur que ocupaba Darline Graham, hermana del senador republicano de larga data Lindsey Graham y también seleccionada por Trump. Y en Kansas, Adam Hamilton se convirtió en el primer demócrata elegido al Senado estadounidense desde 1932.

El cambio en la Cámara de Representantes fue igualmente impactante. Los demócratas capturaron escaños en manos republicanas en Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Texas, Ohio, Michigan, Indiana, Wisconsin, Misuri, Nebraska y Colorado, con los resultados de la costa oeste aún en proceso de conteo.

Algunas delegaciones estatales fueron completamente transformadas: Colorado pasó de 4-4 a que los demócratas iban adelante en los ocho distritos. En Carolina del Norte, un gerrymandering (manipulación de los distritos electorales) republicano orientado a crear una división de 11-3 en la delegación ha producido hasta ahora cinco victorias demócratas y una ventaja demócrata de 5-4 en las contiendas restantes, lo que representaría una ganancia de siete escaños en un solo estado. En Florida, los cuatro distritos demócratas rediseñados para favorecer a los republicanos fueron ganados de todos modos por los demócratas. Hubo un resultado similar con el gerrymandering republicano en Texas.

La elección hizo estallar la ficción de los estados “rojos” y “azules” que ha dominado la cobertura de los medios corporativos de la política estadounidense durante dos décadas. Iowa, Kansas, Ohio y Texas, supuestos bastiones del Partido Republicano, eligieron tanto gobernadores como senadores demócratas.

Las encuestas a boca de urna muestran cuán amplio fue el repudio. El 39 por ciento de los votantes citó la economía como el asunto más importante y el 32 por ciento citó las amenazas a la democracia. Solo el 3 por ciento citó la “criminalidad”, una señal de que el apoyo a la demagogia de ley y orden de la derecha fascista se ha derrumbado.

La votación fue también un veredicto sobre la guerra contra Irán. En vísperas de la elección, Estados Unidos bombardeó la isla de Qeshm, y se dijo a los estados del golfo Pérsico que se prepararan para una operación inmediatamente después de la votación. Sin embargo, en la encuesta a boca de urna de NBC, el 62 por ciento de los votantes dijo que la guerra fue una decisión equivocada, y el 74 por ciento la calificó como un factor importante en su voto.

Los votantes vieron negativamente a ambos partidos capitalistas, una señal de la continua radicalización de los trabajadores y jóvenes. El 69 por ciento dijo que el sistema económico estadounidense “favorece a los ricos”, y el 57 por ciento espera que la vida para la próxima generación sea peor que la actual.

Esta fue la primera elección nacional desde que agentes federales de inmigración asesinaron a los manifestantes Alex Pretti y Renée Good en Minnesota, y desde los asesinatos de trabajadores inmigrantes en Texas, Maine y muchos otros estados. En ella, el pueblo estadounidense asestó un golpe contundente a la frenesí antiinmigrante de la Casa Blanca de Trump. Las encuestas a boca de urna mostraron un enorme giro contra Trump y los republicanos entre los votantes latinos, los jóvenes trabajadores varones y los estudiantes universitarios.

En Michigan, la campaña racista e islamófoba de Trump contra el demócrata Abdul El-Sayed salió al revés, incluso con la puñalada por la espalda de último minuto de la legisladora Haley Stevens, quien había perdido la nominación demócrata al Senado frente a El-Sayed. Kamala Harris perdió Michigan en 2024 en gran parte porque fue identificada con el genocidio en Gaza. El-Sayed alcanzó prominencia política al criticar el genocidio israelí en Gaza y la guerra contra Irán, aunque después retrocedió en ambos puntos.

Los resultados electorales no fueron solo un repudio a Trump, sino un golpe para el Partido Demócrata y para la oligarquía financiera en su conjunto, que financia y controla a ambos partidos. Durante dos años, los demócratas se postraron ante Trump y lo presentaron como un coloso todopoderoso, con ellos mismos casi impotentes para detenerlo.

La votación reveló algo completamente distinto: una población mucho más a la izquierda del Partido Demócrata y decidida a asestar un golpe a la administración.

El Partido Demócrata es el beneficiario electoral inicial de este movimiento anti-Trump. Pero cada acción de los demócratas estará dirigida a contener este movimiento y desviarlo de regreso dentro del marco de la política capitalista “normal”.

Mientras la clase trabajadora se desplaza a la izquierda, el Partido Demócrata se desplaza a la derecha. La nueva mayoría de la Cámara de Representantes tendrá muchos más exsoldados y exespías que miembros que digan favorecer el “socialismo democrático”.

En una conferencia el lunes por la noche en la Universidad de California, Berkeley, el presidente del Consejo Editorial del WSWS, David North, declaró: “Sea cual fuere el resultado de la votación de mañana, la política se determinará, en última instancia, por la crisis de la economía capitalista, por la disposición de una tecnología que está transformando las condiciones de trabajo de toda la humanidad, por el impulso del imperialismo estadounidense hacia la guerra y por la respuesta de la clase trabajadora internacional”. 

Ninguno de estos procesos será alterado por un cambio en la composición del Congreso. La contradicción entre los objetivos de quienes votaron y las políticas del partido por el que votaron no puede resolverse dentro del sistema bipartidista. Se decidirá en la lucha de clases.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 04/11/2026)

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