El “pivote hacia Asia” estadounidense hecho un desastre

3 noviembre 2016

Mientras que la campaña presidencial estadounidense comienza sus últimos días, hay cada vez más comentarios en los medios de difusión estadounidenses e internacionales argumentando que el “pivote hacia Asia” del gobierno de Obama, el cual tiene como objetivo contener y subordinar a China, está fallando. La respuesta de Washington, lejos de hacer cualquier retirada de la región, será escalar sus intrigas diplomáticas y acumulación de fuerzas militares provocativas en la región de Asia y el Pacífico.

El brusco giro hacia China por el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ejemplificado por su visita de Estado a Pekín hace más de una semana, es, sin duda, un golpe a la estrategia estadounidense en Asia. Gideon Rachman, un columnista de asuntos exteriores del Financial Times, hizo hincapié que es "un revés estratégico significativo."el anuncio de Duterte en Pekín de la "separación" de los Estados Unidos y Filipinas y una nueva relación especial con China.

Desde que asumió el cargo en junio, Duterte ha atacado verbalmente al presidente Obama como "hijo de puta,” ordenado la retirada de las fuerzas especiales estadounidenses de la isla filipina de Mindanao, terminado los ejercicios conjuntos entre EE.UU. y Filipinas en el Mar de China Meridional, y propuesto una revisión del convenio de bases militares en el país con los EE.UU. Su decisión de minimizar el fallo de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya en favor de Manila y en contra de las reivindicaciones territoriales de Pekín ahora perturba los planes estadounidenses de explotar la decisión para incrementar su presión sobre China en el Mar de China Meridional.

Rachman observó que los EE.UU. encara otros nuevos obstáculos. Tailandia, un aliado de Estados Unidos, acudió a China para comprar submarinos, y Malasia recurrió hacia Pekín para obtener apoyo, ya que el primer ministro Najib Razak intenta defenderse de acusaciones de corrupción provenientes del Occidente.

El 25 de octubre en el Australian, periódico de Rupert Murdoch, el redactor de asuntos internacionales, Greg Sheridan, afirmó que “el giro dramático de Duterte hacia China es el revés más serio para Estados Uniods en el sudeste de Asia desde la caída de Saigón." También declaró que este cambio debilita gravemente el sistema de alianzas estadounidenses en Asia. También llamó a la política exterior de Obama “casi un fracaso total,” diciendo que había permitido que China, Rusia e Irán "extiendan peligrosamente" sus esferas de influencia.

El ”pivote" del gobierno de Obama es una amplia estrategia diplomática, económica y militar que tiene como objetivo garantizar la supremacía estadounidense en Asia. Los aliados y socios de Estados Unidos y en la región, sin embargo, cuestionan cada vez más el compromiso de Washington con Asia. Este es el caso sobre todo porque el estatus de su brazo económico —La Alianza Transpacífica de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés)— no es claro, ya que se le oponen los dos candidatos a la presidencia, Hillary Clinton y Donald Trump. También lo rechazan legisladores republicanos y demócratas.

La centralidad del TPP para el "pivote" fue enfatizado el año pasado por el secretario de Defensa, Ashton Carter, quien señaló la conexión entre el pacto económico y la planificación de guerra por parte del Pentágono. Declaró que el acuerdo es "tan importante para mí como otro portaaviones”. En agosto, el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, le urgió a los EE.UU que mantuviera sus compromisos en Asia y advirtió que la ratificación del TPP es "una prueba de tu credibilidad y seriedad de propósito".

Las preocupación de las élites dirigentes en la región de Asia y el Pacífico sólo han sido agravadas por las crecientes señales de una profunda crisis política en los Estados Unidos, ejemplificada por el sórdido y degradado espectáculo de la elección presidencial estadounidense y la falta de claridad sobre la política exterior del próximo gobierno. Como Secretaria de Estado, Clinton fue el principal arquitecto del “pivote” y defensora una estrategia más militarista contra China. Entre sus discursos a Wall Street publicados por WikiLeaks se encuentra uno en el 2013 en el cual declaró: "Vamos a rodear a China con defensa antimisiles. Vamos a poner más de nuestra flota en la zona."

La política de Trump hacia Asia no es muy clara; pero su slogan de ”Hacer a América grande otra vez” sugiere una postura aún más agresiva hacia China. Por otra parte, es una en la cual Washington insistiría que aliados como Japón y Corea del Sur carguen con más de los costos.

Las incertidumbres generadas por las elecciones estadounidense, junto con agudas tensiones geopolíticas y el empeoramiento de las perspectivas de la economía mundial, animan a que las clases dominantes de la región de Asia y el Pacífico minimizen sus riesgos. Los dos pilares centrales del "pivote" de Estados Unidos —Japón y Australia— ambos llevan a cabo políticas que están en desacuerdo con las de EE.UU.

El primer ministro, Shinzo Abe, acaba de anunciar planes para resolver el conflicto de Japón con Rusia después de la Segunda Guerra Mundial sobre las islas Kuriles. Este es en un intento de forjar lazos con un país que Washington marca cada vez más como un “Estado fuera de la ley." A pesar de la presión insistente de los EE.UU., el gobierno australiano no ha accedido a montar una operación de "libertad de navegación" para desafiar las reivindicaciones territoriales chinas en el Mar de China Meridional, lo que refleja el debate en curso dentro de la élite gobernante de Australia sobre los riesgos de enfrentar el mayor socio comercial del país.

El desconcierto de la política exterior de Washington en Asia fluye de la locura fundamental de su objetivo: la tarea imposible de obtener la hegemonía mundial. Al no poder dictar al mundo económicamente, como ha sido demostrado por la crisis que rodea el TPP, el imperialismo estadounidense se ve obligado a recurrir a provocaciones militares imprudentes e intervenciones que amenazan con sumir al mundo en un conflicto entre potencias con armas nucleares.

A pesar de que Duterte estaba en China la semana pasada, la marina de Estados Unidos envió un destructor equipado con mísiles teledirigidos para llevar a cabo una cuarta gira de "libertad de navegación" para desafiar provocativamente las reivindicaciones territoriales de China en las Islas Paracelso en el Mar de China Meridional. La operación no sólo demostró la disposición de Washington de arriesgarse a un enfrentamiento naval con China, sino que también marcó la entrada de Tercera Escuadra de la armada estadounidense —con sus 100 buques de guerra y cuatro portaaviones— en la acumulación de fuerzas militares en el Pacífico occidental contra China.

La respuesta enfatiza la peligrosa dinámica que conduce a la guerra: cuanto más se enfrenta Washington con resistencia y obstáculos a sus ambiciones globales, se convierten más imprudentes y militaristas sus acciones. En la campaña electoral estadounidense, sólo el Partido Socialista por la Igualdad y sus candidatos —Jerry White para presidente y Niles Niemuth para vicepresidente— hacen advertencias sobre los peligros de guerra. La conferencia del 5 de noviembre, “Socialismo contra capitalismo y guerra,” que se celebra en Detroit por el PSI y su movimiento juvenil, la Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social, hablarán de los cimientos política que se necesitan para construir un movimiento internacional contra la guerra basado en la clase obrera y la lucha por el socialismo. Todos los que se oponen a la guerra imperialista y buscan una manera de luchar contra ella debe inscribirse y asistir.

Peter Symonds