Sobre el ataque terrorista en París

19 noviembre 2015

Estados Unidos, Francia y las otras potencias imperialistas actualmente se aprovechan de la atrocidad terrorista que el Estado Islámico de Irak y Siria (EI) llevó a cabo en París el viernes 13 de noviembre para intensificar las medidas de guerra y saqueo que han destrozado a sociedades enteras en el Medio Oriente y creado las condiciones para que se nutran fuerzas reaccionarias como la que fue responsable de la masacre carnicera que resultó en la muerte de a unas 130 personas e hirió a muchas más.

Estas mismas fuerzas son financiadas y armadas por los gobiernos de Estados Unidos y Francia, en alianza con países en la región, como Arabia Saudita y Turquía. Estado Islámico es la creación de las intrigas imperialistas en Libia, Siria e Irak, de la misma manera que Al Qaeda lo fue en de la pasada intervención antisoviética en Afganistán. Fuerzas compuestas por combatientes de grupos terroristas ligados a Al Qaeda y Estado Islámico son ejércitos suplentes en las guerras de cambio de régimen en Libia y en Siria.

El criminal ataque contra gente inocente en París es consecuencia predecible del auge sin fin de las operaciones militares imperialistas.

Los trabajadores del mundo se solidarizan con las víctimas de la matanza de París. En contraste, las declaraciones hipócritas de políticos y de la prensa capitalistas merecen nuestro desprecio. La verdadera actitud de ellos se devela en la indiferencia con que reaccionan acontecimientos como el bombardeo del hospital de los Médicos Sin Fronteras en Kunduz, Afganistán que causó la muerte de al menos treinta personas y a los más de treinta heridos. El saldo de catorce años de guerra ahora excede un millón de muertes.

Catorce años de la supuesta “guerra al terror” amamantaron terror y violencia. Ese proceso ha convertido en refugiados a millones de gente que huyen de los infernales campos de guerra en el Medio Oriente, Asia Central y Norte de África.

Ahora detonan en Europa las consecuencias del salvajismo neocolonial. Reviviendo la fraudulenta y desacreditada “guerra la terror”, las potencias imperialistas culpables de esa hecatombe se aprestan a cometer crímenes aún más bárbaros.

Luego de haber llamado el presidente francés a los ataques en París, “actos de guerra”, el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung los llamó “el 11/9 francés”. Conviene leer la declaración [en inglés] que el World Socialist Web Site publicó inmediatamente después de los ataques del 2001 en Nueva York y el Pentágono.

En ese entonces, pronosticando una detonación explosiva de violencia por parte del imperialismo yanqui a través del mundo (y ataques contra los derechos democráticos detrás de sus fronteras), nosotros declaramos:

“Lejos de asestarle un poderoso golpe al militarismo imperialista, el terrorismo le brinda en fuente de plata, a los grupos de poder de Estados Unidos, un pretexto para justificar y dar legitimidad a campañas de guerra en pos de sus intereses geopolíticos y económicos.

La campaña inapagable del imperialismo yanqui para hacerse amo de todo el petróleo de la región… hace que Estados Unidos se oponga acérrimamente y violentamente a las aspiraciones legítimas e imparables del pueblo árabe…

Bombarderos estadounidenses y buques de guerra han atacado a Líbano, Irak, Irán, Sudán, y Afganistán. Sin ninguna declaración de guerra Estados Unidos lleva a cabo operativos militares en Irak desde hace más de once años… Teniendo en cuenta esa crónica de derrame de sangre, ¿se sorprende alguien que los que son objeto de la agresión estadounidense, respondan en la forma en que lo acaban de hacer?”

Igual que con los ataques del once de septiembre del 2001, surgen dudas casi de inmediato: ¿Quién estaba informado de los planes de los ataques en París? ¿Quién sabía de la manera en que ocurrirían?

No son de creer los argumentos que, en esta edad de tan vasta vigilancia, ninguna de las agencias de espionaje de las naciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTÁN) estaba enterada de los preparativos. Para la clase de poder las nuevas atrocidades representan una oportunidad de implementar proyectos preparados muy de antemano.

Las élites de poder en Estados Unidos y Europa ahora braman por la guerra e insisten que la amenaza que representa el Estado Islámico exige otorgarle al estado nuevos poderes policiales, sin que se hayan investigado plenamente los ataques en París.

Holland a decretado un estado de sitio de tres meses para Francia que la transforma casi en un régimen policial –suspendiendo derechos democráticos, cerrando fronteras, prohibiendo manifestaciones y dando a la policía extensa autoridad para detener y registrar a la gente.

En Alemania, Markus Söder, ministro de finanzas de Bavaria exige ahora que se impida la entrada a Alemania a refugiados de Siria. Dice funestamente que los ataques en París “han cambiado todo”.

James Stavridis ex comandante de la armada estadounidense acaba de escribir un artículo (“La OTAN al ataque”), demandando que la alianza del Tratado del Atlántico Norte responda al ataque del Estado Islámico haciendo guerra a Siria. La sí, la intensificación de la violencia en Siria e Irak es un eslabón en una infame y extensa cadena geopolítica. La campaña para derrocar al presidente sirio Bashar al-Assad, es tan sólo uno de los elementos del proyecto de agresión contra Rusia y China. La élite de poder estadounidense considera que ambas naciones obstaculizan lograr la hegemonía yanqui sobre todo el mundo. Por lo tanto son el blanco de destrucción económica y, eventualmente, militar.

La escalada de la guerra imperialista, so pretexto de la “guerra al terror” se coordina con un asalto implacable contra las condiciones sociales y los niveles de vida de la clase obrera, ataque que se agrava desde el comienzo de la crisis capitalista del 2008. En cada potencia imperialista, la juventud (particularmente la juventud inmigrante) ha sido la más fuertemente golpeada. Encara desempleo, pobreza y cero posibilidad de un futuro decente.

Juntas en un mismo crisol se funden fatalmente las consecuencias del militarismo y la creciente alienación de las juventudes obrera e inmigrante. La inquina de los jóvenes no encuentra cauce progresivo, cosa que los hace vulnerable al proselitismo desmoralizante y demagógico de Al Qaeda y del Estado Islámico, dada la inexistencia de un movimiento antiguerra organizado, a pesar de la oposición del pueblo a la guerra.

Principalmente culpables de la falta de un movimiento antiguerra son las organizaciones de clase media que en un momento encabezaron movimientos de protesta –para luego atarlos al carro de políticos y partidos de la clase de poder— y que en el transcurso de los últimos tres lustros han girado a la derecha y que ahora están plenamente en el campo del imperialismo. Corrientes como el Partido Anticapitalista francés, los Links, alemanes, Podemos en España, Syriza en Grecia y la International Socialist Organization (ISO) de Estados Unidos apoyaron las guerras de cambio de régimen contra Libia y Siria, dirigidas por Estados Unidos. También fabricaron una fachada política para disimular los amagos de guerra estadounidenses contra Rusia y China.

Los ataques en Paris y la consecuente aceleración de la violencia imperialista en Irak y Siria ponen el dedo en la urgencia de construir un movimiento antiguerra internacional. El proletariado es la fuerza social capaz de desarmar los imperialistas y acabar con la guerra. El nuevo movimiento contra la guerra imperialista debe basarse en la clase obrera en lucha revolucionaria, unida y movilizada, rechazando barreras fronterizas, para acabar con las guerras y con el capitalismo, que las causa.

Alex Lantier y Barry Grey