Cinco años desde la Revolución Egipcia

24 febrero 2016

Cinco años después del estallido de luchas masivas revolucionarias en Egipto que causaron derrocamiento del dictador de muchos años Hosni Mubarak, la junta militar contrarrevolucionaria encabezada por el general Abdel Fatah al-Sisi teme otra explosión social.

En la antesala al aniversario de la Revolución, el régimen intensificó su dura represión contra los trabajadores y la juventud. De acuerdo a Associated Press, la policía hizo una redada a 5,000 apartamentos en el centro de Cairo en días recientes como "medida preventiva" para asegurar que los egipcios no regresen a las calles. A través del país, cientos de miles de funcionarios de seguridad, policía y soldados fuertemente armados serán desplegados.

En una extraña demostración de perspicacia política, el New York Times indicó las condiciones sociales que una vez más amenazan a llevar a las masas egipcias a la lucha. "La sensación de pánico ha sido atribuida a que el público está perdiendo la paciencia con el gobierno en medio del alto desempleo, los precios crecientes y una insurgencia militante persistente que, entre otras cosas, ha devastado la industria del turismo egipcia", escribió el periódico.

Añadió: "Pero estos factores por sí solos no son suficientes para explicar la sobreexcitada respuesta (…) Desde la perspectiva de los servicios de seguridad, esta fecha -25 de enero- es un peligro en sí, ya que recuerda su catastrófica, aunque moderada, pérdida de control".

Al-Sisi, un general entrenado por EE.UU. y ex-jefe del servicio de inteligencia de Mubarak, ha gobernado Egipto con un puño de hierro desde que tomó el poder en un sangriento golpe contra el elegido presidente, Mohamed Mursi, y la Hermandad Musulmana en Julio del 2013. El sábado dio un amenazante discurso en la academia de policías de Cairo. Conmemorando el Día Nacional de la Policía, al-Sisi alabó las fuerzas de seguridad que han estado matando y torturando personas por miles y pidió "a todos los egipcios, por los mártires y la sangre, que cuiden de su país".

Al-Sisi, obviamente conmocionado por los eventos en Túnez, en dónde renovadas protestas en masa estallaron la semana pasada y un estado nacional de emergencia fue declarado el viernes, emitió las mismas amenazas a las masas tunecinas, quiénes derrocaron al autócrata tunecino Zine El Abidine Ben Ali sólo semanas antes al derrocamiento de Mubarak en febrero del 2011. "No quisiera interferir en los asuntos internos de nuestro país vecino Túnez", declaró, "pero llamó a los tunecinos a que cuiden de su país".

Según el diario egipcio Al-Ahram, el dictador también advirtió que "la situación económica por todo el mundo se está 'deteriorando' y que ninguna nación podrá soportar más malestar social".

Al-Sisi y su sangriento régimen están aterrorizando a toda la oposición y buscando re-escribir la historia de la revolución egipcia. La prensa estatal egipcia está retratando a la revolución como un complot extranjero cuyo objetivo era minar y desestabilizar a la gran nación egipcia. Aun así, la memoria del levantamiento histórico de 18 días que inspiró a trabajadores y jóvenes en todo el mundo no será borrada tan fácilmente.

La Revolución Egipcia, la cual siguió al levantamiento masivo en Túnez, representó sin lugar a dudas el resurgimiento de la lucha revolucionaria. Fue un presagio de las crecientes luchas de la clase trabajadora internacionalmente. Como resultado inmediato, en todo el mundo trabajadores y jóvenes -incluyendo a trabajadores en Wisconsin que llevaron pancartas que decían "Camina como un egipcio" en protestas contra el odiado gobernador Scott "Hosni" Walker- fueron estimuladas por las luchas en Egipto.

El 25 de Enero del 2011, decenas de miles por primera vez tomaron las calles de Cairo y otras ciudades importantes como Suez. A pesar de una despiadada represión por parte de la dictadura que era apoyada por EE.UU., más personas llegaron el 28 de enero en el llamado "Viernes de Ira", para participar de batallas campales contra la infame policía anti-disturbios de Mubarak. En los días subsiguientes, millones salieron a la calle en todo Egipto. La plaza Tahrir de Cairo fue ocupada y se volvió el símbolo de la Revolución Egipcia.

Como siempre ocurren en una revolución, los esfuerzos del régimen asediado para intimidar a los manifestantes sólo generaron una mayor resistencia. Luego de la infame "Batalla de los Camellos" el 2 de febrero, cuando los matones de Mubarak atacaron a trabajadores y jóvenes en la Plaza Tahrir, un inclusive mayor número de personas entraron a la plaza para desafiar al dictador, a quién las potencias imperialistas buscaron defender hasta las últimas consecuencias.

Por tan dramáticos que fueran los eventos en la Plaza Tahrir, aún más importante fue la intervención de la clase trabajadora ya que ésta dio el golpe final a Mubarak el 11 de Febrero. La ola de huelgas y ocupaciones que barrieron con las fábricas por todo Egipto antes y después de la caída de Mubarak había sido preparada por muchos años por la clase trabajadora egipcia.

Especialmente después del 2005, las huelgas y las protestas habían incrementado dramáticamente. Lo que comenzó el 25 de enero fue en muchos aspectos la culminación de un largo período de malestar y resistencia creciendo entre los trabajadores egipcios contra los recortes sociales, las privatizaciones y el saqueo de fondos estatales por una élite gobernante corrupta y criminal.

En pos de la caída de Mubarak, la clase trabajadora emergió de una forma aún más poderosa como la fuerza revolucionaria decisiva. En los días que siguieron a la caída del dictador, hubo entre 40 y 60 huelgas por días, y tan solo en febrero del 2011 hubo tantas huelgas como en todo el año 2010.

La acción huelguística continuó escalando en los años consiguientes a pesar de las medidas represivas adoptadas por el régimen. De acuerdo a un reporte del Centro Egipcio para los Derechos Sociales y Económicos (CEDSE), 3,817 huelgas y protestas sociales tomaron lugar en el 2012, un número más alto que todas las protestas registradas por el CEDSE entre el 2000 y el 2010. De enero a mayo del 2013, el Centro Egipcio para el Desarrollo Internacional contó 5,544 huelgas y protestas sociales.

Después de 30 años de dictadura de Mubarak apoyada por Washington, esto representaba un brote de la clase trabajadora de inmenso significado con amplias repercusiones internacionales. Sin embargo, desde el comienzo de la revolución, el problema básico de la clase trabajadora egipcia fue y sigue siendo la ausencia de liderazgo político.

El día antes del derrocamiento de Mubarak, el presidente de la Junta Editorial Internacional del World Socialist Web Site David North, advirtió en una columna de Perspectiva que "el peligro más grande que confrontan los trabajadores egipcios es que luego de otorgar la fuerza social para arrebatar el poder de las manos de un envejecido dictador nada relevantemente político cambie excepto los nombres y rostros de algunos de los principales funcionarios".

El artículo seguía: "En otras palabras, el estado capitalista permanecerá intacto. El poder político y el control sobre la vida económica seguirán en las manos de los capitalistas egipcios, apoyados por el ejército y sus superamos imperialistas en Europa y Norteamérica. Las promesas de democracia y reforma social serán repudiadas en la primera oportunidad y un nuevo régimen de salvaje represión será instituido".

Estos peligros no están siendo exagerados. La historia completa de las luchas revolucionarias en el Siglo 20 testifica que la lucha por la democracia y por la liberación de países oprimidos por el imperialismo sólo puede ser alcanzada, como León Trotsky insistió en su teoría de la Revolución Permanente, solamente mediante la conquista de poder por la clase trabajadora sobre la base de un programa internacionalista y socialista".

El problema básico de la Revolución Egipcia era el de establecer la independencia política de la clase trabajadora de todas las diferentes fuerzas burguesas. Esto significaba poder superar las ilusiones en el carácter supuestamente "progresivo" del ejército liderado por los generales de Mubarak y rechazar cualquier adaptación al partido burgués Hermandad Musulmana o los denominados movimientos burgueses "liberales" como la Asociación Nacional para el Cambio de Mohamed El Baradei.

En esta situación, la pseudo izquierda pequeña-burguesa jugó un rol siniestro y totalmente reaccionario. Está más allá del alcance de este comentario el analizar en detalle todos los giros y vueltas en las políticas del agrupamiento de los Socialistas Revolucionarios (SR) y formaciones similares, las cuales nunca representaron nada más que la perspectiva de estratos de clase media reaccionarias y enriquecidas y las maquinaciones del Departamento de Estado de EE.UU..

Al comienzo RS afirmó que la junta militar del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) liderada por Tantawi, quien reemplazó a Mubarak, otorgaría reformas democráticas y sociales a los trabajadores egipcios. Luego, a medida que la oposición de la clase trabajadora al ejército aumentó durante el 2011, el RS promovió a la Hermandad Musulmana como el "ala de derecha de la revolución" y en el 2012 alabó a la elección de Mursi como una "victoria para la revolución".

Cuando la oposición de la clase trabajadora a Mursi y la Hermandad Musulmana surgió en el 2013, RS promovió la campaña pro-ejército Tamarod como un "camino para completar la revolución". De esta forma ayudando a allanar el camino para el golpe militar del 3 de julio de 2013 (al cual RS inicialmente acogió como una "segunda revolución") y el terror contrarrevolucionario que se ha apoderado de Egipto desde entonces. Ahora, conducidos por el miedo de que la represión de la junta pueda hacer estallar una nueva explosión revolucionaria en la clase trabajadora, RS está buscando renovar su alianza con la Hermandad Musulmana.

Con la emergencia de nuevos estímulos en la oposición de clase trabajadora tanto en Egipto como internacionalmente, las lecciones básicas tienen que ser aprendidas. La cuestión fundamental es la de construir un partido revolucionario sobre la base de la teoría de revolución permanente de Trotsky. Solamente sobre esta base la clase trabajadora puede establecer la inequívoca independencia política de la burguesía y sus aliados en la clase media y elaborar un programa socialista internacionalista. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional ve como una de sus tareas fundamentales en el período que viene la construcción de semejante partido, como sección del movimiento internacional, en Egipto.

Johannes Stern