Golpe interno del PSOE expone colapso de la democracia en España

por Alejandro López y Alex Lantier
5 diciembre 2016

El golpe de estado dentro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue organizado para instaurar un gobierno derechista minoritario del Partido Popular (PP). Este proceso ha expuesto el carácter reaccionario del sistema político que surgió de la Transición española, cuando la dictadura fascista de Francisco Franco dio paso a un gobierno parlamentario en 1978.

A pesar de que la misma élite gobernante capitalista del régimen fascista se quedó en el poder, el PSOE y los otros partidos a la cabeza de la Transición prometieron que aun así el nuevo régimen sería democrático. Estas promesas quedaron hechas pedazos tras la crisis financiera del 2008 que dio lugar a un colapso social y económico en toda Europa y a la brutal e impopular implementación de medidas de austeridad por casi una década en España. Esto ha llegado a desacreditar al Estado español a tal punto que las últimas dos elecciones generales, una en diciembre del 2015 y otra en junio del 2016, no produjeron una mayoría parlamentaria que permitiera formar un nuevo gobierno.

En setiembre, a espaldas del pueblo español, un grupo pequeño de banqueros, ejecutivos, agentes de inteligencia, funcionarios del PP y del PSOE conspiraron para derrocar al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, e instaurar un gobierno del PP, al que se oponía la mayoría de los españoles. Este plan fue urdido por el ex secretario general del PSOE y expresidente, Felipe González, una de las principales figuras del periodo de la Transición.

Según La Información, “La operación orquestada por Susana Díaz y un grupo de barones [del PSOE] para provocar la caída de Pedro Sánchez de la secretaría general del PSOE es sólo el último paso de una maniobra en la que han participado varios actores: empresarios, servicios de inteligencia, expolíticos y un gran grupo de comunicación propietario del diario más leído de España y de la radio más escuchada (Prisa)”.

El Grupo Prisa es propietario del diario El País, el periódico tradicionalmente pro-PSOE de España, el cual fue la punta de lanza para los llamados a una renuncia de Sánchez por su oposición a un gobierno minoritario del PP. El País fue fundado en 1976 por José Luís Cebrián, cuyo padre Vicente fue un alto funcionario del régimen franquista y director de Arriba, la publicación oficial del partido fascista, Falange Española. José Luís Cebrián es también un amigo personal de Felipe González, con quien ha escrito varios libros.

Después de casi un año sin que España pueda armar un gobierno, la burguesía internacional se ha mostrado cada vez más alarmada. En una visita al país, el presidente estadounidense, Barack Obama, le pidió a España mantenerse “fuerte y unida” y “rechazar la mentalidad de 'nosotros contra ellos' de algunos políticos cínicos”. Bajo presión de Bruselas para que implemente más austeridad y de los movimientos secesionistas regionales en España, el grupo complotista decidió que el riesgo de una abierta crisis política por la demora era inaceptable.

Planeó la destitución de Sánchez en los días antes de la reunión del Comité Federal del PSOE donde se llevó a cabo el golpe interno. Según dos fuentes distintas de La Información, González, Cebrián y tres empresarios del IBEX, la principal bolsa de valores de España, se reunieron para discutir el golpe dentro del partido.

Uno de ellos era César Alierta, el ex-CEO de Telefónica, una de las corporaciones más grandes del país y de las más grandes operadoras de telefonía y redes móviles del mundo. Sánchez lo acusó de estar detrás de los planes de su derrocamiento. También estaba Isidro Fainé, CEO de La Caixa, uno de los principales bancos españoles y accionista de Prisa. El tercer ejecutivo era un CEO sin nombrar de una compañía eléctrica.

Estas cinco personas discutieron echar a Sánchez del poder, de acuerdo con información del Centro Nacional de Inteligencia de España (CNI) reportada en La Información. Al parecer temían “la posibilidad de que Pedro Sánchez intentara formar un Gobierno con Podemos y formaciones independistas. Los números le salían al exsecretario general del PSOE, que incluso había iniciado contactos con PNV [Partido Nacionalista Vasco] y otras formaciones secesionistas”.

En esta reunión, se acordó que Felipe González iniciaría la operación contra Sánchez con una entrevista a la Cadena SER, propiedad de Prisa. La entrevista, grabada dos días antes de que se transmitiera, era una señal para que 17 miembros de la Ejecutiva Federal del PSOE presentaran su dimisión para forzar la salida de Sánchez.

En la entrevista, González denunció a Sánchez por no respaldar al PP, alertando que provocaría una crisis de poder. “Me siento engañado por Sánchez, me dijo que se abstendría en segunda votación” sobre la investidura del PP, dijo González. Luego, indicó que, “Las terceras elecciones serían un disparate, nos podrían llevar a una crisis del sistema”.

Según otro artículo de La Información, Alierta también se reunió con Susana Díaz, quien impulsó la campaña del golpe dentro del PSOE, para asegurarle que contaría con el apoyo de los dos principales grupos mediáticos en España: Prisa y Unidad Editorial, propietaria de El Mundo y Expansión.

Durante toda la operación, el gobierno provisional del PP, bajo el primer ministro, Mariano Rajoy, se mantuvo informado a través de fuentes del PSOE. Según Vozpópuli, “La más directa de ellas fue la información periódica que Felipe González le suministró personalmente al presidente en funciones una vez que ambos concluyeron que las elecciones de junio mantenían el bloqueo político y, por tanto, debían volcarse en evitar la repetición de las legislativas ante la mirada expectante del establishment financiero y de los grandes centros de decisión europeos”.

Poco tiempo después de que los 17 miembros renunciaron, Sánchez anunció su propia renuncia y su lealtad a la facción González-Díaz. Dos semanas más tarde, el PSOE decidió abstenerse en la votación parlamentaria para permitir que el PP formara su gobierno.

Susana Díaz ha postulado su candidatura para la dirigencia del PSOE que se definirá en un congreso que se realizará en el próximo verano. Poco después del anuncio, se supo que Díaz se reunirá con la directora de política exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz y con varios otros altos funcionarios de la UE como el comisario de asuntos económicos, Pierre Moscovici, y la comisaria de política regional, Corina Creţu.

El golpe interno ha puesto al descubierto las fuerzas de clase que representa el PSOE y el sistema político español. Se ha demostrado que los políticos, los medios de comunicación y la máquina de Estado acatan servilmente las órdenes de los bancos, las corporaciones y las principales potencias imperialistas. Si las elecciones no producen el resultado que desean—en este caso, un gobierno derechista con un programa de austeridad, ataques contra los derechos democráticos y preparativos para la guerra—ellos simplemente lo imponen. Para ello, están dispuestos a dejar de lado a figuras de poca monta como Sánchez.

La destitución encabezada por González también expone la bancarrota política de aliados del PSOE como Unidos Podemos, el cual desciende de los estalinistas y los estudiantes radicalizados que se aliaron con el PSOE para bloquear el surgimiento de un desafío revolucionario de la clase obrera en contra del régimen fascista, durante el periodo de la Transición. Podemos y varias otras agrupaciones de pseudo-izquierda en su órbita inútilmente criticaron el golpe como una traición.

Izquierda Revolucionaria describió el rol del PSOE en el golpe y la entrega del poder al PP como una “traición a sus militantes, a su base electoral y social, a los trabajadores y la juventud del estado español…”.

Para Anticapitalistas, una organización que opera dentro de Podemos y que es cercana al Nuevo Partido Anticapitalista francés, lamentó el descontento que se produjo entre “socialistas honestos” que consideraban inconcebible una alianza entre el PSOE y el PP.

Es una mentira política que el golpe dirigido por González y su estrecha colaboración con el PP vayan en contra de los principios del PSOE. Estas fuerzas están intentando encubrir al PSOE, con el que han trabajado por décadas dentro del marco político de la Transición.

Durante el período posdictadura, la “renovación” del PSOE bajo la dirección de González consolidó su perspectiva política como un partido burgués explícitamente hostil hacia el marxismo y colaboracionista con el fascismo. Las décadas de austeridad y guerra sufridas por los trabajadores bajo los sucesivos gobiernos del PSOE y ahora el golpe interno no son accidentes, sino el producto orgánico de esta perspectiva reaccionaria.

En la “renovación” del PSOE, el viraje hacia la derecha de un partido socialdemócrata revolucionario se alineó con las necesidades cambiantes del imperialismo estadounidense y europeo. Durante la Guerra Civil Española, provocada por la insurgencia militar de Franco en contra de la República Española en 1936, el PSOE fue parte del gobierno del Frente Popular. El partido socialdemócrata participó repetidamente en la supresión de los levantamientos revolucionarios de la clase obrera española y en la catastrófica derrota ante Franco.

Proscrito por el régimen fascista, el PSOE bajo la dirigencia de Rodolfo Llopis puso sus esperanzas en que las potencias aliadas imperialistas intervinieran contra Franco después de la Segunda Guerra Mundial. Sus fuerzas en el exilio les insistían a los socialdemócratas en el resto de Europa sobre la criminalidad del régimen franquista, mientras que, en España se reagruparon principalmente entre intelectuales de la clase media, cuyas actividades eran toleradas por las autoridades. Esta estrategia fue un fracaso: los socialdemócratas europeos eran anticomunistas fervientes y apoyaban la alianza entre el imperialismo y Franco.

El cambio posterior tomado por el PSOE fue preparado en gran parte por el Partido Comunista de España (PCE), un partido estalinista profundamente involucrado en los asesinatos durante la Guerra Civil de los seguidores de Trotsky que luchaban por desarrollar un liderazgo revolucionario en la clase obrera. El PCE propuso trabajar abiertamente con el régimen fascista. En la década de 1950, adoptó una perspectiva de “reconciliación nacional”, proponiendo una alianza con todos aquellos que “quieran una reconciliación nacional”. Con base en esto, solicitó el apoyo de la Iglesia Católica y del ejército y policía franquistas para realizar “cambios políticos pacíficos en España”.

Mientras que el PSOE y el PCE continuaban orientándose cada vez más hacia la derecha, se desarrollaba otra ofensiva revolucionaria de la clase obrera internacional. La huelga general de mayo y junio de 1968 en Francia, a la que se unieron 10 millones de trabajadores, desencadenó huelgas y demostraciones de masas por toda Europa y el mundo con decenas y cientos de millones de trabajadores.

Una serie de luchas revolucionarias tras otra destruyó el orden político en Europa. En 1969, estallaron protestas industriales en Italia y Alemania en medio de una marea de radicalización en la juventud. Las huelgas de masas en 1972 y 1974 hicieron colapsar al gobierno conservador de Heath en Gran Bretaña. Las dictaduras en el sur de Europa colapsaron. Un año después de que la huelga de 1973 fue reprimida, la Junta de los Coroneles en Grecia se derrumbó. En ese mismo año, la Revolución de los Claveles en Portugal provocó la caída del régimen fascista de Antonio Salazar.

Sin embargo, el eje central de la situación política fue la crisis de dirección política de la clase obrera. Mientras que todos estos gobiernos colapsaban, ningún partido revolucionario condujo a los trabajadores a luchar por la toma del poder. Al contrario, la burguesía europea utilizó a los partidos estalinistas y socialdemócratas, junto con sus apologistas políticos en grupos pablistas y capitalistas de Estado, para contener los levantamientos y preservar el poder de los gobiernos capitalistas.

Mientras que las huelgas alcanzaban niveles históricos en España, la burguesía española y la alianza de la OTAN concluyeron que la reacción abierta de la dictadura franquista no aguantaría. Consecuentemente, buscaron ampliar la base social del régimen más allá de los elementos fascistas de la clase gobernante. Incorporaron al PSOE y al PCE en la maquinaria estatal de Franco para iniciar el desarrollo de un sistema parlamentario y multipartidista en España.

Recurrieron a los jóvenes “renovadores” del PSOE para moldear a la socialdemocracia española, convirtiéndola en un instrumento fiable dentro de un marco bipartidista con las fuerzas franquistas que conformarían el PP. Estos “renovadores” entraron en escena en 1970, en el Congreso de Toulouse del PSOE. Un entonces desconocido Felipe Gónzales denunció a Llopis por aislar al PSOE del resto de Europa con sus críticas del régimen de Franco. “Usted representa todo lo que la nueva Europa ya no quiere. Usted recuerda lo que nuestros compañeros socialistas europeos quieren olvidar. Ustedes, que lucharon por la democracia, no la representan más”, le reclamó González a Llopis.

En el Congreso de Suresnes en 1974, el grupo de González desplazó del poder a la vieja dirección, durante la crisis revolucionaria en el país vecino de Portugal. Fue revelado años más tarde que el servicio de inteligencia franquista se reunía regularmente con los renovadores y que les facilitó pasaportes a González y a otros delegados para viajar a Suresnes. El régimen les negaba pasaportes sin excepciones a sus opositores.

El “renovado” PSOE recibió el apoyo amplio de los socialdemócratas europeos, especialmente del Partido Socialista de Fracia. Otras fuentes de apoyo fueron el Departamento de Estado de EE.UU. y el Partido Socialdemócrata de Alemania, el cuál le financiaba el personal de tiempo completo, el alquiler, entrenamiento en conferencias, además de los viajes de González por toda Europa, a través de su Fundación Friedrich Ebert.

Junto con los vínculos de los franquistas con el PSOE, el PCE también tuvo una expansión rápida. Su política de “reconciliación nacional” cambió de nombre en 1974 a “Pacto para la Libertad”, permitiéndole a los estalinistas forjar nuevas alianzas tanto con secciones de los socialdemócratas como con el monárquico Partido Carlista y la secta católica, Opus Dei.

Las autoridades franquistas toleraron la campaña para promover a González, mientras que el PSOE aconsejó al rey Juan Carlos y a Adolfo Suárez cómo proseguir con la transición hacia una democracia parlamentaria. A pesar de las convicciones anticomunistas de González, él les sugirió legalizar al PCE y los sindicatos después de la muerte de Franco en 1975, sabiendo que les serían útiles para prevenir que las luchas de las masas obreras en el país se convirtieran en un movimiento revolucionario que lograra derrocar al régimen.

El periódico londinense Financial Times, la voz de autoridad del capital financiero europeo, admitió en diciembre de 1978 que el PCE, “siendo el partido que controla la mayor parte de la confederación sindical, CC.OO., y el partido político mejor organizado de España, su ayuda ha sido crucial en algunos de los momentos más tensos de la Transición. La gran moderación que han demostrado los comunistas… fue decisiva para evitar la caída de España en un abismo de conflicto civil y para permitir la continuación de las reformas”.

El PSOE renunció al marxismo en 1979 de manera formal y manifiesta en preparación para asumir el poder dentro del régimen franquista. González anunció que dejaba al marxismo y exigió borrar todas las referencias al marxismo en los estatutos del PSOE. En su XXVIII Congreso en ese mismo año, el PSOE renunció formalmente al marxismo.

González, por supuesto, nunca fue marxista; sin embargo, sus declaraciones iban dirigidas a empujar al partido más a la derecha y prepararlo para el poder. Asimismo, dejó claro que sus ataques contra el marxismo iban estrechamente relacionados con sus esfuerzos para desmovilizar las luchas sociales. Poco después del XXVIII Congreso, declaró, “el Partido tiene la obligación, en este momento histórico, de ser una fuente de tranquilidad para la sociedad, trascendiendo los límites del Partido mismo”.

Tan pronto como asumió la presidencia en 1982, González avanzó los intereses de los bancos y corporaciones diligentemente, deshaciéndose de las regulaciones nacionales arraigadas en el carácter autárquico del franquismo y orientando la economía hacia la Unión Europea. González también condujo a España a convertirse en miembro de la OTAN, la UE y a unirse a las negociaciones de la creación de la zona euro. Bajo su dirección, gran parte de los oligarcas capitalistas que se beneficiaron del régimen franquista se convirtieron en firmes partidarios del PSOE.

Nuevamente, varias décadas más tarde, González ha puesto en línea al PSOE según las necesidades de los bancos y de la OTAN. Pero ahora, el PSOE se encuentra desacreditado por sus políticas antiobreras perseguidas durante los mandatos de González y del expresidente, José Luis Zapatero. El golpe de estado de González contra Sánchez— organizado en secreto con las principales corporaciones, los servicios de inteligencia y la derecha española—no es un accidente ni una traición a los principios del PSOE. Es una expresión del papel histórico del PSOE durante el último medio siglo de servir como un instrumento de dominio capitalista.

Esta revelación explícita de las fuerzas de clase detrás del PSOE también expone la orientación de clase reaccionaria de Podemos. No se oponen a las fuerzas que surgieron de la Transición; y más bien, defienden el sistema político entero que fue construido. Mientras que González y Díaz confabulan en secreto, Podemos afirma abiertamente que la única alternativa a un gobierno del PP es un “gobierno de cambio” de una coalición “progresista” entre el PSOE y Podemos.

En representación de la unión entre el postmodernismo con el estalinismo español después de haber apoyado a la burocracia soviética en la restauración del capitalismo en la URSS, Podemos opera completamente dentro del marco histórico y político reaccionario de la Transición. Asimismo, insisten en que su pretensión es gobernar en un futuro junto con el PSOE.

El mes pasado, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, le comentó a la TVE que su partido, “cometería un error si cayera en la tentación de lanzarse sobre el PSOE como ave rapaz”.

“Nos toca hacer un trabajo de hormiguita… como el trabajo del buen opositor”, dijo, y agregó luego: “Poco a poco vamos a ir consolidando nuestras posiciones. Vamos a necesitar entendernos con el PSOE para poder gobernar”.

Sea cual fuere la estrechez de la coalición que Podemos forme con el PSOE, no queda duda que será un instrumento para los mismos y reaccionarios intereses corporativos, militares y de inteligencia defendidos por González.