La acusación de Trump sobre armas químicas sirias: un castillo de naipes

1 julio 2017

En la última temporada de la serie de Netflix, House of Cards, el gobierno ficticio bajo el presidente Francis Underwood y la vicepresidenta Claire Underwood afrontan una crisis política interna utilizando un ataque químico falso en Siria para declararle la guerra al país.

En un caso en el que la política sigue al arte, el gobierno de Trump ha acusado a Damasco de “estar preparando” un ataque químico contra la población civil. No han presentado ninguna prueba al respecto.

El lunes pasado, el secretario de Prensa, Sean Spicer, declaró que EE.UU. “identificó posibles preparativos para un nuevo ataque químico del régimen de Asad que probablemente resultaría en el asesinato en masa de civiles, entre ellos niños inocentes”. Si el presidente sirio, Bashar al Asad, “realiza otro asesinato en masa con armas químicas”, continuó, “él y su ejército tendrán que pagar un precio muy alto”.

La embajadora de Washington ante la ONU, Nikki Haley, añadió el día siguiente que, “A este punto, el objetivo no es sólo enviarle a Asad un mensaje, sino también a Rusia e Irán... Que si esto sucede otra vez, ya les hemos dado un preaviso”. En otras palabras, cualquier presunto ataque químico en Siria podría ser utilizado para justificar una guerra contra Irán y Rusia.

Al ser presionado para substanciar estas acusaciones, el portavoz del Pentágono, Jeff Davis, se negó a presentar evidencia. Dijo que la información proviene de inteligencia recibida “en el último día o dos” y detalla “un avión específico en un hangar específico que sabemos que están asociados con el uso de armas químicas”. Esta fue una referencia al campo de aviación Shayrat, bombardeado por EE.UU. con misiles de crucero el 6 de abril.

Algunos funcionarios militares dijeron que no sabían nada de lo que estaba hablando la Casa Blanca, mientras que varios oficiales de la Defensa británica dijeron que no han visto ninguna evidencia, pero que apoyarían cualquier escalada militar estadounidense, cueste lo que cueste, lo que significa que no les importa si las acusaciones son verdaderas o falsas.

La declaración de la Casa Blanca le siguió los talones a la publicación de un artículo detallado en el diario alemán, Die Welt, escrito por el periodista ganador del Premio Pulitzer, Seymour Hersh, quien expuso la matanza de My Lai durante la guerra de Vietnam, donde demuestra que las acusaciones hechas por el gobierno de Trump para justificar el bombardeo del 6 de abril en Siria eran completamente infundadas.

Basándose en entrevistas con militares y personal de inteligencia, Hersh concluyó que el gobierno no tenía ninguna evidencia para sus afirmaciones de que el gobierno sirio había lanzado un ataque con gas sarín el 4 de abril.

Las falsas acusaciones sobre un ataque químico y el posterior bombardeo de la base aérea siria fueron tan descarados que generaron oposición en secciones dentro del aparato militar y de inteligencia. “Nada de esto tiene sentido”, le comentó un oficial a Hersh. “SABEMOS que no hubo ningún ataque químico...”.

En ese momento, Trump estaba bajo una enorme presión por parte de los demócratas y las agencias de inteligencia para que adoptara una postura más agresiva contra el gobierno sirio. Pocos días antes, el Comité de Inteligencia del Senado celebró una audiencia en la que afirmó que Trump había efectivamente colaborado con esfuerzos rusos para comprometer las elecciones estadounidenses del año pasado. Las columnas de opinión y los comentaristas en la prensa se referían al presidente prácticamente como si fuera un agente del Kremlin.

Todo cambió, al menos por unos días, después del ataque contra Siria. Según Hersh, “los días siguientes fueron sus mejores como presidente. El país respaldó a su comandante en jefe, como siempre lo hace en tiempos de guerra... Un famoso presentador televisivo, Brian Williams de MSNBC, utilizó la palabra ‘hermoso’ para describir las imágenes de los misiles Tomahawk siendo disparados desde el mar. En CNN, Fareed Zakaria, dijo: ‘Creo que Donald Trump se ha convertido en el presidente de EE.UU.’. Una revisión de los 100 principales periódicos estadounidenses demostró que 39 de ellos publicaron editoriales apoyando los bombardeos y sus secuelas, incluyendo el New York Times, Washington Post y Wall Street Journal”.

Ninguna publicación periodística importante en EE.UU. siquiera debatió la credibilidad de las acusaciones de la Casa Blanca. Simplemente fueron aceptadas sin dudar, demostrando el papel que desempeñan los medios de comunicación como órganos de propaganda para la guerra no había disminuido.

De hecho, Hersh no pudo encontrar una sola fuente de noticias para publicar su artículo más reciente en EE.UU. La historia también fue rechazada por la revista británica London Review of Books, la cual ya había publicado reportajes investigativos de Hersh, obligándolo a recurrir al periódico alemán.

Como lo demuestra este último montaje de una “atrocidad” siria, esta vez en “preparación” a ella, no ha cambiado nada con respecto a la disposición de la prensa para reproducir la propaganda estatal.

Qué acepten las acusaciones inventadas del gobierno sobre armas de destrucción masiva en Siria no omite el hecho de que son acusaciones inventadas. En lo que sea vuelto una operación estándar, el gobierno no ha intentado presentar ni una pieza de evidencia; hace acusaciones en los términos más generales y espera que el pueblo estadounidense se las trague.

Hace catorce años, el gobierno de Bush mintió sobre la posesión de armas de destrucción masiva por Irak para comenzar una guerra que mató a millones. Ahora, el gobierno de Trump, con el pleno apoyo de los medios de comunicación y los grupos de poder, está utilizando reclamos igual de infundados para escalar una guerra que podría resultar en un intercambio nuclear entre EE.UU. y Rusia, la segunda potencia nuclear del mundo.

Lejos de oponerse a esta escalada militar, el Partido Demócrata ha antepuesto esta demanda desde la elección de Trump y el foco de su oposición a su administración. En un artículo publicado este mes en la revista Foreign Affairs, Tim Kaine, el compañero de fórmula de Hillary Clinton, delineó los agresivos objetivos en política exterior que subyacieron la candidatura de Clinton y que han estado al centro de la histérica y continua campaña sobre una supuesta “connivencia” de Trump con el presidente ruso, Vladimir Putin.

Kaine ridiculizó la política exterior de Obama, declarando que su “renuencia a intervenir con fuerza en la Guerra Civil de Siria supondrá una maldición para Estados Unidos en el futuro”. Criticó su actitud “displicente hacia los ciberataques e interferencia sin precedentes en las elecciones del 2016 por parte de Rusia”, concluyendo que, “Estados Unidos siempre debe enviarles un mensaje claro a aquellos que le desean hacer daño a los estadounidenses: no se metan con nosotros”.

Como lo dejó claro un reciente artículo en el Washington Post, el gobierno de Obama esperaba poder traspasarle la batuta presidencial a Clinton, quien comenzaría inmediatamente a preparar una escalada importante en Siria, posiblemente desencadenando un enfrentamiento con Rusia. La victoria de Trump en las elecciones interrumpió estos planes, los cuales ya estaban bien en marcha. Esto es lo que está detrás de la ferocidad con la que los demócratas y las agencias de inteligencia han intentado ejercer presión sobre Trump para que adopte una política exterior más agresiva y más antirusa, y parecieran estar teniendo éxito.

Las tensiones cada vez mayores entre EE.UU. y Rusia sobre Siria constituyen un peligro existencial para toda la humanidad. La única manera de detener la carrera hacia el precipicio de la élite política estadounidense es que la clase obrera intervenga de forma independiente y sobre la base de su propio programa socialista, internacionalista y revolucionario.

Andre Damon